Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

martes, 5 de abril de 2022

El Vía Crucis - Estación 4: Jesús encuentra a su Madre

Jesús se encuentra con su madre,
Pintura de Jean Baptiste van Eycken (1809-1853),
Pintado en la década de 1840,
Óleo sobre lienzo
© Notre Dame de la Chapelle, Bruselas / Alamy

 

Juan 19: 27

Entonces dijo al discípulo: "¡He aquí a tu madre!"

Y desde esa hora el discípulo la llevó a su propia casa.

Reflexión sobre la pintura

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos

Porque con tu santa cruz has redimido al mundo.

 

Todavía te queda un largo camino hasta el Calvario y mira que estás agotado. Pero tu madre está ahí, justo detrás de ti, extendiendo sus brazos para abrazarte. Los soldados la apartan. Qué caos. Tu madre está llorando. Te das la vuelta y la ves.

Tu madre derramó tantas lágrimas ese día... y todavía hoy. Viendo lo que pasa en el mundo hoy, especialmente en Ucrania. Ante ella podemos llorar, como tú, mi Jesús, lo hiciste aquel día. Con los brazos abiertos, ella escucha todas nuestras voces y súplicas.

Al mirar las lágrimas de María, cada gota me toca el corazón. Está llorando con profunda desolación, abrumada por la visión más amarga de su Hijo caminando hacia su muerte. Nada nos conmueve más que las lágrimas de una madre. Fluyen directamente de un corazón de amor. San Agustín nos dice que las lágrimas son la sangre del corazón. Qué verdad. Hoy lloro contigo, María.

 

Padre nuestro, que estás en el cielo...

Ave María, llena de gracia...

Gloria al Padre y al Hijo...

 

Lectura normal del Evangelio del día: Juan 8:21-30

cristian.art

lunes, 4 de abril de 2022

El Vía Crucis - Estación 3: Jesús cae por primera vez

 Jesus Falls,
Pintura de Jen Norton,
Pintado en 2019,
Acrílico sobre madera
© Jen Norton. Todos los derechos reservados en todo el mundo

 

Isaías 53:5

Él fue herido por nuestras transgresiones, fue magullado por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo que nos sanó, y por sus llagas fuimos curados.

 

Reflexión sobre la pintura

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos

Porque con tu santa cruz has redimido al mundo.

 

Te caes por primera vez. Tu cabeza yace en el polvo y la grava del accidentado camino del Calvario. La gente está muy enfadada. ¿Por qué? Hace una semana te recibían como a un rey, agitando las palmas, pero hoy se consumen de rabia. No lo entiendo. Sólo están arremetiendo, culpándote por sus luchas y heridas. La cruz marrón astillada se está volviendo roja, manchada por tu sangre.

También hay algunas personas buenas que quieren ayudarte, pero los soldados no lo permiten: quieren verte sufrir. No saben quién eres, pero simplemente disfrutan del espantoso espectáculo. Lo único que les interesa es volver a casa rápidamente y por eso te gritan que te levantes y sigas adelante.

El polvo temporal de la tierra cubre tu rostro al caer por primera vez. Pero pronto vuelves a recoger tu cruz, tu regalo salvador para nosotros, fuente eterna de amor.

 

Padre nuestro, que estás en el cielo...

Ave María, llena de gracia...

Gloria al Padre y al Hijo...

 

Lectura normal del Evangelio del día: Juan 8:12-20

cristian.art

 

domingo, 3 de abril de 2022

El Vía Crucis - Estación 2: Jesús toma su cruz


Cristo cargando la cruz,
Pintura de Tiziano Vecelli, conocido como Tiziano (1488-1576),
Pintado hacia 1565,
Óleo sobre lienzo
© Museo del Prado, Madrid
 
Mateo 27:27-31

Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al cuartel general del gobernador, y reunieron a toda la cohorte a su alrededor.

Lo desnudaron y le pusieron un manto de color escarlata, y después de torcer algunas espinas para hacer una corona, se la pusieron en la cabeza.

Le pusieron una caña en la mano derecha, se arrodillaron ante él y se burlaron diciendo: "¡Salve, Rey de los judíos!". Le escupieron, tomaron la caña y le golpearon en la cabeza.

