Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

domingo, 31 de marzo de 2024

Cristo resucitó! ¡Alégrense!

Escucha, Adán, alégrate con Eva, ya que el que antiguamente los había despojado a los dos y por su engaño los había hecho cautivos, sobre la Cruz de Cristo fue reducido a la impotencia.
 
Hoy, oh Cristo has abolido con tu poder al imperio de la muerte. Donador de vida, has liberado las almas de los hombres, gracias a tu resurrección, tú nuestro Salvador.
 
Como la multitud de los ángeles en el cielo, así el género humano en la tierra festeja la totalmente santa Resurrección de tu bondad, Señor.
 
Hoy, Cristo resucitó del sepulcro, del que hace surgir la incorruptibilidad para todos los mortales. En su misericordia, con las Miróforas, inaugura la alegría de la Resurrección. *
 
Despiértanos de la tumba del pecado, ya que una multitud de pasiones nos había puesto a muerte. Oh Salvador que por tu Resurrección has destruido la tiranía de la Muerte, verdadero Amigo del hombre
 
Alégrense, sabias Miróforas, Mujeres que han visto las primeras la Resurrección de Cristo y han anunciado a los apóstoles la resurrección del mundo entero.
 
*Miróforas: Mujeres que portan los perfumes.

 

  Monasterio Santa Catalina del Monte Sinaí
Liturgia de las Horas, s. IX
Macarismos de la Resurrección (SC 486. Sinaiticus graecus 864, Cerf, 2004), trad. sc©evangelizo.org

Reflexión sobre la Resurreción

   


En los relatos de la Resurrección de Jesús, hay un detalle que no debería pasarnos desapercibido si nos interesa saber si es razonable creer en pleno siglo XXI. ¿Por qué quienes vieron cara a cara al resucitado no lo reconocieron de primera hora? Lo explico

Los evangelios recogen este fenómeno en varias ocasiones: María Magdalena, llorando a los pies del sepulcro, lo confundió con un hortelano; los dos de Emaús lo acompañaron durante una larga caminata y no lo reconocieron hasta llegada la noche, al partir el pan; incluso los más íntimos, sus propios discípulos, fueron incapaces de reconocerlo cuando estaban pescando y él apareció en la orilla del lago.

Dejando para otro día la reflexión sobre las misteriosas capacidades del cuerpo glorioso de Jesús, centrémonos en su significado: la resurrección del de Nazareth puede ser un hecho histórico comprobado por mil y una fuentes, podemos tenerlo delante de nosotros, incluso conversar con él; pero, si no damos el paso de creer, seremos incapaces de verlo, incapaces de reconocerlo.

 ¿Por qué pasa esto?

¿Por qué el acontecimiento más trascendental de la historia de la humanidad (la constatación de que la muerte es solo un paso hacia otra forma de vida) no se hace más evidente?

¿Por qué Dios ha preferido pasar desapercibido para la mayoría de la población mundial y se ha mostrado solo a unos pocos? 

La solución fácil ya se la había sugerido el tentador tras los 40 días en el desierto. Lo puso en el alero del templo de Jerusalén y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te cuiden”».

 Si le hubiera hecho caso, todo el mundo habría creído en él enseguida y de forma innegable. ¿Por qué no hizo de la fe un espectáculo?

¿Por qué Dios, siendo Dios, no se muestra de forma sensacional, clara e incuestionable? ¿Por qué, si ama al hombre, no hace uso de su poder para que todo hombre crea en él y se salve?

Para tratar de entender a Dios, lo mejor que podemos hacer es ponernos en su lugar y verlo desde su perspectiva.

  Dios es amor, y el amor necesita un consentimiento libre, no forzado.

Por eso, un matrimonio en el que se descubre que alguno de los cónyuges ha ido obligado o tiene intereses ocultos se dice que es nulo, no ha existido.

No ha sido verdadero porque no ha habido amor, sino interés o miedo. Igualmente, Dios nos ama y como buen amante desea ser correspondido, pero ha de dejarnos la libertad necesaria para que esta correspondencia sea verdadera.

Creer por interés o por miedo no es creer, es fingir.

 La fe, que no es otra cosa que amar a Dios sobre todas las cosas, ha de ser una respuesta libre y personal a la propuesta que él nos hace.

 La omnipotencia de Dios se demuestra en su capacidad de hacerse pequeño, insignificante, hasta rebajarse a la altura del ser que ama para poder ser correspondido… o no.

 Por eso llevamos 2.000 años celebrando la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo y para muchos no deja de ser más que un excelente motivo para pasar unos días de vacaciones al inicio de la primavera o, si acaso, para disfrutar de las manifestaciones culturales que dicha conmemoración conlleva.

Ese acontecimiento no cala, porque no ha habido encuentro con la persona viva de Jesús, que ha pasado delante de nosotros y no lo hemos reconocido.

