Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

domingo, 20 de septiembre de 2026

Dios sale

Hay una imagen hermosa en el Evangelio de este domingo: Dios sale.

Sale al amanecer. Sale a media mañana. Sale al mediodía. Sale por la tarde. Y cuando parece que ya no vale la pena salir, lo hace de nuevo.
Dios sigue buscando al hombre.

1️⃣ Algunos comenzaron a trabajar desde la primera hora. Otros llegaron cuando el día ya terminaba.

Pero todos fueron encontrados por el mismo Señor.
Nuestra vida cristiana siempre comienza ahí: Dios ha salido a buscarnos antes de que nosotros empezáramos a buscarlo a Él.

2️⃣ Hay una frase particularmente triste en la parábola:

"Nadie nos ha contratado".
Hay personas que pueden pasar gran parte de su vida sintiendo que nadie las espera, que no importan, que han llegado demasiado tarde.
Y es precisamente hacia ellas hacia donde el Señor sale de nuevo.

3️⃣ Quizás algunos también piensen que han llegado demasiado tarde a Dios.

Demasiados años lejos.
Demasiados pecados.
Demasiados errores.
Demasiadas oportunidades perdidas.
El Evangelio de hoy responde con una invitación:
"Id también vosotros a mi viña".

4️⃣ Mientras hay vida, hay tiempo para volver a Dios.

El Señor puede llamar al amanecer de una vida o cuando empieza a caer la tarde.
Por eso nunca debemos desesperar de nadie.
Ni siquiera de nosotros mismos.
Dios sigue saliendo.

5️⃣ El problema surge cuando empezamos a mirar cuánto han recibido los demás.

Los primeros trabajadores estaban contentos hasta que se compararon con los últimos.
La comparación puede convertir un don en motivo de tristeza.
Y eso también sucede en nuestra vida espiritual.

6️⃣ Entonces llega la pregunta del Señor:

"¿Tienes envidia porque yo soy bueno?"
La misericordia de Dios hacia otro no disminuye su amor por ti.
La gracia que recibe tu hermano no te quita nada a ti.
El corazón cristiano aprende a alegrarse también del bien de los demás.

7️⃣ Isaías nos recuerda que los caminos de Dios son más altos que nuestros caminos.

Nosotros contamos méritos, horarios, esfuerzos y recompensas.
Dios mira al hombre con misericordia. Y muchas veces Él tendrá que ensanchar nuestros corazones para que aprendamos a mirar como Él lo hace.

8️⃣ San Pablo nos da finalmente la clave:

«Para mí, la vida es Cristo».
Ahí está la verdadera paga.
Haber conocido a Cristo.
Poder vivir con Él.
Trabajar en su viña.
Saber que pertenecemos al Señor.
Eso ya es gracia.

9️⃣ Preguntémonos hoy:

¿Dónde me pide el Señor que trabaje en su viña?
¿A quién puedo ayudar a descubrir que Dios sigue buscándolo?
¿Sé alegrarme cuando la misericordia de Dios llega a los demás?
Todavía queda gran parte del día.

Y el Señor sigue saliendo a buscarnos.



Nuestro lugar en el Cielo.

Cada uno de nosotros tiene reservado un lugar en el Cielo, junto al Padre eterno. Ese lugar lo conquistamos cumpliendo la misión que tenemos aquí en la tierra. Todos los padecimientos que sufrimos aquí abajo, en este mundo oscuro, nos dan méritos para alcanzar ese puesto de felicidad eterna.


Debemos pensar todos los días en ese lugar que nos espera, para poder sobrellevar las pruebas de esta vida presente, sabiendo que al final del camino encontraremos unos brazos amorosos de Padre y el beso de una Madre Inmaculada.

Pensemos en la felicidad inimaginable de que gozaremos para siempre y que ya nadie nos la podrá quitar y caminemos con esperanza por este mundo que con sus trampas nos quiere hacer desesperar y desanimar.

Por eso recemos frecuentemente los misterios gloriosos del Santo Rosario y pongámonos en ellos como protagonistas del siguiente modo:

1) La resurrección de Jesús: Pensar cuando resucitemos el día del Juicio Final y con nuestro cuerpo abracemos a nuestra Madre la Virgen que tanto ha hecho por nosotros.

