Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

viernes, 4 de septiembre de 2026

Hoy recordamos a SAN MOISÉS, PROFETA.


El hombre que discutió con Dios porque se sentía incapaz, se enfrentó al faraón, atravesó el mar, recibió la Ley y condujo durante cuarenta años a un pueblo que consiguió poner a prueba hasta la paciencia de un santo.

1️⃣ Moisés había huido de Egipto. Había pasado de la corte del faraón al anonimato del desierto.

Y precisamente allí, cuando parecía que su historia importante había terminado, una zarza comenzó a arder sin consumirse.

«Moisés, Moisés».
Dios conocía su nombre.

2️⃣ «¿Quién soy yo para acudir al faraón?»

La respuesta de Dios no fue explicarle sus cualidades.

Fue mucho mejor:
«Yo estaré contigo».

Esta es una de las grandes lecciones de Moisés: cuando Dios llama, nuestra seguridad no está en nuestra capacidad, sino en su presencia.

3️⃣ Moisés vuelve a Egipto y se presenta ante el hombre más poderoso de su tiempo:

«Deja salir a mi pueblo».
No habla en nombre propio.
El pastor fugitivo puede plantarse ante el faraón porque detrás de su palabra está la autoridad del Dios vivo.

4️⃣ Después vendrán la Pascua y el mar Rojo.

Israel atraviesa las aguas y deja atrás la esclavitud.
Por eso la tradición cristiana vio en aquel paso una imagen del Bautismo: Dios libera a su pueblo y lo hace caminar hacia una vida nueva.

La historia del Éxodo apunta ya hacia Cristo.

5️⃣ Pero quizá el ministerio más hermoso de Moisés sea el de intercesor.

Cuando Israel peca, Moisés se coloca entre Dios y el pueblo.
Ruega. Suplica. Intercede.
Incluso llega a pedir que lo borren a él del libro antes que abandonar a su pueblo.
Así es el corazón del verdadero pastor.

6️⃣ En el Sinaí habla con Dios «cara a cara, como habla un hombre con su amigo».

Y cuando desciende del monte, su rostro resplandece.
Quien permanece ante Dios termina llevando algo de su luz, aunque muchas veces él mismo ni siquiera sea consciente de ello.

7️⃣ Moisés tampoco fue un hombre perfecto.

Conoció el cansancio, la ira, la incomprensión y la debilidad.
Después de cuarenta años conduciendo al pueblo contempló la Tierra Prometida desde lejos, pero no entró en ella.
Dios escribe la santidad también con nuestra pobreza.

8️⃣ Siglos después encontramos de nuevo a Moisés en un monte.

En el Tabor aparece junto a Elías conversando con Cristo transfigurado.
La Ley y los Profetas señalan finalmente a Jesús.
Todo aquello que comenzó con una zarza ardiente encuentra su plenitud en Él.

9️⃣ San Moisés nos recuerda que la vida de fe consiste muchas veces en ponerse en camino sin tener todas las respuestas.

Dios llama.
El hombre responde.
Y entre ambos se abre un camino incluso allí donde parecía no haberlo.

«Yo estaré contigo».

Quizá sea suficiente para empezar.
San Moisés, profeta, ruega por nosotros.

ACORDAOS



Acordaos ¡oh sagrado Corazón de Jesús! de todo lo que habéis hecho por salvar nuestras almas, y no las dejéis perecer. Acordaos del eterno e inmenso amor que habéis tenido por ellas; no rechacéis estas almas que vienen a Vos, agobiadas bajo el peso de sus miserias oprimidas bajo el de tantos dolores. Conmoveos a la vista de nuestra debilidad, de los peligros que nos rodean por todas partes, de los males que nos hacen suspirar y gemir.

Llenas de confianza y amor, venimos a vuestro Corazón, corno el corazón del mejor de los padres, del más tierno y más compasivo amigo. Recibidnos, ¡oh Corazón sagrado! en vuestra infinita ternura; hacednos sentir los efectos de vuestra compasión y de nuestro amor; sed nuestro apoyo, nuestro mediador cerca de vuestro Padre, y en nombre de vuestra preciosa sangre y de vuestros méritos, concedednos la fuerza en nuestras debilidades, consuelo en nuestras penas, y la gracia de amaros en el tiempo y de poseeros en la eternidad.

Corazón de Jesús, yo vengo a Vos porque sois mi único refugio, mi sola pero cierta esperanza; Vos sois el remedio de todos mis males, el alivio de todas mis miserias, la reparación de todas mis faltas, la seguridad de todas mis peticiones, la fuente infalible e inagotable para mi, y para todos la luz, fuerza, constancia, paz y bendición.

Estoy seguro que no os cansaréis de mí y que no cesaréis de amarme, protegerme y ayudarme, porque me amáis con un amor infinito.