 Es el misterio de la libertad con la que él nos creó y que tantas veces desfiguramos con nuestro lenguaje.

Hablamos de libertad de expresión, por ejemplo, pero cancelamos a quien no se ajusta a la norma; hablamos de libertad sexual, pero a costa de matar a los concebidos por esa causa pero que no nos interesa que nazcan; hablamos de libertad de decidir una muerte digna, cuando en realidad obligamos a suicidarse a quien no quiere sufrir porque no les damos alternativas; nos jactamos de ser sociedades libres, pero miramos para otro lado ante las situaciones de trata, o de trabajo precario; proclamamos una educación en libertad, pero dejamos que las tecnológicas esclavicen a nuestros hijos; fardamos de libre mercado, pero explotamos a los países más pobres;  competimos por ser los países con más libertades, pero impedimos la entrada de quienes no tienen más remedio que huir de la falta de libertad en sus países; nos enorgullecemos de avanzar en libertades sociales a costa de destruir la familia como núcleo de crecimiento de las personas en amor y libertad.

Antonio Moreno 

 Omnes


Dónde estás, Resucitado?



En la lluvia y en la flor,
en el gozo y en la pena
y en el beso del amor (…).
¿Dónde estás, suplico, Amigo?


En la noche de la espera,
en el alba de la vida,
en el viento de la sierra,
en la tarde despoblada,
en el sueño que no sueña,
en la niña enamorada,
en el hambre desgarrada
y en el pan para la mesa,
en el hombre que me busca
y en aquel que se me aleja,
en el canto del hogar
y en el llanto de la guerra,
en el gozo compartido
y en la aislada amarga pena (…).


En el silencio sellado
y en el grito de protesta,
en la cruz de cada día
y en la muerte que se acerca,
en la luz de la otra Orilla y en mi Amor como respuesta.

¿Que dónde estoy, me preguntas?
Vivo y camino en la tierra
peregrino hacia Emaús
para sentarme a tu mesa,
que al partir de nuevo el pan
descubrirás mi Presencia.


¿Que dónde estoy, me preguntas?
Estoy aquí con vosotros,
con el alma en flor despierta
en esta Pascua de Amor
galopando por las venas
de vuestra sangre empapada
de un Dios que vive y que sueña.


¿Que dónde estoy, me preguntas?
Desnúdate a la sorpresa,
abre los ojos y mira
hacia dentro y hacia fuera,
que en el lagar del dolor
y en la noria del amor,
Yo, tu Dios, llamo a la puerta.

¿Que dónde estoy, me preguntas?
Resucitado a tu vera.
Gritad conmigo: ¡Aleluya!
Ha merecido la pena.
Seréis testigos, amigos,
de esta verdad verdadera:
Resucité del sepulcro
y cielo se hizo la tierra.

¿Que dónde estoy, me preguntas?
En tu vida es la respuesta."


Antonio Bellido Almeida.

MISLopez 

sábado, 30 de marzo de 2024

Sábado Santo con María.

 


“Qué lejos, Madre, la cuna y tus gozos de Belén:¡No, mi Niño, no!. No hay quien de mis brazos te desuna"
( Himno)

Oración a la Madre Dolorosa.

 


Dulce María, Madre del verbo Divino, te acompañamos en este dolor, en este momento de silencio...


Oh, Virgen Santísima y afligida, Madre de dolores, Reina de los Mártires, que estuviste bajo la cruz, presenciando la agonía de tu Hijo moribundo, mira hacia abajo con la ternura y la piedad de una madre mientras nos arrodillamos ante ti para venerar tus 7 dolores, y colocamos nuestras peticiones, con confianza filial, en el santuario de tu corazón herido.

Oh Madre dolorosa, presenta estas peticiones, en nuestro nombre, a Jesús, por los méritos de su santísima Pasión y Muerte, junto con tus sufrimientos al pie de la cruz, y por la eficacia unida de ambos, consíguenos el favor que humildemente te pedimos. ¿A quién iremos en nuestras necesidades y miserias si no es a ti?

Oh Madre de Misericordia, que habiendo bebido tan profundamente del cáliz de tu Hijo, alivia con gracia los sufrimientos de los que aún suspiran en esta tierra de exilio.

Te rogamos, por los méritos de las lágrimas que derramaste en esos tiempos terribles y dolorosos, que me consigas a mí, y a todos los pecadores del mundo, la gracia de una completa sinceridad y arrepentimiento de los pecados.

viernes, 29 de marzo de 2024

Antes de iniciar el camino Jesús se arrodilló, abrazó la Cruz y la besó tres veces.

