Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
gadgets para blogger

ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

miércoles, 22 de abril de 2026

ORACIÓN DE LA MAÑANA (Cf. Salmo 65)

 "Haz que nuestro corazón viva en constante asombro y gratitud ante Tu presencia".


Señor mío y Dios mío, hoy nos levantamos reconociendo que Tus obras son admirables y que toda la tierra está llamada a aclamarte. Te alabamos por Tu poder, por Tu gloria y por cada maravilla que realizas en nuestras vidas, incluso en aquello que muchas veces no comprendemos.

Haz que nuestro corazón viva en constante asombro y gratitud ante Tu presencia.

Enséñanos a postrarnos interiormente ante Ti, no solo con palabras, sino con una vida que Te honre.

Que cada uno de nosotros sea un cántico vivo que proclame Tu nombre, y que sepamos reconocer Tus prodigios en lo cotidiano, en lo pequeño y en lo grande, sabiendo que todo viene de Ti.

Así como abriste caminos donde no los había, como hiciste pasar a Tu pueblo en seco y mostraste Tu poder sobre las aguas, abre también nuestros caminos hoy.

Llévanos por sendas firmes, aun en medio de las dificultades, y danos confianza plena en que Tú gobiernas con amor y eternidad.

Llenos de gozo y gratitud queremos caminar este día, sabiendo que Tú estás con nosotros, sosteniéndonos, guiándonos y obrando siempre para bien.

Permite que nuestra vida refleje Tu grandeza y que todo lo que hagamos sea para gloria Tuya, Señor mío y Dios mío.

FE y más FE.

Dios ha previsto desde la eternidad que vendrá hacia Él


Toda alma razonable tiene como fuente al verdadero Dios. Ella debe elegir lo que agrada a Dios y rechazar lo que a él desagrada, ya que el alma conoce en lo profundo de sí misma lo que es bueno y lo que es malo. Dios, que es único, en la energía de su corazón ha concebido una obra precisa y única y esta obra la ha multiplicado magníficamente. Porque Dios es un fuego vivo, un fuego para que respiren las almas, fuego que existe antes del comienzo, origen y tiempo de los tiempos. La voluntad de Dios penetra enteramente el mundo perecedero e inspira el término del mundo, que es la eternidad.
El poder de Dios posee la redondez de un temperamento hecho de equilibrio, no tiene ni comienzo ni fin y posee toda la amplitud para cumplir lo que desea, sin excepción. A la perfección que permite al poder de Dios de someter todo, se une el amor, como una especie de quietud en la acción, ya que el amor cumple perfectamente la voluntad de Dios, fuente de paz. El amor reviste sin embargo diferentes aspectos, tan numerosos como las virtudes que actúan en el hombre ya que el amor es la fuente de todo bien. El hombre debe dirigir hacia ese verdadero sol todas las intenciones de su corazón.
La presciencia de Dios se manifiesta en esa mirada de amor: amor y presciencia se acuerdan entre ellos. (…) El hombre que elige someterse al amor, ama lo que está en Dios, contempla a Dios en la pureza de la fe, no le ofrece nada mortal, sino que habita desde ahora en las alegrías celestes. Dios ha previsto desde la eternidad que vendrá hacia Él.

 Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179)

abadesa benedictina y doctora de la Iglesia
El Libro de las Obras Divinas, 6 (“Hildegarde de Bingen, Prophète et docteur pour le troisième millénaire”, Béatitudes, 2012), trad. sc©evangelizo.org

ORACION DEL PAPA LEÓN XIII A SAN JOSÉ.

 

Proteged, prudentísimo Custodio de la Divina Familia, el linaje escogido de Jesucristo; preservadnos Padre amantísimo, de todo contagio de error y corrupción, sednos propicio y asistidnos desde el Cielo, poderosísimo Protector nuestro, en el combate que al presente libramos contra el poder de las tinieblas. Y del mismo modo que, en otra ocasión, librasteis del peligro de la muerte al Niño Jesús, defended ahora a la Santa Iglesia de Dios, contra las asechanzas de sus enemigos y contra toda adversidad.


