Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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viernes, 29 de junio de 2012

El sacerdocio es el amor del Corazón de Cristo



“Por esto te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos” (2 Tim. 1, 6).


“El sacerdocio es el amor del Corazón de Cristo”. Eso dijo el Santo Cura de Ars. El sacerdocio es de "Cristo". Es Él quien llama. La iniciativa no viene de los hombres. Es Dios quien, según las palabras del cura Vianney, “coloca al sacerdote como otro mediador entre el Señor y el pobre pecador”. Dios llama y elige. Así llamó al campesino Vianney, al duque de Gandía (san Francisco de Borja) y al soldado Ignacio de Loyola. 

El sacerdote es un hombre ordinario, tomado entre los hombres, para una misión extraordinaria. Es Dios quien invita. La iniciativa es “de Cristo”. Los llamados, pobres o nobles, fuertes o débiles deben libremente responder a la voz amorosa de Dios. 

Todas las frases del Santo Cura de Ars sobre el sacerdocio,
mantienen una unanimidad profunda y espiritual:

“Cuando veáis al sacerdote, pensad en Nuestro Señor Jesucristo”.
“Este sacramento eleva al hombre hasta Dios”.
“El sacerdocio es el amor del Corazón de Cristo”. 
“El sacerdote sólo se comprenderá en el cielo”.

Hay muchas más frases, pero estas cuatro son fuertes y potentes para saber 'quien es, que es, y que función cumple un sacerdote'.

Llamado por Dios, identificado con Él por medio de la oración y los sacramentos. El sacerdote vive para hacer visible el amor de Cristo a los hombres. 

Con la oración y con los sacramentos, con la Eucaristía y la confesión, el sacerdote mantiene su unión y relación con Cristo. Sin eso no es posible (pues es la tarea principal para la que fue llamado), poder repartir el Cuerpo y la Sangre, La Palabra y el Perdón de Dios a todos los hombres. La santidad del sacerdote está toda contenida aquí: Los Sacramentos, María, y fidelidad al Papa.

Y son ellos los ministros, los pastores que nos conducen hacia el cielo. Quien se suelta de la mano, es por voluntad propia. Quien se coge a sus manos 'santas y consagradas', está aferrado a la mano de Jesucristo.

El sacerdote, gran misterio y un gran don para las personas.
Recemos por todos ellos.

Dios nos siga bendiciendo.



De mi amigo y hermano Alenjandro María

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1 comentario:

  1. Preciosa entrada Magda, una gran dedicatoria a uno de nuestros Sacramentos. Me ha gustado mucho. Un fuerte abrazo desde el blog de la Tertulia Cofrade Cruz Arbórea.
    http://tertuliacofradecruzarborea.blogspot.com/

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Gracias por dejar tu comentario, me alegra el alma

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