Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

domingo, 15 de marzo de 2026

Domingo Laetare

 


Hoy la Iglesia celebra el IV Domingo de Cuaresma, conocido como . Un domingo especial en medio del camino cuaresmal que nos recuerda algo esencial: incluso en la penitencia, la esperanza cristiana siempre tiene la última palabra.


1️⃣ La palabra “Laetare” significa “alégrate”. Proviene de la antífona de entrada de la misa:
«Alégrate, Jerusalén… gozad con ella todos los que la amáis».
En medio de la Cuaresma, la Iglesia nos concede un respiro espiritual: la alegría pascual ya se empieza a vislumbrar.

2️⃣ Por eso hoy la liturgia cambia ligeramente el tono.
El sacerdote puede usar ornamentos rosados, el altar puede adornarse con flores y el órgano puede sonar con más libertad.
No es un paréntesis de la penitencia, sino un anticipo de la Pascua.

3️⃣ La primera lectura (1 Sam 16) nos presenta la elección de David.
Dios no mira como mira el hombre:
«El hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón».
En Cuaresma Dios también mira nuestro corazón, no nuestras máscaras.

4️⃣ Samuel pensaba que el elegido sería el más fuerte o el más impresionante. Pero Dios escoge al más pequeño: David, el pastor.
Así actúa Dios siempre.
Lo pequeño, lo oculto, lo despreciado… puede convertirse en instrumento de salvación.

5️⃣ El salmo responde con una de las oraciones más bellas de toda la Biblia:
«El Señor es mi pastor, nada me falta».
No es una frase piadosa sin más. Es la experiencia de quien ha descubierto que Dios guía incluso en los valles oscuros.

6️⃣ San Pablo, en la segunda lectura (Ef 5), dice algo muy fuerte:
«Antes erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor».
No dice que tengamos un poco de luz. Dice algo mayor: Cristo nos ha hecho luz.

7️⃣ El Evangelio (Jn 9) narra la curación del ciego de nacimiento.
No es solo un milagro físico. Es un signo espiritual:
Cristo viene a abrir los ojos del corazón.

8️⃣ El ciego va recorriendo un camino de fe.
Primero dice: “ese hombre que se llama Jesús”.
Luego: “es un profeta”.
Finalmente confiesa: «Creo, Señor».
La fe casi siempre crece paso a paso.

9️⃣ Los fariseos, en cambio, hacen el camino contrario. Creen ver… pero terminan cada vez más ciegos.
El orgullo espiritual es la peor ceguera: cuando uno cree que ya lo sabe todo de Dios.

🔟 Por eso Jesús concluye con una frase muy seria:
«Para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos».

La Cuaresma nos pone esta pregunta delante:
¿Somos como el ciego que se deja iluminar… o como quienes creen ver pero se cierran a la verdad?

1️⃣1️⃣ El Domingo Laetare nos recuerda que el final del camino cuaresmal no es la tristeza, sino la luz de la Pascua.

Cristo ha venido precisamente para eso:
para que el hombre que camina en la oscuridad pueda volver a ver.

La Cuaresma no es oscuridad.
Es el camino hacia la luz.

ORACIÓN DE LA MAÑANA (Cf. Salmo 22)


Señor mío y Dios mío, al comenzar este nuevo día me acerco a Ti con confianza, porque Tú eres mi Pastor y nada me falta.

Conduce mi vida por tus sendas de paz, llévame a las fuentes tranquilas de tu gracia y restaura mis fuerzas cuando el cansancio o la inquietud quieran vencerme.

Guíame por el camino recto por amor de tu Nombre y, aun cuando deba atravesar momentos de oscuridad o incertidumbre, que no tenga temor, porque sé que Tú vas conmigo y tu presencia me sostiene.

Prepara hoy mi corazón para recibir tus bendiciones, unge mi vida con tu misericordia y haz que mi alma rebose de gratitud.

Que tu bondad y tu amor me acompañen en cada paso de este día, y que toda mi vida sea testimonio de fidelidad y alabanza a Ti, para gloria Tuya,
Señor mío y Dios mío.

sábado, 14 de marzo de 2026

Señor mío y Dios mío...


