No todo lo importante necesita decirse, a veces, basta con actuar, demostrar lo que sentimos y hacerles saber a esas personas con nuestras obras el lugar que tienen en nuestro corazón.
San José amó con palabras, pero sobre todo amó con obras, y sus obras llevaron su amor hasta el límite de la entrega, porque supo olvidarse de sí mismo por amor a Jesús y María.
Quizá nunca dejó escrito cuánto los amaba ni necesitó decirlo con grandes discursos; pero desde el momento en que se entregó por completo para custodiar sus Sagrados Corazones, podemos comprender la profundidad de su amor.
Así es el amor verdadero: no solo se escucha, también se deja ver. Se hace entrega, sacrificio, cuidado y presencia por aquellos que son importantes para nosotros.
Un amor silencioso que se guarda en la oración, la espera y fidelidad; un amor que no hace ruido, simplemente abrazo.
Fuente: Ser como María


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