Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

sábado, 25 de julio de 2015

Saber diferenciar entre adorar y venerar


Hay algunos que piensan que los católicos adoramos a María ¿Es eso cierto?
Primero que nada, hay que decir que los católicos no adoramos a la Virgen María. El culto que le profesamos no es adoración, puesto que ésta corresponde únicamente a Dios. Los católicos veneramos a la Virgen María, porque Ella es la mujer a quien Dios escogió para que fuera la Madre de Cristo. Es decir, María no es una persona cualquiera, es la Madre del mismo Dios.
María es bienaventurada por el hecho de haber sido escogida por Dios para llevar al Salvador en su seno, y por ello los católicos la hemos llamado así durante "todas las generaciones". El respeto y veneración que le profesamos los católicos a la Santísima Virgen tiene, por lo tanto, bases bíblicas sólidas.

1. Desde el designio divino

Dios manda alabar a María. El ángel Gabriel enviado por Dios saludó a María con estas palabras: "Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo" (Lc 1,28). Dios Padre ha querido asociar a María a la realización de su Plan de Reconciliación. Es así que María está asociada a la obra de su Hijo, el Señor Jesús. No es un simple capricho o exageración el reconocer la maternidad divina de María. El misterio de María está íntimamente unido al misterio de su Hijo. En Ella "todo está referido a Cristo", subordinado a Él. María no tiene naturaleza divina y todos sus dones le vienen por los méritos de su Hijo, y no por ello deja de ser una mujer única, con dones únicos para una misión muy particular en la historia.
María coopera en la obra de la Reconciliación. Para ser la Madre del Salvador, María fue dotada por Dios con dones a la medida de su importante misión; ella es la "Llena de gracia". Sin esta gracia única, María no hubiera podido responder a tan grande llamado. Ella es Inmaculada, libre de todo pecado original, en virtud de los méritos de su Hijo (LG 53).
Los relatos evangélicos presentan la concepción virginal como una obra divina que sobrepasa toda comprensión y posibilidad humanas (Catecismo de la Iglesia Católica n. 497). María es, pues, una mujer muy especial, dotada por Dios para ser Madre del Redentor, Madre de Dios.

2. Testimonio de las Escrituras

Los Evangelios nos la presentan como activa colaboradora en la misión de su Hijo. En Belén da a luz a Jesús, lo presenta a los pastores, a los Magos y en el Templo; convive con Él treinta años en Nazareth; intercede en Caná; sufre al pie de la cruz; ora en el Cenáculo. Por tanto, hacer a un lado a María, separarla de Cristo, no es lo que la revelación enseña. Si los Reyes Magos adoraron a Jesús en brazos de María, ¿será idolatría imitar su ejemplo?

3. En la vida de la Iglesia

La Iglesia nos presenta a María como Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. "Pero todo esto ha de entenderse de tal manera que no reste ni añada nada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador" (S. Ambrosio). La luna brilla porque refleja la luz del sol. La luz de la luna no quita ni añade nada a la luz del sol, sino manifiesta su resplandor. De la misma manera, la mediación de María depende de la de Cristo, único Mediador.
El culto a María está basado en estas palabras proféticas: "Todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi maravillas el Poderoso" (Lc 1, 48-49). Ella será llamada bienaventurada, no porque su naturaleza sea divina, sino por las maravillas que el Poderoso hizo en ella. Así como María presentó a los pastores al Salvador, a los Magos al Rey, para que lo adoraran, le presentaran dones y se alegraran con el gozo de su venida, así el culto a la Madre hace que el Hijo sea mejor conocido, amado, glorificado y que, a la vez, sean mejor cumplidos sus mandamientos. María nunca busca reducir la gloria de su propio Hijo; todo lo contrario, y así es como lo ha entendido la Iglesia desde los primeros siglos, cuando oraban al Señor los discípulos en el Cenáculo en compañía de la Virgen Madre (Hch 1,14). 

 Foto de: Rezika Bogdan  https://plus.google.com/u/0/114030935241415979260


viernes, 24 de julio de 2015

Olvidar el pasado.



Quince minutos con Jesús Misericordioso

Jesús Misericordioso enséñame a olvidar el pasado, porque si ya he confesado mis pecados contigo por medio del sacerdote, entonces todos mis pecados pasados han quedado destruidos, y mi pasado está ya en tu misericordia.

¿Por qué me sigo torturando con las cosas que he hecho o que me han sucedido?

Yo sé muy bien, Señor, que Tú quieres que me olvide completamente del pasado, porque Tú, con tu infinita misericordia, lo has destruido para siempre y quieres que yo sea una nueva criatura, nacida de nuevo para dar gloria a Dios y cantar las alabanzas del Señor.

