Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

jueves, 17 de septiembre de 2026

Santa Hildegarda de Bingen

 Hoy celebramos a Santa Hildegarda de Bingen, monja benedictina, abadesa, mística y Doctora de la Iglesia.


Una de las mujeres más extraordinarias de la Edad Media: escribió sobre teología, música, naturaleza y medicina.
Pero todo en ella partía de una única fuente: Dios.

1️⃣ Hildegarda nació en Alemania en 1098.

Desde muy joven fue entregada a la vida religiosa y terminó abrazando la Regla de San Benito.
Su existencia estuvo marcada por la oración, la liturgia, el silencio y la escucha de la Palabra de Dios.
Ahí comenzó todo.

2️⃣ Desde niña tuvo experiencias místicas que durante muchos años guardó con gran discreción.

No las buscaba ni presumía de ellas.
Incluso sentía temor ante la misión de poner por escrito lo que contemplaba.
La verdadera mística suele ir acompañada de humildad, no de exhibicionismo.

3️⃣ Ya adulta comenzó a escribir sus visiones.

Su obra más conocida es el Scivias, «Conoce los caminos», una gran exposición de la historia de la salvación, la Iglesia, los sacramentos y la vida cristiana expresada mediante un impresionante lenguaje simbólico.

4️⃣ Algo esencial: Hildegarda no se consideraba dueña de una revelación privada independiente de la Iglesia.

Buscó discernimiento.
Consultó, entre otros, a San Bernardo de Claraval.
Y su experiencia espiritual fue examinada por la autoridad eclesial.
La auténtica mística nunca teme el discernimiento de la Iglesia.

5️⃣ Sus escritos contienen imágenes extraordinarias: luz, fuego, armonía, cosmos, creación…

Pero su finalidad no era alimentar la curiosidad.
Quería conducir al hombre a reconocer a Dios como Creador y llamar al cristiano a una vida coherente con el Evangelio.

6️⃣ Hildegarda contemplaba la creación como obra de Dios.

Estudió plantas, animales y distintos remedios utilizados en su época.
Esto ha hecho que hoy algunos se fijen solamente en su interés por la naturaleza.
Pero separar esa dimensión de su fe sería no comprenderla.
Para ella, la creación remitía continuamente al Creador.

7️⃣ También fue compositora.

Nos han llegado numerosas piezas litúrgicas y espirituales de una belleza singular.
Para Hildegarda, la música no era simplemente entretenimiento.
Era una forma de elevar el alma y devolverla hacia aquella armonía para la que había sido creada.

8️⃣ Y no fue una mujer encerrada en sus propios pensamientos.

Fundó comunidades, acompañó a sus monjas, mantuvo una amplísima correspondencia y habló con claridad a personas poderosas de su tiempo.
Su vida contemplativa no la alejó de la realidad.
La hizo contemplarla desde Dios.

9️⃣ Incluso cuando tenía que corregir, lo hacía desde una profunda conciencia de misión.

La mística cristiana no consiste en refugiarse en experiencias agradables.
Los profetas contemplan a Dios precisamente para poder mirar después el mundo con los ojos de Dios.

🔟 Benedicto XVI vio en ella una figura extraordinariamente actual.

Destacó su sabiduría espiritual, su santidad y esa armonía entre doctrina y vida cotidiana que caracteriza a los verdaderos maestros cristianos.
En 2012 la proclamó Doctora de la Iglesia universal.

1️⃣1️⃣ Y quizá ahí encontramos una enseñanza especialmente necesaria hoy.

No tenemos que elegir entre fe e inteligencia.
Ni entre oración y cultura.
Ni entre contemplar a Dios y estudiar su creación.
Cuando todo ocupa su lugar, la verdad conduce hacia su fuente.
Y su fuente es Dios.

1️⃣2️⃣ Santa Hildegarda nos recuerda además algo esencial:

los grandes dones no se reciben para construir una personalidad fascinante alrededor de uno mismo.
Se reciben para servir.
Inteligencia, sensibilidad artística, conocimiento, oración, creatividad…
Todo puede convertirse en alabanza a Dios.
Una mujer del siglo XII que todavía tiene mucho que decir al siglo XXI.

