Sí, puede ocurrir, como con cualquier oración pronunciada sin atención. Pero Jesús no condenó la repetición en sí, sino las palabras vacías dichas como si su cantidad pudiera asegurar la respuesta de Dios.
En el Rosario, las Avemarías ofrecen un ritmo sereno mientras contemplamos los misterios de la vida de Jesús. No actúan como una fórmula mágica ni reemplazan la disposición interior.
Cuando se reza con atención, la repetición puede ayudarnos a volver una y otra vez a Cristo. María no ocupa su lugar: nos acompaña para contemplar su rostro y guardar su vida en el corazón.
Fuente:https://x.com/Maria365_online
Oh, Virgen mía, Oh, Madre mía,
yo me ofrezco enteramente a tu Inmaculado Corazón
y te consagro mi cuerpo y mi alma, mis pensamientos y mis acciones. Quiero ser como tú quieres que sea, hacer lo que tú quieres que haga.
yo me ofrezco enteramente a tu Inmaculado Corazón
y te consagro mi cuerpo y mi alma, mis pensamientos y mis acciones. Quiero ser como tú quieres que sea, hacer lo que tú quieres que haga.
Amén

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