2) La Ascensión del Señor: recordemos que Jesús ha subido al Cielo para ir a prepararnos un lugar y que luego vendrá a buscarnos y llevarnos con Él.

3) La venida del Espíritu Santo: sepamos que si tenemos a María, Esposa del Espíritu, Él vendrá a nosotros en plenitud y nos dará las fuerzas necesarias para vivir esta vida valientemente.

4) La Asunción de María Santísima al Cielo: la Virgen también ha subido al Cielo para ir a prepararnos nuestro lugar. Es el mismo lugar que nos preparó Jesús, pero Ella le dará sus toques femeninos y de Madre y ¡qué maravilloso será cuando estemos allí!

5) La Coronación de María Santísima como Reina y Señora de todo lo creado: María es la Reina de todo, ¿qué debemos temer si Ella es nuestra Madre? Refugiémonos bajo su manto para que nos ayude a llegar al lugar predestinado desde toda la eternidad que nos aguarda en el Paraíso.

Vivamos esta vida con la mirada puesta en el Cielo que nos espera, para no perder la fe ni la esperanza.

Id también vosotros a mi viña




El Señor no cesa en ningún momento de enviar obreros para cultivar su viña...: por medio de los patriarcas, luego de los doctores de la Ley y los profetas, y por último, los apóstoles, trabajaba, en cierto modo, cultivando su viña por medio de sus trabajadores. Todos aquellos que, a una fe recta, se unen las buenas obras han sido los obreros de esta viña...

Los trabajadores del principio del día, de la tercera, de la sexta y de la novena hora representan, pues, el antiguo pueblo hebreo, que, se aplica... desde el comienzo del mundo, a dar culto a Dios con una fe recta, y por tanto, no ha cesado, por así decirlo, de trabajar en el cultivo de la vid. Pero a la 11ª hora, son llamados los paganos, y es a ellos a quienes se destinan estas palabras: "¿por qué habéis estado allí, toda la jornada, sin hacer nada? " pues a lo largo de mucho tiempo, los paganos se habían descuidado de trabajar para la vida eterna, y estaban ahí, en cierta forma, toda la jornada, sin hacer nada. Pero observad, hermanos, lo que responden a la pregunta que se les ha planteado: «porque nadie nos ha contratado». En efecto, ningún patriarca, ni ningún profeta habían llegado a ellos. Y ¿qué quiere decir: "nadie nos ha contratado para trabajar" sino: "nadie nos ha predicado el camino de la vida ?

Pero nosotros, ¿qué excusa pondremos, si no hacemos buenas obras? Recordemos que hemos recibido la fe, al salir del seno de nuestra madre, escuchado las palabras de vida desde nuestra cuna, y fueron las ubres de la santa Iglesia el alimento de la doctrina celestial al mismo tiempo que la leche materna.

 San Gregorio Magno (c. 540-604)

papa y doctor de la Iglesia
Homilías sobre el Evangelio n°19.evangelizo.org

sábado, 19 de septiembre de 2026

Hoy celebramos a San Genaro, obispo de Benevento y mártir, uno de los santos más queridos de Italia.



Su sangre, conservada desde hace siglos en Nápoles, sigue recordando una verdad mucho mayor: hay una fe por la que merece la pena entregar la vida.

1️⃣ San Genaro nació probablemente en la segunda mitad del siglo III, en Nápoles o en Benevento.

Llegó a ser obispo de Benevento y destacó por su caridad con los pobres. Era querido por los cristianos y respetado incluso por quienes no compartían su fe.

2️⃣ Todo cambió con la persecución de Diocleciano.

A partir del año 303, profesar públicamente la fe cristiana podía conducir a la cárcel, la tortura y la muerte.
Genaro sabía perfectamente el peligro. Y permaneció junto a los suyos.

3️⃣ Cuando el diácono Sosio fue encarcelado por su fe, Genaro acudió a visitarlo acompañado del diácono Festo y del lector Desiderio.

Podía haberse protegido.
Prefirió ejercer hasta el final aquello para lo que había sido consagrado: ser pastor.