Santa Hildegarda de Bingen, ruega por nosotros.
Que sepamos buscar la verdad con inteligencia, contemplar la creación con asombro y descubrir en todas las cosas la huella de Aquel de quien procede toda belleza.




La acogida del fariseo y de la pecadora


Acojamos a nuestro Dios y Salvador, el verdadero médico, el único capaz de curar nuestras almas, él que tanto sufrió por nosotros. Llama sin cesar a la puerta de nuestro corazón para que le abramos y le dejemos entrar, para que descanse en nuestras almas, nos lave los pies y los envuelva de perfume y se quede con nosotros. En un lugar del evangelio, Jesús reprende a uno que no le había lavado los pies, y en otro lugar dice: “Mira que estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa...” (Ap 3,20) Por esto ha soportado tantos sufrimientos, ha entregado su cuerpo a la muerte y nos ha rescatado de la esclavitud: para venir a nosotros y morar en nosotros.

Por esto, el Señor dice a los que en el día del juicio estarán a su izquierda, condenados al infierno: “Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me alojasteis; estaba desnudo y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis.” (Mt 25,42-43) Porque su alimento, su bebida, su vestido, su techo, su descanso están en nuestro corazón. De ahí que está llamando sin cesar, queriendo entrar. Acojámosle, pues, e introduzcámosle dentro de nosotros, ya que él es también nuestro alimento, nuestra bebida, nuestra vida eterna.

Y toda persona que no lo acoge ahora en su interior, para que ahí descanse, o mejor dicho, para que ella descanse en él, no heredará el Reino de los cielos con los santos; no podrá entrar en la ciudad celestial. Pero tú, Señor Jesucristo, danos poder entrar para gloria de tu nombre, junto con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

 Homilía atribuida a San Macario de Egipto (¿-390)

monje
Homilías espirituales 30,9.evangelizo.org

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Evangelio, Reflexión ( 16 de Septiembre)

 Vivimos en la era de los insatisfechos. Nada parece ser suficiente, nada nos acomoda por completo, y siempre tenemos una justificación a la mano para no dar el paso que sabemos que debemos dar.

​Piensa en ese conocido al que invitas a salir. Si lo llevas a un lugar sencillo, se queja de que es muy básico e informal. Si haces el esfuerzo y reservas en el sitio más elegante de la ciudad, te dice que el ambiente es estirado y pretencioso. El problema nunca fue el lugar ni la comida, el problema es su disposición interna.

​Todos nos hemos topado con alguien así, o siendo honestos, a veces nosotros mismos nos ponemos ese traje. Nos pasamos la vida pidiendo oportunidades, exigiendo que las cosas cambien, pero cuando la respuesta llega, le ponemos mil trabas. Nos negamos a aceptar la realidad simplemente porque no venía en el empaque exacto que habíamos imaginado en nuestra cabeza.

​A veces rechazamos una etapa de paz y silencio personal porque nos parece aburrida, pero también rechazamos los momentos de comunidad y fiesta porque los sentimos ruidosos. Nos volvemos verdaderos especialistas en juzgar las formas externas para evitar el trabajo interno de comprometernos con el fondo de las cosas.

​Hoy, por ejemplo, recordamos a los santos Cornelio y Cipriano, dos hombres que enfrentaron tiempos de crisis y división profunda. Ellos no se sentaron a esperar que las condiciones fueran ideales para actuar o amar. Entendieron que la verdad no existe para cumplir con nuestras comodidades, así que aceptaron su realidad con valentía y la transformaron desde adentro.

​Esa es exactamente la realidad a la que apunta el texto de Lucas 7, 31-35. Jesús hace un diagnóstico claro y compara a las personas con niños caprichosos en la plaza: si les tocan música alegre, no bailan; si les cantan canciones tristes, no lloran. Rechazaron a Juan el Bautista por ser un hombre estricto que ayunaba, y criticaron a Jesús por hacer todo lo contrario, sentándose a comer y compartir con la gente.

​Hoy te invito a soltar la lupa con la que buscas el defecto en cada situación que se te presenta. Deja de exigir que la vida toque siempre tu melodía favorita y atrévete a encontrar el sentido en la canción que está sonando justo ahora frente a ti.

