Él conoce sus silencios, sus esfuerzos,
sus luchas que nadie ve y todo lo que carga por amor.
San José, tú que abrazaste a María con ternura y cuidaste lo que Dios te confió,
abraza también su vida.
Sostén su corazón cuando se canse,
guía sus pasos cuando dude, y recuérdale que no camina solo.
Enséñale a amar en lo cotidiano,
a permanecer, a confiar en Dios incluso en el silencio.
Y si alguna vez yo no sé cómo ayudarlo,
sé tú quien lo cuide, quien lo fortalezca
y quien lo acerque siempre al corazón del Padre.
Hoy lo dejo en tus manos… con paz, con fe
y con todo mi amor.
San José, ruega por mi esposo.
Fuente: Mujer Católica

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por dejar tu comentario, me alegra el alma