4️⃣ Su fidelidad le costó la libertad.

Genaro y sus compañeros fueron detenidos y condenados. Finalmente fueron llevados cerca de Pozzuoli, donde sufrieron el martirio por decapitación a comienzos del siglo IV.
La Iglesia comenzó muy pronto a venerar su memoria.

5️⃣ La tradición cuenta que una mujer llamada Eusebia recogió parte de la sangre del mártir y la conservó en dos ampollas.

Aquellas reliquias terminarían vinculadas para siempre a la ciudad de Nápoles y a uno de los fenómenos religiosos más conocidos del cristianismo.

6️⃣ En determinados días del año, la sangre conservada en las ampollas pasa tradicionalmente de un estado sólido a líquido.

Entre esas fechas está precisamente el 19 de septiembre, fiesta litúrgica de San Genaro.
Es la célebre licuefacción de la sangre de San Genaro.

7️⃣ Pero sería una lástima quedarnos solamente con el prodigio.

La verdadera grandeza de San Genaro ocurrió antes de que nadie recogiera su sangre:
la derramó por Cristo.

La reliquia resulta impresionante porque detrás de ella hubo un hombre que prefirió perder la vida antes que perder la fe.

8️⃣ Y hay algo especialmente hermoso en su martirio.

Genaro era obispo.
Cuando llegó la persecución, permaneció cerca de sus sacerdotes, diáconos y fieles. El pastor compartió la suerte del rebaño.
El episcopado se convirtió así en entrega hasta la sangre.

9️⃣ San Genaro nos recuerda que la fe cristiana no es una decoración para los días tranquilos.

La fe se demuestra cuando permanecer junto a Cristo cuesta algo.
Quizá nosotros nunca tengamos que derramar nuestra sangre.
Pero todos tendremos que aprender a entregar nuestra vida.

🔟 San Pablo VI, hablando precisamente de la sangre de San Genaro, pidió que, así como aquella sangre vuelve a cobrar vida en la fiesta, también la fe del pueblo volviera a encenderse.

Esa sigue siendo una magnífica oración para hoy:
que nuestra fe vuelva a arder.
San Genaro, obispo y mártir, ruega por nosotros.

Que sepamos permanecer fieles a Cristo en las pequeñas pruebas de cada día y, si llegara la hora de una entrega mayor, que Él nos encuentre firmes en la fe.

Espíritu Santo, libéranos de Ansiedad

 Hay un tipo de cansancio que no se quita durmiendo.

Es el de la mente que no para, el de acostarte agotado y seguir repasando todo en tu cabeza.

Miedo por lo que viene, tristeza por lo que fue, ansiedad por lo que no puedes controlar.

Muchos lo viven en silencio, sonríen de día, pero de noche el corazón se oprime como nunca.

Por eso esta oración al Espíritu Santo no es solo una "oración bonita" más. Es necesaria para ponerse en su Presencia.

Nos recuerda algo: nuestras fuerzas no bastan y debemos buscar la Fuerza de Aquel que lo sostiene todo.

Él quiere traer esa paz que sobrepasa todo entendimiento y que el mundo no es capaz de dar.

Si hoy es uno de esos días pesados para ti, deja que esta imagen se quede un momento contigo.

Y si lo sientes, con un corazón disponible, puedes decirle:

Ven, Espíritu Santo, ven...



Oh, Divino Espíritu, extiende tu unción
poderosa sobre los corazones que están
llenos de miedo, tristeza, ansiedad y
preocupación. Abraza a los que no logran
conciliar el sueño y a quienes las cargas
les oprime el corazón. Derrama tu fuerza y
tu unción sanadora, y haz que tu Paz, que
sobrepasa todo entendimiento, renueve a
los que están debilitados, y aprendan a
descansar en tu Divina Providencia.
Calma la ansiedad de los corazones
atribulados. Nada tememos, porque
eres nuestro refugio y fortaleza
Amén

El grano que cayó en tierra buena..., dio fruto al ciento por uno


Si me preguntáis qué es lo que quiere decir Jesucristo al hablar de ese sembrador que salió de madrugada a esparcir la semilla en su campo, hermanos, os digo que ese sembrador es el mismo buen Dios que comienza a trabajar para nuestra salvación desde el comienzo del mundo enviándonos profetas antes de la venida del Mesías para enseñarnos que debíamos ser salvados. No se contentó enviándonos a sus servidores, sino que vino él mismo y nos señaló el camino que debíamos tomar, y nos anunció la palabra santa.

