Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

jueves, 18 de junio de 2026

¡Danos nuestro pan!


“Danos hoy nuestro pan de cada día”. Pan supersubstancial, epiouson* (Mt 6,11). Según otro evangelista “nuestro pan cotidiano” (Lc 11,3). El primer calificativo expresa su nobleza y el carácter de su substancia, que lo elevan más alto que toda substancia y hacen que sobrepase a todas las criaturas, por su sublime grandeza y santidad. El segundo calificativo expresa el uso que hay que hacer y su utilidad: la palabra “cotidiano” dice que sin este pan, no podemos vivir un solo día de la vida espiritual.

En cuanto a la palabra “hoy”, muestra que es necesario alimentarse con él todos los días, ya que no sería suficiente haberlo recibido ayer si no nos fuera dado igualmente hoy. ¡Qué la necesidad cotidiana que tenemos sea una advertencia para llevarnos a decir esta oración en todo tiempo! No existe un día en el que no nos sea necesario comer este pan para fortificar el corazón del alma interior.
Sin embargo, “hoy” puede comprenderse igualmente en relación a la vida presente: “Mientras somos de este mundo, danos este pan. Sabemos que lo darás también en el mundo a venir a los que lo han merecido, pero te pedimos darnos este pan desde ahora, porque el que no lo haya recibido en esta vida, no sabrá tomar parte de él en la otra vida”.
*Transliteración del término griego del Evangelio.

 San Juan Casiano (c. 360-435)

fundador de la Abadía de Marsella
Conferencias, Sobre la oración (SC 54. Conférences VIII-XVII, Cerf, 1958), trad. sc©evangelizo.org

Granito de arena de Esperanza...JUEVES EUCARÍSTICO

 




"Le tienes siempre a tu lado"

Qué estupenda es la eficacia de la Sagrada Eucaristía, en la acción –y antes en el espíritu– de las personas que la reciben con frecuencia y piadosamente. (Forja, 303)

Si aquellos hombres, por un trozo de pan –aun cuando el milagro de la multiplicación sea muy grande–, se entusiasman y te aclaman, ¿qué deberemos hacer nosotros por los muchos dones que nos has concedido, y especialmente porque te nos entregas sin reserva en la Eucaristía? (Forja, 304)

Niño bueno: los amadores de la tierra ¡cómo besan las flores, la carta, el recuerdo del que aman!...
–Y tú, ¿podrás olvidarte alguna vez de que le tienes siempre a tu lado... ¡a Él!? –¿Te olvidarás... de que le puedes comer? (Forja, 305)

Asoma muchas veces la cabeza al oratorio, para decirle a Jesús: ...me abandono en tus brazos.
–Deja a sus pies lo que tienes: ¡tus miserias!
–De este modo, a pesar de la turbamulta de cosas que llevas detrás de ti, nunca me perderás la paz. (Forja, 306)
Fuente:Opusdei




miércoles, 17 de junio de 2026

El Corazón de Jesús



El Corazón de Jesús no es solo refugio para las horas difíciles. Es también la fuente desde la que aprendemos a vivir cada día con una caridad más verdadera, más paciente y más eucarística.

1️⃣ Jesús no nos ama de manera genérica. Nos ama personalmente. Su Corazón conoce nuestra historia, nuestras heridas, nuestras resistencias y también ese deseo de Dios que a veces queda sepultado bajo el cansancio.

2️⃣ Por eso la devoción al Sagrado Corazón no nos aleja de la vida real. Al contrario: nos enseña a vivirla desde Cristo, con más fe y menos amargura, con más confianza y menos autosuficiencia.

3️⃣ El Corazón de Jesús es un Corazón obediente al Padre. Toda su vida está orientada a cumplir la voluntad de Dios. También ahí se purifica nuestro corazón: cuando dejamos de buscar solo lo que nos agrada y aprendemos a querer lo que Dios quiere.

4️⃣ Pero esa obediencia no nace del miedo. Nace del amor. Jesús se entrega porque ama al Padre y porque nos ama a nosotros. En Él vemos que la verdadera libertad no consiste en hacer cualquier cosa, sino en amar hasta el final.

