Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

domingo, 27 de septiembre de 2026

Evangelio,Reflexión

 Domingo 27 de septiembre del 2026.


Las palabras bonitas compran tiempo, pero las acciones construyen confianza. Todos hemos sido víctimas de una promesa vacía, y a veces, nosotros mismos somos quienes la hacemos.

Piensa en ese compañero de proyecto que siempre dice "yo me encargo" en las reuniones para quedar bien frente a todos, pero a la hora de entregar resultados y enfrentar la verdadera carga de trabajo, simplemente desaparece.

Acostumbramos medir a las personas por sus buenas intenciones. Construimos expectativas basadas en lo que la gente afirma que hará, y terminamos frustrados cuando la realidad choca contra el discurso.

Pero la verdadera grandeza humana opera de manera distinta. ¿Cuántas veces has respondido a alguien con un "no" rotundo por estrés, cansancio o puro egoísmo, y al rato sientes esa punzada en la conciencia que te hace levantarte y ayudar?

Esa capacidad de rectificar es lo que le da sentido y solidez a nuestra vida diaria. No importa si tu primera reacción fue ponerte a la defensiva. Lo valioso es saber frenar el orgullo, dar un paso atrás y esforzarte por el bienestar de tu familia o tus amigos.

Esta es exactamente la radiografía del corazón que nos expone Mateo 21, 28-32. El relato nos presenta a un padre que envía a sus dos hijos a trabajar a la viña.

El primero responde con obediencia inmediata y educada, pero jamás llega al campo. El segundo le lanza una negativa rebelde, pero el arrepentimiento lo alcanza, cambia de actitud y termina cumpliendo con el trabajo pesado.

Jesús es claro al señalar que el camino de Dios le pertenece a los que saben dar marcha atrás a sus equivocaciones. Quienes cargan con tropiezos, pero rectifican con acciones, superan por mucho a los que presumen una moralidad impecable que no se sostiene con hechos.

Hoy es el momento para revisar esas promesas que dejaste en el aire o ese favor que negaste por simple pesadez. Rompe la inercia, deja a un lado las excusas y sal a hacer eso que en el fondo sabes que debes hacer.

sábado, 26 de septiembre de 2026

Nos gusta vivir en la cima...

 Sábado 26 de septiembre del 2026.

Nos gusta vivir en la cima de la montaña y que aplaudan nuestros triunfos, pero cuando la vida nos exige hablar de posibles caídas, preferimos mirar hacia otro lado.

​Piensa en alguien que recibe sus análisis médicos alterados. En lugar de pedirle al doctor el diagnóstico, decide guardar el papel en el fondo de un cajón, convencido de que si no se habla del problema, este desaparecerá por arte de magia.

​Vivimos esquivando las conversaciones que nos incomodan. Cuando todo marcha bien en el trabajo o la relación parece perfecta, cerramos los oídos ante cualquier señal de alerta.

​Ese miedo a preguntar es lo que nos estanca. Creemos que la ignorancia voluntaria nos protege, cuando en realidad nos quita la capacidad de prepararnos para los golpes inevitables.

​Madurar implica entender que la vida no es una racha infinita de aplausos. Aceptar que habrá momentos duros te quita la venda de los ojos y te da el control para afrontar lo que venga sin que te destruya.

​Esta es la ceguera que encontramos en Lucas 9, 43-45. La multitud estaba deslumbrada por los milagros de Jesús, pero cuando Él les advierte sobre su inminente sufrimiento, los discípulos, embriagados de éxito, no entendieron y el miedo los enmudeció.

​Deja de esconder tus conflictos debajo de la alfombra por temor a la respuesta. Atrévete a hacer esa pregunta difícil hoy y afronta tu realidad de frente.

Granito de arena de Esperanza, Sábado de LA VIRGEN

Hoy 26 de septiembre se recuerda a:

Nuestra Señora del Pozo (Madonna del Pozzo), una advocación mariana venerada principalmente en Italia y en algunas comunidades católicas de Latinoamérica.

Se relaciona con un milagro ocurrido en el año 1256, cuando una imagen de la Virgen cayó a un pozo y las aguas comenzaron a brotar con fuerza hasta elevarla. Es invocada frecuentemente como protectora y consuelo para quienes atraviesan momentos de tristeza o sufrimiento.




Nuestra Señora Madre del Divino Pastor (o Divina Pastora de las Almas)

El fraile capuchino Fray Isidoro de Sevilla (1662-1750), tuvo una visión de la Virgen María vestida con atuendo de pastora, durante la oración, lo que le inspiró a propagar esta devoción.



