Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

domingo, 4 de octubre de 2026

San Francisco de Asís

Señor, hazme un instrumento de tu paz.
Donde haya odio, que lleve yo el amor.
Donde haya ofensa, que lleve yo el perdón.
Donde haya discordia, que lleve yo la unión.
Donde haya duda, que lleve yo la fe.
Donde haya error, que lleve yo la verdad.
Donde haya desesperación, que lleve yo la alegría.
Donde haya tinieblas, que lleve yo la luz.

Oh Maestro,
haz que no busque tanto ser consolado, como consolar;
ser comprendido, como comprender;
ser amado, como amar.
Porque es dando como se recibe;
perdonando como se es perdonado;
y muriendo como se resucita a la Vida Eterna.

Amén.

San Francisco de Asís, ruega por nosotros y por el mundo entero.




Evangelio, Reflexión de hoy

Domingo 4 de octubre del 2026.

A veces recibimos tantas oportunidades que terminamos dando por hecho que las merecemos. Olvidamos la gratitud y comenzamos a exigir.

​Piensa en alguien que de buena fe le presta un pequeño local a un familiar para que ponga un negocio y salga adelante. Le entrega las llaves y toda su confianza. Pero cuando el lugar se llena de clientes y empieza a dejar dinero, el familiar cambia las cerraduras, le niega la entrada y asegura que el sitio ahora le pertenece.

​Esta actitud rompe cualquier lazo de confianza. Y aunque suene a traición extrema, en nuestra rutina diaria solemos tropezar con esa misma actitud.

​Nos confían un talento, un buen empleo, un hogar o una familia, y en lugar de cultivar esos dones con humildad, nos adueñamos de la situación con soberbia.

​Cuando la vida, o las personas que nos aman, nos piden cuentas de nuestros actos o nos hacen una observación constructiva, nos ofendemos de inmediato. Sentimos que invaden nuestro terreno.

​El gran error de creernos los dueños absolutos de todo es que le cerramos la puerta a quien realmente nos da la capacidad de crecer. Nos aislamos por el simple afán de retener el control.

​Aquí aterriza la enseñanza del evangelio en Mateo 21, 33-43. Un hombre planta un viñedo equipado a la perfección, lo confía a unos trabajadores y emprende un largo viaje.

​En tiempo de cosecha, el dueño envía a sus servidores, y finalmente a su propio hijo, para pedir los frutos acordados. Sin embargo, los trabajadores, dominados por la avaricia, los agreden y los eliminan con la ilusión de robarse la herencia.

​Por esa ambición desmedida, pierden absolutamente todo. El viñedo se entrega a personas dispuestas a dar buenas cosechas a su debido tiempo.

​Haz una pausa hoy para soltar esa necesidad de control absoluto. Valora las responsabilidades que tienes en tus manos y empieza a devolver un poco de esa confianza sirviendo a quienes te rodean.

sábado, 3 de octubre de 2026

Señor Jesús, ante tu Cruz...

Señor Jesús, ante tu Cruz pongo mi vida y todo aquello que llevo en el corazón.


Tú conoces mis caminos, mis luchas y mis esperanzas.
Cuando no comprenda lo que sucede, dame la gracia de seguir confiando;
cuando me falten las fuerzas, sé Tú mi fortaleza;
y cuando todo parezca incierto, recuérdame que jamás camino solo.

Tu Cruz me habla de un amor que no abandona,
de la esperanza que nos sostiene en las dificultades
y de la salvación que recibimos por tu infinito amor.

Por eso hoy me abandono en Ti.
Pongo en tus manos mis preocupaciones, mis temores
y aquello que no puedo resolver.
Guía mis pasos, fortalece mi fe y ayúdame a confiar en que Tú permaneces siempre conmigo.

Jesús, Redentor y Salvador nuestro,
en tus manos pongo todo;
Señor mío y Dios mío, en Ti deposito toda mi confianza.

Amén.



