Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

lunes, 25 de noviembre de 2019

Reflexión


Todo coopera al bien de los que aman a Dios. Y en realidad, si Dios puede y sabe sacar el bien del mal, ¿por quién lo haría, sino por los que se han entregado a Él sin reservas? Sí, incluso los pecados, de los que Dios en su bondad nos defiende, contribuyen al bien de los suyos. David no hubiera estado nunca tan lleno de humildad si no hubiera pecado, ni Magdalena tan amante de su Salvador, si Él no la hubiera perdonado tantos pecados, y nunca se los hubiera perdonado si ella no los hubiera cometido. Ved, querida hija, a ese gran hacedor de misericordia: convierte nuestras miserias en gracia y fabrica la medicina que cura nuestra alma de la víbora de nuestras iniquidades. Decidme, os lo ruego, ¿qué no hará de nuestras penas, de nuestros trabajos, de las persecuciones que sufrimos? Si, pues, en alguna ocasión os afecta algún disgusto, de la clase que sea, asegurad a vuestra alma que, si ama a Dios, todo se convertirá en bien. Y aunque no veáis los caminos por los que ese bien ha de llegaros, tened la completa seguridad de que llegará. Si Dios os arroja a los ojos el barro de la ignominia, es para daros una vista magnífica y ofreceros un espectáculo de honor. Si Dios os hace caer, como tiró a San Pablo por tierra, es para elevaros hasta su gloria

SAN FRANCISCO DE SALES

¿Cómo hablar a nuestros difuntos?


Muchas veces me piden oración por un difunto, alguien amado profundamente, y la pregunta que surge espontáneamente es: ¿Cómo se llamaba? ¡Qué tremendo error! La pregunta correcta es ¿cómo se llama? Por supuesto, nuestro ser amado no ha desaparecido, sino que ha salido del tiempo para ingresar a la vida eterna, destino del que ninguno de nosotros podrá evadirse.

Cuando pienso en los seres amados que yo he perdido, particularmente mi padre, siento que él está más que nunca escuchándome. Ya sin las limitaciones del mundo, sin la dificultad de moverme donde él esté, o de lograr hablarle de modo cercano. De ningún modo, mi papá está más que nunca escuchando todos mis pensamientos, mis oraciones, mis inseguridades y mis seguridades también. 


No hay fórmulas para hablar con nuestros amados difuntos, porque ellos siempre nos escuchan. Están en un lugar donde Dios les permite ver más allá de esos dos agujeritos que son los ojos, a través de los que vieron cuando estaban en el mundo. Hoy ven en la amplitud de la vida eterna, porque están fuera del tiempo, fuera del lugar, están en la eternidad. Hay que sentirlos allí, atentos a nosotros, viéndonos en la perfección que Dios les permite, con los sentidos del alma y ya no los sentidos que usaron cuando estaban aquí.

Pero también me ocurre que cuando hablo y rezo con mi madre que aún está viva, y veo en ella las limitaciones de la vejez y la cercanía de su paso a la eternidad, no dejo de pensar lo perfecto que va a ser nuestro dialogo y nuestra oración cuando ella ya no esté conmigo aquí. Y también pienso en lo hermoso que será ese día en que estemos los tres juntos fuera del tiempo y el lugar, mi padre, mi madre y yo, unidos en la perfección del Amor de Dios por nosotros.
  
La presencia sutil pero real de nuestros amados difuntos se siente en el corazón, en el alma. No es locura, no es tampoco algo que los demás puedan comprender. Es simplemente un encuentro secreto que mantenemos muy dentro de nuestro corazón, y que no debemos dejar apagar porque es la manifestación de la Comunión de los Santos, la unidad de corazón con quienes ya han transitado de esta vida.
  
Algunas personas dirán que esto está mal, que es espiritismo. Error enorme, esto es pura fe en la vida eterna, en nuestro destino de Reino. Espiritismo es invocar a las almas, y eso es un pecado muy grave. Nosotros simplemente sentimos su presencia y les hablamos de corazón, abiertos a que Dios les permita  plantar algún sentimiento, algún signo en nuestro corazón, si es que esa es Su Divina Voluntad.
  
Otros dirán que es un error que va contra la psicología moderna, contra la necesidad del duelo. ¡El duelo es fundamental! Pero de ningún modo duelo equivale a olvidar a alguien amado, y mucho menos a desconectar el dialogo de alma a alma, de corazón a corazón. Ese dialogo, cuando bien realizado, sin ser algo enfermizo o que altere lo normal de nuestra vida, es un acto de sanación que nos permite seguir viviendo en la esperanza del encuentro definitivo con ese ser amado.

El nombre de un ser amado no pasa jamás, porque nuestra alma perdura por toda la eternidad,  sin restricciones. Mi padre no era Juan, es Juan. Y así todos nosotros debemos comprender que nunca dejamos de ser quienes somos, y mucho menos al pasar a la eternidad. Así, el nombre de un ser amado no era, es. Ese ser amado está hoy más presente que nunca, más atento que nunca, abierto y despierto en todo momento a nuestras oraciones, porque las almas pueden responder a nuestras oraciones intercediendo ante Dios por nuestras necesidades. Nuestro dialogo y suplicas llegan así directo al Corazón de Dios a través de la intercesión de los santos y los ángeles, y de María en modo particularmente efectivo.
  