¿Sabéis lo que es una persona que no se alimenta de esta palabra santa?... Se parece a un enfermo sin médico, a un viajero extraviado sin guía, a un pobre sin recursos. Es del todo imposible, hermanos, amar a Dios y contentarle sin alimentarse de esta palabra divina. ¿Qué es lo que puede llevar a ligarnos a él sino el conocerlo? ¿Y quién nos le hace conocer con todas sus perfecciones, sus bellezas y su amor por nosotros, si no es la Palabra de Dios que nos enseña todo lo que él ha hecho por nosotros y los bienes que nos prepara en la otra vida?

 San Juan María Vianney (1786-1859)

presbítero, párroco de Ars
Sermón.evangelizo.org

BAJO TU AMPARO MARÍA, MADRE MÍA

A veces no sabemos qué decir, pero el cielo sí entiende un Ave María rezada con el corazón.

Hoy queremos poner bajo el amparo de María a todos los demás. Por ese nombre que no te deja dormir, por esa familia que está pasando una prueba, por ese corazón que necesita paz.
Nuestra Madre conoce cada necesidad antes de que se la digamos.
Y cuando le rezas a Ella, nunca te deja con las manos vacías.
Acá te lo dejo, para que la invoques conmigo, si lo deseas, despacio, por alguien más, o por ti.


Dios te salve, María,
llena de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores ahora
y en la hora de nuestra muerte.
Amén.






viernes, 18 de septiembre de 2026

HOY RECORDAMOS TAMBIÉN A SAN JOSÉ DE CUPERTINO



18 de septiembre

Sacerdote franciscano de profunda humildad, oración y abandono en Dios.

San José de Cupertino fue agraciado con extraordinarios dones místicos: experimentaba profundos éxtasis y arrobamientos durante la oración y, en numerosas ocasiones, llegó incluso a levitar, especialmente cuando su corazón quedaba arrebatado por la contemplación de Dios, de la Eucaristía y de los misterios de la fe.

Sin embargo, lo extraordinario de su vida no fueron solamente estos fenómenos, sino la humildad y obediencia con las que los vivió. Nunca buscó llamar la atención sobre sí mismo: quería que todo condujera a Dios.

Habiendo experimentado grandes dificultades para los estudios, hoy es especialmente invocado como patrono de los estudiantes y de quienes afrontan exámenes. También es patrono de los aviadores.

San José de Cupertino nos recuerda que nuestras limitaciones no son un obstáculo para Dios cuando ponemos nuestra vida enteramente en sus manos.

San José de Cupertino, ruega por nosotros.

Reflexión de hoy,18 de setiembre

 


Las grandes revoluciones de la historia nunca se sostienen solo por los rostros famosos, sino por la red silenciosa que opera detrás de escena.

​Piensa en esa banda legendaria que llena estadios. Ves al cantante brillar bajo los reflectores, pero no ves al equipo que cargó los instrumentos de madrugada, ni a quienes pagaron su primera gira cuando nadie creía en ellos. Sin esa base invisible, el escenario simplemente se derrumba.

​En nuestra propia vida pasa igual. A veces creemos que el éxito de un proyecto, de un negocio o de una familia recae únicamente en la figura principal. Pero la realidad es que nadie llega lejos caminando solo. Siempre hay manos anónimas sosteniendo la escalera para que otros suban.

​Esas personas no buscan los aplausos. Su única motivación es que el propósito se cumpla y la misión salga adelante. Y es precisamente aquí donde la historia nos enseña algo fascinante.

​Imagina a un hombre recorriendo caminos polvorientos hace dos mil años, cambiando por completo la forma de entender el mundo. La costumbre de aquella época dictaba que solo los hombres influyentes debían formar parte de un círculo íntimo. Pero este líder decidió romper el molde.