...gracias por tu amor y tu fidelidad.
Muéstrame el camino que deseas que siga.
Guíame con Tu luz y claridad, y ayúdame a discernir cada paso de mi vida.
Que mi voluntad esté siempre conforme a la Tuya, y que todo lo que haga sea para agradarte y servirte.

Dame la fortaleza para cumplir Tus mandatos cada día,
la humildad para reconocer mis errores y aprender de ellos,
y la paz que solo Tú puedes dar, incluso en las dificultades.

Enséñame a confiar plenamente en Ti,
a actuar con amor y justicia,
y a ser instrumento de Tu misericordia.

Que mi vida refleje Tu amor infinito,
y que cada pensamiento, palabra y obra sean testimonio de Tu gracia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.


María, nuestra Reina,



Santa Madre de Dios,
Te rogamos que escuches nuestra oración.
Haz que nuestros corazones rebosen de gracia divina.
Derrama sobre nosotros el don de la misericordia.
para que obtengamos el perdón de nuestros pecados.
Ayúdanos a vivir de esa manera.
como para merecer la gloria y la dicha del cielo.
Que esto nos sea concedido por tu Hijo Jesús.
Quien te ha exaltado por encima de los ángeles,
te ha coronado como Reina,
y te ha sentado con Él
por siempre en su trono refulgente.
Amén.

viernes, 13 de marzo de 2026

Pidamos el Amor al Padre


“Todo lo que pidan al Padre, él se los concederá en mi Nombre” (Jn 16,23). El Padre es Dios, somos sus hijos y le decimos cada día “Padre Nuestro, que estás en el cielo…”. Nosotros, los hijos, tenemos que pedir al Padre el amor. Todo lo que existe, no es nada fuera del amor de Dios.
Amar a Dios es, entonces, algo que tenemos que pedir. Amemos a Dios como el pequeño de la cigüeña ama a su padre. Se dice que el pequeño de la cigüeña ama mucho a su padre y cuando envejece lo reconforta y lo alimenta. De la misma forma, en este mundo que envejece, debemos reconfortar a nuestro Padre. Reconfortarlo en sus hijos débiles y enfermos, alimentarlo en los pobres e indigentes. Jesús dijo que lo que habremos hecho por el más pequeño entre los suyos, es a él que lo habremos hecho (cf. Mt 25,40). Si pedimos el amor, el Padre que es Amor nos dará lo que es él mismo: Amor.

 San Antonio de Padua (1195-1231)

franciscano, doctor de la Iglesia
Sermón del 5º Domingo después de Pascua (Une Parole évangélique, Franciscaines, 1995), trad. sc©evangelizo.org

ORACIÓN DE LA MAÑANA (Cf. Salmo 80)



Señor mío y Dios mío, en esta mañana me acerco a Ti con el corazón abierto, deseoso de escucharte. Tú eres mi Dios, el que quita las cargas de mis hombros y alivia el peso de mis manos; Tú eres quien escucha mi clamor en la aflicción y me libra con tu misericordia.
Concédeme, Señor, un corazón dócil que no sea sordo a tu voz. Que en medio del ruido del mundo pueda reconocer tu palabra que me llama, me corrige y me guía. No permitas que mi corazón se aparte de Ti ni que busque otros dioses que no pueden salvar, porque sólo Tú eres mi Señor, el Dios que libera, el Dios que sostiene, el Dios que da vida.
Hazme caminar hoy en fidelidad a tus mandamientos, confiando en tu providencia y en tu amor. Que mi vida escuche tu voz y la ponga en práctica, para que pueda gustar de los frutos de tu bondad y de la dulzura de tu gracia.
Recíbelo todo de mí en este nuevo día: mis pensamientos, mis palabras, mis obras y también mis silencios. Guíame, sosténme y llévame siempre por tus caminos, y que toda mi vida sea testimonio de fidelidad y alabanza a Ti, para gloria Tuya, Señor mío y Dios mío.