Madre mía, Reina del Cielo y de la Tierra, hoy cierro los ojos y siento claramente la esperanza del encuentro con mi ser amado, y allí se desvanecen las limitaciones del tiempo y del espacio, para poder así unirme en un abrazo que es anticipo de la promesa que nos espera, a ambos. Sin miedos, sin desesperanza, sin separarnos más, por siempre y para siempre.


Reina del Cielo



domingo, 24 de noviembre de 2019

CRISTO REY

 



Y si ahora mandamos que Cristo Rey sea honrado por todos los católicos del mundo, con ello proveeremos también a las necesidades de los tiempos presentes, y pondremos un remedio eficacísimo a la peste que hoy infecciona a la humana sociedad.
Juzgamos peste de nuestros tiempos al llamado laicismo con sus errores y abominables intentos; y vosotros sabéis, Venerables Hermanos, que tal impiedad no maduro en un solo día, sino que se incubaba desde mucho antes en las entrañas de la sociedad. 
Se comenzó por negar el imperio de Cristo sobre todas las gentes; se negó a la Iglesia el derecho, fundado en el derecho del mismo Cristo, de enseñar al género humano, esto es, de dar leyes y de dirigir los pueblos para conducirlos a la eterna felicidad. Después, poco a poco, la Religión Cristiana fue igualada con las demás religiones falsas, y rebajada indecorosamente al nivel de éstas. 
Se la sometió luego al poder civil y a la arbitraria permisión de los gobernantes y magistrados. Y se avanzo mas: Hubo algunos de éstos que imaginaron sustituir la Religión de Cristo con cierta religión natural, con ciertos sentimientos puramente humanos. No faltaron Estados que creyeron poder pasarse sin Dios, y pusieron su religión en la impiedad y en el desprecio de Dios.
Nos anima, sin embargo, la dulce esperanza de que la fiesta anual de Cristo Rey, que se celebrara en seguida, impulse felizmente a la sociedad a volverse a nuestro amadísimo Salvador. Preparar y acelerar esta vuelta con la acción y con la obra, seria ciertamente deber de los católicos; pero muchos de ellos parece que no tienen en la llamada convivencia social ni el puesto ni la autoridad que es indigno les falten a los que llevan delante de si la antorcha de la verdad. 
Estas desventajas quizá procedan de la apatía y timidez de los buenos, que se abstienen de luchar o resisten débilmente; con lo cual es fuerza que los adversarios de la Iglesia cobren mayor temeridad y audacia. Pero si los fieles todos comprenden que deben militar con infatigable esfuerzo bajo la bandera de Cristo Rey, entonces, inflamándose en el fuego del apostolado, se dedicaran a llevar a Dios de nuevo los rebeldes e ignorantes, y trabajaran animosos por mantener incólumes los derechos del Señor.
Además, para condenar y reparar de alguna manera esta publica apostasía, producida, con tanto daño de la sociedad, por el laicismo, ¿no parece que debe ayudar grandemente la celebración anual de la fiesta de Cristo Rey entre todas las gentes? En verdad: cuanto mas se oprime con indigno silencio el nombre suavísimo de Nuestro Redentor, en las reuniones internacionales y en los Parlamentos, tanto mas alto hay que gritarlo, y con mayor publicidad hay que afirmar los derechos de su real dignidad y potestad.
De "QUAS PRIMAS": Sobre la Fiesta de Cristo Rey
Carta enciclica del Papa Pio XI, promulgada el 11 de diciembre de 1925

  Voz Católica


sábado, 23 de noviembre de 2019

El Avemaría


- Breve Explicación -

¿Has perdido la gracia? -Honra la abundancia de gracias de que Dios llenó a la Santísima Virgen y dile llena de gracia y de todos los dones del Espíritu Santo. Ella te dará sus gracias.

¿Te sientes solo y abandonado de Dios? dirígete a María y dile el Señor es contigo más noble y está más íntimamente que en los justos y los santos, porque eres con El una misma cosa, pues siendo El tu Hijo, su carne es carne tuya. Y dado que eres su Madre, estás con el Señor en semejanza perfecta y mutua caridad. Dile finalmente: Toda la Santísima Trinidad está contigo, pues eres su precioso templo. Ella te colocará bajo la protección y salvaguardia del Señor.

¿Te has convertido en objeto de la maldición divina? –Dile: bendita tu entre todas las mujeres. Te aclaman todas las
naciones por tu pureza y fecundidad, tú cambiaste las maldiciones divinas en bendición. Ella te bendecirá.

¿Estás hambriento del pan de la gracia y del pan de la vida? - Acércate a quien llevó el pan vivo descendido del cielo. Dile bendito es el fruto de tu vientre, el que concebiste sin detrimento de tu virginidad, que llevaste sin trabajo y diste a luz sin dolor. Bendito Jesús, que rescató al mundo esclavizado, curó al mundo enfermo, resucitó al hombre
muerto, hizo volver al hombre desterrado, justificó al hombre criminal y salvó al hombre condenado. Ciertamente tu alma será saciada del pan de la gracia en esta vida y de la vida eterna en la otra. Amén. (....)

 San Luis María Grignion de Montfort "El Secreto Admirable del Santísimo Rosario, vigésima rosa"

Ave María Purísima

La Milicia de la Inmaculada
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