Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

martes, 8 de septiembre de 2026

A los Ángeles Custodios.


Una costumbre muy piadosa y buena es invocar a nuestro Ángel Custodio antes de emprender alguna actividad de importancia. Y no sólo invocar a nuestro propio ángel, sino también invocar a los ángeles que custodian a todas las personas con las que nos encontraremos o nos contactaremos en el día, para que ellos las guíen y las predispongan a la paz, y que todo transcurra en tranquilidad y armonía.

Es una pena que no aprovechemos la ayuda que nos ha puesto Dios a nuestro lado, que es nuestro ángel custodio. Porque la mayor parte de las veces nuestro ángel debe quedarse sólo de espectador, ya que, al no invocarlo en nuestra ayuda, él poco o nada puede hacer por nosotros.

A partir de ahora comencemos a tener un trato más familiar con nuestro propio ángel, y también con los ángeles que custodian a las personas más importantes para nosotros, para que haya paz en la familia, con los amigos y, también por qué no, paz con nuestros enemigos.

Si hacemos esto, veremos cómo las relaciones humanas irán cambiando paulatinamente y todo se realizará según la adorable voluntad de Dios, que manda a sus ángeles en nuestro auxilio.

Entonces acostumbrémonos a rezar a los ángeles custodios antes de salir de casa, en el viaje, cuando regresamos, en la noche al acostarnos, y en todo momento, porque ellos han sido puestos por Dios a nuestro lado para que la lucha no sea tan desigual. Pues efectivamente si peleamos solos contra el Maligno, seguramente seremos vencidos por él. Pero si echamos mano a la ayuda de nuestro poderoso ángel de la guarda, entonces la cosa cambia y podemos salir airosos del combate que se nos presenta.

Y como broche de haber invocado a nuestros ángeles, también sería bueno que llamemos en nuestra ayuda a San Miguel Arcángel, que es el Príncipe de la Milicia celestial, y que tiene bajo su mando a todos los ángeles buenos que custodian a los hombres, a las familias, a los pueblos y al mundo entero.

Aquí coloco las dos oraciones que podemos hacer para invocarlos:

Al Ángel de la Guarda:

Ángel de Dios, que eres mi custodio, ya que la soberana piedad me ha encomendado a ti, ilumíname, guárdame, rígeme y gobiérname. Amén.

A San Miguel Arcángel

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.


lunes, 7 de septiembre de 2026

DEVOTÍSIMO OFRECIMIENTO DE LA SAGRADA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

(Por las Benditas Almas del Purgatorio, distribuido en los siete días de la semana)

Ofrece lo que padeció Nuestro Señor con el grave peso de la Cruz, hasta ser en ella crucificado, y dirás:

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella grande fatiga de llevar la Cruz, tan pesada, que te hizo una grande llaga en el hombro, sobre las muchas que tenías en tu Santísimo Cuerpo.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellas mortales congojas que tuviste y te ocasionaron los soldados en el camino al Calvario, tirando cruelmente de la soga, y los desprecios que te hicieron con las injurias, baldones y blasfemias del ingrato pueblo, y con tan malos tratamientos como si fueras el hombre más malvado del mundo que llevaban al suplicio.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellas tres caídas que tuviste con el grave peso de la Cruz, como debilitado y sin fuerzas, y asimismo te ofrezco aquella grande impiedad con que te levantaron del suelo, tirando de las sogas con que te llevaban atado

