Cada vez resulta más preocupante ver a personas que se convierten en medida absoluta de sí mismas.
Y esto, cuando sucede en la vida cristiana, es grave.
Pero cuando sucede en quien pretende acompañar espiritualmente a otros, puede hacer mucho daño.
1️⃣ Nadie se dirige solo.
Puede engañarse quien piensa que no necesita que nadie le ayude a mirar su vida, sus heridas, sus afectos, sus decisiones y sus autojustificaciones.
La soberbia suele tener una voz muy convincente.
2️⃣ Tener director espiritual no es señal de debilidad.
Es señal de humildad.
No se acude a un director espiritual para que piense por uno, sino para aprender a distinguir mejor entre la voluntad de Dios, el propio gusto, el miedo, el orgullo o el capricho.
3️⃣ Tampoco hay que despreciar la ayuda psicológica cuando es necesaria.
La gracia no destruye la naturaleza: la sana, la eleva y la sostiene.
Y a veces la naturaleza necesita ser ordenada, escuchada y acompañada con seriedad.
4️⃣ El problema no es tener heridas.
Todos las tenemos.
El problema es negar que las tenemos y convertir nuestras heridas no reconocidas en criterio para juzgar, corregir, mandar o dirigir la vida de los demás.
5️⃣ Quien acompaña almas debería ser el primero en dejarse acompañar.
Un sacerdote, un consagrado, un laico con responsabilidad espiritual, no puede vivir como si su propio juicio fuera intocable.
Eso no es madurez: es peligro espiritual.
6️⃣ El Evangelio no nos llama a ocupar el centro, sino a servir.
Cristo no formó discípulos autosuficientes, sino hombres llamados a vivir en comunión, obediencia, corrección fraterna y docilidad al Espíritu Santo.
7️⃣ Por eso conviene sospechar de quien presume de no necesitar a nadie.
No porque todos deban ir al psicólogo siempre.
No porque todos tengan que exhibir su dirección espiritual.
Sino porque quien se cree inmune al engaño de sí mismo ya ha empezado a engañarse.
8️⃣ La humildad no busca aprobación.
Busca luz.
Busca ayuda.
Busca verdad.
Busca perseverar en la voluntad de Dios cuando la propia voluntad se disfraza de inspiración, de prudencia o incluso de celo apostólico.
9️⃣ Todo director de almas debería recordar esto:
Antes de pretender guiar el alma de otros, ha de dejar que Dios guíe la suya a través de mediaciones concretas.
Sin eso, fácilmente deja de ser servidor y empieza a ser dueño.
🔟 Y cuando alguien pretende dirigir almas mientras su propia alma no se deja dirigir, el peligro es evidente.
Ahí ya no estamos ante un verdadero acompañamiento espiritual.
Estamos más cerca del narcisismo que de la dirección de almas.
Fuente:https://x.com/SacerdosMariae