Señor, Dios eterno, bendito seas por los siglos, hoy al despertar elevo mi corazón para reconocerte como el único dueño de todo cuanto existe.
Tuyo es el poder, la grandeza, la gloria y la majestad, porque todo lo que hay en el cielo y en la tierra procede de Ti.
Tú reinas sobre todo y estás por encima de cualquier autoridad, y en Tus manos están la fuerza, la riqueza, el honor y toda bendición.
Hoy quiero comenzar este día recordando que todo lo que soy y todo lo que tengo proviene de Tu amor.
Concédeme vivir
con humildad para reconocer que sin Ti nada puedo,
con gratitud para valorar cada don recibido y
con confianza para poner en Tus manos mis planes, mis trabajos, mis preocupaciones y mis alegrías.
Gobierna, Señor, mis pensamientos para que busquen siempre la verdad,
dirige mis palabras para que transmitan paz y caridad,
fortalece mis acciones para que reflejen Tu presencia y sostengan mi corazón para que permanezca firme en la fe aun en medio de las pruebas.
Permíteme reconocer
Tu gloria en lo sencillo,
Tu providencia en cada circunstancia y
Tu amor en cada persona que encuentre hoy en mi camino.
Recibe, Señor, este nuevo día como una ofrenda, haz que todo lo que viva sea para alabarte, servirte y glorificarte, y que toda mi vida sea testimonio de fidelidad y alabanza a Ti, para gloria Tuya,
Señor mío y Dios mío.
Amén.

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