Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

miércoles, 7 de junio de 2017

“Con Él no hay posibilidad de fracaso”







“Todo lo puedo en Aquél que me conforta”. Con El no hay posibilidad de fracaso, y de esta persuasión nace el santo “complejo de superioridad” para afrontar las tareas con espíritu de vencedores, porque nos concede Dios su fortaleza. (Forja, 337)

Si no luchas, no me digas que intentas identificarte más con Cristo, conocerle, amarle. Cuando emprendemos el camino real de seguir a Cristo, de portarnos como hijos de Dios, no se nos oculta lo que nos aguarda: la Santa Cruz, que hemos de contemplar como el punto central donde se apoya nuestra esperanza de unirnos al Señor.


Te anticipo que este programa no resulta una empresa cómoda; que vivir a la manera que señala el Señor supone esfuerzo. (…) Descubriremos la bajeza de nuestro egoísmo, los zarpazos de la sensualidad, los manotazos de un orgullo inútil y ridículo, y muchas otras claudicaciones: tantas, tantas flaquezas. ¿Descorazonarse? No. Con San Pablo, repitamos al Señor: siento satisfacción en mis enfermedades, en los ultrajes, en las necesidades, en las persecuciones, en las angustias por amor de Cristo; pues cuando estoy débil, entonces soy más fuerte.

(…) Yo vivo persuadido de que, sin mirar hacia arriba, sin Jesús, jamás lograré nada; y sé que mi fortaleza, para vencerme y para vencer, nace de repetir aquel grito: todo lo puedo en Aquel que me conforta, que recoge la promesa segura de Dios de no abandonar a sus hijos, si sus hijos no le abandonan. (Amigos de Dios, nn. 212-213)

martes, 6 de junio de 2017

Cada día.



Si lo tuviéramos todo de una vez, seguramente desperdiciaríamos mucho y hasta nos olvidaríamos de Dios y de que es Él quien nos provee de todo y nos mantiene en la existencia. 

Por eso el Señor nos ha enseñado a pedir en el Padrenuestro el pan cotidiano, es decir, pedir lo que necesitamos cada día. 

Algunos quizás quieren tenerlo todo de una vez por temor a que en el futuro les falte algo. Sin embargo esto es desconfiar de la bondad y providencia de Dios, que así como da de comer cada día a los pajaritos, así también tendrá cuidado y providencia con nosotros los hombres, que somos más valiosos que muchos pajaritos, como lo dice el Señor en su Evangelio. 

Es tiempo de que pongamos nuestra fe a trabajar, porque muchas veces desconfiamos de Dios y no queremos abandonarnos a su providencia viviendo un día a la vez. 

Dios es bueno y nos irá dando lo necesario para cada día, y por eso nosotros debemos ir pidiéndole cada día los socorros que necesitamos. De esa manera no nos olvidamos que somos creaturas y que dependemos del Creador, y así también vamos aprovechando mejor todo lo que vamos recibiendo de Dios. 

Tenemos que aprender a vivir más abandonados en Dios, porque no pocas veces queremos acumular dinero y bienes para tener guardado para el futuro, pero lo hacemos con desconfianza en Dios, dudando de que Él nos pueda socorrer también en el futuro. 

La vida del hombre no está asegurada por los bienes materiales. Además, Dios nos puede enriquecer en un abrir y cerrar de ojos. 

Por eso el hombre más feliz es el que confía en Dios, el que vive colgado de la Divina Providencia, ahorrando lo necesario, sin despilfarrar, pero confiando en que en el futuro también estará la mano providente del Padre celestial que no dejará que nos falte lo necesario para vivir, y vivir con decoro. 

¿Acaso conocemos de la vida de algún santo que le haya faltado lo necesario para vivir? 

Claro que la condición para recibir la ayuda de Dios es vivir en su amistad, cumpliendo sus mandamientos y tratando de ser buenos cristianos, es decir, haciendo trabajar nuestra fe, produciendo obras de amor, y entonces vivamos tranquilos y felices día por día, que no nos faltará la providencia del Señor.



lunes, 5 de junio de 2017

Vuelve a empezar



Ley de gravedad.
 Si un cuerpo cae hacia abajo, no hay fuerza natural que lo detenga, sino que sólo una fuerza de orden superior podría invertir el movimiento de caída y convertirlo en movimiento de elevación.
Así también nos sucede a nosotros cuando decaemos en el ánimo y estamos abatidos. Necesitamos una Fuerza superior que nos eleve. Y esa Fuerza es Dios. Por eso para quien está desalentado o desanimado, es necesario que rece, pues por medio de la oración se obtiene la ayuda de Dios, que es esa Fuerza que lo puede elevar.
Ya lo dice el Apóstol que sin la ayuda de Dios no podemos decir ni siquiera que Jesucristo es el Señor. Por eso más cuando estamos abatidos, tenemos que buscar a Dios, invocar su ayuda, para que sea Él quien nos levante, que nos resucite como lo hizo con Lázaro.
No dejemos de rezar nunca. Y si no podemos rezar con oraciones ya hechas, hablemos con Dios. Y si tampoco podemos hablar con Dios porque todo nos causa tristeza, al menos recostemos nuestra cabeza sobre el Corazón de Jesús, y estémonos así, para tomar fuerzas. Y por supuesto vayamos al Sagrario, porque el Señor ha prometido -y es promesa de un Dios-, que consolará y aliviará a los que van a Él fatigados y agobiados.
Si hemos caído, seamos astutos y aprovechemos esa caída para crecer en humildad y en amor a Dios, para aferrarnos mucho más al Señor, despreciando las cosas del mundo, recordando que sólo Dios nos puede hacer felices ya desde la tierra.

domingo, 4 de junio de 2017

Oración propuesta por el Papa al Espiritu Santo..