 


Llegando al Calvario, lo tumbaron sobre la cruz y extendiendo su brazo derecho sobre el madero, lo ataron fuertemente; uno de sus ejecutores puso la rodilla sobre su pecho, otro le abrió la mano, un tercero apoyó sobre la carne un clavo grueso y largo y lo clavó con un martillo de hierro, su sangre salpicó los brazos de sus verdugos. Los clavos eran muy largos, la cabeza chata y del ancho de una moneda; tenían tres caras, eran del grueso de un dedo pulgar; la punta sobresalía por detrás de la cruz. 

Después de haber clavado la mano derecha de Nuestro Señor, los verdugos vieron que la mano izquierda no llegaba al agujero designado. Entonces ataron una cuerda al brazo izquierdo de Jesús y tiraron de él con toda la fuerza hasta lograr que la mano llegara. Esta brutal dislocación de sus brazos lo atormentó horriblemente, su pecho se levantó, sus piernas se contrajeron y sus quejidos se oían en medio de los martillazos, entonces hundieron otro clavo en la mano izquierda.

Habían clavado en la cruz un pedazo de madera para sostener los pies, extendieron sus piernas y las ataron con cuerdas a la cruz, pero los pies no llegaban, entonces ataron una cuerda a su pie derecho y tiraron de él, la dislocación fue tan espantosa que se oyó crujir y Jesús exclamó: «Dios mío, Dios mío». Ataron después el pie izquierdo sobre el derecho y lo taladraron aparte. Cogieron un clavo más largo que los de las manos y lo clavaron con el martillo atravesando los pies y el pedazo de madera hasta el mástil de la cruz, fueron treinta y seis martillazos.

📚 Extracto del libro La amarga Pasión de Cristo de Ana Catalina Emmerick

Soy Católico y Mariano 

Viernes Santo


Este árbol, de dimensiones celestes, ascendió de la tierra hasta los cielos. Planta inmortal fijada entre el cielo y la tierra. Es el punto de apoyo fijo del universo, el punto de reposo de todas las cosas, cimiento del orbe, eje cósmico. Resume en él y en una unidad la multiplicidad de la naturaleza humana. Está sujeto por clavos invisibles del espíritu para no soltarse de su unión con lo divino. Toca las supremas alturas del cielo y con sus pies consolida la tierra y abarca con sus brazos inconmensurables la atmósfera ancha e intermedia", Himno anónimo (siglo IV).


SiglosII 

jueves, 28 de marzo de 2024

PERDÓNANOS POR HACERTE LLORAR JESÚS

 



Condenado injustamente ...

Azotado sin piedad...

Coronado de espina..

Llevando en tu hombro 

un leño pesado como cruz 

hasta el Calvario

por mi y por tantos pecadores

que te ofendemos...

La llegada al Cenáculo y el adiós de Jesús a su Madre


En el volumen 9 de El Evangelio tal como me fue revelado*, la tarde del Jueves Santo, Jesús llega al Cenáculo con sus apóstoles y encuentra allí a su Madre. Como Él, María comprende que ha llegado la hora. A pesar de su profundo dolor, no hace ningún aspaviento, se mantiene completamente dueña de sí como su Hijo. Jesús saluda a su Madre y se encomienda a sus oraciones:

“Mamá, vine a recibir de ti fuerza y ​​consuelo. Mamá, soy como un niño pequeño que necesita el corazón de su madre en su dolor y el pecho de su madre para tener fuerza. He vuelto a ser, a esta hora, tu pequeño Jesús de antaño. No soy el Maestro, Madre, soy solo tu Hijo, como en Nazareth cuando era pequeño; como en Nazareth antes de dejar la vida oculta. Solo te tengo a ti. Los hombres, en este momento, no son amigos leales de tu Jesús. Ni siquiera son valientes para hacer el bien. Solo los malos saben ser constantes y fuertes en hacer el mal. Pero tú me eres fiel y eres mi fuerza, Mamá, en este momento, sosténme con tu amor y oración. A esta hora solo tú sabes orar entre los que más o menos me aman. Ora y comprende. Los demás están en sus distracciones, absortos en pensamientos de celebración o pensamientos de crimen, mientras yo sufro por tantas razones.

Muchas cosas morirán después de esta hora. Y entre ellas su humanidad y sabrán ser dignos de mí, todos, menos aquel que está perdido y a quien ninguna fuerza es capaz de hacer volver al menos al arrepentimiento. Pero por el momento siguen siendo personas inconscientes, que no comprenden que voy a morir, mientras se alegran al creer que mi triunfo nunca ha estado tan cerca. Los hosannas de hace unos días los embriagaron. Mamá, es para esta hora que vine y sobrenaturalmente la veo llegar con alegría.

Pero mi ser también la teme porque este cáliz tiene el nombre de traición, negación, odio, blasfemia, abandono. Apóyame, mamá. Como cuando por tu oración atrajiste sobre ti al Espíritu de Dios, para dar por medio de Él al mundo a quien las naciones esperaban, atrae ahora sobre tu Hijo la fuerza que me ayude a realizar la obra para la que vine. Adiós, Mamá. Bendíceme, Madre, también en el nombre del Padre. Y perdona a todos. Perdonemos juntos, desde ahora perdonemos a quienes nos torturan» (§599-4).