Después de burlarse de él, le despojaron de la túnica y le pusieron sus propias ropas.

Luego se lo llevaron para crucificarlo.

 
Reflexión sobre la pintura

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos

Porque con tu santa cruz has redimido al mundo.


Ahí estás, Jesús mío: has tomado tu cruz. Te veo muy de cerca... la soga alrededor de tu cuello, la corona de espinas clavada en tu piel, las gotas de sangre en tu rostro... qué espectáculo. Nuestros ojos se encuentran. Me miras fijamente; los dos derramamos lágrimas. Tengo ganas de decirte que "pronto se acabará", pero eso no sería un consuelo para ti, ya que tienes que soportar muchas más torturas y crueldades en las próximas horas.

Así que todo lo que puede hacer es darte las gracias. Sé que haces todo esto por mí. Con silenciosa humildad y por amor a mí, tomaste tu cruz. Tus ojos me dicen que yo también debo tomar mi cruz y no limitarme a mirarla mientras me compadezco de mí mismo.


Padre nuestro, que estás en el cielo...

Ave María, llena de gracia...

Gloria al Padre y al Hijo...


Lectura normal del Evangelio del día: Juan 8:1-11


 

 


 

 

 


Un océano de misericordia

 

Jesús mío, agradeciéndote por tantas gracias, te ofrezco mi alma y mi cuerpo, mi razón y mi voluntad y todos los sentimientos de mi corazón. Con mis votos, me di enteramente a Ti, no hay nada más que pueda ofrecerte.
Jesús me dijo: “Hija mía, no me diste lo que es esencialmente tuyo”. Entrando en mi mismo reconocí que amaba a Dios con todas las fuerzas de mi alma. No podía descubrir lo que no había librado a Dios y le pregunté: “Jesús, dímelo y Te lo libraré de inmediato, de todo corazón”. Jesús me dice con bondad: “Hija mía, líbrame tu miseria, ella es tu propiedad exclusiva”.
En ese momento un rayo de luz iluminó mi alma y conocí todo el abismo de mi miseria. En ese instante, me acurruqué en el Santísimo Corazón de Jesús, con una confianza inmensa. Aunque hubiera tenido sobre la conciencia todos los pecados de los damnificados, no habría dudado de la misericordia de Dios y con el corazón arrepentido me habría tirado en el abismo de Tu misericordia. Creo Jesús, que no me habrías rechazado lejos de ti, me habrías absuelto por la mano del que tiene Tu lugar.
Entregaste el Espíritu, Jesús. La fuente de vida ha brotado por las almas y un océano de misericordia se ha abierto para el mundo entero. Fuente de vida, insondable misericordia divina, abraza el mundo entero y sumérgenos.

Santa Faustina Kowalska (1905-1938)
religiosa
Pequeño diario (Petit journal, la Miséricorde divine dans mon âme, Parole et Dialogue, 2002), trad. sc©evangelizo.org

sábado, 2 de abril de 2022

ESPERANZA

 
Un Poema hecho Oración

Todo esto pasará y la calma volverá;
la tempestad la paz encontrará,
el viento que golpeaba esta barca amainará,
y la tranquilidad nuevamente reinará.

Todo esto pasará y el temor derrotado quedará,
la noche al día su lugar cederá;
el sol en el infinito resplandecerá,
más luminoso y esplendente que otrora
se haya visto en el cielo deslumbrara.

Todo esto pasará y la expiración vencida será,
el júbilo triúnfate de su sigilo surgirá,
la vida que en agonía fue sometida,
por las praderas de su tiempo detenido, saltará.

Todo esto pasará,
más lo que no ha de pasar jamás,
es la memoria de esta tormenta,
que puso en vilo al sentido de esta existencia
que teme más a la muerte que su amor a la vida.

-Quédate, Señor, mientras pasa
por el alma la tormenta.- 
Amén


Padre Yerko Reyes




SAN JUAN PABLO II (+ 2/4/2005)


Si Cristo prometió a los apóstoles  que les reservaría un aposento en el Cielo, entre esas salas privilegiadas estaría la de Pedro y, junto a él, sus dignos sucesores que alcanzaran el Cielo.

