Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

martes, 5 de marzo de 2013

AYUNO Y PENITENCIA EN LOS PRIMEROS CRISTIANOS

hareLA PENITENCIA Y EL AYUNO EN LA IGLESIA PRIMITIVA

“Quien desea verdaderamente el reino de Dios, hace penitencia”  (SAN JERÓNIMO, siglo IV)


 
Los primeros cristianos procuraron revivir en sus vidas la Pasión de Cristo, tomando la propia cruz para seguirle, identificándose con Él mediante el espíritu de sacrificio y de penitencia. Supieron encontrar la mortificación en su vida ordinaria, en el cumplimiento de sus deberes, en lo pequeño de cada día. Vivían la sobriedad.
La Iglesia de los primeros tiempos también conservó la práctica del ayuno, siguiendo el ejemplo de Jesús en el desierto. Los Hechos de los Apóstoles mencionan celebraciones de culto acompañadas de ayuno. San Pablo, en su misión apostólica, no se conforma con sufrir hambre y sed cuando las circunstancias lo exigen, sino que añade repetidos ayunos. La Iglesia ha permanecido fiel a esta tradición, procurando mediante el ayuno disponernos a recibir mejor las gracias del Señor. 
Presentamos a continuación algunos textos de los primeros escritores cristianos que reflejan cómo vivían el ayuno y la penitencia.
 

Necesidad de la mortificación

1.  El alma se perfecciona con la mortificación en el comer y beber; también los cristianos, constantemente mortificados, se multiplican más y más. Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar.
(EPÍSTOLA A DIOGNETO, 5-6)
 
2.  Hermoso es mortificar el cuerpo. De ello te persuada Pablo, que sin cesar lucha y se sujeta con violencia (cfr. 1 Cor 9, 27), e inspira santo temor, con el ejemplo de Israel, a cuantos confían en sí mismos y condescienden con su cuerpo. Que te persuada el mismo Jesús, con su ayuno, su sometimiento a la tentación y su victoria sobre el tentador (cfr. Mt 4, 1 ss).
(SAN GREGORIO NACIANCENO, Discurso 14, 2-5)
 
3. No creamos que es suficiente un fervor pasajero de la fe, porque es preciso que cada uno lleve continuamente su cruz, para dar a entender de este modo, que es incesante nuestro amor a Jesucristo.
(SAN JERÓNIMO, Comentario a San Mateo, 10, 96)
 
4. El camino por el que viene el Señor, penetrando hasta dentro del hombre, es la penitencia, por la cual Dios baja a nosotros. De aquí el principio de la predicación de Juan: haced penitencia. 
(SAN JERÓNIMO, Comentario sobre el libro del profeta Joel, 25)
 
5. (La mortificación…) purifica el alma, eleva el pensamiento, somete la carne propia al espíritu, hace al corazón contrito y humillado, disipa las nebulosidades de la concupiscencia, apaga el fuego de las pasiones y enciende la verdadera luz de la castidad. 
(SAN AGUSTÍN,  Sermón 73, 5)
 
6. Si eres miembro de Cristo, tú, quienquiera que seas [...], debes saber que todo lo que sufres por parte de aquellos que no son miembros de Cristo es lo que faltaba a la pasión de Cristo. Por esto la completas, porque faltaba; vas llenando la medida, no la derramas; sufres en la medida en que tus tribulaciones han de añadir en parte a la totalidad de la pasión de Cristo, ya que Él, que sufrió como cabeza nuestra, continúa ahora sufriendo en sus miembros, es decir, en nosotros.
(SAN AGUSTÍN, Comentario sobre el Salmo 61, 7)
 

