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domingo, 5 de febrero de 2012

¿Entendemos las palabras?

Encíclica "Ecclesia de Eucharistia" - Juan Pablo II

2. Durante el Gran Jubileo del año 2000, tuve ocasión de celebrar la Eucaristía en el Cenáculo de Jerusalén, donde, según la tradición, fue realizada la primera vez por Cristo mismo. El Cenáculo es el lugar de la institución de este Santísimo Sacramento. Allí Cristo tomó en sus manos el pan, lo partió y lo dio a los discípulos diciendo: « Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros » (cf. Mt 26, 26; Lc 22, 19; 1 Co 11, 24). Después tomó en sus manos el cáliz del vino y les dijo: « Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados » (cf. Mc 14, 24; Lc 22, 20; 1 Co 11, 25). Estoy agradecido al Señor Jesús que me permitió repetir en aquel mismo lugar, obedeciendo su mandato « haced esto en conmemoración mía » (Lc 22, 19), las palabras pronunciadas por Él hace dos mil años.
Los Apóstoles que participaron en la Última Cena, ¿comprendieron el sentido de las palabras que salieron de los labios de Cristo? Quizás no. Aquellas palabras se habrían aclarado plenamente sólo al final del Triduum sacrum, es decir, el lapso que va de la tarde del jueves hasta la mañana del domingo. En esos días se enmarca el mysterium paschale; en ellos se inscribe también el mysterium eucharisticum.
 
 (Encíclica “Ecclesia de Eucharistia” – Juan Pablo II) 

Comentario: 

Así como los Apóstoles tal vez no entendieron las palabras de Jesús en la Última Cena, así muchas veces sucede también con nosotros, que participamos tan superficialmente de la Santa Misa, y nos quedamos sin entender el hondo significado de las palabras de Jesús, que por medio del sacerdote, vuelve a hacerse presente y se inmola por los hombres para el perdón de los pecados.
Y esto es así porque si muchos cristianos, que participan cada domingo en la Misa, entendieran un poco el significado de las palabras de la Consagración, no participarían de la Santa Misa de forma tan rutinaria, superficial y a veces hasta sacrílega.
Es tiempo de que comencemos a vivir bien nuestras Misas, recordando que es el mismo Sacrificio del Calvario, y que Jesús allí mismo vuelve a morir misteriosamente por nosotros y por muchos hombres, para salvarnos de las garras del Maligno.
En realidad sólo en el Cielo podremos entender cabalmente el significado profundo de estas palabras. Pero tratemos de que en la tierra lleguemos a una mayor comprensión del misterio, al menos en lo que se puede conocer del mismo y que Dios revela a los que tienen buena voluntad.

Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar.

 www.santisimosacramento.santisimavirgen.com.ar

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