Fuente:https://x.com/ElCaminoDeJesus

San José

San José, cuando la incertidumbre me llene de miedo, enséñame a confiar en Dios como tú lo hiciste: no solo cuando el camino esté claro, sino especialmente en la hora de la prueba.
🌿🌿🌿

San José, en cada prueba, ayúdame a cargar mi cruz sin apartarme de Dios.

🌿🌿🌿

San José, cuando me sienta débil, alcánzame la fortaleza para seguir adelante, el valor para enfrentar cada prueba y la gracia de nunca apartarme de Dios

🌿🌿🌿

San José, enséñame a vivir cada día como si fuera el último, amando a Dios, evitando el pecado y manteniendo mi alma preparada para la eternidad



martes, 15 de septiembre de 2026

Granito de arena de Esperanza...NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES



El cristianismo no consiste únicamente en ser buena persona.
Consiste en amar a Dios conocer la verdad y dejar que Cristo transforme nuestra vida.



María aquel día triste lloró, y en su corazón guardo el dolor al ver a su hijo el Señor atravesado por la lanza, la misma que habría de traspasar su corazón de madre.
Dulce Madre, refugio del AMOR, ruega por nosotros





Dolor de madre
Un hijo muere y un hijo nace. Madre de maternidad sanada,un hijo nuevo le es dado. Madre de maternidad multiplicada porque somos hijos en aquel hijo nuevo. Y se siente ya la victoria de Pascua en su corazón de madre, en su maternidad resucitada.
P.Fidel Oñoro (CJM)





💔

Al pie del madero quedaste, María,
con siete dolores clavados al alma;
el mundo temblaba, la tarde moría,
y tú permanecías, serena y en calma.

Madre Dolorosa, refugio y consuelo,
enséñanos siempre a mirar hacia el cielo.
Fuente:el fader

Hoy la Iglesia celebra a la Bienaventurada Virgen María de los Dolores.


No contemplamos simplemente a una madre que sufre. Contemplamos a María unida de manera singular a la Pasión de Cristo, permaneciendo junto a Él cuando casi todos habían huido.

1️⃣ El Evangelio la sitúa en el lugar decisivo:

«Junto a la cruz de Jesús estaba su madre».
María no puede evitar la Pasión. No puede bajar a su Hijo de la cruz.
Pero puede hacer algo inmenso: permanecer.
Y permanece.

2️⃣ La tradición cristiana ha contemplado especialmente los siete dolores de María:

La profecía de Simeón.
La huida a Egipto.
Jesús perdido en el templo.
El encuentro camino del Calvario.
La crucifixión y muerte de Jesús.
El descendimiento de la cruz.
Y la sepultura del Señor.

3️⃣ Ya Simeón había anunciado:

«A ti misma una espada te traspasará el alma».
Aquella espada no significaba falta de fe.
Precisamente porque María ama profundamente a Cristo, participa profundamente de su sufrimiento.
Cuanto más grande es el amor, más hondamente puede doler.

4️⃣ Por eso la Virgen de los Dolores no representa una espiritualidad triste.

Representa algo mucho más cristiano: el amor que permanece fiel también en el sufrimiento.
María no ama solamente al Jesús de Belén, de Nazaret o de los milagros.
Ama también al Cristo crucificado.

5️⃣ Y junto a la cruz recibe una misión nueva.

Jesús le dice:
«Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Y al discípulo:
«Ahí tienes a tu madre».

En el momento en que pierde humanamente a su Hijo, María recibe una multitud de hijos.

6️⃣ Por eso los cristianos nunca estamos solos ante la cruz.

Cuando llega la enfermedad, la pérdida, la incomprensión o cualquier sufrimiento, podemos mirar a María.
Ella conoce el Calvario.
No nos ofrece explicaciones fáciles.
Nos enseña algo quizá más importante: cómo permanecer junto a Cristo.

7️⃣ El Stabat Mater lo expresa de manera bellísima:

«Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo».
No pide buscar el dolor.
Pide no ser indiferente ante el amor de Cristo crucificado.

8️⃣ La compasión de María conduce siempre a Cristo.