Sobre el Ayuno

 
7. (El libro del Pastor de Hermas refleja el estado de la cristiandad romana a mediados del siglo II. Tras una larga pausa de tranquilidad sin sufrir persecución, parece que no era tan universal el buen espíritu de esos primeros tiempos. Junto a cristianos fervorosos, había muchos tibios; y esto en todos los niveles de la Iglesia. No es de extrañar, pues, que el libro gire en torno a la necesidad de la penitencia y el ayuno…)
Los ayunos agradables a Dios son: no hagas mal y sirve al Señor con corazón limpio; guarda sus mandamientos siguiendo sus preceptos y no permitas que ninguna concupiscencia del mal penetre en tu corazón [...]. Si esto haces, tu ayuno será grato en la presencia de Dios.
(HERMAS, “El Pastor”, Comparaciones, 3)
 
 
 
8. Este ayuno es sobremanera bueno, a condición de que se guarden los mandamientos del Señor. Así pues, el ayuno que vas a practicar lo observarás de este modo: ante todas las cosas, guárdate de toda palabra mala y de todo deseo malo y limpia tu corazón de todas las vanidades de este siglo. Si esto guardares, este ayuno tuyo será perfecto.
 
(HERMAS, “El Pastor”, Comparaciones, 4)

 
9. Por lo demás, lo harás de esta manera: después de cumplido lo que queda escrito, el día que ayunes no tomarás sino pan y agua, y de la comida que habías de tomar calcularás la cantidad de gasto que correspondería a aquel día y lo entregarás a una viuda, a un huérfano o a un necesitado. Y te humillarás de manera que quien tomare de tu humillación sacie su alma y ruegue por ti al Señor.  
 
(HERMAS, “El Pastor”, Comparaciones, 5, 1-4)
 
 
10.  Alegrad, pues, vuestros rostros. (…) ayuna, y ayuna con alegría.     
 (SAN BASILIO EL GRANDE, Homilía sobre el ayuno, 1)
 
 
11. Así como es peligroso pasar los límites de la templanza en el comer, también está fuera de razón abatir demasiado el cuerpo con abstinencias excesivas, inutilizándole para todo lo bueno por haberle enflaquecido demasiado. Estamos, pues, obligados a cuidar de nuestros cuerpos.
(SAN BASILIO EL GRANDE, Sobre la verdadera virginidad, 27)
 
12. En otros tiempos del año hay algunos ayunos por los cuales se merece premio si se observa: mas en Cuaresma peca el que deja de ayunar. Los otros ayunos son voluntarios; pero los de Cuaresma son de obligación: a los otros nos convidan; pero a estos nos obligan: y no tanto son precepto de la Iglesia, como del mismo Dios.
(SAN AMBROSIO, Sermón 3, 148)
 
 
13. Hablaba del ayuno del alimento como una práctica necesaria para ser caritativo, del ayuno constituido por la continencia con vistas a la santidad, del ayuno de las palabras vanas o detestables, del ayuno de la cólera, del ayuno de la propiedad de los bienes con vistas al ministerio, y del ayuno del sueño para dedicarse a la oración.  
 
(BENEDICTO XVI presenta a San Afraates el Sabio, 21 noviembre 2007)
 
 
Del libro:
ORAR CON LOS PRIMEROS CRISTIANOS Gabriel Larrauri  (Ed. Planeta)  

Cargas que parecen insoportables


Cuando estamos sobrecargados,
todo nos parece indiferente.
El sol puede estar brillando,
pero estamos tan tristes que no lo notamos.
Los pájaros cantan, pero tenemos los oídos llenos
con los gritos de nuestros corazones,
gritos de dolor, de tristeza y desfallecimiento.

Ponemos distancia entre nosotros y los demás,
mientras que nuestros problemas
absorben nuestro tiempo y atención.
Quizás estamos cargados por expectativas
no satisfechas, un trauma o una muerte repentina,
o simplemente por tener demasiadas responsabilidades.

Otra posibilidad es que el pecado
esté causando abatimiento de corazón.
Pero, sea cual sea la causa, el resultado
es el mismo: un peso aplastante.
Lo único que varía es la cantidad del peso.

