Tú quebrantas la soberbia y revistes de dignidad a los humildes; Tú sacias al hambriento y levantas del polvo al oprimido.
Señor, mi corazón se alegra en Ti, mi Salvador. En este nuevo día reconozco y te doy gracias porque mi fuerza no viene de mí, sino de Tu fidelidad que sostiene mi vida. Tú quebrantas la soberbia y revistes de dignidad a los humildes; Tú sacias al hambriento y levantas del polvo al oprimido. En Ti descanso cuando me siento débil y en Ti confío cuando todo parece incierto. Hoy pongo en Tus manos mi jornada, mis luchas, mis silencios y mis esperanzas. Guíame para caminar con sencillez, servir con amor y permanecer fiel a Tu voluntad, y que toda mi vida sirva para glorificarte, Señor mío y Dios mío.

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