Señor mío y Dios mío, en esta mañana nos acercamos a Ti con humildad, reconociendo desde lo más profundo de nuestra alma que muchas veces hemos fallado, que desde nuestras propias debilidades clamamos a Ti, confiando en que siempre escuchas nuestra voz suplicante.
No permitas que nos quedemos en el peso de nuestras culpas, sino llénanos de la certeza de que en Ti siempre hay perdón, y que Tu misericordia es más grande que cualquier error nuestro.
Haz que nuestro corazón te ame, acuda a Ti y te respete de verdad, no por temor, sino por gratitud, porque sabemos que de Ti procede la redención y la vida verdadera.
Enséñanos a esperar en Tu palabra con paciencia y confianza, como el centinela aguarda la aurora, sabiendo que Tu luz siempre llega y disipa toda oscuridad.
Que hoy vivamos sostenidos por esa esperanza firme, confiando en Tu misericordia abundante, y que cada paso que demos esté guiado por la certeza de que Tú nos levantas, nos perdonas y nos renuevas.
Permite que nuestra vida refleje esa confianza en Ti, y que todo lo que hagamos esté orientado a buscarte y a permanecer en Tu gracia. Y que toda nuestra vida sea testimonio de fidelidad y alabanza a Ti, para gloria Tuya, Señor mío y Dios mío
FE y más FE.

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