En medio de nuestra desolación,
viene la voz del Dios todopoderoso
invitándonos a acercarnos
y a encontrar descanso en Él.
"Así dijo Yahvéh: Paraos en los caminos,
y mirad, y preguntad por las sendas antiguas,
cuál sea el buen camino, y andad por él,
y hallaréis descanso para vuestra alma... (Jer. 6,16).

¡Levantemos la mirada
al Padre celestial ahora mismo!
Jesús ofrece el agua de vida;
tomemos tiempo para beberla,
hasta que nuestra alma esté
suficientemente fortalecida
para encontrar el camino.
Con la ayuda del Espíritu Santo,
demos un paso, y luego otro,
hacia esa senda que nos llevará a Jesús,
y Él nos dará la paz
que nuestro corazón necesita.


celebrandolavida.org

lunes, 4 de marzo de 2013

La pregunta del millón: ¿oras o "haces" la oración?

«¡Oh amor que supera toda sabiduría! ¡Oh amor supremo! El amor mayor, pues mi Dios se hace hombre y a mí me hace Dios. ¡Oh amor entrañable: te has rebajado, pero no has perdido nada de tu divinidad! El abismo de tu encarnación me obliga a pronunciar estas palabras apasionadas: tú, el incomprensible, hecho comprensión; tú, increado, hecho criatura; tú, inconcebible, hallado concebible; tú, espíritu impalpable, palpado por las manos de los hombres» (Beata Ángela de Foligno, De “El misterio de la Encarnación”).
***
En los días de mayor frío, si se tiene una chimenea en casa uno puede disfrutar de unos momentos muy agradables al calor de un buen fuego. Yo tuve esa experiencia hace años en España, cuando pude pasar un fin de semana con un grupo de jóvenes en una casa en la montaña. ¡El frío era intenso! Decidimos hacer un fuego y agruparnos alrededor de la chimenea para compartir experiencias.
Estábamos ya sentados y hablando cuando me fijé en uno de los jóvenes. Continuamente se dirigía a la chimenea para hacer cosas: arreglaba un tronco, echaba aire, ajustaba algo. Cada cinco minutos se levantaba de su asiento para ver que todo estuviera bien. Al final de la reunión, le pregunté qué le había parecido. Su respuesta me dejó impresionado: «No me enteré de mucho, la verdad». ¡Y cómo iba a enterarse! Jamás puso atención a la conversación que tuvimos.
Me da la impresión que muchas veces nosotros vamos a la oración con esta inquietud. Nos preocupamos de cómo orar y no oramos; estamos pendientes de cumplir una serie de pasos y olvidamos que estamos en diálogo con Alguien; nos miramos continuamente a nosotros y no vemos al Tú; pensamos mucho y amamos poco.
¿Qué es orar? Los santos jamás la definen como un método. Santa Teresa de Jesús la describe como «tratar de amistad, estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama». No ponerse de rodillas, no cuidar mis posturas, no ver si estoy atento. Amistad, estar a solas.
No sé si han visto la película Up de Disney. Una bella y divertida caricatura sobre la amistad entre un anciano y un niño. El inicio de esa película es uno de los mejores cantos al amor que he visto en mi vida. Y de esos instantes saco esta imagen, que puede resumir muy bien lo que estoy intentando decirles: 
Si se dan cuenta, ninguno de los dos está hablando… ¡pero se dicen tanto! Ese unir sus manos, ese estar juntos, ese compartir una misma cosa es uno de los actos de amor más profundo entre dos personas. ¡Y Dios quiere realizar esto con nosotros en cada oración!
El escrito que les presento de la Beata Ángela de Foligno refleja también esto. Cuenten ustedes cuántas veces se dice la palabra amor y tú (que aquí son sinónimos). Y no es que sean ideas muy difíciles de entender: es el canto de una enamorada. ¡Esto es oración!
Orar es estar con Dios, dedicarle un tiempo, hablar con Él. Y sí, es verdad que uno debe saber hacerlo y, sobre todo al inicio, aprender un método que le ayude a orar (así como de niños aprendemos a caminar o a hablar), pero uno no debe detenerse ahí: el método es el camino para ir a una meta. Y esa Meta es Dios.
Y una cosa: no se inquieten si les cuesta estar a solas con Dios porque se distraen o porque están cansados. Recuerden: orar es estar con Dios. «El que está al límite del cansancio, aturdido por las distracciones, incapaz de orar, puede ofrecer su pobreza al Señor con serena confianza; de este modo le está amando ¡y hace una magnífica oración!» (Jacques Philippe, Tiempo para Dios, pág. 56). Si en el tiempo que dedico a orar estoy continuamente moviendo mi espíritu a estar con Él, incluso cuando me distraigo estoy amando a Dios… porque estoy con Él. Así no me preocupo de cuánto le doy yo a Dios o qué hago cuando estoy orando, sino que lo que me importa es estar a su lado, acompañarle, dedicarle tiempo.
¿Cómo es mi oración? Una pregunta que varios  nos hacemos y que, en muchas ocasiones, obtiene una respuesta frustrante, que nos desalienta. Yo espero que estas líneas puedan ayudarles a todos ustedes a tener más confianza en su capacidad para orar. Porque el hombre está hecho para amar… ¡y la oración es uno de los actos de amor a Dios más sencillos y profundos que el hombre tiene! Pero es importante no verse a sí mismos, sino a Dios.  Quien hace esta distinción, ha captado lo esencial: que orar es un diálogo sencillo y profundo con un Dios que está esperándote, en el fuego del alma de tu chimenea interior, para pasar un rato juntos.
 
