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miércoles, 26 de mayo de 2010

Dios, meta definitiva del vivir humano


Sin Dios, la vida sería un caos sin sentido. Con Dios, cada cosa, también ese mal que nos aterra, empieza a tener significado.


La vida nos obliga a decidir, nos exige continuamente afrontar situaciones nuevas.

Lo que empezamos ayer ya ha adquirido nuevas dimensiones hoy, y quizá mañana ya no tenga casi ningún valor.

Lo que deseamos hacer mañana en muchos casos quedará en eso: un sueño irrealizado. ¿Por qué? Porque surgió una “emergencia”, o porque nos atrajo más otro proyecto, o porque simplemente nos faltaron medios, o porque dejamos que los caprichos nos llevasen de un lado a otro.

Estamos siempre en camino. Las metas inmediatas cambian muchas veces como el viento: con rapidez, sin aparente lógica, entre nubes de polvo y confusión del alma.

Entre tantas metas provisionales, buscamos un lugar donde anclar el corazón. El amor nos empuja hacia horizontes elevados, nos saca de apatías, nos exige romper con el egoísmo que encadena el alma.

La meta definitiva, el puerto donde la nave no tendrá ya zozobras, sólo puede estar en algo, en alguien, que no esté sometido al tiempo, que no esté encadenado a los átomos, que no tenga que mendigar consuelos, que dé simplemente porque es bueno, grande, eterno.

Un ser así, ¿existirá? ¿O soñamos en Alguien, Dios, que sólo existe en la mente de los niños y de algunos adultos que creen en la existencia de los cielos? ¿Podemos esperar en el Amor de un Ser superior, en la Bondad de un Padre que vela por sus hijos, en la ayuda del único que puede despertar conciencias, perdonar pecados, devolver la paz a los espíritus?

Sin Dios, la vida sería un caos sin sentido. Con Dios, cada cosa, también ese mal que nos aterra, empieza a colocarse en un lugar concreto y a tener significado.

Entonces es posible la esperanza. Tomamos el arado, con la ayuda de Dios, para reiniciar la lucha por lo bueno, mientras transcurren instantes fugitivos que nos acercan al mundo de lo eterno.

Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net

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