Extracto de El Evangelio tal como me fue revelado, tomo 9 (edición antigua: tomo 9, cap. 18; nueva edición: tomo 10, cap. 299).
* María Valtorta (1897 - 1961) es una vidente y mística italiana, miembro de la Tercera Orden Católica de los Siervos de María y autora de escritos espirituales que incluyen principalmente los 10 volúmenes de El Evangelio tal como me fue revelado.


 

Tarde de amor

 Era una tarde noche
de primavera
y amor profundo,
cuando llenaste el vaso
del corazón.

Y una fragancia de vida
empezó a extenderse
por todo el mundo;
Era la víspera misma
de tu pasión.

Tarde de amor
tarde de Jueves Santo,
Dios nos amó tanto
que se hizo pan.

VIVAMARÍA 

 


 

Cristo del Calvario

 En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de mi cuerpo a tu cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?

¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón.

Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mi todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.

Y sólo pido no pedirte nada.
Estar aquí junto a tu imagen muerta
e ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta.


Gabriela Mistral

Reflexiones del alma





martes, 26 de marzo de 2024

ES MARTES SANTO

 

Avanza, Rey y Señor, a Jerusalén, 
porque si no lo haces, tampoco, nosotros, 
podremos ascender a la gloria que nos prometes.
Adéntrate camino de la Pasión, porque sin ella,
estaríamos descorazonados 
y  sin posibilidad de billete con vuelta.
No mires, Señor, a la tiniebla que mañana te espera,
pues necesitamos de Ti para que, la nuestra, 
no sea eterna
Te esperábamos, Señor, 
aunque, hoy te digamos ¡viva! 
y, mañana gritemos ¡muera!
Entra, Rey, amigo y Señor,
y si te escandaliza este triunfo, 
cuando tanta sangre espera, perdónanos, Señor.
Somos así, incluso los que más te queremos
los que en la intimidad, más hemos convivido contigo:
¡Cómo no bendecir tu nombre, Señor!
Si eres Palabra cumplida al detalle
Esperanza de los profetas
Manos apropiadas y curtidas para el madero
Cena que, en Jueves Santo, esperamos gustar y recordar
Palabras que, en Viernes Santo, 
estremecerán todavía más nuestro llanto
¡Cómo no exaltar tu nombre, Señor!
Cuando sabemos, que al final, 
después de las espinas y del dolor
del vértigo y de la muerte
gritaremos lo que Tú, tantas veces nos repetiste:
hay que morir para dar abundante fruto.
Y, si algo tienes Tú, Señor, es mucho para darte
y otro tanto para exigirte.
Amén.


Jesús se entregó el primero


El Verbo que viene desde lo alto
y que no abandona la derecha del Padre,
que sale a (realizar) su obra,
ha venido al atardecer de la vida.
Quien por su discípulo a la muerte
sería entregado por sus enemigos.
Antes como comida de vida,
se entregó a los discípulos.
A ellos, bajo doble especie
dio (su) carne y sangre
para que en esta doble sustancia
se alimentara todo el hombre.
Al nacer se entregó como compañero,
al comer (se entregó) como alimento;
al morir (se entregó) cual precio;
al reinar se da como premio.
Oh, salvadora hostia
que abres la puerta del cielo,
Guerras implacables (nos) oprimen:
da(nos) fuerza, danos auxilio.
Al Señor Uno y Trino
sea gloria eterna.
Que una vida sin término
nos regale en la patria. 

Amén.

 

  Liturgia latina
"Verbum supernum prodiens" - Himno eucarístico de Hora de Laudes en el Oficio Divino de Corpus Christi.evangelizo.org

