El arrepentimiento debe ser sincero y debe ir acompañado de un corazón quebrantado, una disposición del alma para el cumplimiento de la justicia divina y la confesión de los pecados.
lunes, 20 de julio de 2026
El arrepentimiento ... Sobre el cuidado del alma.
El verdadero arrepentimiento es un cambio en las obras cometidas, un cambio en la vida moral, un cambio para mejor y un completo abandono de la vida anterior y del pecado.
El verdadero arrepentimiento, dice San Clemente de Alejandría, "no es tanto reconocerse culpable de estos pecados, sino sobre todo extirparlos del alma, por los cuales uno se condena a muerte'. Y también: "Recurrir al arrepentimiento significa dejar de pecar y no mirar atrás".
- San Nectario de Egina: Sobre el cuidado del alma.
Fuente:SERVIAM
Señor, que nuestra vida sea una ofrenda agradable a Tus ojos.
ORACIÓN DE LA MAÑANA
(Cf. Salmo 49)
Lunes, 20 de julio de 2026
Señor mío y Dios mío:
Hoy el salmista nos recuerda que Tú no buscas únicamente palabras hermosas ni gestos externos de religiosidad. Lo que verdaderamente deseas es un corazón que te ame, te obedezca y procure vivir conforme a Tu santa voluntad. Tú miras lo más profundo de nuestra alma y conoces la sinceridad con la que caminamos a Tu lado.
Concédenos la gracia de vivir una fe auténtica, que no se limite a lo que decimos, sino que se refleje en nuestras decisiones, en nuestra manera de tratar a los demás y en la fidelidad con la que cumplimos Tu Evangelio. Que nuestras obras den testimonio de que pertenecemos a Cristo y deseamos seguirlo cada día.
Líbranos de la incoherencia, de creer que basta con hablar de Ti sin dejarnos transformar por Tu gracia. Haz que cada oración nos acerque más a Ti, que cada Eucaristía fortalezca nuestro corazón y que cada acto de caridad sea una respuesta agradecida al inmenso amor que nos has manifestado.
Enséñanos a ofrecerte el sacrificio que más te agrada: un corazón humilde, agradecido y dispuesto a hacer el bien. Que sepamos reconocerte en quienes más nos necesitan y que nunca nos falte la valentía para vivir la verdad con amor, aun cuando el camino resulte exigente.
Al comenzar este nuevo día, ponemos nuestra vida en Tus manos. Guíanos por el camino de Tu voluntad, para que, sostenidos por Tu gracia, podamos caminar con alegría hacia la santidad y experimentar la promesa que hoy nos haces: Tú salvas a quien procura vivir según Tu voluntad.
El signo de Jonás
Habéis sido conducidos por la mano a la piscina bautismal, tal como Cristo que tenéis delante de vosotros [en esta iglesia del Santo Sepulcro] fue conducido de la cruz al sepulcro. Después de haber confesado vuestra fe en el Padre, en el Hijo y en el Santo Espíritu, tres veces habéis sido sumergidos en el agua y habéis salido de ella: ha sido el símbolo de los tres días de Cristo en el sepulcro. De la misma manera que nuestro Salvador pasó tres días y tres noches en el corazón de la tierra, igualmente vosotros, al salir del agua después de la inmersión, habéis imitado a Cristo... Cuando habéis sido sumergidos estabais en la noche, no veíais nada; pero al salir del agua os habéis encontrado como en pleno día. En un mismo movimiento habéis muerto y habéis nacido; esta agua que salva ha sido al mismo tiempo vuestro sepulcro y vuestra madre...
¡Extraña paradoja! No estamos verdaderamente muertos, no hemos sido sepultados verdaderamente, no hemos sido realmente crucificados y resucitados; pero si bien nuestra imitación no es más que una imagen, la salvación, es una verdadera realidad. Cristo ha sido realmente crucificado, realmente sepultado y ha resucitado verdaderamente, y toda esta gracia se nos da a fin de que, participando e imitando sus sufrimientos, ganemos realmente la salvación. ¡Qué inmenso amor a los hombres! Cristo ha recibido los clavos sobre sus manos puras y le han sido causa de sufrimiento; y yo, sin sufrimiento ni esfuerzo, por esta participación me concede la gracia de la salvación...