Tened piedad de mi, según vuestra gran misericordia, y haced de mí, por mi, y en mí todo lo que queráis, porque yo me abandono a Vos con una entera confianza de que Vos no me abandonaréis jamás.
Así sea.

jueves, 3 de septiembre de 2026

TE NECESITO.


Señor mío y Dios mío
No sé muy bien qué hacer, Señor.
Hay momentos en que me pierdo entre mis pensamientos,
y las dudas pesan más que las certezas.
Hoy vengo ante Ti cansado, confundido y con miedo.
Solo quiero que me escuches… y que no me sueltes.

Tú sabes lo que guardo dentro,
las preguntas que no tienen respuesta,
las heridas que no se ven y los silencios que gritan.
A veces siento que camino sin rumbo,
pero en el fondo sé que solo en Ti está mi paz.

Virgen Santísima, Madre del Consuelo,
tómame de la mano cuando no encuentre el camino.
Muéstrame a Jesús cuando mi fe se tambalee,
y enséñame a confiar incluso cuando no entiendo nada.

Espíritu Santo, luz que disipa la oscuridad,
ven a mi corazón cansado.
Dame claridad cuando todo se vuelve confuso,
esperanza cuando me invade el temor,
y calma cuando no logro ver Tu plan.

Señor, no quiero alejarme de Ti,
aunque a veces no comprenda tus caminos.
Quédate conmigo en mis dudas, en mis noches,
y recuérdame que incluso ahí, Tú sigues obrando.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Fuente:FE y más FE

ORACIÓN DE LA MAÑANA (Cf. Lucas 5, 1-11)

 Señor, aun cuando no comprendamos Tus caminos, danos la fe para confiar en Tu Palabra y volver a echar las redes.


Jueves, 3 de septiembre de 2026

Señor mío y Dios mío:
Hoy queremos recibir Tu Palabra con el corazón abierto. Como Pedro después de una noche de esfuerzo sin obtener fruto, también nosotros conocemos momentos en los que trabajamos, esperamos, insistimos y las cosas no suceden como habíamos imaginado.

Pero Tú llegas a nuestra orilla y nos invitas a intentarlo nuevamente. Enséñanos a confiar en Ti cuando nuestra experiencia nos diga que ya no vale la pena, cuando el cansancio quiera detenernos o cuando no alcancemos a comprender lo que nos estás pidiendo.

Danos la fe de Pedro para poder decirte: «Confiado en Tu Palabra echaré las redes». Que aprendamos a apoyarnos menos en nuestras propias seguridades y cada día más en Ti, sabiendo que cuando Tú ocupas un lugar en nuestra barca, incluso aquello que parecía vacío puede convertirse en abundancia y bendición.

Y cuando derrames Tus dones sobre nosotros, concédenos un corazón humilde y lleno de agradecimiento, capaz de reconocer que todo viene de Ti. Que la abundancia nunca nos haga olvidar al Señor de la pesca, ni los frutos recibidos nos hagan perder de vista a Aquel que los hizo posibles.

Señor, entra también hoy en nuestras barcas: en nuestras familias, nuestros trabajos, nuestros proyectos, nuestras decisiones y nuestras esperanzas. Llévanos mar adentro, más allá de nuestros temores y comodidades, y danos la fortaleza para seguirte allí donde Tú quieras conducirnos.

Y cuando nos digas «No temas», que sepamos creerlo de verdad. Que no nos quedemos solamente contemplando lo que has hecho por nosotros, sino que, como Pedro, Santiago y Juan, tengamos un corazón dispuesto a seguirte y a poner nuestra vida al servicio de los demás.

Señor, hoy y siempre queremos confiar en Tu Palabra. Sube a nuestra barca, guía nuestro camino y enséñanos a echar nuevamente las redes, sabiendo que contigo ningún esfuerzo hecho por amor y con fe será inútil.

“Se hizo comida, se hizo pan”


El más grande loco que ha habido y habrá es Él. ¿Cabe mayor locura que entregarse como Él se entrega, y a quienes se entrega? Porque locura hubiera sido quedarse hecho un Niño indefenso; pero, entonces, aun muchos malvados se enternecerían, sin atreverse a maltratarle. Le pareció poco: quiso anonadarse más y darse más. Y se hizo comida, se hizo Pan. ¡Divino Loco! ¿Cómo te tratan los hombres?... ¿Yo mismo? (Forja, 824)

Considerad la experiencia, tan humana, de la despedida de dos personas que se quieren. Desearían estar siempre juntas, pero el deber ‑el que sea‑ les obliga a alejarse. Su afán sería continuar sin separarse, y no pueden. El amor del hombre, que por grande que sea es limitado, recurre a un símbolo: los que se despiden se cambian un recuerdo, quizá una fotografía, con una dedicatoria tan encendida, que sorprende que no arda la cartulina. No logran hacer más porque el poder de las criaturas no llega tan lejos como su querer.