lunes, 25 de marzo de 2024

Polvo eres y en polvo te convertirás Gn. 3, 19

 
Retrato de un hombre que acaba de morir

Considera que tierra eres y en tierra te has de convertir. Día llegará en que será necesario morir y pudrirse en una fosa, donde estarás cubierto de gusanos (Sal. 14, 11). A todos, nobles o plebeyos, príncipes o vasallos, ha de tocar la misma suerte. Apenas, con el último suspiro, salga el alma del cuerpo, pasará a la eternidad, y el cuerpo, luego, se reducirá a polvo (Sal. 103, 29).
Imagínate en presencia de una persona que acaba de expirar. Mira aquél cadáver, tendido aún en su lecho mortuorio; la cabeza inclinada sobre el pecho; esparcido el cabello, todavía bañado con el sudor de la muerte; hundidos los ojos; desencajadas las mejillas; el rostro de color de ceniza; los labios y la lengua de color de plomo; yerto y pesado el cuerpo... ¡Tiembla y palidece quien lo ve!... ¡Cuántos, sólo por haber contemplado a un pariente o amigo muerto, han mudado de vida y abandonado el mundo!
Pero todavía inspira el cadáver horror más intenso cuando comienza a descomponerse... Ni un día ha pasado desde que murió aquel joven, y ya se percibe un hedor insoportable. Hay que abrir las ventanas, y quemar perfumes, y procurar que pronto lleven al difunto a la iglesia o al cementerio, y que le entierren en seguida, para que no inficione toda la casa... Y el que haya sido aquel cuerpo de un noble o un potentado no servirá, acaso, sino para que despida más insufrible fetidez, dice un autor.
¡Ved en lo que ha venido a parar aquel hombre soberbio, aquel deshonesto!... Poco ha, veíase acogido y agasajado en el trato de la sociedad; ahora es horror y espanto de quien le mira. Apresúranse los parientes a arrojarle de la casa, y pagan portadores para que, encerrado en su ataúd, se lo lleven y den sepultura... Pregonaba la fama no ha mucho el talento, la finura, la cortesía y gracia de ese hombre; mas a poco de haber muerto, ni aun su recuerdo se conserva (Sal. 9, 7).
Al oír la nueva de su muerte, limítanse unos a decir que era un hombre honrado; otros, que ha dejado a su familia con grandes riquezas. Contrístanse algunos, porque la vida del que murió les era provechosa; alégranse otros, porque esa muerte puede serles útil.
Por fin, al poco tiempo, nadie habla ya de él, y hasta sus deudos más allegados no quieren que de él se les hable, por no renovar el dolor. En las visitas de duelo se trata de otras cosas; y si alguien se atreve a mencionar al muerto, no falta un pariente que diga: “¡Por caridad, no me lo nombréis más!”
Considera que lo que has hecho en la muerte de tus deudos y amigos así se hará en la tuya. Entran los vivos en la escena del mundo a representar su papel y a recoger la hacienda y ocupar el puesto de los que mueren; pero el aprecio y memoria de éstos poco o nada duran. Aflígense al principio los parientes algunos días, mas en breve se consuelan por la herencia que hayan obtenido, y muy luego parece como que su muerte los regocija. En aquella misma casa donde hayas exhalado el último suspiro, y donde Jesucristo te habrá juzgado, pronto se celebrarán, como antes, banquetes y bailes, fiestas y juegos... Y tu alma, ¿dónde estará entonces?

AFECTOS Y SÚPLICAS

¡Gracias mil os doy, oh Jesús y Redentor mío, porque no habéis querido que muriese cuando estaba en desgracia vuestra! ¡Cuántos años ha que merecía estar en el infierno!... Si hubiera muerto en aquel día, en aquella noche, ¿qué habría sido de mí por toda la eternidad?... ¡Señor!, os doy fervientes gracias por tal beneficio.
Acepto mi muerte en satisfacción de mis pecados, y la acepto tal y como os plazca enviármela. Mas ya que me habéis esperado hasta ahora, retardadla un poco todavía. Dadme tiempo de llorar las ofensas que os he hecho, antes que llegue el día en que habéis de juzgarme (Jb. 10, 20).
No quiero resistir más tiempo a vuestra voz... ¡Quién sabe si estas palabras que acabo de leer son para mí vuestro último llamamiento! Confieso que no merezco misericordia. ¡Tantas veces me habéis perdonado, y yo, ingrato, he vuelto a ofenderos! ¡Señor, ya que no sabéis desechar ningún corazón que se humilla y arrepiente, ved aquí al traidor que, arrepentido, a Vos acude! Por piedad, no me arrojéis de vuestra presencia (Sal. 50, 13).
Vos mismo habéis dicho: Al que viniere a mí no le desecharé. Verdad es que os he ofendido más que nadie, porque más que a nadie me habéis favorecido con vuestra luz y gracia. Pero la sangre que por mí habéis derramado me da ánimos y esperanza de alcanzar perdón si de veras me arrepiento... Sí, bien sumo de mi alma; me arrepiento de todo corazón de haberos despreciado.
Perdonadme y concededme la gracia de amaros en lo sucesivo. Basta ya de ofenderos. No quiero, Jesús mío, emplear en injuriaros el resto de mi vida; quiero sólo invertirle en llorar siempre las ofensas que os hice, y en amaros con todo mi corazón. ¡Oh Dios, digno de amor infinito!... ¡Oh María, mi esperanza, rogad a Jesús por mí!

("Preparación para la muerte" - San Alfonso M. de Ligorio)

SantísimaVirgen

domingo, 24 de marzo de 2024

¡Te alabamos por tu abajamiento!

