24 de agosto de 1628. Dos religiosas miraron un charco después de la lluvia y vieron algo que no esperaban: el reflejo de la Virgen.
La tradición cuenta que ocurrió en el monasterio de las Concepcionistas de Tunja, en Colombia. Al buscar de dónde venía aquella imagen, encontraron en una celda un lienzo blanco que desprendía un brillo extraordinario y sobre el que aparecía la figura de María. De aquel episodio nació la devoción a Nuestra Señora del Milagro, cuya imagen terminaría siendo venerada en el Santuario del Topo.
Y aquí hay un detalle interesante: “del Topo” no describe una cualidad de María ni esconde un nuevo dogma. Es el nombre del santuario al que quedó unida esta devoción. De hecho, allí se veneraba anteriormente otra imagen de Nuestra Señora del Topo; la devoción principal pasó a ser la Virgen del Milagro cuando las religiosas concepcionistas se trasladaron al lugar en el siglo XIX.
Eso hace que esta advocación enseñe algo bastante concreto. La fe católica no vive solamente de ideas: recuerda fechas, conserva imágenes, construye santuarios y transmite acontecimientos que generaciones enteras han convertido en oración.
Casi cuatro siglos después, en Tunja siguen llamándola Nuestra Señora del Milagro. Y cada 24 de agosto su historia vuelve a recordar que algunas devociones marianas se entienden mucho mejor cuando primero conocemos la historia que les dio nombre.
Fuente: https://x.com/Maria365_online

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