Lo que nosotros no podemos, lo puede el Señor. Jesucristo, perfecto Dios y perfecto Hombre, no deja un símbolo, sino la realidad: se queda Él mismo. Irá al Padre, pero permanecerá con los hombres. No nos legará un simple regalo que nos haga evocar su memoria, una imagen que tienda a desdibujarse con el tiempo, como la fotografía que pronto aparece desvaída, amarillenta y sin sentido para los que no fueron protagonistas de aquel amoroso momento. Bajo las especies del pan y del vino está Él, realmente presente: con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad. (Es Cristo que pasa, 83) San Josemaría
Fuente:Opusdei

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Granito de arena de Esperanza...Miércoles Josefino

 


San José, cuando sea rechazado por permanecer fiel a la verdad, dame valor para no negar a Cristo y fortaleza para permanecer fiel a Él hasta el final.

San José, custodio fiel de Jesús y María, hoy te ofrezco este nuevo mes. Guía mi trabajo, cuida mi hogar, protege a mis hijos y fortalece mi fe. Que en cada día de este mes no falten, el pan, la paz, ni la presencia de Dios. Enséñame a vivir con humildad, silencio y confianza, como tú lo hiciste.

🌿🌿🌿
San José, ruega a Jesús que venga a mi inteligencia y la ilumine, que venga a mi corazón y lo inflame de caridad.
San José ruega por nosotros

martes, 1 de septiembre de 2026

Que la caridad y el temor de Dios nos guarden al abrigo!

Sólo Dios puede ser llamado padre de los espíritus, ya que los ha hecho, cuando lo ha querido. Los hombres únicamente tienen derecho al título de padres de nuestra carne. El diablo, en tanto que criatura espiritual, angélica, y buena en el origen, no tuvo otro padre que Dios, que le dio la existencia. Pero él se llenó de orgullo y dijo en su corazón “Me elevaré hasta la cima de las nubes y seré semejante al Altísimo” (cf. Is 14,13). Entonces se transformó en mentiroso y “no permaneció en la verdad” (cf. Jn 8,44). Más aún, sacando la mentira de su propio fondo, no se transformó sólo en el mentiroso sino también en padre de la mentira. Eso se ve bien cuando prometiendo al hombre la divinidad “Ustedes serán como dioses” (Gn3,5), no permanece en la verdad. Más aún, deviene homicida desde el comienzo cuando introduce a Adán en la condición mortal y, siendo además instigador del crimen, hace perecer a Abel por la mano de su hermano. (…)

Recemos al Señor para perseverar en el temor de Dios y la caridad, sin desfallecer. Ellos nos harán sabios en todo y guardarán siempre al abrigo de los golpes del demonio. Con tales guardianes, es imposible caer en las trampas de la muerte. Esa es precisamente la diferencia que separa los perfectos de los imperfectos. En los perfectos, la caridad -enraizada profundamente- lleva a un maduro desarrollo, a una inquebrantable constancia y al firme permanecer en la santidad. En tanto que, en los imperfectos, la santidad es menos sólida y se enfría fácilmente, permitiendo ser atrapado con frecuencia en las redes del pecado.

 San Juan Casiano (c. 360-435) fundador de la Abadía de Marsella
Sobre los principados (SC 54. Conférences VIII-XVII, Cerf, 1958), trad. sc©evangelizo.org

Ángeles Custodios



Sé que te doy una alegría copiándote
esta oración
a los Santos Ángeles Custodios
de nuestros Sagrarios:

Oh Espíritus Angélicos que custodiáis
nuestros Tabernáculos, donde reposa
la prenda adorable
de la Sagrada Eucaristía,
defendedla
de las profanaciones
y conservadla
a nuestro amor.
Devociones · Punto 569

lunes, 31 de agosto de 2026

Ser influéncer católico puede ser un verdadero apostolado

Ser influéncer católico puede ser un verdadero apostolado. Pero también puede convertirse, casi sin darnos cuenta, en una tentación espiritual muy seria.

Porque el demonio es astuto: no presenta el mal como mal. Lo reviste de apariencia de bien, porque sabe que, si viéramos con claridad adónde conduce, muchas veces no lo elegiríamos.

1️⃣ Uno comienza queriendo hablar de Cristo.

Después descubre que sus palabras gustan, que le siguen, que le citan, que le felicitan. Y nada de eso es malo.
El problema comienza cuando deja de importar tanto que conozcan a Cristo y empieza a importar que sepan quién se lo contó.

2️⃣ La primera tentación es muy sutil:

«Tengo que estar presente para evangelizar».
Y probablemente sea verdad.

