Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

domingo, 2 de abril de 2017

"Tu hermano resucitará...Yo soy la Resurrección y la Vida.








Cuando Lázaro murió y fue enterrado, sus contemporáneos y sus hermanas creyeron que ya todo había terminado. Obvio, un muerto de cuatro días...y en estado de putrefacción, nada más y nada menos. Realmente, era para pensar: todo ha terminado, no hay nada más que hacer aquí.

¡Qué pena, si el Maestro hubiera venido, mi hermano ahora estaría vivo, comiendo con nosotros, riendo, compartiendo! Pero llega Cristo dando una luz, un aliento de vida, una esperanza ardiente: "Tu hermano resucitará...Yo soy la Resurrección y la Vida...¿No te he dicho que si crees verás la Gloria de Dios?" Ante la realidad de una muerte, ante tanta podredumbre, solo Cristo-Dios tiene poder y la sublime autoridad judicial para decir a un muerto: "Lázaro, sal afuera".

Así como un día dijo: "Hágase la luz", y existió, ahora el Verbo grita: "Lázaro, vive", y el muerto se recompone complemente. Para Dios nada hay imposible. Él ha venido al mundo para que el que muera, resucite, y para que el que crea en Él, no muera para siempre.
En nuestra vida no hay nada que pueda hundirnos, destruirnos, descomponernos. No hay nada que pueda quitarnos la esperanza.

Sea cual sea el problema que tengas, sea cual sea la cruz que cargues, abandónate en Dios. Confía en Él. Un muerto no puede hacer nada por sí mismo, no puede darse a sí mismo la vida...nosotros no podemos hacer nada, solo tenemos que mostrar a Dios nuestra nada, impotencia e incapacidad, mostrarnos tal y como somos y dejar que su Palabra de vida nos resucite.

Ánimo, Dios está con nosotros, es Emmanuel.

Con el cariño de siempre, unidos en oración y caminando hacia la Pascua,

Alejandro María.

Feliz Domingo.

“Has de ser fermento”



Dentro de la gran muchedumbre humana –nos interesan todas las almas– has de ser fermento, para que, con la ayuda de la gracia divina y con tu correspondencia, actúes en todos los lugares del mundo como la levadura, que da calidad, que da sabor, que da volumen, con el fin de que luego el pan de Cristo pueda alimentar a otras almas. (Forja, 973)

Había acompañado a Jesús una gran muchedumbre. Levanta Nuestro Señor los ojos y pregunta a Felipe: ¿dónde compraremos pan, para dar de comer a toda esa gente? Felipe contesta, después de un cálculo rápido: doscientos denarios de pan no bastan, para que cada uno tome un bocado. No tienen tanto dinero: han de acudir a una solución casera. Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro: aquí está un muchacho que ha traído cinco panes de cebada y dos peces; pero, ¿qué es esto para tanta gente?
Nosotros queremos seguir al Señor, y deseamos difundir su Palabra. Humanamente hablando, es lógico que nos preguntemos también: pero, ¿qué somos, para tanta gente? En comparación con el número de habitantes de la tierra, aunque nos contemos por millones, somos pocos. Por eso, nos hemos de ver como una pequeña levadura que está preparada y dispuesta para hacer el bien a la humanidad entera, recordando las palabras del Apóstol: un poco de levadura fermenta toda la masa, la transforma. Necesitamos aprender a ser ese fermento, esa levadura, para modificar y transformar la multitud.
Si meditamos con sentido espiritual ese texto de San Pablo, entenderemos que no tenemos más remedio que trabajar, al servicio de todas las almas. Otra cosa sería egoísmo. Si miramos nuestra vida con humildad, distinguiremos claramente que el Señor nos ha concedido, además de la gracia de la fe, talentos, cualidades. Ninguno de nosotros es un ejemplar repetido: Nuestro Padre nos ha creado uno a uno, repartiendo entre sus hijos un número diverso de bienes. Hemos de poner esos talentos, esas cualidades, al servicio de todos: utilizar esos dones de Dios como instrumentos para ayudar a descubrir a Cristo. (Amigos de Dios, nn. 256-258)
SAN JOSEMARÍA

sábado, 1 de abril de 2017

Virgen y Madre María




Virgen y Madre María,
Tú que, movida por el Espíritu,
acogiste al Verbo de la vida
en la profundidad de tu humilde fe,
totalmente entregada al Eterno,
ayúdanos a decir nuestro «sí»
ante la urgencia, más imperiosa que nunca,
de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús.

Tú, llena de la presencia de Cristo,
llevaste la alegría a Juan el Bautista,
haciéndolo exultar en el seno de su madre.
Tú, estremecida de gozo,
cantaste las maravillas del Señor.
Tú, que estuviste plantada ante la Cruz
con una fe inquebrantable
y recibiste el alegre consuelo de la resurrección,
recogiste a los discípulos en la espera del Espíritu para que naciera la Iglesia evangelizadora.

Consíguenos ahora un nuevo ardor de resucitados para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence a la muerte.
Danos la santa audacia de buscar nuevos caminos para que llegue a todos
el don de la belleza que no se apaga.

Tú, Virgen de la escucha y la contemplación,
madre del amor, esposa de las bodas eternas,
intercede por la Iglesia, de la cual eres el icono purísimo, para que ella nunca se encierre ni se detenga en su pasión por instaurar el Reino.

Estrella de la Nueva Evangelización,
ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión, del servicio, de la fe ardiente y generosa, de la justicia y el amor a los pobres,
para que la alegría del Evangelio
llegue hasta los confines de la tierra
y ninguna periferia se prive de su luz.

Madre del Evangelio viviente,
manantial de alegría para los pequeños,
ruega por nosotros.
Amén. Aleluya.



 www.mariamediadora.com/Oracion/Newsletter1092.htm

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