 

Aquí estamos, llegados a la santa Gran Semana del cumplimiento de los sufrimientos de Cristo. Contemplemos nuevamente en qué situaciones, cuántas veces, cuándo y hasta dónde, el Señor de gloria se abajó por nosotros (1 Cor 2,8), nuestro Dios y Creador. Somos realmente iluminados al profundizarlo una vez más.
 

¿Qué alma de piedra no sería tomada por la compunción y no se dejaría doblegar, al saber que el Señor fue librado por un discípulo entre las manos de los impíos (Hech 2,23)? Fue atado por las manos de los soldados y llevado ante un tribunal. El que es la Verdad, escucha llamarse impostor y charlatán (cf. Mt 27,63). Al Salvador de todos, le pegan en el rostro y lo soporta. Lo cubren de escupidas y no se defiende. Para burlarse, lo ciñen con la corona de espinas y él no reduce a cenizas a los que osan esos ultrajes. Es revestido con un manto de púrpura como un rey y como un malhechor golpeado a puños. Es crucificado, traspasado con una lanza. Prueba la muerte, siendo la vida de todos. Enseguida resucita, levantándonos de nuestra caída, nos pone de pie para una inalterable inmortalidad. (…)
 
¿Qué podemos ofrecerte, ya que en tu infinita bondad, nos has considerado de un tan gran precio que, lejos de despreciar a tu criatura perdida, has venido a salvarnos con el extremo de un indecible abajamiento? Sin embargo, nos has hecho fuertes y nos has salvado. De nuestros labios pecadores e indignos, te ofrecemos toda la alabanza y acción de gracias de la que somos capaces. Se nos pide de tratar de imitar este ejemplo y conformarnos a él en las cosas grandes e importantes, tomándolo como modelo en las cosas pequeñas y humildes. De esta forma damos gracias dignamente.

 San Teodoro el Estudita (759-826)
monje en Constantinopla
Catequesis 53 (Les Grandes Catéchèses, coll. Spiritualité orientale 79, Bellefontaine, 2002), trad. sc©evangelizo.org

Y TE ATREVES, OH SEÑOR?

 


Cruzarás los muros de las ciudades 

y los aledaños de nuestros pueblos.
Escucharás alabanzas y marchas triunfales
vítores y adhesiones.
Mas, Tú sabes Señor que, antes que después, 
detrás de aquellas piedras sillares
se esconde en alguna esquina
la cruz que sostendrá tu cuerpo.
¿Y te atreves, Señor, a seguir adelante?
Siendo Rey de Reyes
montarás  en un humilde pollino
cuando, sobre Ti, por tu pasión y muerte
quieres cabalgar a toda la humanidad doliente
¿Y te conformas, Señor, con tan injusto pago?
Subes, Jesús, aclamado y reverenciado
Por calles con sabores contradictorios
El de la alegría y, en el fondo, el de la tristeza
El de la aclamación y, mañana, el de la traición
El de “somos tuyos”, hoy, 
y el de “no te conocemos”, mañana.
¿Y te atreves, oh Señor,
a avanzar por estas calles con final de pasión?
No dejes de hacerlo, Señor.
Si Tú no lo haces, estamos llamados a la perdición
Si Tú no culminas este camino
nunca tendremos la dicha de ver al Padre
de comprobar, en tus propias carnes,
el infinito amor, tremendo amor,
que a todos nosotros nos tiene.
Deja, oh Señor, que nuestras débiles manos
temblorosas pero a la vez humanas
aclamen tu señorío y tu poder,
tu majestad y tu reinado.
¡Entra, oh Señor, a la Jerusalén de nuestros pueblos 
y de nuestras ciudades!
Que, hoy más que nunca,
necesitamos amor de Dios en nuestras plazas
amor de Dios en un madero
amor de Dios en una mesa
amor de Dios a nuestros pies
amor de Dios en los sacerdotes
amor de Dios para darnos Vida Eterna.
Amor de Dios anticipo de Eterna Resurrección.
Amén.

Javier Leoz


sábado, 23 de marzo de 2024

Nunca vi a María, pero hace 13 años sentí su presencia

 23 de marzo – Italia: Mater Domini (1650)

Pasé casi tres años discerniendo mi vocación en un monasterio benedictino, en Estados Unidos. Ese periodo fue uno de los más bellos de mi vida, pero también uno de los más dolorosos.

En 2002, cuando estaba en mi último año de secundaria, el escándalo de los abusos sexuales por parte del clero estaba en todos los titulares. Seis años más tarde, cuando entré a una abadía benedictina, pensé que el escándalo había pasado. Me equivoqué. Desafortunadamente, muchos hombres habían abrazado la vida religiosa no para buscar al Señor, sino para buscar a otros hombres… En mi primer año, rechacé en dos ocasiones las insinuaciones inapropiadas de un superior.