La verdadera devoción a la Virgen de los Dolores no termina en María.
Ella nos lleva a contemplar las llagas de su Hijo, el precio de nuestra redención y la inmensidad del amor de Dios.

9️⃣ También nos enseña a acompañar el sufrimiento ajeno.

Hay dolores que no podemos solucionar.
A veces no existen palabras adecuadas.
Entonces María nos recuerda que estar, acompañar, rezar y permanecer puede ser ya una extraordinaria obra de amor.

🔟 Hoy podemos decirle sencillamente:

Madre, enséñame a permanecer.

Cuando no entienda.
Cuando duela.
Cuando no pueda cambiar las cosas.
Cuando parezca que Dios guarda silencio.

Que no huya de la cruz y que, contigo, permanezca junto a Jesús.

La Virgen de los Dolores nos recuerda que la última palabra del Calvario no fue el dolor, sino el amor.

Y quien permanece con María junto a la Cruz aprende a esperar también la mañana de la Resurrección.

Nuestra Señora de los Dolores, ruega por nosotros.




Stabat Mater Dolorosa

 

La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía;
cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.

¡Oh cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.

Y ¿cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
¿Y quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.

Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo;
porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.

¡Virgen de vírgenes santas!,
llore ya con ansias tantas,
que el llanto dulce me sea;
porque su pasión, y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.

Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio;
porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén;
porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén.





Virgen Dolorosa.



LOS SIETE DOLORES DE MARÍA

Practicamos esta devoción rezando, todos los días, siete veces el Avemaría mientras meditamos los siete dolores de María (un Avemaría en cada dolor).

¿Cómo se reza el Avemaría?

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

María quiere que meditemos en sus dolores. Por eso al rezar cada Avemaría es muy importante que cerrando nuestros ojos y poniéndonos a su lado, tratemos de vivir con nuestro corazón lo que experimentó su Corazón de Madre tierna y pura en cada uno de esos momentos tan dolorosos de su vida. Si lo hacemos vamos a ir descubriendo los frutos buenos de esta devoción: empezaremos a vivir nuestros dolores de una manera distinta y le iremos respondiendo al Señor como Ella lo hizo.

Comprenderemos que el dolor tiene un sentido, pues ni a la misma Virgen María, la Madre “tres veces admirable”, por ser Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo, Dios la libró del mismo.

Si María, que no tenía culpa alguna, experimentó el dolor, ¿por qué no nosotros?

PROMESAS DE LA VIRGEN A LOS DEVOTOS DE SUS DOLORES

Siete gracias que la Santísima Virgen concede a las almas que la honran diariamente (considerando sus lágrimas y dolores) con siete Avemarías. Santa Brígida.

1º. Pondré paz en sus familias.

2º. Serán iluminados en los Divinos Misterios.

3º. Los consolaré en sus penas y acompañaré en sus trabajos.

4º. Les daré cuanto me pidan con tal que no se oponga a la voluntad de mi Divino Hijo y a la santificación de sus almas.

5º. Los defenderé en los combates espirituales con el enemigo infernal, y los protegeré en todos los instantes de sus vidas.

6º. Los asistiré visiblemente en el momento de su muerte: verán el rostro de su Madre.

7º. He conseguido de mi Divino Hijo que los que propaguen esta devoción (a mis lágrimas y dolores) sean trasladados de esta vida terrenal a la felicidad eterna directamente, pues serán borrados todos sus pecados, y mi Hijo y Yo seremos “su eterna consolación y alegría”.

LOS SIETE DOLORES DE LA VIRGEN

1º. La profecía de Simeón (Lc. 2, 22-35) ¡Dulce Madre mía! Al presentar a Jesús en el templo, la profecía del anciano Simeón te sumergió en profundo dolor al oírle decir: “Este Niño está puesto para ruina y resurrección de muchos de Israel, y una espada traspasará tu alma”. De este modo quiso el Señor mezclar tu gozo con tan triste recuerdo. (Rezar Avemaría)

2º. La persecución de Herodes y la huida a Egipto (Mt. 2, 13-15) ¡Oh Virgen querida!, quiero acompañarte en las fatigas, trabajos y sobresaltos que sufriste al huir a Egipto en compañía de San José para poner a salvo la vida del Niño Dios. (Rezar Avemaría)