​Es como cuando atraviesas una crisis profunda, una enfermedad o un momento de oscuridad, y alguien te ayuda a salir del hoyo. Al sanar, tu gratitud es tan inmensa que decides dedicar tu tiempo y tu dinero a esa misma causa. No por obligación, sino porque el cuidado que recibiste te transformó desde adentro.

​Ese es el corazón de Lucas 8, 1-3. Jesús recorría los poblados predicando, acompañado por los Doce. Pero el verdadero motor financiero y logístico de su misión eran mujeres. María Magdalena, Juana, Susana y muchas otras que habían sido sanadas por Él. Ellas no eran espectadoras pasivas; usaban sus propios bienes para sostener y hacer posible todo su ministerio.

​Haz una pausa y mira a tu alrededor. Reconoce y agradece a quienes te sostienen en silencio día con día, y pregúntate a quién estás impulsando tú. Sé ese motor indispensable en la vida de alguien más y usa tus propios recursos y talentos para ayudar a otros a cumplir su propósito.

ORACIÓN DE LA MAÑANA (Cf. Salmo 16)

 


Escúchanos, Señor. Bajo la sombra de Tus alas queremos estar.

Señor mío y Dios mío:

Aquí estamos, una mañana más, delante de Ti.

No venimos porque tengamos todas las respuestas ni porque sepamos siempre cómo expresar lo que llevamos dentro. Venimos porque sabemos que nos escuchas.

Tú conoces las palabras que pronunciamos y también aquellas que nunca llegan a salir de nuestros labios. Conoces nuestras preocupaciones y nuestros silencios, nuestras esperanzas y nuestras súplicas, incluso aquellas que repetimos tantas veces sin saber cuándo llegará la respuesta.

Por eso hoy elevamos nuevamente nuestra voz hacia Ti.

Atiéndenos, Señor, y escucha nuestra oración.

Cuando necesitemos hablarte, escúchanos.
Cuando no encontremos palabras, compréndenos.
Cuando sintamos miedo, danos confianza.
Cuando tengamos que esperar, danos paciencia.
Cuando nos falten fuerzas, sostennos.
Cuando nuestra fe se debilite, fortalécenos.
Cuando nos sintamos perdidos, guíanos.
Y cuando nos alejemos de Ti, llámanos de nuevo.

No queremos acudir a Ti solamente cuando algo nos preocupa. Queremos aprender también a permanecer contigo, a buscarte por Ti mismo, a agradecer Tu presencia y a descubrir la alegría sencilla de sabernos cerca de Ti.

Guárdanos, Señor, como a las niñas de Tus ojos.

Bajo la sombra de Tus alas, protege nuestras familias, guarda nuestros hogares, bendice nuestros trabajos y acompaña nuestros caminos.

Guarda a quienes amamos.
Acompaña a quienes atraviesan momentos difíciles.
Consuela a quienes sufren.
Fortalece a quienes sienten que ya no pueden más.
Y recibe aquellas intenciones que hoy ponemos silenciosamente ante Ti.

Y si durante este día algo perturba nuestra paz, enséñanos a volver a Ti. Que sepamos detenernos un instante, levantar el corazón y recordar:

Dios está aquí.
Dios me escucha.
Dios no me abandona.

Pero danos todavía algo más, Señor mío y Dios mío.

Que después de buscar Tus dones, aprendamos a buscar Tu rostro.
Que después de pedir Tu ayuda, aprendamos a desear Tu presencia.
Que después de recibir Tus bendiciones, aprendamos a darte gracias.
Que después de escuchar Tu Palabra, aprendamos a vivirla.
Y que después de encontrarte, aprendamos a permanecer contigo.

Que nuestra oración no termine cuando recibamos aquello que esperamos, porque Tú eres lo que verdaderamente busca nuestro corazón.

Y así, al despertar cada mañana y al llegar un día al término de nuestro camino, que permanezca en nosotros la esperanza del salmista: contemplar Tu rostro y saciarnos para siempre de Tu presencia.

Escúchanos, Señor.
Guárdanos cerca de Ti.
Escóndenos bajo la sombra de Tus alas.

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