Tal día como hoy, Juan Pablo II tomó posesión de una de ellas tras haber desterrado el miedo en las almas y adaptar su vida al modelo de la Cruz de Cristo.

Hoy solo nos queda mirar al Cielo, a ese aposento en el que gozan de Dios Pedro y sus sucesores, y dejar nuestros miedos, súplicas y temores en manos de San Juan Pablo II, quien hizo, del Amor, su escudo y de la Fe su espada.

San Juan Pablo II, ruega por nosotros. 


Abel de Miguel Sáenz



Madrid, España

El Vía Crucis - Estación 1: Jesús es condenado a muerte.

 

Ecce Homo,
Pintura de Mihály Munkácsy (1844-1900),
Pintado en 1894,
Óleo sobre lienzo
© Museo Déri, Debrecen, Hungría

Juan 19: 1-5

Entonces Pilato tomó a Jesús y lo hizo azotar. Los soldados trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza.

Lo vistieron con un manto de púrpura y se acercaron a él una y otra vez, diciendo: "¡Salve, rey de los judíos!". Y le abofetearon la cara.

Una vez más salió Pilato y dijo a los judíos allí reunidos: "Mirad, os lo traigo para que sepáis que no encuentro fundamento para una acusación contra él". Cuando Jesús salió con la corona de espinas y el manto de púrpura, Pilato les dijo "¡Aquí está el hombre!"

 

Primera estación: Jesús es condenado a muerte.

 

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos

Porque con tu santa cruz has redimido al mundo.

 

Así comienza todo, Jesús: eres condenado a muerte como un vulgar criminal, acusado de delitos que no has cometido. Te veo allí de pie, impotente, triste. Los pecados de toda la humanidad están sobre tus hombros. Miras hacia arriba, hacia tu Padre. Pilato te ha condenado. Te está mostrando a las multitudes. Qué espectáculo. Has sido azotado, coronado de espinas y burlado.

Estoy allí, entre la multitud de la izquierda, gritando también. Simplemente sigo lo que hace la gente a mi alrededor. No me atrevo a elevar mi voz por encima de las demás, a gritar sobre la injusticia que se ha producido. El hombre que está bajo el arco me intimida: no me atrevo a protestar contra las palabras que grita.

Ha habido tantos momentos en mi vida en los que te he defraudado, y quiero hacer que se detenga. Eso es en realidad lo que quiero gritar: '¡Para!'... No puedo soportar la idea de que tengas que ir a la cruz una y otra vez... todo por mí...

 

Padre nuestro, que estás en el cielo...

Ave María, llena de gracia...

Gloria al Padre y al Hijo...

 

Lectura normal del Evangelio del día: Juan 7:40-52

cristian.art

Y por causa de él, se produjo una división entre la gente

En el misterio pascual es superado el límite del mal múltiple, del que se hace partícipe el hombre en su existencia terrena: la cruz de Cristo, en efecto, nos hace comprender las raíces más profundas del mal que ahondan en el pecado y en la muerte; y así la cruz se convierte en un signo escatológico Solamente en el cumplimiento escatológico y en la renovación definitiva del mundo, el amor vencerá en todos los elegidos las fuentes más profundas del mal (…).

En el cumplimiento escatológico, la misericordia se revelará como amor, mientras que en la temporalidad, en la historia del hombre —que es a la vez historia de pecado y de muerte— el amor debe revelarse ante todo como misericordia y actuarse en cuanto tal. El programa mesiánico de Cristo, —programa de misericordia— se convierte en el programa de su pueblo, el de su Iglesia. Al centro del mismo está siempre la cruz, ya que en ella la revelación del amor misericordioso alcanza su punto culminante. (…)
Cristo, en cuanto crucificado, es el Verbo que no pasa; (Cfr. Mt 24,35) es el que está a la puerta y llama al corazón de todo hombre, (Cfr. Ap 3, 20) sin coartar su libertad, tratando de sacar de esa misma libertad el amor que es no solamente un acto de solidaridad con el Hijo del Hombre que sufre, sino también, en cierto modo, « misericordia » manifestada por cada uno de nosotros al Hijo del Padre eterno. En este programa mesiánico de Cristo, en toda la revelación de la misericordia mediante la cruz, ¿cabe quizá la posibilidad de que sea mayormente respetada y elevada la dignidad del hombre, dado que él, experimentando la misericordia, es también en cierto sentido el que « manifiesta contemporáneamente la misericordia 
 
