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miércoles, 4 de agosto de 2010

La correspondencia

SAN JUAN MARIA VIANNEY
Los afligidos que no podían ir a Ars escribiían al santo Cura, o hacían que otros escribiesen en su nombre. De aquí la voluminosa correspondencia que cada dos días recibía el párroco sobre su pequeña mesa de encina. La leía de corrido pero a veces no podía dar abasto. La mayor parte eran peticiones de consejo o de oraciones, confidencias dolorosas, clamores de angustia. Agobiado por no poder responderlas, confió éste cuidado a Catalina Lassagne, a los Rdos. Raymond y Toccanier y al hermano Atanasio; él les indicaba en qué sentido debían de responder y firmaba las cartas bajo su propia mano.

Se conservan dos cartas que escribió de su puño y letra, dirigidas a uno de sus primos, el hermano Chavolet, religioso en el Hospital de Lyon, que atravesaba una gran crisis de tentaciones.

Mi buen amigo, trazo éstas líneas a vuela pluma, para decirte que no te vayas, a pesar de todas las tentaciones que Dios permita que padezcas. ¡Ten valor! El cielo es sobradamente rico para ser tu galardón.

Considera que todos los males de éste mundo constituyen la herencia de los buenos cristianos. Tú sufres como un martirio. Mas ¡qué dicha ser mártir de la caridad! No desperdicies tan hermosa corona que sólo se le concede a unos cuántos.

“Bienaventurados los que sufren persecusión por mi amor”, nos dice Jesucristo, nuestro modelo. Adiós, mi queridísimo amigo. Persevera en éste camino que tan felizmente has comenzado; y nos volveremos a ver en el cielo.. (Carta del 25 de julio…)

…¡Ánimo, mi querido primo! ¡Pronto veremos éste hermoso cielo, y ya no habrá más cruces para nosotros! ¡Qué divina felicidad! ¡Ver al buen Jesús que tanto nos ha amado y que nos hará dichosos!… (17 de Mayo…)

Muchas de las cartas recibidas por el cura de Ars son muy emocionantes. Con un Santo que leía en los corazones, los corazones todos se atravían a expansionarse y exponían si falsa vergüenza, sus grandes o pequeñas miserias.

Luego publicaré cartas de las que recibía, aunque se conservan muy pocas, ya que el Cura de Ars, como dice el Rdo. Monnin,, rasgaba las cartas que comenzaban con frases laudatorias, incluso su hermana decía lo mismo, que sólo con leer la primera alabanza, dejaba la lectura y las tiraba. Me imagino que conservaba las que contenían peticiones de oración y Misas, que son las que se publican tanto con los libros de Francis Trochu, como de Catalina Lassagne.

Imagen: Escritorio de San Juan María Vianney, publicado en una edición de 1950 de el libro de Catalina Lassagne.

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