Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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sábado, 22 de agosto de 2026

Reflexión...

Vivimos en una época donde a veces importa más el empaque que el contenido. Nos hemos vuelto expertos en aparentar virtudes que rara vez practicamos cuando nadie nos ve.

​Piensa en esa persona de redes sociales que habla de paz mental, empatía y bondad absoluta frente a una cámara, pero fuera del escenario trata con desprecio al personal de servicio y vive ahogado en enojos.

​La decepción que sientes al ver eso es instantánea. Cuando las acciones no caminan de la mano con las palabras, cualquier credibilidad se evapora. A todos nos frustra la doble moral, especialmente cuando viene de quienes se presentan como autoridades.

​Es muy fácil caer en la trampa de buscar el asiento VIP. El reconocimiento público y los halagos alimentan una parte muy sensible de nuestra mente. Pero cuando esa necesidad de validación se vuelve nuestro motor, empezamos a cargar a los demás con reglas y exigencias que nosotros mismos no estamos dispuestos a cumplir.

​Esto nos pasa en la vida real mucho más de lo que admitimos. Exigimos una paciencia total a nuestra familia, pero nosotros explotamos al primer contratiempo. Pedimos que nos escuchen, pero interrumpimos constantemente a los demás.

​Justamente hoy, en la memoria de Nuestra Señora María Reina, encontramos un modelo completamente opuesto. Su grandeza no necesitó de reflectores ni exigencias de honor para brillar. Ella nos demostró que la corona más firme se construye con la disposición de servir a los demás desde el silencio y la sencillez.

​Todo esto cobra sentido al leer Mateo 23, 1-12. Jesús es directo al advertirnos sobre el peligro de decir una cosa y hacer otra. Nos invita a soltar la obsesión por aparentar superioridad y nos deja una máxima de vida insuperable: el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

​Haz una pausa hoy y revisa con honestidad si tus palabras están respaldadas por tus acciones. Atrévete a bajarte de ese pequeño pedestal diario y ayuda a alguien de tu entorno con una tarea pesada, de manera completamente anónima.


Fuente:Seguidor de Jesús

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