Papa Francisco propuso una oración para que los cristianos pidan a Dios que les ayude a tener un corazón abierto a los dones del Espíritu Santo:

“Señor, ábreme el corazón para que pueda entender aquello que Tú nos has enseñado. Para que pueda recordar aquello que Tú nos has enseñado. Para que pueda recordar tus palabras. Para que pueda seguir tus palabras. Para que llegue a la verdad plena”.

El Santo Padre explicó que el Espíritu Santo “nos enseña a decir: ‘Jesús es el Señor’”. “Sin el Espíritu, ninguno de nosotros sería capaz de decirlo, de sentirlo, de vivirlo. Jesús, en otro fragmento de este largo discurso –recogido en el Evangelio de San Juan–, dice del Espíritu: ‘Os conducirá a la Verdad plena’, os acompañará hacia la Verdad plena. ‘Os hará recordar todas las cosas que he dicho; os lo enseñará todo’”.

“Por lo tanto, el Espíritu Santo es el acompañante en el camino de todo cristiano, también el acompañante en el camino de la Iglesia. Y este es el regalo que Jesús nos da”.

“La Iglesia lo llama ‘el dulce habitante del corazón’: ahí es. Pero en un corazón cerrado no puede entrar. ‘Ah, ¿y dónde se compran las llaves para abrir el corazón?’. No: es también un regalo. Es un regalo de Dios. ‘Señor, ábreme el corazón para que entre el Espíritu y me haga comprender que Jesús es el Señor’”.

¿pido al Señor la Gracia de que mi corazón permanezca abierto? ¿intento escuchar al Espíritu Santo, sus inspiraciones, las cosas que dice a mi corazón para que vaya adelante en la vida cristiana y que pueda dar testimonio de que Jesús es el Señor?”

“Pensad hoy en estas dos cosas: ¿Mi corazón está abierto y hago el esfuerzo de escuchar al Espíritu Santo, de escuchar lo que me dice?”.

Si es así, “iremos adelante en la vida cristiana y daremos testimonio de Jesucristo”.



jueves, 1 de junio de 2017

ORACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESUS



Oh Divino Jesús que dijiste: «Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca encuentra, y a quien llama se le abre». Mírame postrado a tus plantas suplicándote me concedas una audiencia. Tus palabras me infunden confianza, sobre todo ahora que necesito que me hagas un favor:

(Se ora en silencio pidiendo el favor)

¿A quién he de pedir, sino a Ti, cuyo Corazón es un manantial inagotable de todas las gracias y dones? ¿Dónde he de buscar sino en el tesoro de tu corazón, que contiene todas las riquezas de la clemencia y generosidad divinas? ¿A dónde he de llamar sino a la puerta de ese Corazón Sagrado, a través del cual Dios viene a nosotros, y por medio del cual vamos a Dios?

A Ti acudimos, oh Corazón de Jesús, porque en Ti encontramos consuelo, cuando afligidos y perseguidos pedimos protección; cuando abrumados por el peso de nuestra cruz, buscamos ayuda; cuando la angustia, la enfermedad, la pobreza o el fracaso nos impulsan a buscar una fuerza superior a las fuerzas humanas.

Creo firmemente que puedes concederme la gracia que imploro, porque tu Misericordia no tiene límites y confío en que tu Corazón compasivo encontrará en mis miserias, en mis tribulaciones y en mis angustias, un motivo más para oír mi petición.

Quiero que mi corazón esté lleno de la confianza con que oró el centurión romano en favor de su criado; de la confianza con que oraron las hermanas de Lázaro, los leprosos, los ciegos, los paralíticos que se acercaban a Ti porque sabían que tus oídos y tu Corazón estaban siempre abiertos para oír y remediar sus males.

Sin embargo... dejo en tus manos mi petición, sabiendo que Tú sabes las cosas mejor que yo; y que, si no me concedes esta gracia que te pido, sí me darás en cambio otra que mucho necesita mi alma; y me concederás mirar las cosas, mi situación, mis problemas, mi vida entera, desde otro ángulo, con más espíritu de fe.
Cualquiera que sea tu decisión, nunca dejaré de amarte, adorarte y servirte, oh buen Jesús.

Acepta este acto mío de perfecta adoración y sumisión a lo que decrete tu Corazón misericordioso.

Amén.

Padre Nuestro, Ave María, Gloria al Padre.

Sacratísimo Corazón de Jesús, en Vos confío. (3 veces).

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