Hoy el Señor nos recuerda una verdad que el mundo no soporta escuchar: Cristo no admite el segundo lugar. Solo cuando Él ocupa el primero, todo lo demás encuentra su sitio. Estas son algunas claves de las lecturas de este domingo.
1️⃣ La sunamita reconoce en Eliseo a un hombre de Dios y le abre las puertas de su casa. La fe comienza muchas veces por saber acoger a Dios cuando llama a nuestra puerta. Quien hace sitio al Señor nunca sale perdiendo.
2️⃣ Aquella mujer no buscaba recompensas. Solo quería servir. Sin embargo, Dios nunca se deja ganar en generosidad y le concede el hijo que humanamente ya parecía imposible. Dios recompensa siempre la fidelidad.
3️⃣ San Pablo nos recuerda que por el Bautismo hemos muerto con Cristo para vivir una vida nueva. No somos simplemente personas que intentan ser buenas. Somos hombres y mujeres regenerados por la gracia.
4️⃣ El cristiano no puede vivir como si nada hubiera cambiado después del Bautismo. Hemos muerto al pecado. Volver voluntariamente a él es comportarnos como si Cristo no hubiera resucitado.
5️⃣ Jesús pronuncia unas palabras exigentes: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí». No nos manda querer menos a nuestra familia, sino amarle a Él por encima de todo.
6️⃣ Cuando Dios ocupa el primer lugar, también amamos mejor a nuestros padres, a nuestros hijos y a nuestros amigos. El amor a Cristo no destruye los demás amores: los purifica y los ordena.
7️⃣ «El que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí». No existe un cristianismo sin cruz. Quien promete un Evangelio cómodo está anunciando otro evangelio distinto del de Cristo.
8️⃣ «El que encuentre su vida la perderá». El mundo nos invita a conservarnos; Cristo nos invita a entregarnos. Paradójicamente, solo quien se entrega por Él encuentra la verdadera vida.
9️⃣ Jesús se identifica con sus discípulos: «El que os recibe a vosotros, me recibe a mí». Por eso la Iglesia merece nuestro respeto y nuestra acogida. En ella sigue presente Cristo actuando por medio de sus ministros y de sus fieles.
🔟 El Evangelio termina con un simple vaso de agua dado por amor a Cristo. Ningún acto de caridad hecho por Dios es pequeño. Todo queda escrito en el corazón del Señor y tendrá su recompensa eterna.
Fuente:Sacerdos in æternum

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