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domingo, 6 de octubre de 2013

¡Déjate sorprender por el poder de la Santísima Virgen y la Eucaristía!



Educado desde la más temprana infancia por su madre para continuar liderando la iglesia evangélica de su ciudad (Vigia, estado de Paraná, Brasil), Sideneh Veiga alcanzó una capacidad expresiva y magnetismo sobre sus feligreses, que le abrió las puertas de radios y canales de televisión.

¿La Iglesia católica? “era para mí entonces la gran ramera de Babilonia que debía denunciar”; y fue tan efectiva su cizaña, como estremecedor lo que pronto viviría, que aún le duele haber arreado –dice- con algunos católicos hacia su iglesia, cuando gastaba suelas por sectores pobres de la ciudad, animando a jóvenes a salir de la droga.

Hijo, ahí tienes a tu madre.


No es extraño lo que Sideneh cuenta. De acuerdo con los datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), en 2010 había 123,3 millones de brasileños que se declaraban católicos, lo que supone un 1,3 % menos que en el 2000. Por el contrario, el número de fieles de las iglesias evangélicas pasó de 26,2 millones en 2000 a 42,3 millones en 2010.
Vivir en constante misión para captar adeptos explica en parte esa realidad. Por ello Sideneh viajó también como misionero a la ciudad de Caucaia. Agotado por el viaje y sin dinero -pues había decidido vivir esta experiencia tal cual salían a predicar los primeros apóstoles-, se recostó a descansar debajo de un árbol, mientras esperaba que pasara algún auto que lo acercase hasta la casa donde se hospedaría. “La desazón me inundó –señala- y comencé a hacerme muchos cuestionamientos pensando: «Dios mío, ¿por qué tus hijos tienen que sufrir tanto?, desde mi infancia te he glorificado y viajo hasta aquí para hacer un trabajo justo con niños y jóvenes delincuentes. Ahora, estoy aquí con hambre, sueño y sin dinero»”.
En esas estaba cuando sintió un ruido a su lado y levantando su cabeza a un par de metros vio a una mujer… “Era de cabellos largos, con una ropa blanca, difícil de describirla y me preguntó si tenía hambre. Le respondí con un tímido «Si»; ella se aproximó y me colocó algo en mi mano derecha, sin decirme nada. Cuando miré, vi que era un billete de 50 reales. Al ver esto, me caí de rodillas llorando. No me percaté cómo ni el momento en que esta mujer desapareció”.
Impactado y aún con lágrimas en los ojos, se incorporó justo en el instante que un automóvil se detenía a su lado. Aún conmocionado y junto con agradecer al conductor le contó lo sucedido. “Ese hombre al escucharme se emocionó, dijo que era católico y guardó silencio. Hoy sé que él sabía quién era aquella persona. Cuando llegué a destino le conté a mis amigos pastores lo ocurrido, pero ellos solamente dijeron que se trataría de un ángel, sin darle mayor importancia”.
Un 16 de diciembre cae de rodillas
Dos años habían transcurrido desde aquel suceso, era un 15 de diciembre, estaba de visita donde sus suegros y continuaba con el recuerdo vivo. Esa noche en sus sueños, dice, le visitó la misma mujer que le regaló los 50 reales… “Me habló y dijo: «Yo te escogí, no temas. Lucharás, pero tendrás victoria». Me desperté, miré el reloj y eran las 3 de la madrugada. Desde ese momento no pude dormir. Me quedé de rodillas orando hasta las 6, pidiendo discernimiento”.
Ninguna de sus creencias, ni hermanos en la fe lograban tranquilizar o explicar el impacto que dejara en su alma aquella aparición en sueños. Necesitaba respuestas e intuitivamente sus piernas le llevaron hasta una capilla católica cercana. “Me escandalicé al comienzo viendo que cerca del altar había un objeto dorado, semejante a un cáliz y unas pocas señoras de rodillas: ¡era el Santísimo Sacramento! Al verlas rezar pensé: «Dios me trajiste aquí para ver esta escena ridícula ¡le llamaban Dios a un objeto que se parece a una olla!, ¿Por qué?». Incómodo me acerqué unos pasos y estando a dos metros de distancia, mis piernas se trabaron. Las lágrimas comenzaron a brotar sin control de mis ojos y sentí que una mano me empujaba la nuca. Caí de bruces frente al Santísimo y no paré de darle gloria a Dios. Aquel 16 de diciembre de 1998 marcaría mi ingreso y fidelidad a la Iglesia Católica… por absoluta gracia”.
Sideneh se dejó acompañar espiritualmente desde los primeros días por el sacerdote Claudio de Sousa con quien afirma, pudo resolver todas sus dudas. Recuerda como anécdota que un domingo después de la eucaristía, “un matrimonio me pidió que rezara con ellos, pues estaban pasando por un momento delicado, se querían separar. Oramos tomados de la mano en una habitación, fue un momento muy emotivo. Cuando finalizamos, ellos se abrazaron, lloraron y se comprometieron a seguir juntos. Ya marchándome, el marido se me acercó dejándome helado cuando me pidió que le agradeciera también a la mujer que nos había acompañado mientras rezaban. «¡Pero si la única mujer presente era tu esposa» le dije. El me volvió a insistir… y de pronto me acordé de mi sueño. Le consulté cuáles eran las características de aquella mujer que oraba y me detalló lo mismo que había visto, sin comprender, en ocasiones anteriores. 

Era María, Nuestra Señora que camina conmigo para todos lados”.

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