S.S. León XIII

𝑂𝑟𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑎 𝑆𝑎𝑛 𝐽𝑜𝑠𝑒́


PINTEREST

martes, 21 de abril de 2026

María, Desatadora de Nudos



María, Desatadora de Nudos, hoy me levanto con el alma cansada… como si dentro de mí hubiera una lucha silenciosa que nadie ve. Hay pensamientos que me inquietan, emociones que me sobrepasan y cargas que ya no sé cómo sostener. Pero aún así, aquí estoy, Madre… viniendo a ti, porque sé que en tus manos todo puede empezar a sanar.

Mira mi corazón, tal como está. No lo escondo, no lo disfrazo… te lo entrego con sus enredos, con sus miedos, con sus dudas. Toma la cinta de mi vida y pasa tus manos de Madre sobre cada nudo, incluso sobre aquellos que me avergüenzan, los que me hacen sentir débil, los que me roban la paz en silencio. Desátalos con tu amor paciente… con esa ternura que nunca se cansa.

Madre, hoy renuncio a cargar solo lo que me pesa. Hoy decido confiar, aunque no entienda, aunque no vea claro el camino. Enséñame a soltar lo que no puedo controlar y a descansar en la certeza de que Dios ya está obrando, incluso en medio de este caos que siento dentro.

Cuando la ansiedad quiera apoderarse de mí, abrázame. Cuando el miedo susurre mentiras, háblame de esperanza; cuando mis fuerzas se debiliten, sosténme Tú… y recuérdame que no estoy solo, que hay un cielo que camina conmigo, que hay un amor más grande que cualquier problema.

Hoy quiero vivir desde la fe, no desde el miedo. Desde la paz, no desde la angustia; desde la confianza, no desde la duda. Y si en algún momento tropiezo, levántame suavemente, como sólo una Madre sabe hacerlo.

María… entra en lo más profundo de mi alma y desata, uno a uno, todos esos nudos que me impiden ser libre, que me impiden amar, que me impiden descansar en Dios. Haz de mi interior un lugar de calma, de luz, de esperanza viva. Y aunque hoy no vea la solución, dame la gracia de creer que el milagro ya está en camino… que lo que hoy duele, mañana será testimonio… y que en tus manos, Madre, nada se pierde… todo se transforma en amor. Amén.

No es fácil decir: “Jesús, yo confío en ti”

 No es fácil decir: “Jesús, yo confío en ti” cuando el alma está cansada, cuando el dolor aprieta el pecho y el silencio parece más fuerte que cualquier respuesta. No es sencillo pronunciarlo en medio del desierto, cuando todo se siente seco, ni en la tormenta, cuando parece que todo se derrumba; mucho menos cuando has sentido que lo has perdido todo.

Porque ahí, justo ahí, la fe deja de ser palabras bonitas y se convierte en un grito profundo del corazón. Es en ese momento donde confiar ya no es emoción, sino decisión. Donde no ves, pero eliges creer; donde no entiendes, pero decides abandonarte. Y aunque tus manos estén vacías, tu alma se aferra a una esperanza que no se apaga.
Decir “Jesús, yo confío en ti” en medio del dolor es un acto profundamente valiente; es abrirle la puerta a Dios cuando más vulnerable estás. Es permitir que Él entre justo en ese lugar donde más duele, donde nadie más puede llegar.
Y es ahí donde sucede lo más hermoso. Porque Dios no se aleja de tu herida, Él entra en ella; no te juzga por tu debilidad, te abraza en tu fragilidad. No se escandaliza de tu llanto, lo recoge con ternura y lo transforma en consuelo.
Su misericordia no es un premio para los fuertes, es refugio para los que ya no pueden más. Es un abrazo que no exige perfección, una mirada que no condena, un amor que permanece incluso cuando tú sientes que ya no puedes continuar.
Dios está atento, más de lo que imaginas. Está contigo en cada lágrima que cae en silencio, en cada noche donde nadie más ve tu lucha, en cada suspiro donde apenas puedes decir su nombre. Y aunque sientas que caminas solo, Él va sosteniendo cada paso con infinita paciencia y amor. Porque su misericordia no tiene condiciones, no tiene reproches, no tiene límites. Es un océano donde incluso tu dolor encuentra descanso y tu alma vuelve a respirar.
Así que si hoy te cuesta confiar, si hoy te duele creer, si hoy tu fe apenas susurra… no necesitas gritar. Basta con decir, incluso con el corazón roto:
Jesús...Yo confío en TI
Y eso ya es suficiente para que Él comience a obrar en tu vida. Te mando un abrazo convertido en bendición.