La Santísima Madre de Lesna (1683).
Leśna Podlaska (Polonia).
Dos pastores que cuidaban sus ovejas, vieron una luz intensa entre la vegetación.
Se acercaron y descubrieron una imagen de la Virgen María grabada en una piedra circular sobre un árbol.

🌹🌹🌹

María, bajo tu manto nadie es invisible.
Hoy te consagro nuestra vida y nuestras familias. Abraza a los niños, especialmente a quienes crecen sin amor ni protección. Enséñanos a cuidarlos y llévanos a Jesús.
Que ninguno se sienta solo. Amén.




Evangelio,Reflexión, Sábado 26 de septiembre del 2026.



Nos gusta vivir en la cima de la montaña y que aplaudan nuestros triunfos, pero cuando la vida nos exige hablar de posibles caídas, preferimos mirar hacia otro lado.

​Piensa en alguien que recibe sus análisis médicos alterados. En lugar de pedirle al doctor el diagnóstico, decide guardar el papel en el fondo de un cajón, convencido de que si no se habla del problema, este desaparecerá por arte de magia.

​Vivimos esquivando las conversaciones que nos incomodan. Cuando todo marcha bien en el trabajo o la relación parece perfecta, cerramos los oídos ante cualquier señal de alerta.

​Ese miedo a preguntar es lo que nos estanca. Creemos que la ignorancia voluntaria nos protege, cuando en realidad nos quita la capacidad de prepararnos para los golpes inevitables.

​Madurar implica entender que la vida no es una racha infinita de aplausos. Aceptar que habrá momentos duros te quita la venda de los ojos y te da el control para afrontar lo que venga sin que te destruya.

​Esta es la ceguera que encontramos en Lucas 9, 43-45. La multitud estaba deslumbrada por los milagros de Jesús, pero cuando Él les advierte sobre su inminente sufrimiento, los discípulos, embriagados de éxito, no entendieron y el miedo los enmudeció.

​Deja de esconder tus conflictos debajo de la alfombra por temor a la respuesta. Atrévete a hacer esa pregunta difícil hoy y afronta tu realidad de frente.

Recibir y anunciar la pasión de nuestro Redentor


Sin la mínima iniquidad en sí mismo, ya que “no cometió pecado y nadie pudo encontrar una mentira en su boca” (1 Pe 2,22), el Señor ha sufrido y soportó el sufrimiento de la cruz para nuestra redención. Sólo él, es el único en el mundo que hace subir oraciones puras hacia el Padre. Aún en medio del sufrimiento de su pasión, ha rezado por sus persecutores, diciendo “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen” (Lc 23,24). ¿Qué podemos decir, qué podemos imaginar más alto que acordar la misericordia de la intercesión a los mismos responsables del sufrimiento que soporta? (…)

“Tierra, no cubras mi sangre, que no haya un lugar de descanso para mi clamor” (Jb 16,18) Esta tierra, lo sabemos, no esconde la sangre de nuestro Redentor. Porque recibiendo el valor de su redención, cada pecador lo confiesa, lo alaba y se preocupa de hacerlo conocer a su prójimo. La tierra no se ha cubierto de su sangre porque la Iglesia ya ha predicado el misterio de la Redención en todo el mundo. (…)
Si queremos que el sacramento de la pasión del Señor no permanezca en nosotros en vano, debemos imitar y anunciar a otros el Dios que veneramos. Su grito permanecerá escondido en nosotros si nuestra boca se calla acerca de lo que nuestra alma cree. Para que su grito no permanezca escondido en nosotros, debemos dar a conocer a los que nos rodean, por todos los medios, el misterio de nuestra regeneración.

 San Gregorio Magno (c. 540-604)

papa y doctor de la Iglesia
Morales sobre Job, Libro XIII (SC 212 (Morales sur Job, Cerf, 1974), trad. sc©evangelizo.org

viernes, 25 de septiembre de 2026

Si Cristo no resucitó, el cristianismo entero se derrumba.

Si Cristo no resucitó, el cristianismo entero se derrumba.

No habría victoria sobre la muerte.
No habría esperanza.
No habría salvación.

San Pablo lo dijo sin rodeos:

«Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe» (1 Co 15,14).

Por eso la Resurrección no es un bello final añadido a la historia de la Pasión.

Es el acontecimiento sobre el que se sostiene todo lo demás.
La Cruz muestra el amor de Cristo hasta el extremo.
La Resurrección manifiesta que la muerte no tuvo la última palabra.

Los discípulos pasaron del miedo y la huida a anunciar públicamente que habían visto al Resucitado. Y esa proclamación cambió sus vidas y la historia.

Cristo no resucitó simplemente para demostrar que podía vencer la muerte.