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquel sumo desprecio con que fuiste sacado de la ciudad, cargando con la Cruz, atado, escarnecido y vituperado de todo el pueblo, y acompañado de unos ladrones, como el más facineroso del mundo.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella pena y dolor con que tu Santísima Madre te iba buscando por las calles de Jerusalén, y habiéndote hallado, la apartaron luego de tu presencia, haciéndote caminar aprisa al monte Calvario.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella gran flaqueza y desmayo que sentiste, y no pudiendo por ellos cargar el grave peso de la Cruz, te dieron al Cirineo, para que te ayudase a llevarla hasta el Calvario.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquel intenso dolor que sentiste cuando con tanta impiedad te arrancaron y quitaron la túnica, que estaba pegada a las llagas de tu Santísimo Cuerpo, y se renovaron todas las heridas, arrojando por todas ellas mucha copia de sangre, y en especial de la cabeza, por haberse movido la corona de espinas.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellos mortales dolores que sentiste en las manos en los pies, cuando te clavaron en la Cruz, y asimismo los dolores de tu Santísima Madre, cuando veía poner los clavos y sentía los golpes.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella oferta sacrosanta que Tú mismo hiciste al Eterno Padre en el altar de la Santísima Cruz, para redimir al hombre y abrirnos las puertas del cielo.

ORACIÓN
(Para cada día después de los ofrecimientos para ganar las santas indulgencias concedidas por cada una de ellos.)

Dios Eterno, por tu inmensa clemencia, y en nombre de tu Hijo Jesucristo, y por los
méritos de su Pasión Santísima, te suplico concedas eterno descanso a las afligidas almas que están detenidas en las acerbísimas penas del Purgatorio, para que cuanto antes gocen de la bienaventuranza eterna, como lo desean. También te pido humildemente, Dios mío, en nombre del mismo Jesucristo, Hijo tuyo y Redentor del mundo, que perdones los pecados que yo y todos los vivientes hemos cometido; que a todos nos des verdadero arrepentimiento, para enmendarnos y observar tu divina ley, con los auxilios de tu gracia que necesitamos, para mejor servirte en esta vida y alabarte por tu infinita misericordia.
Amén.
Padre nuestro, Avemaría y Gloria Patri.

ORACIÓN
Oh Dios, Criador y Redentor de las almas! Concede a las de tus siervos y de tus siervas la remisión de todos sus pecados,
para que consigan, por las piadosas oraciones de tu Iglesia,
la indulgencia y el perdón que siempre necesitarán.
Por Nuestro Señor Jesucristo.
Amén.





domingo, 6 de septiembre de 2026

MISERICORDIA



Señor, que yo comprenda que solo Tú me comprendes del todo, en todo.
Sé mi todo, Señor. Sé mi refugio cuando nadie alcance a comprenderme, mi consuelo cuando las palabras no basten, mi compañía cuando me sienta solo, mi luz cuando ni siquiera yo logre comprender lo que sucede dentro de mí.

Tú conoces lo que digo y lo que callo, lo que muestro y lo que guardo, mis alegrías y mis heridas, mis certezas y mis dudas, mis fortalezas y mis fragilidades. Nada de mí te es desconocido. Y conociéndome del todo, me amas del todo.

Hazme comprender, Señor, que ningún amor humano puede ocupar tu lugar, ni ningún corazón puede darme lo que solamente Tú puedes darme.

Enséñame a amar sin exigir, a querer sin poseer, a recibir con gratitud el amor de los demás, sin pedirles que llenen aquello que solo Tú puedes colmar.

Que cuando me comprendan, te dé gracias; cuando no me comprendan, los comprenda yo; cuando me quieran, reconozca en ese amor un regalo tuyo; y cuando me falte el consuelo humano, recuerde que Tú permaneces.

Sé mi todo, Señor. No para apartarme de los demás, sino para amarlos más y mejor desde Ti. Que cuanto más te pertenezca, más capaz sea de entregarme, de perdonar, de servir y de amar.

Sé Tú el centro de mi corazón, la paz de mi alma, la fuerza de mis pasos, mi refugio en la prueba y mi esperanza en cada amanecer.

Que te busque en todo, que te encuentre en todo, que te ame sobre todas las cosas y que todo cuanto ame lo ame en Ti y contigo.

Sé mi todo, Señor. Tú que me conoces del todo, me comprendes en todo y me amas del todo.

Amén.

"JESÚS, EN TI CONFÍO".