Imagen Pinterest




ORACIÓN DE LA MAÑANA (Cf. Sal 30)


Señor mío y Dios mío, en este nuevo día nos ponemos en Tus manos con total confianza, sabiendo que Tú eres nuestra fortaleza y nuestro refugio, la muralla firme que nos salva.

Tú que eres nuestra defensa, dirígenos y guíanos por Tu santo Nombre, para que cada paso que demos esté sostenido por Tu voluntad y no por nuestras propias fuerzas.

En Tus manos encomendamos nuestro espíritu, nuestra vida, nuestras decisiones y todo lo que somos. Tu fidelidad es eterna, y sabemos que jamás abandonas a quienes confían en Ti.

Llénanos de la alegría que nace de Tu misericordia, incluso en medio de las dificultades, y haz que nuestro corazón permanezca firme y sereno en Tu presencia.

Vuelve, Señor, Tus ojos hacia nosotros, Tus siervos, y sálvanos por Tu infinito amor. Mantennos junto a Ti, protégennos de todo mal visible e invisible, y líbranos de las intrigas, de la ansiedad y de todo aquello que quiera apartarnos de Ti.

Que vivamos este día bajo Tu amparo, caminando con fe, con paz y con confianza plena en Tu providencia.
Permite, Señor, que todo lo que hagamos hoy sea para honrarte, y que nuestra vida entera esté en Tus manos, porque sabemos que en ellas encontramos descanso, dirección y salvación.

Y que toda nuestra vida sea testimonio de fidelidad y alabanza a Ti, para gloria Tuya, Señor mío y Dios mío

Amén.

FE y más FE.

lunes, 20 de abril de 2026

Aumenta mi fe...

 Señor, te ruego que aumentes mi fe,
porque solo no puedo sostenerla.
Destruye mi ego,
ese que me hace creer que todo gira alrededor de mí.
Hazme humilde de verdad,
no de palabra sino de corazón.
Fortalece mi discernimiento
para saber qué es tuyo y qué no lo es,
para elegir bien cuando la vida me ponga a escoger.
Y pon en mi boca palabras que construyan,
y en mis manos obras que Te glorifiquen.
Que yo no busque reconocimiento ni aplausos,
que pueda servir sin que nadie me lo vea,
que sepa callar cuando mi ego quiera hablar,
que aprenda a ponerme de último
como Tú lo hiciste primero.
Y lo que pido para mí, Señor,
lo pido también para todos,
que esta gracia no se quede en mí,
sino que se derrame en todos los que nos rodean.
Que seamos, juntos, un poquito más de Ti
en este mundo que tanto necesita de Ti.

Amén.

FE y más FE.



domingo, 19 de abril de 2026

EMAÚS


Hay momentos en la vida en los que caminamos como aquellos discípulos: con el corazón pesado, la esperanza herida y la mente llena de preguntas. Habían creído, habían esperado, pero ahora solo veían fracaso. Y lo más impresionante no es su tristeza, sino que Jesús mismo caminaba con ellos y no lo reconocían.
Así nos pasa muchas veces. Dios está presente, pero el dolor, la confusión o las expectativas rotas nos nublan la mirada. Pensamos que todo terminó, que aquello por lo que orábamos no se dio, que los planes no salieron como esperábamos. Y mientras tanto, Jesús ya está a nuestro lado, acompañando nuestro camino, escuchando nuestras quejas, entrando en nuestra historia.
Jesús no se impone, no irrumpe con fuerza. Se acerca, pregunta, escucha. Luego ilumina. Les explica las Escrituras, les ordena el corazón, les devuelve el sentido. Porque cuando Dios habla, no siempre cambia inmediatamente la circunstancia, pero sí transforma la manera en que la entendemos.
Y entonces sucede lo decisivo: lo reconocen al partir el pan. Es en la intimidad, en el gesto sencillo, en la comunión, donde los ojos se abren. No en el ruido, no en la prisa, sino en ese momento donde el corazón ya ha sido preparado.
Por eso también hoy queremos decirte: quédate con nosotros, Señor, porque anochece y el día va de caída. Quédate en nuestras dudas, en nuestros cansancios, en nuestras luchas silenciosas. Quédate cuando la fe se debilita y cuando el camino pesa. Quédate, porque sin Ti la noche es más oscura, pero contigo siempre hay luz.
El fruto es inmediato: pasan de la tristeza a la misión. De la huida al regreso. De la noche a la luz. El encuentro con Cristo siempre nos pone en movimiento, nos saca del encierro y nos devuelve al camino con propósito.
Hoy también nosotros caminamos. Y tal vez, como ellos, no entendemos muchas cosas. Pero el mensaje es claro: no estamos solos. Jesús camina con nosotros, nos habla, nos forma y se nos revela.
Pidamos la gracia de reconocerlo. De dejar que nos explique la vida a la luz de Dios. De invitarlo a quedarse con nosotros. Porque cuando Él se queda, todo cambia.
Y el corazón, nuestro corazón, como el de los discípulos de Emaús, vuelve a arder… sí, vuelve a arder cuando Jesús camina con nosotros.