Fuente:FE y más FE.

jueves, 12 de marzo de 2026

La Cuaresma también es un tiempo fuerte para los sacerdotes.

 


Un tiempo para volver al origen de nuestra vocación: Cristo.
No al activismo.
No a los números.
No al éxito humano.
A Cristo.

1️⃣ El sacerdote, antes que nada, es un hombre que está con el Señor.
Nuestra primera tarea no es hacer cosas, sino estar con Él.
Dejar que Él nos forme.
Dejar que Él nos purifique.
Sin esa intimidad con Cristo, el ministerio se vacía por dentro.

2️⃣ El sacerdocio se comprende mirando a Cristo Siervo.
El cuarto canto del Siervo de Yahvé nos lo recuerda:
“Despreciado y evitado por los hombres, varón de dolores… él soportó nuestros sufrimientos” (Is 53).
Cristo no salvó el mundo desde el éxito humano.
Lo salvó desde la cruz.

3️⃣ También el sacerdocio se comprende desde ahí.
El sacerdote no es dueño de nada.
Es siervo.

Siervo de Cristo.
Siervo de la Iglesia.
Siervo del pueblo de Dios.
Cuando olvidamos esto, el ministerio se deforma.

4️⃣ Muchas veces confundimos el éxito pastoral.
Pensamos que el éxito está en la actividad, en la visibilidad, en los resultados.
Pero el éxito del Siervo de Dios es otro:
hacer la voluntad del Padre.
Nada más.
Nada menos.

5️⃣ El Siervo aparece desfigurado.
No tenía belleza ni apariencia atrayente.
Así actúa Dios muchas veces en la historia de la salvación:
la fecundidad pasa por el aparente fracaso.
La cruz nunca es el final.
Pero siempre es el camino.

6️⃣ El sacerdote está llamado a entrar en esa lógica.
No estamos llamados a crucificar a otros.
Estamos llamados a dejarnos crucificar con Cristo.
Por Cristo.
Con Él.
Y en Él.
Ese es el camino del Evangelio.

7️⃣ El Siervo carga con los pecados de los demás.
Eso es profundamente sacerdotal.
El sacerdote vive muchas veces cargando con dolores que no son suyos:
los pecados, las heridas y los sufrimientos del pueblo.
Cristo nos enseña a llevarlos con Él.

8️⃣ El Siervo calla.
“Como cordero llevado al matadero… no abría la boca”.
No es resignación.
Es obediencia.
Jesús no se presenta como víctima.
Se ofrece como ofrenda.
Ese silencio de Cristo también forma el corazón del sacerdote.

9️⃣ El Siervo es triturado… pero de ese triturar nace vida.
Como el trigo que se muele para convertirse en pan.
La Eucaristía nos lo recuerda cada día.
La vida sacerdotal está llamada a ser vida eucarística:
entrega, oblación, donación.
Hasta la última gota.

🔟 Por eso la Cuaresma es una llamada fuerte para nosotros.
Volver al Cenáculo.
Volver al lavatorio de los pies.
Volver al Corazón de Cristo.
Y preguntarnos con verdad:
Señor, si tú has hecho esto por mí,
¿qué tengo que hacer yo por ti?

1️⃣1️⃣ El Siervo termina en victoria.
“Verá la luz y se saciará”.
La cruz no tiene la última palabra.
La tiene la Resurrección.
Cristo ya ha vencido el pecado y la muerte.
El sacerdote vive de esa esperanza.

1️⃣2️⃣ El Siervo de Dios José María García Lahiguera repetía a menudo algo muy sencillo y profundo:
El sacerdote debe ser víctima con Cristo.
No solo ministro del sacrificio.
También ofrecido en el sacrificio.
Ahí está la fecundidad del sacerdocio.

1️⃣3️⃣ Por eso, hermanos sacerdotes, no tengamos miedo.
Vale la pena entregar la vida por Cristo.
Vale la pena gastarse por Él.
Vale la pena sufrir por Él.
Porque nada es más grande que pertenecerle.