Resucitó para abrirnos el camino hacia una vida que la muerte ya no puede destruir.
Por eso nuestra fe no está fundada en una bella idea.
Está fundada en una Persona que murió, fue sepultada y resucitó.

Cristo vive.
Y si Cristo vive, la muerte no tiene la última palabra.




No nos debe sobrar el tiempo, ni un segundo


Te has consolado con la idea de que la vida es un gastarse, un quemarla en el servicio de Dios. –Así, gastándonos íntegramente por El, vendrá la liberación de la muerte, que nos traerá la posesión de la Vida. (Surco, 883)

No nos debe sobrar el tiempo, ni un segundo: y no exagero. Trabajo hay; el mundo es grande y son millones las almas que no han oído aún con claridad la doctrina de Cristo. Me dirijo a cada uno de vosotros. Si te sobra tiempo, recapacita un poco: es muy posible que vivas metido en la tibieza; o que, sobrenaturalmente hablando, seas un tullido. No te mueves, estás parado, estéril, sin desarrollar todo el bien que deberías comunicar a los que se encuentran a tu lado, en tu ambiente, en tu trabajo, en tu familia.

Pensemos valientemente en nuestra vida. ¿Por qué no encontramos a veces esos minutos, para terminar amorosamente el trabajo que nos atañe y que es el medio de nuestra santificación? ¿Por qué descuidamos las obligaciones familiares? ¿Por qué se mete la precipitación en el momento de rezar, de asistir al Santo Sacrificio de la Misa? ¿Por qué nos faltan la serenidad y la calma, para cumplir los deberes del propio estado, y nos entretenemos sin ninguna prisa en ir detrás de los caprichos personales? Me podéis responder: son pequeñeces. Sí, verdaderamente: pero esas pequeñeces son el aceite, nuestro aceite, que mantiene viva la llama y encendida la luz. (Amigos de Dios, 41-42)
Fuente:opusdei

Vivimos rodeados de opiniones ajenas...

 Vivimos rodeados de opiniones ajenas. Todos parecen saber quién eres, qué debes hacer o hacia dónde te diriges, pero muy pocos se detienen a conocerte en la intimidad.

​Piensa en esa figura pública o en ese amigo del que todos hablan a sus espaldas. La multitud siempre construye una versión superficial basada en rumores o expectativas, pero solo su círculo más cercano conoce el peso real de sus batallas y la profundidad de sus propósitos.

​Nos resulta demasiado fácil comprar ideas prestadas. Repetimos lo que se dice en los pasillos de la oficina, en las reuniones familiares o en las tendencias de internet, porque seguir la corriente exige menos esfuerzo que forjar una convicción propia.

​Pero la vida nos demuestra que no puedes sostenerte de rumores cuando llegan los momentos difíciles. Conocer verdaderamente a alguien requiere intimidad. Exige sentarse a conversar a solas, entender sus silencios y aceptar que madurar a veces implica atravesar el dolor.

​Ese es el punto de quiebre en Lucas 9, 18-22. Jesús se aleja del ruido para orar y reta a sus amigos a dar una respuesta auténtica. Pedro ignora lo que "dice la gente" y lo reconoce como el Mesías, aquel que debe enfrentar el sufrimiento y la muerte para alcanzar la resurrección.

​Hoy, apaga las voces externas. Date un momento de silencio, asume tus propios procesos con valentía y responde desde tu experiencia interior quién es Él en tu vida. Sal y camina con esa seguridad.







ORACIÓN DE LA MAÑANA


Señor, Tú eres nuestra roca y nuestra fortaleza; en nuestra pequeñez, enséñanos a vivir sostenidos por Ti.

(Cf. Salmo 143)
Viernes, 25 de septiembre de 2026

Señor mío y Dios mío:

Hoy queremos comenzar reconociendo de dónde viene nuestra verdadera fortaleza. No nace de nuestras propias fuerzas, ni de nuestras capacidades, ni de nuestras seguridades, todo lo hemos recibido de Ti, Señor, y es Tu gracia la que nos sostiene. Nuestra fortaleza está en Ti.

Tú eres nuestra roca firme, nuestro amigo fiel, nuestro refugio y el escudo bajo el cual podemos ampararnos. Cuando nos sintamos fuertes, no permitas que olvidemos que todo bien procede de Ti; y cuando sintamos que ya no podemos más, recuérdanos que podemos apoyarnos en Ti.

Prepáranos, Señor, para las luchas de cada día. No para combatir contra nuestros hermanos, sino para enfrentar aquello que verdaderamente amenaza nuestro corazón: el desaliento, el egoísmo, el orgullo, la desesperanza, la tentación de abandonar y todo aquello que pueda alejarnos de Ti.