Gracias a Dios y a Nuestra Señora, fui protegido “físicamente”, pero emocionalmente quedé herido. Después de pedirle a este superior que me dejara en paz, comprendí que debía abandonar el monasterio inmediatamente. Me hubiera ido antes, pero no quería decepcionar a Dios, pues ya había hecho mis primeros votos. Durante casi tres años desde que entré en la abadía, me consumía la ansiedad, principalmente por las pretensiones de este superior.

Finalmente me dije “basta” y llamé a mi hermano para contarle mi situación. Inmediatamente llamó a mi madre y le dijo que viniera a buscarme. Informé a mi superior inmediato y al prior que me iba. Mientras los monjes hacían sus oraciones vespertinas, yo recogí mis pocas pertenencias.

Miré alrededor de mi celda, ahora vacía y, por primera vez en casi tres años, ¡sentí la paz más grande que jamás haya conocido en mi vida! No vi a Nuestra Señora, pero sentí su presencia. Y en mi corazón oí su voz que me decía: “Hijo mío, es hora de partir”. Sí, María estuvo en mi celda de monje el 4 de octubre de 2010 y me acompañó hasta la puerta del monasterio, donde me esperaba mi madre.

Patrick O’Hearn, 5 de enero de 2024.

 

© Unsplash/Mantas Hesthaven

www.ncregister.com 


Sábados consagrados a María

 Yo soy aquella María
del linaje de David:
¡Oíd, hermanos, oíd
la gran desventura mía!

A mí me dijo Gabriel
que el Señor era conmigo,
y mi dejó sin abrigo
más amarga que la hiel.
Díjome que era bendita
entre todas las nacidas,
y soy de las doloridas
la más triste y afligida.

 VIVAMARÍA

 


 

viernes, 22 de marzo de 2024

"Stabat Mater" - Oración propia del Viernes de Dolores

  La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía;
cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.

¡Oh cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.

Y cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
Y quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.

Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo;
porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.

¡Virgen de vírgenes santas!,
llore ya con ansias tantas,
que el llanto dulce me sea;
porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.

Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio;
porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén;
porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria.


Amén.

PrimerosCristianos


 

Viernes de dolores.

 «Ahí tienes a tu madre.» Jn 19 

Decid, hombres que corréis 

por la vía mundanal, 

decidme si visto habéis 

igual dolor que mi mal.


 

jueves, 21 de marzo de 2024

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Cada 25 de marzo se celebra la Solemnidad de la Anunciación del Señor, pero este año la fiesta se trasladará al lunes 8 de abril, pues coincide con la Semana Santa 2024
En la Anunciación del Señor se recuerda que el Arcángel Gabriel le anunció a María que sería la Madre del Salvador. Gracias al “sí” de la Virgen se produce la encarnación del Hijo de Dios.
La Anunciación tiene rango de solemnidad; o sea, prima sobre todas las fiestas y memorias de los santos o beatos. Pero, el Calendario Litúrgico de las Diócesis de los EE.UU. explica que “dado que el 25 de marzo es el Lunes Santo este año, la solemnidad de la Anunciación del Señor se traslada al lunes 8 de abril”.
Es necesario explicar que la celebración de la Semana Santa, también conocida como Semana Mayor, que este 2024 va del 24 al 30 de marzo, está por encima de cualquier otra solemnidad, por eso durante ese tiempo tampoco se celebra a ningún santo o beato.
Asimismo, luego de la Semana Santa viene la Octava de Pascua, es decir que durante estos 8 días se celebra como Domingo de Resurrección del Señor. Según el Catecismo, la Pascua es “la ‘Fiesta de las fiestas’, ‘Solemnidad de las solemnidades’”.
La Octava de Pascua, que comienza en el Domingo de Resurrección y concluye con el Domingo de la Divina Misericordia, irá en el 2024 del 31 de marzo al 7 de abril.

Más información:

miércoles, 20 de marzo de 2024

Reflexión


 Sufrió por parte de toda clase de personas: de gobernadores, jueces, cortesanos, soldados, pontífices, sacerdotes, eclesiásticos y seglares, judíos y gentiles, hombres y mujeres, de todos sin excepción. Incluso su misma Madre santísima aumentó de manera terrible sus aflicciones cuando la vio junto a la cruz y anegada en un mar de tristezas. 

 

elamordelasabiduriaeternademontfort

martes, 19 de marzo de 2024

LO QUE HIZO SAN JOSE ANTE DE MORIR

Esto hizo San José antes de morir, según Don Bosco y San Francisco de Sales

 LA MUERTE DE SAN JOSE 

Este 19 de marzo se celebra la Solemnidad de San José. 