Lo sabemos bien: si el bautismo nos purifica de nuestros pecados y nos da el Espíritu Santo, él es también la réplica de la Pasión de Cristo. Por eso Pablo proclama: «No lo sabéis: todos nosotros que hemos sido bautizados en Cristo, es en su muerte que hemos sido bautizados. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte»... Todo lo que Cristo ha sufrido, es por nosotros y nuestra salvación, en realidad y no en apariencia... Y nosotros debemos participar en sus sufrimientos. Por esto Pablo continua proclamando: «Si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya» (Rm 6, 3-5).
San Cirilo de Jerusalén (313-350) obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia Catequesis nº 20 / 2ª mistagógica
DIVINO NIÑO JESÚS,
Dueño de mi corazón y de mi vida, vengo ante Ti en este dia consagrado a tu tierna infancia para entregarte todas mis cargas.
En mis dudas, confórtame; en mis soledades, acompañame; y en mis enfermedades, fortaléceme.
Señor, te presento hoy mis necesidades más profundas. Te entrego el peso de mi cruz para que mis pasos sean más seguros y mi corazón se llene de tu paz.
Invade mi ser y hazme semejante a Ti, permitiendo que tu amor guie cada una de mis acciones y pensamientos.
Tú, que eres el consuelo de los cristianos y el refugio de los afligidos, nunca dejas sin respuesta a quienes te buscan con humildad y esperanza. Hoy deposito mi confianza en tus manos benditas, sabiendo que tu infinita misericordia obrará en mi vida.
Amado Niño, quédate siempre conmigo para apartarme del mal y guiarme por el camino de la gracia. Protégeme, ilumina mi oscuridad y bendice a mi familia. En Ti confio, de Ti espero y a Ti me entrego eternamente.
Amén
domingo, 19 de julio de 2026
ORACIÓN DE LA MAÑANA
Señor, que nunca dudemos de Tu infinita bondad.
(Cf. Salmo 85)
Domingo, 19 de julio de 2026
Señor mío y Dios mío:
Hoy el salmista nos invita a contemplar uno de los rasgos más hermosos de Tu corazón: eres bueno y clemente, rico en misericordia para quienes te invocan.
En un mundo donde tantas veces encontramos dureza e indiferencia, Tú permaneces siempre dispuesto a escuchar, perdonar y sostener a quienes acuden a Ti con un corazón sincero.
Haz que en este nuevo día vivamos confiados en Tu amor. Que nunca permitamos que las preocupaciones, el cansancio o las dificultades nos aparten de Ti.
Enséñanos a buscarte en la oración, convencidos de que ninguna súplica pronunciada con fe queda sin ser escuchada.
Danos un corazón semejante al Tuyo: paciente para comprender, generoso para servir, humilde para perdonar y misericordioso con quienes más necesitan de nuestro cariño y de nuestra ayuda.
Que nuestras palabras y nuestras obras reflejen la bondad que cada día recibimos de Ti.
Te encomendamos a nuestras familias, a los enfermos, a quienes viven solos, a los que buscan trabajo, a los jóvenes, a los ancianos y a todos los que hoy necesitan experimentar Tu consuelo. Que descubran en Ti al Padre que nunca abandona, que siempre acompaña y que jamás deja de amar.
Y así como el salmo anuncia que todos los pueblos vendrán a adorarte, haz que también nosotros seamos testigos alegres del Evangelio, para que, con nuestra vida, muchos puedan descubrir la belleza de conocerte, amarte y seguirte.
Confiados en Tu inmensa misericordia, comenzamos esta jornada poniendo nuestra vida en Tus manos. Sabemos que Tú caminas con nosotros y que Tu amor fiel nunca nos abandona.
El buen grano y la cizaña
Vemos, en el Evangelio, este día mis hermanos, que el maestro del campo habiendo sembrado su grano en tierra fértil, el enemigo vino mientras dormía y sembró la cizaña. Esto quiere decir que Dios había creado el Hombre bueno y perfecto, pero que el enemigo vino y sembró el pecado. He allí la caída de Adán, terrible caída que dio la entrada al pecado en el corazón del Hombre.
¿Hay que arrancar la cizaña? Dirán ustedes. «No, responde el Señor, no sea que, al recoger la cizaña, arranquen a la vez el buen grano. Esperen hasta la ciega». El corazón del Hombre debe permanecer así, hasta el final, una mezcla de bien y de mal, de vicio y de virtud, de luz y de tinieblas, de buen grano y de cizaña. Dios no quiso destruir esta mezcla, rehaciendo nuestra naturaleza adónde solamente habría buen grano. Él quiere que combatamos, que trabajemos en impedir que la cizaña invada todo. El demonio viene a sembrar las tentaciones en nuestros pasos; pero con la gracia podemos vencerlo, podemos sofocar la cizaña.