Yo estoy allí, en medio de ellos


El que celebra solo en el corazón del desierto,
él mismo es una asamblea numerosa.
Si dos se unen para celebrar entre las rocas,
millares y miríadas están allí presentes.
Si son tres los que se juntan, hay un cuarto entre ellos.
Si hay seis o siete, doce mil millares se han juntado.
Si se ponen en fila, llenan el firmamento de oración.
Si son crucificados sobre la roca, y señalados con una cruz de luz,
se ha fundado la Iglesia.
Si están reunidos,
el Espíritu planea sobre sus cabezas.
Y cuando terminan su oración,
el Señor se levanta y sirve a sus siervos (Lc 12,37; Jn 13,4).

 San Efrén (c. 306-373)Diácono en Siria, doctor de la Iglesia Himno inédito,evangelizo.org

sábado, 5 de septiembre de 2026

Espíritu Santo y María Santísima.


Espíritu Santo, dulce huésped del alma,
en este amanecer me pongo en tus manos.
Ilumina mi mente para pensar con claridad,
enciende mi corazón para amar sin medida,
fortalece mi voluntad para elegir el bien,
purifica mis labios para hablar con verdad,
inspira mis pasos para caminar en justicia,
ordena mis sentimientos para vivir en paz,
renueva mis fuerzas para trabajar con alegría
y abre mis ojos para reconocer lo que me rodea y hacer todo cuanto te agrade.

Espíritu de Vida,
sé mi defensa en la tentación,
mi descanso en el cansancio,
mi consuelo en la tristeza,
mi impulso en la esperanza,
mi guía en las decisiones,
mi luz en la oscuridad,
mi fuego en la tibieza
y mi valentía en la prueba.

María Santísima, Esposa del Espíritu Santo,
cúbreme con tu manto y enséñame a ser dócil como tú a sus inspiraciones,
para que, como en tu corazón, Él encuentre en mí un lugar donde habitar,
y mi vida sea siempre eco de la ternura de Cristo.

Espíritu Santo,
alumbra este día, santifica cada instante
y conviértelo en ofrenda de amor al Padre.
Que todo en mí, pensamientos, palabras y obras,
proclame la gloria de Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.






“¿Repetir el Avemaría una y otra vez no puede volver mecánica la oración?”


Sí, puede ocurrir, como con cualquier oración pronunciada sin atención. Pero Jesús no condenó la repetición en sí, sino las palabras vacías dichas como si su cantidad pudiera asegurar la respuesta de Dios.
En el Rosario, las Avemarías ofrecen un ritmo sereno mientras contemplamos los misterios de la vida de Jesús. No actúan como una fórmula mágica ni reemplazan la disposición interior.
Cuando se reza con atención, la repetición puede ayudarnos a volver una y otra vez a Cristo. María no ocupa su lugar: nos acompaña para contemplar su rostro y guardar su vida en el corazón.

Fuente:https://x.com/Maria365_online


Oh, Virgen mía, Oh, Madre mía,
yo me ofrezco enteramente a tu Inmaculado Corazón
y te consagro mi cuerpo y mi alma, mis pensamientos y mis acciones. Quiero ser como tú quieres que sea, hacer lo que tú quieres que haga.

Amén


viernes, 4 de septiembre de 2026

Hoy recordamos a SAN MOISÉS, PROFETA.


El hombre que discutió con Dios porque se sentía incapaz, se enfrentó al faraón, atravesó el mar, recibió la Ley y condujo durante cuarenta años a un pueblo que consiguió poner a prueba hasta la paciencia de un santo.

1️⃣ Moisés había huido de Egipto. Había pasado de la corte del faraón al anonimato del desierto.

Y precisamente allí, cuando parecía que su historia importante había terminado, una zarza comenzó a arder sin consumirse.

«Moisés, Moisés».
Dios conocía su nombre.

2️⃣ «¿Quién soy yo para acudir al faraón?»

La respuesta de Dios no fue explicarle sus cualidades.

