Señor mío, y Dios mío,
Gracias por la luz del amanecer que
me despertó a una nueva oportunidad,
por el aire que respiré, por el latido
constante de mi corazón, por el pan
que sostuve en mi mesa y por el techo
que me cobijó.
Gracias por las personas que cruzaron
mi camino: por las sonrisas compartidas,
por las palabras de aliento, por las manos
que me ayudaron y por los abrazos que
me reconfortaron, incluso por aquellas
dificultades que me enseñaron a crecer.
Gracias por los momentos de alegría y
por los de silencio, por las risas y
por las lágrimas que lavaron mi alma,
por todo lo que viví hoy, lo grande y lo
pequeño, porque en cada detalle
estuviste Tú, acompañándome.
Perdóname por mis faltas, por las veces
que olvidé Tu presencia, y ayúdame a
descansar en Tu paz esta noche.
Que mi último pensamiento sea de
agradecimiento, y que mañana, si me
concedes un nuevo día, pueda vivirlo con
el mismo corazón agradecido.
Amén

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