 
 http://la-oracion.com

¿Qué frutos, Señor?



Me  pides confianza y, por lo que sea,
prefiero  mirar hacia atrás
que  saborear y soñar con lo que en Ti me espera.
Deseas  el fruto de mi constancia y, a la menor,
me  dejo enredar por los hilos de la pereza,
la  tibieza o las dudas, la fragilidad o la torpeza.
Sueñas  con un futuro bueno para mí,
y  me encuentras soñando con otras cosas,
con  otras instancias que no son las tuyas,
con  una tierra muy distinta a la que Tú me ofreces.
Estoy  en la higuera, pero la higuera de mi vida,
no  siempre fructifica en lo santo, noble y bueno.
Miras  a las ramas de mis días
y,  lejos de comprobar cómo despuntan sus yemas,
me  limito a vivir bajo mínimos,
a  dar aquello que me conviene y no me molesta,
a  fructificar, poco o nada, si no es beneficio propio.

¿Qué frutos, darte,  Señor?
Mira  mi miseria,
y  dejándome arrastrar por tu riqueza,
ojala  recojas de mí aquello que a tu Reino convenga.
Acoge  mi buena voluntad,
y  lejos de echarme en brazos de la vanidad,
descubra  que, sólo Tú y siempre Tú,
eres  la causa de lo bueno que brota en mí.
Perdona  mi débil cosecha,
y,  sigue sembrando Señor, para que tal vez mañana,
puedas  despertar, descubriendo en mí,
aquello  que, hoy, brilla por su ausencia:
frutos  de verdad y de amor,
de  generosidad y de alegría,
de  fe y de esperanza,
de  confianza y de futuro,
de  vida y de verdad.
Y  no te canses, Señor, de visitar tu viña,
tal  vez hoy, puede que no,
pero  mañana, con tu ayuda y mi esfuerzo,
brotará  con todo su esplendor
la  higuera de mi vida.
Amén.