3º. Jesús perdido en el Templo, por tres días (Lc. 2, 41-50) ¡Virgen Inmaculada! ¿Quién podrá pesar y calcular el tormento que ocasionó la pérdida de Jesús y las lágrimas derramadas en aquellos tres largos días? Déjame, Virgen mía, que yo las recoja, las guarde en mi corazón y me sirva de holocausto y agradecimiento para contigo. (Rezar Avemaría)

4º. María encuentra a Jesús, cargado con la Cruz (Vía Crucis, 4ª estación) Verdaderamente, calle de la amargura fue aquella en que encontraste a Jesús tan sucio, afeado y desgarrado, cargado con la cruz que se hizo responsable de todos los pecados de los hombres, cometidos y por cometer. ¡Pobre Madre! Quiero consolarte enjugando tus lágrimas con mi amor. (Rezar Avemaría)

5º. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor (Jn. 19, 17-30) María, Reina de los mártires, el dolor y el amor son la fuerza que los lleva tras Jesús, ¡qué horrible tormento al contemplar la crueldad de aquellos esbirros del infierno traspasando con duros clavos los pies y manos del Salvador! Todo lo sufriste por mi amor. Gracias, Madre mía, gracias. (Rezar Avemaría)

6º. María recibe a Jesús bajado de la Cruz (Mc. 15, 42-46) Jesús muerto en brazos de María. ¿Qué sentías Madre? ¿Recordabas cuando Él era pequeño y lo acurrucabas en tus brazos?. Por este dolor te pido, Madre mía, morir entre tus brazos. (Rezar Avemaría)

7º. La sepultura de Jesús (Jn. 19, 38-42) Acompañas a tu Hijo al sepulcro y debes dejarlo allí, solo. Ahora tu dolor aumenta, tienes que volver entre los hombres, los que te hemos matado al Hijo, porque Él murió por todos nuestros pecados. Y Tú nos perdonas y nos amas. Madre mía perdón, misericordia. (Rezar Avemaría)

María en San Nicolás (Argentina), nos dio este mensaje sobre sus siete dolores de hoy:

15-09-1989 (fiesta de Ntra. Señora de los Dolores)

“Hija mía, en estos días, son Mis Dolores:

el rechazo hacia Mi Hijo,
el ateísmo,
la falta de caridad,
los niños que no nacen,
la incomprensión en las familias,
el gran egoísmo de muchos hijos en el mundo,
los corazones aún cerrados al Amor de esta Madre...”

En el libro "Las Glorias de María" de San Alfonso María de Ligorio se dice lo siguiente:

"El mismo Jesús reveló a la beata Mónica de Binasco que él se complace mucho en ver que se siente compasión por su Madre, y así le habló: Hija, agradezco mucho las lágrimas que se derraman por mi pasión; pero amando con amor inmenso a mi Madre María, me es sumamente grata la meditación en los dolores que ella padeció en mi muerte.

Por eso son tan grandes las gracias prometidas por Jesús a los devotos de los dolores de María. Refiere Pelbarto haberse revelado a Santa Isabel, que San Juan, después de la Asunción de la Virgen, ardía en deseos de verla; y obtuvo la gracia pues se le apareció su amada Madre y con ella Jesucristo. Oyó que María le pedía a su divino Hijo, gracias especiales para los devotos de sus dolores. Y Jesús le prometió estas gracias especiales:

1ª. Que el que invoque a la Madre de Dios recordando sus dolores, tendrá la gracia de hacer verdadera penitencia de todos sus pecados.

2ª. Que los consolará en sus tribulaciones, especialmente en la hora de la muerte.

3ª. Que imprimirá en sus almas el recuerdo de su Pasión y en el cielo se lo premiará.

4ª. Que confiará estos devotos a María para que disponga de ellos según su agrado y les obtenga todas las gracias que desee".







lunes, 14 de septiembre de 2026

Hoy la Iglesia celebra la Exaltación de la Santa Cruz.



Pero ¿qué significa «exaltar» la Cruz? ¿Desde cuándo existe esta fiesta? ¿Qué tienen que ver santa Elena, Jerusalén, el Santo Sepulcro y un emperador que recuperó la Cruz de manos de los persas?

