Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

miércoles, 15 de agosto de 2018

Felíz Solemnidad de la Asunción de la Virgen María!



La Iglesia hoy celebra la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María, Patrona del Paraguay. (Fiesta de Precepto en el país). Esta fiesta tiene dos objetivos, la feliz partida de la Virgen de esta vida y la asunción de su cuerpo al cielo. 

El dogma de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María fue definido por el Papa Pío XII en el año 1950. En 1951, el Gobierno Nacional y el Episcopado paraguayo solicitaron al Papa la proclamación de la Virgen de Asunción, como Patrona de la República del Paraguay y de las Fuerzas Armadas de la Nación.

El 13 de julio de 1951, el Papa Pío XII declaró a la Virgen María de la Asunción al cielo, principal patrona celestial ante Dios, de toda la República del Paraguay.

¡Virgen María, ora pro nobis!

Arzobispado de Asunción

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Nuestra Señora de la Asunción


177 Recojamos de nuevo el tema que nos propone la Iglesia: María ha subido a los cielos en cuerpo y alma, ¡los ángeles se alborozan! Pienso también en el júbilo de San José, su Esposo castísimo, que la aguardaba en el paraíso. Pero volvamos a la tierra. La fe nos confirma que aquí abajo, en la vida presente, estamos en tiempo de peregrinación, de viaje; no faltarán los sacrificios, el dolor, las privaciones. Sin embargo, la alegría ha de ser siempre el contrapunto del camino.

Servid al Señor, con alegría: no hay otro modo de servirle. Dios ama al que da con alegría, al que se entrega por entero en un sacrificio gustoso, porque no existe motivo alguno que justifique el desconsuelo.

Quizá estimaréis que este optimismo parece excesivo, porque todos los hombres conocen sus insuficiencias y sus fracasos, experimentan el sufrimiento, el cansancio, la ingratitud, quizá el odio. Los cristianos, si somos iguales a los demás, ¿cómo podemos estar exentos de esas constantes de la condición humana?

Sería ingenuo negar la reiterada presencia del dolor y del desánimo, de la tristeza y de la soledad, durante la peregrinación nuestra en este suelo. Por la fe hemos aprendido con seguridad que todo eso no es producto del acaso, que el destino de la criatura no es caminar hacia la aniquilación de sus deseos de felicidad. La fe nos enseña que todo tiene un sentido divino, porque es propio de la entraña misma de la llamada que nos lleva a la casa del Padre. No simplifica, este entendimiento sobrenatural de la existencia terrena del cristiano, la complejidad humana; pero asegura al hombre que esa complejidad puede estar atravesada por el nervio del amor de Dios, por el cable, fuerte e indestructible, que enlaza la vida en la tierra con la vida definitiva en la Patria.

La fiesta de la Asunción de Nuestra Señora nos propone la realidad de esa esperanza gozosa. Somos aún peregrinos, pero Nuestra Madre nos ha precedido y nos señala ya el término del sendero: nos repite que es posible llegar y que, si somos fieles, llegaremos. Porque la Santísima Virgen no sólo es nuestro ejemplo: es auxilio de los cristianos. Y ante nuestra petición —Monstra te esse Matrem-, no sabe ni quiere negarse a cuidar de sus hijos con solicitud maternal.

ES CRISTO QUE PASA.  San Josemaría Escriva 


lunes, 13 de agosto de 2018

NO ESPEREMOS AL PURGATORIO



Mira la intención de todas tus actos, y de qué manera estarás ante aquel Juez riguroso, al cual no hay cosa encubierta, ni se amansa con dones, ni recibe excusaciones, sino que juzgará justísimamente.
¡Oh pecador miserable! ¿qué responderás a Dios, que sabe todas tus maldades? Ahora tu trabajo es fructuoso, tu lloro aceptable, tus gemidos se oyen, y tu dolor es satisfactorio.
Mejor es ahora purgar los pecados y vicios, que dejarlos para el purgatorio, porque allí, en la cosa que peca el hombre principalmente, será mas gravemente castigado. Allí más grave será pasar una hora de pena, que aquí cien años de penitencia amarga.
(Thomás de Kempis, "Imitación de Cristo")


domingo, 12 de agosto de 2018

RECIBIMOS AL MISMO CRISTO EN LA EUCARISTÍA



La Eucaristía es acto central de la Iglesia católica y el acto supremo de culto a Dios. El mismo Cristo que se ofreció a sí mismo una vez en el altar de la cruz, está presente y se ofrece en la Misa. 