Danos fortaleza para perseverar,
serenidad para afrontar las dificultades,
sabiduría para tomar decisiones,
paciencia para saber esperar,
humildad para reconocer nuestros errores
y fe para seguir caminando.

Pero hoy Tu Palabra también nos hace mirar nuestra pequeñez. ¿Qué somos nosotros, Señor, para que te fijes en nosotros? Nuestra vida pasa rápidamente; nuestros días son como una sombra que se desvanece y tantas cosas que hoy parecen importantes mañana habrán quedado atrás.

Y, sin embargo, Tú te fijas en nosotros. Conoces nuestro nombre, escuchas nuestra oración, te importan nuestras lágrimas, conoces nuestras luchas, acompañas nuestros pasos y permaneces cerca de nosotros.

Que esta certeza nos haga humildes y agradecidos. Que comprender la fragilidad de nuestra vida no nos lleve a la tristeza, sino que nos enseñe a vivir cada día con mayor profundidad: a amar mientras podamos amar, a perdonar mientras tengamos tiempo, a hacer el bien cuando tengamos la oportunidad y a no desperdiciar la vida lejos de Ti.

Ponemos bajo Tu amparo a nuestras familias, a quienes amamos y a todos aquellos que hoy necesitan fortaleza.

Sé roca para quien siente que todo se tambalea,
refugio para quien atraviesa una tormenta,
escudo para quien se siente indefenso
y esperanza para quien comienza a perderla.

Cuando nuestras fuerzas no alcancen, que sepamos refugiarnos en Ti; cuando nos sintamos pequeños, recuérdanos que nos miras con amor; cuando pensemos que estamos solos, haznos reconocer Tu presencia; y cuando olvidemos lo breve que es nuestra vida, enséñanos a vivirla contigo y para Ti.

Bendito seas, Señor, nuestra roca firme.
Bendito seas, nuestra fortaleza.
Bendito seas, nuestro refugio y nuestro amparo.

Que nuestra fragilidad nunca nos haga olvidar la grandeza de Aquel que nos sostiene.




Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?


¡Cristo! Siento la necesidad de anunciarlo, no puedo callarlo: «¡Desdichado de mí si no anuncio el Evangelio! (1C 9,16). Para esto he sido enviado; soy apóstol, soy testigo. Cuanto más lejos esta el objetivo más difícil es la misión, más me siento apremiado por el amor (2C 5,14). Debo proclamar su nombre: Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo (Mt 16,16). Él es quien nos ha revelado al Dios invisible, el primer nacido de toda criatura, es el fundamento de toda cosa (Col 1,15s). Es el Señor de la humanidad y el Redentor: nació, murió y resucitó por nosotros; es el centro de la historia y del mundo. Él es el que nos conoce y nos ama; es el compañero y el amigo de nuestra vida. Es el hombre del dolor y de la esperanza; es el que ha de venir y un día será también nuestro juez, nosotros le esperamos, es la plenitud eterna de nuestra existencia, nuestra bienaventuranza.

Nunca acabaría de hablar de él: él es la luz, es la verdad; mucho más, es «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6). Es el Pan, la Fuente de agua viva que sacian nuestra hambre y nuestra sed (Jn 6, 35; 7, 38); Es el Pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Igual que nosotros, y más que nosotros, ha sido pequeño, pobre, humillado, trabajador, desdichado y paciente. Para nosotros habló, hizo milagros, y fundó un Reino nuevo en el que los pobres serán dichosos, en el que la paz es el principio de la vida de todos juntos, en el que los que son puros de corazón y los que lloran serán exaltados y consolados, en el que los que suspiran por la justicia serán escuchados, en el que los pecadores pueden ser perdonados, en el que todos son hermanos.

Jesucristo: vosotros habéis oído hablar de él, e incluso la mayoría sois ya de los suyos, sois cristianos. ¡Pues bien! A vosotros cristianos os repito su nombre, a todos os lo anuncio: Jesucristo es «el principio y el fin, el alfa y la omega» (Ap 21,6). ¡Él es el rey del mundo nuevo; es el secreto de la historia, la llave de nuestro destino; es el Mediador, el puente entre la tierra y el cielo...; el Hijo del hombre, el Hijo de Dios..., el Hijo de María... Jesucristo! Acordaos: es el anuncio que hacemos para la eternidad, es la voz que hacemos resonar por toda la tierra (Rm 10,18) y por los siglos de los siglos.

 San Pablo VI

papa 1963-1978
Homilía en Manila, 29•11•1979.evangelizo.org
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