Virgen del Silencio...Granito de arena de Esperanza

 


Virgen del Silencio, guarda mi corazón.

Pon freno a mis juicios,
pon paz a mi voz.
Custodia mis labios
cuando quiera hablar,
que brote la verdad
vestida de caridad.
Enséñame a callar
antes de herir,
a mirar con misericordia
y a saber bendecir.

Evangelio, Reflexión de hoy

 Sábado 3 de octubre del 2026.


Pasamos la vida midiendo nuestro valor por los logros que alcanzamos o las batallas que ganamos. Nos obsesiona el éxito, pero a menudo olvidamos dónde reside nuestra verdadera identidad.

Piensa en un alpinista que sacrifica todo para llegar a la cima más alta. Al pisar la cumbre, siente una euforia indescriptible. Pero cuando baja, la montaña se queda ahí y él vuelve a casa sintiendo un vacío, buscando de forma urgente la siguiente roca que escalar.

Nos pasa lo mismo en lo cotidiano. Conseguimos un ascenso, logramos reconocimiento público o ganamos una discusión difícil, y sentimos que tenemos el mundo a nuestros pies. Celebramos el control que parecemos tener sobre nuestras circunstancias.

El problema surge cuando hacemos que nuestro valor dependa de esos trofeos diarios. Si pierdes el trabajo o los aplausos de los demás, ¿quién eres? Se nos invita a anclar nuestra alegría en un fundamento sólido, un terreno firme que ninguna derrota nos pueda arrebatar.

Ahí radica el corazón de Lucas 10, 17-24. Los discípulos regresan eufóricos porque dominaron cualquier obstáculo en su misión. Pero Jesús reorienta su mirada: la felicidad no está en el poder ni en el éxito temporal, sino en saber que sus nombres están escritos en el cielo.

Jesús agradece al Padre por revelar esta verdad a la gente sencilla. Quienes viven desde la humildad entienden que su mayor privilegio no es lo que hacen, sino a quién pertenecen. Han logrado ver y escuchar aquello que grandes reyes de la historia anhelaron contemplar.

Hoy, suelta la necesidad de medir tu valor por lo que dominas o produces. Deja de buscar esa satisfacción que caduca al final del día. Camina con la tranquilidad y la plena libertad de saber que tu lugar más importante ya está asegurado, y actúa desde esa paz.

Esperar la felicidad del Cielo


Mis hermanos, si la fe nos hace descubrir a Dios presente, la esperanza nos hace efectuar todo lo que realizamos en vista sólo de agradar al buen Dios, con el feliz pensamiento de la recompensa eterna. Hermanos míos, ya que la virtud de la esperanza alivia tanto nuestros males, veamos juntos en qué consiste esta bella y preciosa virtud.

Sí, hermanos, tenemos la felicidad de conocer por la fe que hay un Dios que es nuestro Creador, nuestro Salvador y soberano Bien que nos ha creado para conocerlo, amarlo, servirlo y poseerlo. La esperanza nos enseña que, aunque indignos de esa felicidad, la podemos esperar por los méritos de Jesucristo. Mis hermanos, para rendir nuestras acciones en dignas de ser recompensadas, se necesitan tres cosas: la fe, que nos hace descubrir a Dios presente; la esperanza por la que todo realizamos en vista sólo de agradar al buen Dios; el amor, que nos une a él como a nuestro soberano Bien. Si, mis hermanos, no conoceremos nunca el grado de gloria que cada acción nos procura en el cielo, cuando la realizamos con pureza por el buen Dios. Los mismos santos que están en el cielo no lo pueden comprender. (…)

Dirán ustedes ¿qué quiere decir esta palabra “esperar”? He aquí, hermanos. Esperar es suspirar por algo que nos hará felices en la otra vida, es desear ardientemente la liberación de los males de esta vida y querer la posesión de todo tipo de bienes capaces de realizarnos plenamente. (…) Agrego que es necesario que nuestra esperanza sea universal, es decir, que tenemos que recurrir al buen Dios en todo lo que nos ocurre.