Pero puede acabar convirtiéndose en:
«Tengo que estar presente».

Y finalmente:
«Tengo que ser el centro».

Cristo desaparece mientras el apóstol permanece en primer plano.

3️⃣ Entonces llega una tentación peligrosa: convertir la propia vida en argumento de autoridad.

«Yo ya lo dije».
«Yo lo advertí».
«Yo estuve allí».
«Yo conozco a…».
«Yo entrevisté a…».
«Yo hice…».

El Evangelio termina conjugándose demasiado en primera persona.

4️⃣ Incluso el bien realizado puede alimentar la vanidad.

Una obra apostólica.
Una conferencia.
Una entrevista.
Una fotografía con alguien importante.
Una publicación que alcanza miles de personas.

Todo puede hacerse para gloria de Dios.
Y todo puede terminar utilizándose para construir la propia gloria.

5️⃣ Una de las trampas más finas de la vida espiritual es pensar que, porque defendemos cosas buenas, nuestras intenciones son necesariamente buenas.
Podemos defender la verdad y buscar, al mismo tiempo, nuestra propia exaltación.

6️⃣ El peligro aumenta cuando uno comienza a convertirse a sí mismo en modelo.

Ya no propone simplemente una doctrina o una forma de vivir la fe.
Propone, quizá sin decirlo:

«Miradme a mí. Así es como debe hacerse».
Y entonces el testimonio puede transformarse en exhibición.

7️⃣ También aparece la necesidad de reconocimiento.

Las redes acostumbran muy deprisa al aplauso:
seguidores, likes, retuits, comentarios, invitaciones, fotografías…

Y aquello que comenzó como instrumento de evangelización puede acabar alimentando el ego.

8️⃣ Por eso quien evangeliza en redes necesita una vida espiritual especialmente vigilante.

Oración que nadie vea.
Sacrificios que nadie conozca.
Caridad que nadie publique.
Confesión frecuente.
Dirección espiritual.
Silencio.
Personas capaces de corregirnos.

El mejor antídoto contra el personaje público es conservar una vida escondida con Cristo.

9️⃣ San Juan Bautista dejó una frase que debería estar escrita sobre cada perfil católico:

«Él tiene que crecer y yo tengo que menguar» (Jn 3,30).
Después de escucharnos, ¿la gente piensa más en Cristo o piensa más en nosotros?

🔟 No se trata de desaparecer de las redes ni de ocultar nuestra personalidad.

Se trata de recordar que somos instrumentos.
El instrumento que se enamora de su propio sonido termina olvidando la música que debía interpretar.

1️⃣1️⃣ Quizá todos los que hablamos públicamente de Dios deberíamos preguntarnos:

Si mañana desapareciera mi nombre, mi fotografía y mi protagonismo, pero el Evangelio siguiera llegando igual a las personas…
¿me alegraría de verdad?

1️⃣2️⃣ Uno puede comenzar diciendo:

«Quiero que conozcan a Cristo».
Y acabar, sin decidirlo conscientemente, diciendo:

«Quiero que me conozcan a mí hablando de Cristo».
Que el Señor nos conceda la gracia de señalar siempre hacia Él.

«No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria» (Sal 115,1).




“A Jesús de Nazaret, Dios lo ungió con la fuerza del Espíritu Santo!” (Hch 10,38)


Nuestro Salvador fue verdaderamente ungido, en su condición humana, ya que fue verdadero rey y verdadero sacerdote…. Los israelitas, aunque no eran las dos cosas a la vez, eran, sin embargo llamados “cristos” (ungidos), por la unción material del aceite que los constituía reyes o sacerdotes. Pero el Salvador, que es el verdadero Cristo, fue ungido por el Espíritu Santo…

Sabemos que esto es verdad por las palabras mismas del Salvador. En efecto, habiendo tomado el libro de Isaías, lo abrió y leyó: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido”; y dijo a continuación que entonces se cumplía aquella profecía que acababan de oír. Y además, Pedro, el príncipe de los apóstoles, enseñó que el crisma con que había sido ungido el Salvador es el Espíritu Santo y la fuerza de Dios, cuando en los Hechos de los apóstoles, hablando con el centurión, aquel hombre lleno de piedad y misericordia, dijo entre otras cosas: “La cosa comenzó en Galilea, cuando Juan predicaba el bautismo. Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo” (10,37).

Vemos, pues, cómo Pedro afirma de Jesús que fue ungido, según su condición humana, “con la fuerza del Espíritu Santo”. Por esto, Jesús, en su condición humana, fue con toda verdad Cristo o ungido, ya que por la unción del Espíritu Santo fue constituido rey y sacerdote eterno.

 Faustino de Roma (c. 350) presbítero Tratado sobre la Trinidad.evangelizo.org

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