El pasado me ata e influye en las decisiones que tomo cada día, a cada momento, y así voy como fracasando antes de empezar algo, porque traigo toda la carga del tiempo pasado, y es lógico que termine fracasando también ahora.

Jesús, ayúdame a olvidarme completamente del pasado, a sentirme como un resucitado después de haberte confesado todas mis culpas, así podré servirte libremente y viviré feliz y contento, dispuesto a hacer lo que tú quieras, aunque parezca difícil, pero con tu ayuda lograré todo.


jueves, 23 de julio de 2015

Confía...




“Encomienda a Dios tus afanes, y Él te sustentará” (Sal 54, 23)

Tenemos preocupaciones, problemas, dificultades, sueños, deseos…
Trabajos a los que nos entregamos con apremio, con apuro, con exceso.
Como si todo dependiera de nosotros. Y en esta lucha se nos olvida que podemos fluir suavemente en medio de nuestras actividades cotidianas haciendo equipo.

Aquí no se trata de no hacer, de abandonarse a la pasividad sino más bien, de hacer sin que el hacer se vuelva un afán, un trabajo excesivo, un anhelo vehemente. De no entregarse al trabajo con apremio, con preocupación, con desasosiego, sin paz.

Puedo luchar con todas mis fuerzas o puedo unir todo mi ser a Aquel que es la Fuerza y la Energía. Fluir es lo contrario a resistir. Solo puede fluir un líquido o un gas, nunca un sólido. Las moléculas de un fluido son relativamente libres, por eso no tiene forma propia, y es elástico; siempre toma la forma del recipiente donde está contenido. Bueno, pues ¡déjate contener por Dios! y tomarás su Forma, su Estilo.

Si las moléculas de nuestra personalidad están tan cohesionadas, tan estructuradas, ante cada situación pondremos resistencia para sentir cierta seguridad. Pero para fluir se necesita ser libres en nuestra esencia, flexibilidad, apertura, soltura, abandono.
Soltar la imagen (forma propia) para dejarse con-formar por Dios (tomar Su Forma).

Pero no es un salto en el vacío, lo que se te pide.
No es confiar en quién sabe quién. Es tener la certeza de que, en quien pones TODA TU PERSONA, todos tus sueños e ideales, todo aquello que más amas, todo lo que disfrutas, todo lo que te preocupa… es tu Señor, es tu Dios, es tu Amigo, es tu TODO.

Es tener la certeza de que Él proveerá de todo lo que necesites para ser realmente feliz. 

De que Él conservará tu ser y tu esencia fusionados en el Suyo.

De que Él será tu sostén en los momentos de duda, de debilidad, de fragilidad.

De que Él te sostendrá en medio de las dificultades y de los problemas, muy especialmente, pero en sí, en cada momento, porque eres lo más amado, lo más preciado, lo más hermoso para Él.
¡Confía!

Cecilia Blanco  


miércoles, 22 de julio de 2015

Después de la caída



Después de la caída, cuando has fallado y el enemigo te dice que vales poco... 

Después de la caída, en el momento que más fuerte te sentías y has fallado...

Después de la caída, precisamente cuando deseabas ser mejor...

Después de la caída, cuando necesitas más de Dios y le has fallado...

Después de la caída, al pensar que no tienes ya perdón...

Después de la caída, al sentirte lejos de tu creador y amigo...

Después de la caída, al fallarle a quien nunca te ha abandonado...

Después de la caída, te sientes indigno de tan siquiera alzar tu vista al cielo para pedir perdón, parece que todo sale mal y que no puedes hacer las cosas bien.

Date cuenta de que tus caídas están pagadas;
Por uno que cayó muchas veces al ser empujado.
Por uno que rompió sus rodillas para que las tuyas pudieran quedar intactas.
Por uno que sin cometer errores cayó por tí una y otra vez.

Después de la caída, no pienses que no tienes perdón, al contrario...el perdón es para tí.

Después de la caída, no te quedes en el suelo pues no fuiste hecho para eso.

Después de la caída, no creas que vales poco, pues vales el sacrificio de  Jesús en la Cruz.

Después de la caída, no te sientas lejos de tu creador, pues es cuando más está a tu lado.

Después de la caída, no te creas indigno de mirar al cielo, pues Él mismo se abre para que tengas paz.

Después de la caída, levántate y sigue, pues caer no es fracasar sino perfeccionarse al levantarse.

Arturo Quirós Lépiz
 
 


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