Su sangre, conservada desde hace siglos en Nápoles, sigue recordando una verdad mucho mayor: hay una fe por la que merece la pena entregar la vida.
1️⃣ San Genaro nació probablemente en la segunda mitad del siglo III, en Nápoles o en Benevento.
Llegó a ser obispo de Benevento y destacó por su caridad con los pobres. Era querido por los cristianos y respetado incluso por quienes no compartían su fe.
2️⃣ Todo cambió con la persecución de Diocleciano.
A partir del año 303, profesar públicamente la fe cristiana podía conducir a la cárcel, la tortura y la muerte.
Genaro sabía perfectamente el peligro. Y permaneció junto a los suyos.
3️⃣ Cuando el diácono Sosio fue encarcelado por su fe, Genaro acudió a visitarlo acompañado del diácono Festo y del lector Desiderio.
Podía haberse protegido.
Prefirió ejercer hasta el final aquello para lo que había sido consagrado: ser pastor.
4️⃣ Su fidelidad le costó la libertad.
Genaro y sus compañeros fueron detenidos y condenados. Finalmente fueron llevados cerca de Pozzuoli, donde sufrieron el martirio por decapitación a comienzos del siglo IV.
La Iglesia comenzó muy pronto a venerar su memoria.
5️⃣ La tradición cuenta que una mujer llamada Eusebia recogió parte de la sangre del mártir y la conservó en dos ampollas.
Aquellas reliquias terminarían vinculadas para siempre a la ciudad de Nápoles y a uno de los fenómenos religiosos más conocidos del cristianismo.
6️⃣ En determinados días del año, la sangre conservada en las ampollas pasa tradicionalmente de un estado sólido a líquido.
Entre esas fechas está precisamente el 19 de septiembre, fiesta litúrgica de San Genaro.
Es la célebre licuefacción de la sangre de San Genaro.
7️⃣ Pero sería una lástima quedarnos solamente con el prodigio.
La verdadera grandeza de San Genaro ocurrió antes de que nadie recogiera su sangre:
la derramó por Cristo.
La reliquia resulta impresionante porque detrás de ella hubo un hombre que prefirió perder la vida antes que perder la fe.
8️⃣ Y hay algo especialmente hermoso en su martirio.
Genaro era obispo.
Cuando llegó la persecución, permaneció cerca de sus sacerdotes, diáconos y fieles. El pastor compartió la suerte del rebaño.
El episcopado se convirtió así en entrega hasta la sangre.
9️⃣ San Genaro nos recuerda que la fe cristiana no es una decoración para los días tranquilos.
La fe se demuestra cuando permanecer junto a Cristo cuesta algo.
Quizá nosotros nunca tengamos que derramar nuestra sangre.
Pero todos tendremos que aprender a entregar nuestra vida.
🔟 San Pablo VI, hablando precisamente de la sangre de San Genaro, pidió que, así como aquella sangre vuelve a cobrar vida en la fiesta, también la fe del pueblo volviera a encenderse.
Esa sigue siendo una magnífica oración para hoy:
que nuestra fe vuelva a arder.
San Genaro, obispo y mártir, ruega por nosotros.
Que sepamos permanecer fieles a Cristo en las pequeñas pruebas de cada día y, si llegara la hora de una entrega mayor, que Él nos encuentre firmes en la fe.
Fuente:https://x.com/SacerdosMariae