Una historia fascinante.

1️⃣ Para entender esta fiesta tenemos que viajar a Jerusalén, al siglo IV.

Tras siglos de persecuciones, el cristianismo podía finalmente venerar públicamente los lugares relacionados con la Pasión, muerte y Resurrección de Cristo.

Y comenzó a recuperarse la memoria del Calvario.

2️⃣ La tradición cristiana vincula especialmente este momento con santa Elena, madre del emperador Constantino, y con el hallazgo en Jerusalén de la Cruz de Cristo.

Sobre los lugares del Calvario y del sepulcro se levantó el gran santuario constantiniano que daría origen al actual Santo Sepulcro.

3️⃣ El 13 de septiembre del año 335 se celebró solemnemente la dedicación de la iglesia de la Resurrección y del Martyrium en Jerusalén.

Al día siguiente, 14 de septiembre, la reliquia de la Cruz fue mostrada solemnemente al pueblo para que pudiera venerarla.
De ahí está en el origen nuestra fiesta.

4️⃣ Y aquí comprendemos mejor la palabra «Exaltación».

La Cruz era elevada, presentada ante los fieles y venerada.
No se «exalta» el instrumento de tortura.
Se proclama el triunfo de Cristo que, precisamente mediante aquello que parecía su derrota, realizó nuestra Redención.

5️⃣ Pero la historia tuvo otro episodio impresionante.

En el año 614, los persas conquistaron Jerusalén y se llevaron, entre otros tesoros, la reliquia de la Santa Cruz.

Años después, tras la victoria bizantina, fue recuperada y devuelta solemnemente a Jerusalén.

6️⃣ Aquel acontecimiento quedó unido también a la memoria litúrgica de la Cruz.

Por eso detrás del 14 de septiembre confluyen siglos de historia: el hallazgo de la Cruz según la tradición, la dedicación de los santuarios de Jerusalén, su veneración pública y posteriormente su recuperación.

7️⃣ Hay además algo profundamente hermoso.

El santuario construido por Constantino comprendía los lugares del Calvario y del Sepulcro.

Cruz y Resurrección.
La Iglesia nunca contempla verdaderamente una sin la otra.
La Cruz cristiana no termina en el Viernes Santo.
Desemboca en la Pascua.

8️⃣ Por eso esta fiesta tiene un carácter triunfal.

No celebramos simplemente «la cruz que tenemos que aguantar».
Celebramos la Cruz de Cristo.
El árbol donde parecía vencer la muerte se convirtió en árbol de vida.
El instrumento de ignominia se convirtió en signo de victoria.

9️⃣ De ahí que desde los primeros siglos los cristianos hayan venerado la Cruz y trazado sobre sí mismos su señal.

No es un amuleto.
Es una profesión de fe resumida en un gesto:
Cristo murió.
Cristo resucitó.
Cristo nos ha redimido.

🔟 Quizá por eso hacemos tantas veces la señal de la Cruz que podemos terminar haciéndola sin pensar.

Hoy sería un buen día para hacerla despacio.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Toda nuestra fe cabe, de algún modo, bajo ese signo.

✝️ Hoy no exaltamos el dolor por el dolor.

Exaltamos la Santa Cruz porque en ella fue exaltado Cristo, y aquello que el mundo consideró derrota se convirtió en el trono desde el que el Señor venció al pecado y a la muerte.

Ave, Crux, spes unica.
Salve, Cruz, esperanza única.




La morada del alma que ama



“¿Dónde entonces habita él, sino en el dolor?”
¿En el dolor inmenso, en el dolor supremo?
Es la habitación del alma que ama
Y conforma su vida a la vida del Salvador.
No temas el sufrimiento, es un anticipo del amor,
“A la sombra de la Cruz, adéntrate enteramente,
El que te sostiene te dará luz”.
Él te fortificará para luchar cada día.

Santa Isabel de la Trinidad (1880-1906)
carmelita descalza
Poesía114 (Œuvres Complètes, Cerf, Paris, 1996, p. 1025), trad. sc©evangelizo.org
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