1️⃣4️⃣ Y a quienes sienten en el corazón la llamada al sacerdocio:
No tengáis miedo.
El mundo necesita sacerdotes.
Sacerdotes santos (perfectos a los ojos de Dios, no a los del mundo).
Sacerdotes enamorados de Cristo.
Sacerdotes que no busquen su propia gloria, sino la Suya.

1️⃣5️⃣ En esta Cuaresma pidamos una gracia.
Morir cada día un poco más con Cristo.
Para que Él viva en nosotros.
Para que su amor llegue a muchos.
Porque al final, todo se resume en esto:
Por Cristo vale la pena entregarlo todo.

ORACIÓN DE LA MAÑANA (Cf. Sal 94)




Señor mío y Dios mío, al comenzar este nuevo día me acerco a Ti con humildad y gratitud, reconociendo que Tú eres mi Dios y yo pertenezco a Tu pueblo, oveja de Tu rebaño y criatura de Tus manos. A Ti aclamo con alegría, porque en Ti está la salvación y la verdadera paz del corazón.
Concédeme, Señor, la gracia de escuchar Tu voz en lo profundo de mi alma. No permitas que mi corazón se endurezca por el orgullo, la distracción o la tibieza. Hazme dócil a Tu Palabra, atento a Tus inspiraciones y fiel a Tu voluntad en cada momento de este día.
Que mi vida sea una alabanza constante a Ti; que mis pensamientos, mis palabras y mis obras estén orientados hacia Tu gloria. Guíame como Pastor bueno, sostén mi fe cuando sea débil y mantén mi corazón abierto a Tu gracia, para que nunca sea sordo a Tu voz.
Permíteme caminar hoy con espíritu agradecido, confiando en Tu providencia y recordando siempre que Tú me has creado, me sostienes y me conduces con amor.
Y que toda mi vida sea testimonio de fidelidad y alabanza a Ti, para gloria Tuya, Señor mío y Dios mío.

miércoles, 11 de marzo de 2026

ORACIÓN DE LA MAÑANA (Cf. Sal 147)



Señor mío y Dios mío, al comenzar este nuevo día te glorifico y te alabo, porque Tú eres bueno y fiel, porque sostienes mi vida con Tu providencia y cuidas de los que en Ti confían. Así como fortaleces las puertas de tu pueblo y bendices a los hijos que habitan en él, fortalece también mi corazón para que permanezca firme en Tu gracia y bendice, Señor, mi hogar, mis pasos y todo cuanto hoy me permitas vivir.
Envía Tu palabra sobre mi vida, para que corra veloz en mi corazón y lo transforme.
Que Tu verdad ilumine mis pensamientos,
que Tu sabiduría guíe mis decisiones
y que Tu voluntad sea siempre el camino por el que caminen mis pasos.

Hazme humilde, Señor, para reconocer que todo bien proviene de Ti.
Que nunca me aparte de Tus mandamientos, sino que los guarde con amor, sabiendo que en ellos está la verdadera libertad y la paz del alma.
Acompáñame durante este día,
protégeme de todo mal, sostén mi esperanza y permite que cada obra que realice sea para gloria Tuya y para bien de los demás.

Y que toda mi vida sea testimonio de fidelidad y alabanza a Ti, para gloria Tuya,
Señor mío y Dios mío.

FE y más FE.

Oraciones milagrosas a San José




¡Glorioso San José, padre adoptivo y protector de Jesucristo! A ti elevo mi corazón y mis manos para implorar tu poderosa intercesión. Te ruego que me obtengas del bondadoso Corazón de Jesús la ayuda y las gracias necesarias para mi bienestar espiritual y temporal. Pido especialmente la gracia de una muerte feliz y el favor especial que ahora imploro.

[Mencione su solicitud aquí.]

Guardián del Verbo Encarnado, me siento animado por la confianza de que tus oraciones en mi favor serán escuchadas con gracia ante el trono de Dios.

Oh glorioso San José, por el amor que tienes a Jesucristo y para gloria de su Nombre.
Escucha mis oraciones y concede mis peticiones.
Amén.



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