No es otro sacrificio, no es una repetición. 

Es el mismo sacrificio de Jesús que se hace presente, pero esta vez de manera incruenta.

Cristo está presente en el cielo y también en el altar, y se entrega cada día al Padre como el Viernes Santo. 

La Misa es un sacrificio de propiciación (aplaca la justicia divina) por nuestros pecados. 

La Misa es un memorial: Se conmemora la muerte de Jesús, pero no como un recuerdo psicológico, sino como una REALIDAD MÍSTICA.

Cristo se ofrece a sí mismo tan realmente como lo hizo en el Calvario. Decía el Padre Pío, que debemos de vivir la Misa como María Magdalena, al pie de la cruz.

La Misa es un banquete sagrado: El mismo Cristo que se ofrece, lo recibimos en la Eucaristía. La Misa es el medio principal que Dios ha establecido para aplicar los méritos que Cristo ganó en la Cruz para toda la humanidad. 

 La Eucaristía es prenda de la gloria futura. Es la fuente, el corazón y la cumbre de toda la vida cristiana. 

 En la Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: Jesucristo, que asocia a su Iglesia, y a todos sus miembros, a su sacrificio pascual, ofrecido una vez por todas en la cruz al Padre; y, por medio de este sacrificio, derrama la gracia de la salvación sobre su Cuerpo que es la Iglesia. 

La Santa Misa y el sacrificio de la Cruz son un único sacrificio, pues se ofrece una y la misma víctima: Jesucristo. Sólo es diferente la manera de ofrecerse: Cristo se ofreció a sí mismo una vez en la cruz de manera cruenta –con derramamiento de sangre–, mientras en la Eucaristía se ofrece por el ministerio de los sacerdotes de modo incruento –sin derramamiento de sangre–. Así, el sacrificio que Cristo ofreció de una vez para siempre en la cruz, permanece siempre actual. Y cuantas veces se celebra la Eucaristía, se realiza la obra de nuestra redención. 

(Reflexiones católicas)


sábado, 11 de agosto de 2018

MARÍA ES LA MADRE DE LA MISERICORDIA




Cuando María ve a sus pies a un pecador que viene a pedirle misericordia, no mira los pecados que tiene, sino la intención con que viene. Si viene con buena intención, aunque haya cometido todos los pecados del mundo, lo abraza y le cura todas las llagas de su alma.
Todo esto le expresó la Virgen a santa Brígida, diciendo:
“Por muy grande que sea un pecador, estoy preparada para recibirlo al punto si a mí viene; ni me fijo en cuánto ha pecado, sino en la intención con que viene; y no me desdeño en ungir sus llagas y curárselas, porque me llamo y soy de verdad la madre de la misericordia”.
(San Alfonso María de Ligorio, "Las Glorias de María")


viernes, 10 de agosto de 2018

DIOS ES MÁS GRANDE DE LO QUE PODEMOS PENSAR






Conquistar a Dios consiste en dejarse conquistar por Él. A Dios se le puede asumir, se le puede acoger, porque Dios es fundamentalmente objeto de fe.
El hombre en la Biblia siempre luchó con Dios, y ¡oh contraste!, para triunfar en este singular combate es preciso ser atacado y vencido, como Jacob aquella noche.
Hubo alguien que llegó a la Casa del Padre y nos dijo que el Padre es como una esmeralda que despide una luz diferente a nuestra luz. Y de tal resplandor, que vale la pena vender todo para poseer ese tesoro.
Y ante nuestros ojos, Jesús nos presentó al Padre como un crepúsculo bellísimo, como una amanecer resplandeciente, y encendió en nuestros corazones la hoguera de una infinita nostalgia por Él, porque el Padre es mucho más grande, admirable, magnífico e incomparable que todo lo que podíamos pensar, soñar, concebir o imaginar.
(Fray Ignacio Larrañaga, "El silencio de María")



QUERÍA DAR DE BEBER A MI AMADO



"También resonaba continuamente en mi corazón el grito de Jesús en la cruz: «¡Tengo sed!». Estas palabras encendían en mí un ardor desconocido y muy vivo... Quería dar de beber a mi Amado, y yo misma me sentía devorada por la sed de almas... No eran todavía las almas de los sacerdotes las que me atraían, sino las de los grandes pecadores; ardía en deseos de arrancarles del fuego eterno... "
(Historia de un alma, santa Teresita del Niño Jesús)



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