Según Don Bosco, el santo patriarca tuvo una experiencia mística inigualable antes de su muerte, donde Jesús y María le dijeron unas emotivas palabras. 
Asimismo, San Francisco de Sales relató lo que San José le habría dicho a Cristo antes de morir.
En el libro Vida de San José, Don Bosco narra los que habrían sido los últimos momentos del padre adoptivo de Jesús. El santo salesiano señala que San José “estaba llegando a los ochenta años”, cuando un ángel lo visitó para avisarle que moriría.
En su lecho de muerte, el santo custodio de la Sagrada Familia entró en éxtasis por 24 horas y “presenció en espíritu los dolores de la pasión del Salvador”. 
Al despertar tenía el rostro iluminado, como transfigurado, y había un agradable aroma.
Don Bosco luego describe cómo habría sido la despedida. “Y me parece que María decía: 
 
‘¡Oh José, cuánto te agradezco la dulce compañía que me has hecho, los buenos ejemplos que me has dado, el cuidado que has tenido de mí y de mis cosas y los dolores más penosos que has sufrido por mi causa! 
Oh, me dejas, pero vivirás siempre en mi recuerdo y en mi corazón’.
 
Asimismo, Don Bosco indica que le parece que Jesús llamó a su padre adoptivo “José mío” 
y le explicó que Él también moriría. Después, el Señor le enfatizó a San José que ese momento de oscuridad sería breve y le pidió que fuera a anunciarles a Abraham, Isaac y otros grandes del Antiguo Testamento que esperaran sólo unos años. 
Posteriormente, Jesús le profetizó que vendría la resurrección, donde Él se alzaría lleno de triunfo. 
 
“Alégrate, querido guardián de mi vida, fuiste bueno y generoso conmigo, pero nadie puede ganarme con la gratitud”, habría dicho Cristo.

San José también estuvo en el milagro del sol de Fátima y este es su significado

Don Bosco no narra ninguna respuesta de San José, pero su santo patrono, San Francisco de Sales, sí expone las que serían sus últimas palabras. En su libro Tratado del Amor de Dios, el Doctor de la Iglesia afirma que San José se habría dirigido a Dios Padre con estas palabras: 

“¡Oh, Padre!, yo he cumplido el encargo que me habéis confiado”.

Luego, dirigiéndose a Cristo, dijo: “¡Hijo mío! 

Así como tu Padre celestial puso tu cuerpo entre mis manos, el día de tu venida al mundo, así en este día de mi partida de este mundo, pongo mi espíritu en las tuyas”.

LOS ÚLTIMOS  INSTANTE Y SEPULTURA

Continuando con el relato de Don Bosco, San José, antes de expirar, buscó levantarse con mucho esfuerzo para adorar al Salvador. 
Quería arrodillarse ante Jesús para pedirle perdón por su faltas, pero Cristo no lo dejó y lo abrazó.

“Así, apoyando su venerable cabeza sobre el pecho divino de Jesús, con los labios cerca de aquel corazón adorable, José expiró, dando a los hombres un último ejemplo de fe y humildad. 

Era el día diecinueve de marzo del año de Roma 777, el vigésimo quinto desde el nacimiento del Salvador”, 

(indica Don Bosco)

Después, Jesús y María lloraron ante el cuerpo de San José y el mismo Cristo lavó el cuerpo de su padre adoptivo, le cerró los ojos y cruzó sus manos en el pecho.


aviprensa

E.G

SIEMPRE, SAN JOSÉ

Con tu silencio como respuesta

y con tus pisadas, suaves y humildes,
nos muestras el camino de la fe.
Con tu silencio, obediente y puro,
hablas, más que con palabras, con tus propias obras.
¡Sí; José!
Acercarse a tu pecho es sentir el rumor de Dios
saber que, en la soledad y en la prueba,
es donde se demuestra la grandeza que presumimos
la verdad o la mentira de lo que somos.
Nadie como Tú, José, habló tanto en imperceptibles palabras:
Tu vida fue un canto a la obediencia
Tu caminar se convirtió en letra impresa
Tu sendero marcó un antes y un después
para los que, como Tú, queremos seguir dejando huella.

¡NOS HABLAS, JOSÉ!
Desde la bondad frente a tanto odio
Desde la fe ante las dudas que nos rodean
Desde el silencio cuando el ruido nos atenaza
Desde la responsabilidad
cuando caemos bajo el peso de nuestras fragilidades

¡NOS HABLAS, JOSÉ!
En sueños que, mirando al cielo, se convierten 
en destellos divinos
En sueños que, mirando a la tierra,
nos empujan a ser decididamente rectos
En sueños que, en las noches oscuras,
disipan preocupaciones y horas amargas.

¡NOS HABLAS, JOSÉ!
Sin elocuencia pero con la verdad de tu vida
Sin ruido pero con la decisión de tu cayado
Sin, subidas o bajadas de ángeles,
pero con los pies en la tierra
Sin riqueza en tu hogar ni monedas en tu túnica
pero con el tesoro inmenso de tu fe sin límites.
¡Sí! ¡Así nos hablas, José!
Toda tu vida es páginas por escribir
de alguien que ya habló con su propia existencia.
Amén



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