P. Javier Leoz

domingo, 3 de marzo de 2013

5to.Domingo - LOS SIETE DOMINGOS DE SAN JOSÉ -

LOS DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ


Es una antigua tradición en la Iglesia preparar la fiesta de San José, el 19 de marzo, con la contemplación de los dolores y gozos del Santo Patriarca durante los siete domingos anteriores a su fiesta.
De la mano de san José iremos contemplando los dolores: aquellos momentos en los que tuvo que pasar las pruebas que el Señor le tenía preparadas, los momentos que se entregó de forma plena al querer de Dios, aun sin comprender del todo lo que tenía guardado para él.
También iremos meditando los gozos de san José: la alegría y la felicidad de compartir su vida junto a su esposa, la Santísima Virgen y el Niño. El gozo de saberse en las manos de un Dios que le había escogido para tan gran tarea. 
Los cristianos siempre han visto en san José un ejemplo de entrega y de fe en Dios y podemos considerarlo maestro de oración. Fue él, depués de la Virgen, quien más de cerca trató al Niño Dios, quien tuvo con él el trato más amable y sencillo.
 
SIETE DOMINGOS A SAN JOSE
Oración (para todos los días): San José, mi padre y señor, tú que fuiste guardián fiel del Hijo de Dios y de su Madre Santísima; la Virgen María, alcánzame del Señor la gracia de un espíritu recto y de un corazón puro y casto para servir siempre mejor a Jesús y María. Amén.

V: Rogad por nosotros San José.
R: Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo



QUINTO DOMINGO

Oh custodio vigilante, familiar íntimo del Hijo de Dios hecho hombre, glorioso San José: cuánto sufristeis teniendo que alimentar y servir al Hijo del Altísimo, particularmente en vuestra huída a Egipto, pero cuán grande fue también vuestra alegría teniendo siempre con vos al mismo Dios, y viendo derribados los ídolos de Egipto.
Por este dolor y por este gozo, alcanzadnos alejar para siempre de nosotros al tirano infernal, sobre todo huyendo de las ocasiones peligrosas, y derribar de nuestro corazón todo ídolo de afecto terreno, para que, ocupados en servir a Jesús y María, vivamos tan sólo para ellos, y muramos gozosos en su amor.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.



FINAL (para todos los días): Acordaos: Oh purísimo Esposo de María, oh dulce protector mío San José, que jamás se oyó decir que haya dejado de ser consolado uno solo de cuantos han acudido a vuestra protección e implorado vuestro auxilio. Con esta confianza vengo a vuestra presencia y me encomiendo a Vos fervorosamente, oh padre nutricio del Redentor. No desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas piadosamente. Amén.

Oración: Oh Dios, que por providencia inefable os dignasteis escoger al bienaventurado José para esposo de vuestra Santísima Madre: os suplicamos nos concedáis la gracia de que, venerándole en la tierra como a nuestro protector, merezcamos tenerle por intercesor en los cielos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria, por las intenciones del Papa.

 http://www.primeroscristianos.com/es/noticias/1108-siete-domingos-de-san-jose

sábado, 2 de marzo de 2013

Madre mía...






María Santísima, no dejes de llevarnos hasta el Corazón de Dios. Tú eres Aquella que puede arrancar gracias infinitas del Corazón de Jesús para dárselas a tus hijos.

Te rogamos que, con amor maternal, pidas a tu Hijo una 'chispa' del fuego de su caridad y la coloques en nuestro pobre corazón. Que seamos transformados por tu mediación en otros Cristos.

Permite que seamos caridad andante en el mundo. Ayúdanos a ser santos.

Dios nos siga bendiciendo.



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viernes, 1 de marzo de 2013

Viernes de Cuaresma.


Cuando miramos un crucifijo, al ver a Cristo clavado con tres grandes clavos que taladran sus manos y pies, y al ver la cabeza llena de espina deberíamos pensar:

Gracias a la cruz conozco el extremo de tu amor por mi, Señor, Tus heridas y profundas llagas me darán fuerzas para seguir llevando mi pequeña cruz de cada día. Con María quiero ser fiel y permanecer contigo a los pies de  la cruz.



Alejandro María


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