Fue mucho mejor:
«Yo estaré contigo».

Esta es una de las grandes lecciones de Moisés: cuando Dios llama, nuestra seguridad no está en nuestra capacidad, sino en su presencia.

3️⃣ Moisés vuelve a Egipto y se presenta ante el hombre más poderoso de su tiempo:

«Deja salir a mi pueblo».
No habla en nombre propio.
El pastor fugitivo puede plantarse ante el faraón porque detrás de su palabra está la autoridad del Dios vivo.

4️⃣ Después vendrán la Pascua y el mar Rojo.

Israel atraviesa las aguas y deja atrás la esclavitud.
Por eso la tradición cristiana vio en aquel paso una imagen del Bautismo: Dios libera a su pueblo y lo hace caminar hacia una vida nueva.

La historia del Éxodo apunta ya hacia Cristo.

5️⃣ Pero quizá el ministerio más hermoso de Moisés sea el de intercesor.

Cuando Israel peca, Moisés se coloca entre Dios y el pueblo.
Ruega. Suplica. Intercede.
Incluso llega a pedir que lo borren a él del libro antes que abandonar a su pueblo.
Así es el corazón del verdadero pastor.

6️⃣ En el Sinaí habla con Dios «cara a cara, como habla un hombre con su amigo».

Y cuando desciende del monte, su rostro resplandece.
Quien permanece ante Dios termina llevando algo de su luz, aunque muchas veces él mismo ni siquiera sea consciente de ello.

7️⃣ Moisés tampoco fue un hombre perfecto.

Conoció el cansancio, la ira, la incomprensión y la debilidad.
Después de cuarenta años conduciendo al pueblo contempló la Tierra Prometida desde lejos, pero no entró en ella.
Dios escribe la santidad también con nuestra pobreza.

8️⃣ Siglos después encontramos de nuevo a Moisés en un monte.

En el Tabor aparece junto a Elías conversando con Cristo transfigurado.
La Ley y los Profetas señalan finalmente a Jesús.
Todo aquello que comenzó con una zarza ardiente encuentra su plenitud en Él.

9️⃣ San Moisés nos recuerda que la vida de fe consiste muchas veces en ponerse en camino sin tener todas las respuestas.

Dios llama.
El hombre responde.
Y entre ambos se abre un camino incluso allí donde parecía no haberlo.

«Yo estaré contigo».

Quizá sea suficiente para empezar.
San Moisés, profeta, ruega por nosotros.

ACORDAOS



Acordaos ¡oh sagrado Corazón de Jesús! de todo lo que habéis hecho por salvar nuestras almas, y no las dejéis perecer. Acordaos del eterno e inmenso amor que habéis tenido por ellas; no rechacéis estas almas que vienen a Vos, agobiadas bajo el peso de sus miserias oprimidas bajo el de tantos dolores. Conmoveos a la vista de nuestra debilidad, de los peligros que nos rodean por todas partes, de los males que nos hacen suspirar y gemir.

Llenas de confianza y amor, venimos a vuestro Corazón, corno el corazón del mejor de los padres, del más tierno y más compasivo amigo. Recibidnos, ¡oh Corazón sagrado! en vuestra infinita ternura; hacednos sentir los efectos de vuestra compasión y de nuestro amor; sed nuestro apoyo, nuestro mediador cerca de vuestro Padre, y en nombre de vuestra preciosa sangre y de vuestros méritos, concedednos la fuerza en nuestras debilidades, consuelo en nuestras penas, y la gracia de amaros en el tiempo y de poseeros en la eternidad.

Corazón de Jesús, yo vengo a Vos porque sois mi único refugio, mi sola pero cierta esperanza; Vos sois el remedio de todos mis males, el alivio de todas mis miserias, la reparación de todas mis faltas, la seguridad de todas mis peticiones, la fuente infalible e inagotable para mi, y para todos la luz, fuerza, constancia, paz y bendición.