“Quédate con nosotros”




Los dos discípulos se dirigían a Emaús. Su porte era normal, como el de tantas otras personas que pasaban por aquellos parajes. Y es allí, con naturalidad, que Jesús se les aparece y camina con ellos, comenzando una conversación que les hace olvidar su fatiga… Jesús en el camino. ¡Señor, tú siempre eres grande! Pero me conmueves cuando condesciendes a seguirnos, a buscarnos en nuestro ir y venir cotidiano. Señor, concédenos la simplicidad de espíritu; danos una mirada pura, una inteligencia clara para poder comprenderte cuando vienes a nosotros sin ningún signo exterior de tu gloria.
Al llegar al pueblo, el trayecto se acaba y a los dos discípulos que, sin darse cuenta, han sido tocados en lo más profundo de su corazón por la palabra y el amor de Dios hecho hombre, les duele que se marche. Porque Jesús, se despide de ellos “aparentando que iba más lejos”. Nuestro Señor no se impone jamás. Una vez percibida la pureza del amor que ha puesto en nuestra alma, quiere que le llamemos libremente. Hemos de retenerle a la fuerza y rogarle: “Quédate con nosotros porque atardece y se acaba el día, empieza ya la noche”.
Nosotros somos así: nos falta audacia, quizás por falta de sinceridad, o por pudor. En el fondo pensamos: Quédate con nosotros, porque las tinieblas envuelven nuestra alma, y solo tú eres la luz, solo tú puedes calmar esta sed que nos consume… Y Jesús se queda con nosotros. Se abren nuestros ojos, como los de Cleofás y su compañero, cuando Cristo parte el pan; y aunque él desaparezca de nuevo de nuestra vista, seremos capaces de ponernos de nuevo en camino - empieza ya la noche- para hablar de él a los demás, porque tanto gozo no puede quedar guardado en un solo corazón.
Camino de Emaús. Nuestro Dios ha llenado de dulzura este nombre, y Emaús es el mundo entero porque el Señor ha abierto los caminos divinos de la tierra.

 San Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975)

presbítero, fundador
Homilía en amigos de Dios.evangelizo.org

sábado, 18 de abril de 2026

Oración de arrepentimiento profundo.



Señor Jesús, hoy vengo ante ti con el corazón quebrantado y la frente baja, reconociendo mi ingratitud.
Te pido perdón desde lo más profundo de mi ser por haberte dejado en el olvido, por permitir que el ruido del mundo y mis propios afanes silenciaran tu voz y me hicieran ignorar tu presencia constante.
Me arrepiento profundamente por no valorar el peso de tu sacrificio. Me duele reconocer que muchas veces vivo como si tu entrega en la cruz no hubiera tenido un precio, despreciando con mi indiferencia el dolor que sufriste por mi libertad.
Perdóname por no agradecerte cada respiro y por ser incapaz de ver tu mano en cada bendición que me regalas.
Límpiame, Señor, y crea en mí un corazón nuevo que no se canse de alabarte. Que tu muerte no sea en vano en mi vida; enséñame a vivir con la conciencia de que soy amado a un precio infinito y que mi mayor propósito es honrarte.
Gracias por tu paciencia y por tu amor inagotable, que me recibe incluso cuando me he alejado.
Amén.

Ojo al Cielo
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...