Señor mío y Dios mío, en esta mañana nos acercamos a Ti con un corazón que clama, confiando en que siempre escuchas nuestra voz, incluso cuando nuestras palabras nacen del dolor o de la debilidad.
No permitas que en los momentos de dificultad nos sintamos abandonados, sino haznos experimentar Tu cercanía viva, Tu respuesta oportuna y Tu consuelo fiel.
Enséñanos a invocarte con fe, sabiendo que nunca eres sordo a nuestras súplicas, y que cada oración nuestra llega hasta Tu presencia.
Danos la certeza de que, así como restauras y levantas lo que parece derrumbado, también puedes reconstruir nuestras vidas, nuestras fuerzas y nuestra esperanza.
Que vivamos hoy con la confianza de que Tú miras nuestras luchas, escuchas nuestros gemidos y actúas con misericordia para liberarnos y sostenernos.
Haznos también testigos de Tu gloria, para que con nuestras vidas otros puedan reconocerte y alabarte.
Permite que nunca perdamos la esperanza, que sepamos que cada día es una oportunidad para experimentar Tu fidelidad, y que todo lo que vivamos hoy nos acerque más a Ti.
Y que toda mi vida sea testimonio de fidelidad y alabanza a Ti, para gloria Tuya, Señor mío y Dios mío
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