Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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sábado, 13 de julio de 2013

Estás aquí, Señor


No te vemos pero, en Belén,
te hiciste hombre, te dejaste tocar,
adorar, amar y ofrendar.
No te escuchamos, pero en el Espíritu
tu voz habla con fuerza.
Fuiste, Cristo, la última palabra
que pronunciaste, la que se mantiene viva,
perenne con el transcurso
de los años y de los siglos.
No te alcanzamos con la mano,
pero en la Eucaristía vives y nos fortaleces,
nos haces sentir tu cercanía y tu compromiso,
tu poder y tu auxilio, tu Gracia y tu bondad.

Estás aquí, Señor.
Que no te dejemos más allá del sol y de la luna,
pues bien sabemos, oh Dios,
que eres sol de justicia
cuando te buscamos en las luchas de cada día,
o te defendemos en los más necesitados.
Cuando te anhelamos
en un mundo que necesita ser mejor,
o te descubrimos en la común unión con los otros.

Estás aquí, Señor.
Tu secreto, un secreto a voces,
es el amor del Padre, con el Hijo y en el Espíritu.
Una familia que, estando sentada en el cielo,
camina con los pies de Cristo en la tierra.
Una conversación que, dándose en el cielo,
se escucha con nitidez a través del Espíritu Santo.
Una mesa que, asentándose en el cielo,
se prolonga en la casa de todos aquellos
que cantan, creen, viven y se asombran
ante el Misterio Trinitario.

Estás aquí, Señor.
En el amor que se comparte.
En la libertad que nos hace libres.
En los lazos que unen.
En el despliegue de ternura y de comprensión.
En la personalidad de cada uno.
En el afán de buscar puentes y no divisiones.
Estás aquí, Señor.

P. Javier Leoz

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