Tres cosas son absolutamente necesarias contra la tentación: la oración para iluminarnos, los sacramentos para fortificarnos, y la vigilancia para preservarnos. ¡Felices las almas que son tentadas! Es cuando el demonio prevé que un alma tiende a la unión con Dios que aumenta su rabia.
San Juan María Vianney (1786-1859) presbítero, párroco de Ars
Espíritu del Cura de Ars en sus Catecismos, en sus homilías, en sus Conversaciones
(Trad. ©Evangelizo.org)
sábado, 18 de julio de 2026
¿Por qué tantos santos insistieron con el Rosario si parece una oración repetitiva?
Porque no buscaban decir muchas cosas, sino aprender a permanecer en una sola verdad. El Rosario no consiste en acumular avemarías: mientras los labios repiten una oración conocida, la mirada interior vuelve una y otra vez a los misterios de Cristo junto a María.
Ahí está su pedagogía. La repetición no reemplaza la atención; la recoge. Aquieta el ruido, frena la dispersión y permite que una escena del Evangelio deje de ser solo algo leído para convertirse en una verdad contemplada, recordada y llevada a la vida.
Por eso tantos santos encontraron en el Rosario algo más que un ejercicio devoto. Fue disciplina interior en la sequedad, compañía en el sufrimiento, fuerza para el apostolado y una forma sencilla de volver a Cristo cuando la mente ya no encontraba grandes palabras.
Tal vez por eso una cuenta del Rosario puede sostener tanto: no porque diga algo nuevo a cada instante, sino porque nos ayuda a no abandonar lo esencial.
Por qué la humildad de María tiene tanta fuerza?
Porque nace de una mujer que conoce su lugar ante Dios y responde con libertad. En el Magníficat, María se reconoce pequeña, pero también proclama que Dios derriba a los poderosos y levanta a los humildes. Su sencillez está llena de firmeza.
María cambia la historia sin buscar protagonismo. Escucha, discierne, acepta una misión difícil y permanece junto a Cristo incluso al pie de la cruz. Su humildad se vuelve obediencia lúcida, paciencia y valentía.
Las santas carmelitas de Compiègne aprendieron esa forma de fortaleza. La víspera de su martirio celebraron a la Virgen del Carmen y, al día siguiente, caminaron hacia la muerte unidas, serenas y fieles.
María enseña que la verdadera grandeza puede crecer en lo escondido. Allí también se decide una vida entregada por entero a Cristo.
Granito de arena de Esperanza...Sábado MARIANO
SANTA MARÍA TÚ ERES LA REINA DE LA PAZ, VEN CON TU HIJO JESÚS EL SALVADOR, A TRAERNOS LA PAZ AL MUNDO. Fuente:https://x.com/PadreTeofiloR
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María no fue escogida por sus méritos, porque Dios a ella la creo y la hizo mérito. Desde siempre fue elegida, preparada y apartada para la misión de portar la salvación.
Oh VIRGEN MARÍA ! Llena de gracia
refugio del AMOR SANTO,
Ruega por nosotros.Fuente:https://x.com/NazarethFamili1
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Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre(Lc 1, 42)
Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega e intercede por nosotros que recurrimos a Ti, y por la paz y la concordia en el mundo
Salud, paz y bien.
Mirad a mi siervo… no protestará, ni gritará
Dios no podía vivir con los hombres si no era tomando una manera humana de pensar y de actuar. Por eso, escondida en la humildad, ha velado el esplendor de su majestad, que la debilidad humana no hubiera podido soportar. Todo ello no era digno de él, pero era necesario al hombre, y, de golpe, se hizo digno de Dios, porque nada es tan digno de Dios como la salvación del hombre…
Todo lo que Dios pierde, el hombre lo gana, de manera que todas la humillaciones que mi Dios ha sufrido para estar cerca de nosotros, son sacramento de salvación de los hombres. Dios actuó así con los hombres para que el hombre aprenda a actuar según el plan divino. Dios trató al hombre de igual a igual, para que el hombre pueda tratar con Dios de igual a igual. Dios se ha hecho pequeño a fin de que el hombre llegue a ser grande.
Tertuliano (c. 155-c. 220) teólogo
Contra Marción, III, 2, 27; PL II, 316-317
Contra Marción, III, 2, 27; PL II, 316-317
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