 San Juan María Vianney (1786-1859)

presbítero, párroco de Ars
Sermón (Sermons de Saint Jean Baptiste Marie Vianney, Curé d'Ars, II, Ste Jeanne d'Arc, 1982), trad. sc©evangelizo.org

Nuestra Señora de Lourdes

Oh Nuestra Señora de Lourdes, Inmaculada Concepción, Madre amorosa, te presentamos nuestras intenciones personales más urgentes, especialmente las de los enfermos y los que sufren. Te confiamos a nuestros seres queridos y a nuestros difuntos. Te rogamos que elimines todos los obstáculos que aún nos separan de tu amado Hijo y le hagamos reinar en todos los corazones.
Amén.



viernes, 2 de octubre de 2026

«Voy a enviarte un ángel por delante para que te cuide en el camino y te lleve al lugar que he preparado»


Imagen Pinterest


«A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en todos tus caminos» (Sl 90,11) ¡Qué respeto debe suscitar en ti esta palabra, qué fervor debe hacer nacer en ti, y qué confianza te debe inspirar! El respeto a causa de su presencia, el fervor a causa de su benevolencia, la confianza a causa de su vigilancia... Ellos están aquí, a tu lado, y no solamente contigo sino para ti. Están presentes para protegerte, para socorrerte. ¿Cómo pagarás al Señor todo el bien que te ha hecho? (Sl 115, 3) Es a él solo a quien se debe rendir honor por esta ayuda; es él quien ha dado estas órdenes. «Todo don perfecto» (St 1,17) no puede venir más que de él. Pero no podemos dejar de agradecer, respecto a los ángeles, su gran caridad con la que obedecen y la gran necesidad que tenemos de su ayuda.

Seamos, pues, respetuosos y agradecidos por la vigilancia que nos ofrecen; amémoslos agradecidos y honrémoslos tanto como podamos, pues tanto les debemos... En Dios amemos a sus ángeles, sabiendo que un día ellos serán coherederos con nosotros y que ya desde ahora el Padre dispone y ordena que nos hagan de guías y educadores. Porque ya «desde ahora somos hijos de Dios» aunque esto no aparezca ahora con claridad (1Jn 3,2), puesto que somos hijos todavía sometidos a intendentes y educadores, y de momento, en nada diferimos de los siervos.

Sin embargo, por pequeños que seamos y por largo y peligroso que sea el camino que nos falta recorrer, ¿qué podemos temer con tan buena guardia?... Los ángeles son fieles, son prudentes, son poderosos; ¿qué podemos temer? Tan sólo sigámosles, estemos unidos a ellos, y permaneceremos bajo la protección del Dios del cielo.

 San Bernardo (1091-1153)

monje cisterciense y doctor de la Iglesia
12avo sermón sobre el salmo 90.evangelizo.org

2 de octubre, día de los Santos Ángeles de la Guarda



Yo mismo enviaré un ángel delante de ti para que te proteja en el camino y te lleve al lugar que he preparado.

Respétalo y escucha todo lo que diga~ Éxodo 23:20-21
😇

«Ignora al demonio y no le temas; porque el tiembla y huye ante la mirada de tu ángel de la guarda.».
San Juan Bosco
😇


“Junto a cada creyente está un ángel como protector y pastor que lo conduce a la vida.”
(Catecismo)

😇
No caminas solo: Dios te confía a tu ángel custodio. Invoca su protección y cuida también de quien necesita compañía.

Ángel de mi guarda, protégeme, guía mis pasos y ayúdame a elegir el bien. Que mis obras lleven esperanza.



jueves, 1 de octubre de 2026

JUEVES EUCARÍSTICO


 ES JUEVES EUCARÍSTICO Y JESÚS NOS ESPERA PARA SER AMADOS, CONSOLADOS Y ADORADOS POR QUIENES NO LO CREEN NI LO AMAN.

Alma de Cristo

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos.
Amén

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