Estoy seguro que no os cansaréis de mí y que no cesaréis de amarme, protegerme y ayudarme, porque me amáis con un amor infinito.

Tened piedad de mi, según vuestra gran misericordia, y haced de mí, por mi, y en mí todo lo que queráis, porque yo me abandono a Vos con una entera confianza de que Vos no me abandonaréis jamás.
Así sea.

jueves, 3 de septiembre de 2026

TE NECESITO.


Señor mío y Dios mío
No sé muy bien qué hacer, Señor.
Hay momentos en que me pierdo entre mis pensamientos,
y las dudas pesan más que las certezas.
Hoy vengo ante Ti cansado, confundido y con miedo.
Solo quiero que me escuches… y que no me sueltes.

Tú sabes lo que guardo dentro,
las preguntas que no tienen respuesta,
las heridas que no se ven y los silencios que gritan.
A veces siento que camino sin rumbo,
pero en el fondo sé que solo en Ti está mi paz.

Virgen Santísima, Madre del Consuelo,
tómame de la mano cuando no encuentre el camino.
Muéstrame a Jesús cuando mi fe se tambalee,
y enséñame a confiar incluso cuando no entiendo nada.

Espíritu Santo, luz que disipa la oscuridad,
ven a mi corazón cansado.
Dame claridad cuando todo se vuelve confuso,
esperanza cuando me invade el temor,
y calma cuando no logro ver Tu plan.

Señor, no quiero alejarme de Ti,
aunque a veces no comprenda tus caminos.
Quédate conmigo en mis dudas, en mis noches,
y recuérdame que incluso ahí, Tú sigues obrando.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

Fuente:FE y más FE

ORACIÓN DE LA MAÑANA (Cf. Lucas 5, 1-11)

 Señor, aun cuando no comprendamos Tus caminos, danos la fe para confiar en Tu Palabra y volver a echar las redes.


Jueves, 3 de septiembre de 2026

Señor mío y Dios mío:
Hoy queremos recibir Tu Palabra con el corazón abierto. Como Pedro después de una noche de esfuerzo sin obtener fruto, también nosotros conocemos momentos en los que trabajamos, esperamos, insistimos y las cosas no suceden como habíamos imaginado.

Pero Tú llegas a nuestra orilla y nos invitas a intentarlo nuevamente. Enséñanos a confiar en Ti cuando nuestra experiencia nos diga que ya no vale la pena, cuando el cansancio quiera detenernos o cuando no alcancemos a comprender lo que nos estás pidiendo.

Danos la fe de Pedro para poder decirte: «Confiado en Tu Palabra echaré las redes». Que aprendamos a apoyarnos menos en nuestras propias seguridades y cada día más en Ti, sabiendo que cuando Tú ocupas un lugar en nuestra barca, incluso aquello que parecía vacío puede convertirse en abundancia y bendición.

Y cuando derrames Tus dones sobre nosotros, concédenos un corazón humilde y lleno de agradecimiento, capaz de reconocer que todo viene de Ti. Que la abundancia nunca nos haga olvidar al Señor de la pesca, ni los frutos recibidos nos hagan perder de vista a Aquel que los hizo posibles.

Señor, entra también hoy en nuestras barcas: en nuestras familias, nuestros trabajos, nuestros proyectos, nuestras decisiones y nuestras esperanzas. Llévanos mar adentro, más allá de nuestros temores y comodidades, y danos la fortaleza para seguirte allí donde Tú quieras conducirnos.

Y cuando nos digas «No temas», que sepamos creerlo de verdad. Que no nos quedemos solamente contemplando lo que has hecho por nosotros, sino que, como Pedro, Santiago y Juan, tengamos un corazón dispuesto a seguirte y a poner nuestra vida al servicio de los demás.

Señor, hoy y siempre queremos confiar en Tu Palabra. Sube a nuestra barca, guía nuestro camino y enséñanos a echar nuevamente las redes, sabiendo que contigo ningún esfuerzo hecho por amor y con fe será inútil.

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