 San Juan Pablo II (1920-2005)
papa
Encíclica «Dives in Misericordia» § 8 (trad. © copyright Libreria Editrice Vaticana)

𝗦𝗢𝗟𝗢 𝗖𝗢𝗡 𝗤𝗨𝗘 𝗠𝗘 𝗠𝗜𝗥𝗘𝗦

¡Madre mía querida y muy querida!
Ahora que ves en tus brazos a ese bello Niño
no te olvides de este siervo tuyo;
aunque sea por compasión, mírame.
Ya sé que te cuesta apartar los ojos de Jesús
para ponerlos en mis miserias,
pero, Madre, si tú no me miras,
¿cómo se disiparán mis penas?
Si tú no te vuelves hacia mi rincón,
¿quién se acordará de mí?
Si tú no me miras,
Jesús que tiene sus ojitos clavados en los tuyos,
no me mirará.
Si tú me miras, él seguirá tu mirada y me verá
y entonces con que le digas:
"¡Pobrecito! Necesita nuestra ayuda";
Jesús me atraerá a sí y me bendecirá
y lo amaré y me dará fuerza y alegría,
confianza y desprendimiento.
Me llenará de su amor y de tu amor
y trabajaré mucho por él y por ti.
Haré que todos te amen
y amándote se salvarán.
¡Madre! ¡Y sólo con que me mires! 
 
Amén.
 
 𝗦𝗮𝗻 𝗔𝗹𝗯𝗲𝗿𝘁𝗼 𝗛𝘂𝗿𝘁𝗮𝗱𝗼, 𝗦.𝗝.
 

 

viernes, 1 de abril de 2022

Me conocéis y no me conocéis


Gritaba, pues, Jesús mientras enseñaba en el templo: Me conocéis y sabéis de dónde soy; mas no he venido por mí mismo, pero es veraz quien me envió, al que vosotros no conocéis. Esto es decir: “Me conocéis y no me conocéis”; esto es decir: Sabéis de dónde soy y no sabéis de dónde soy. Sabéis de dónde soy, Jesús de Nazaret, a cuyos padres también conocéis. De hecho, en este asunto se ocultaba sólo el parto virginal… respecto a Jesús conocían por entero todo lo que se refiere al hombre: su rostro era conocido, su patria era conocida, su ascendencia era conocida, se sabía donde nació. Con razón, pues, según la carne y la efigie humana que llevaba, dijo: “Me conocéis y sabéis de dónde soy.
En cambio, según la divinidad, dijo: “Mas no he venido por mí mismo, pero es veraz quien me envió, al que vosotros no conocéis; pero, para conocerlo, creed en quien me envió, y lo conoceréis. En efecto, nadie ha visto nunca a Dios, sino que el Unigénito Hijo que está en el seno del Padre, ése mismo lo explicó con todo detalle; y: Al Padre no lo conoce sino el Hijo y a quien el Hijo quiera revelarlo” (Lc 10,22)... Yo lo conozco. Preguntadme, pues, para que lo conozcáis… Porque procedo de él, y él mismo me envió. Magníficamente ha manifestado una y otra cosa. Afirma “procedo de él” porque, en cuanto Hijo, procede del Padre y cualquier cosa que es el Hijo procede de aquel cuyo Hijo es. Por eso llamamos “Dios de Dios” al Señor Jesús, y al Padre no lo llamamos “Dios de Dios”, sino sólo “Dios”; y llamamos al Señor Jesús “Luz de Luz”, y al Padre no lo llamamos “Luz de Luz”, sino sólo “Luz”. A esto, pues, se refiere lo que dijo: Procedo de él.
 
 
San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermón sobre el evangelio de Juan, n° 31, 3-4; CCL 36, 294-295
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