5️⃣ La Eucaristía nos introduce en ese amor. En cada misa, Cristo vuelve a ofrecernos sacramentalmente su entrega. Allí aprendemos que la vida cristiana no se sostiene solo por ideas, sino por gracia recibida.

6️⃣ Por eso necesitamos vivir unidos a los sacramentos. La confesión nos devuelve al amor primero. La comunión nos alimenta. La adoración nos educa el corazón. Sin esa fuente, acabamos viviendo de impulsos, opiniones o heridas.

7️⃣ El P. Mendizábal recordaba que el Corazón de Cristo es fuente de gracia y descanso para el alma. No vamos a Jesús solo para sentirnos mejor, sino para ser transformados por Él.

8️⃣ La reparación entra aquí con mucha naturalidad. Quien se sabe amado por Cristo desea responder a ese amor. Reparar es amar donde otros hieren, adorar donde otros olvidan, ofrecer donde otros pasan de largo.

9️⃣ Hoy se puede reparar con algo pequeño: una comunión bien vivida, una visita al Santísimo, una palabra evitada, una queja ofrecida, un perdón pedido, una paciencia concreta con alguien que cuesta.

🔟 El Corazón de Jesús nos libra de una fe endurecida. Se puede defender la verdad sin perder la caridad. Se puede ser firme sin vivir crispado. Se puede amar a la Iglesia sin convertirlo todo en combate.

1️⃣1️⃣ Pidamos hoy un corazón más unido al suyo: menos cerrado en sí mismo, menos dominado por la reacción inmediata, más disponible a la gracia y más atento a la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Sacerdos en æternum





La receta del café para ser feliz… preparado con el corazón de Santa Teresa

 


Un café compartido puede ser mucho más que un momento agradable…

Puede ser ese pequeño espacio donde el alma se aquieta, donde dejamos por un instante las prisas y aprendices a escuchar. Una cucharada de silencio

Para hacer una pausa en medio del ruido y las prisas de cada día, y abrir espacio a esa voz suave y delicada que habla en lo más profundo del corazón. El silencio no es ausencia ni vacío; es presencia, encuentro y escucha. Es el lugar donde el alma descansa, donde la verdad florece y donde Dios se deja encontrar.

Una taza de confianza

Para acercarnos a Dios tal como somos: con nuestras alegrías y tristezas, con nuestros cansancios y esperanzas, con nuestras luchas y sueños. Él no espera encontrar corazones perfectos, sino corazones sencillos y abiertos que se dejen amar. Allí, en nuestra pobreza y verdad, Dios derrama la riqueza infinita de su amor.

Un poco de humildad

Para reconocer con sencillez que no podemos caminar solos; que necesitamos amor, perdón y compañía. La humildad nos abre a la verdad de lo que somos y nos permite extender la mano para recibir la ayuda que Dios nos ofrece a través de quienes pone a nuestro lado. Es la virtud que nos sostiene cuando el camino se vuelve difícil y nos enseña a confiar más en su gracia que en nuestras propias fuerzas.

Unas gotas de gratitud

Porque quien aprende a agradecer descubre que la vida está llena de dones escondidos. Cada día trae consigo pequeños regalos que a menudo pasan desapercibidos: una sonrisa compartida, una palabra de aliento, la cercanía de la familia, la amistad sincera o una nueva oportunidad para amar y hacer el bien. La gratitud ilumina el corazón y nos ayuda a reconocer, en todo, la silenciosa presencia de Dios.

Y el ingrediente más importante…

Amor. Mucho amor.

Porque, al final, la vida espiritual no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en aprender a amar y dejarnos amar por Dios. Santa Teresa nos recuerda que la oración no es una tarea complicada ni un conjunto de técnicas, sino un encuentro sencillo y lleno de confianza con Aquel que nunca deja de amarnos:

«Oración es tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama.» (Vida 8,5).

Cuando el amor está presente, todo encuentra su lugar: el silencio se vuelve escucha, la humildad se transforma en verdad, la gratitud en alegría y la confianza en abandono. Entonces, el corazón descubre que la verdadera felicidad nace de vivir cada día en amistad con Dios.

Qué hermosa receta para la vida: hablar con Dios con sencillez, dejar que Él transforme nuestro corazón y después llevar ese amor a los demás. Porque la verdadera señal de haber encontrado a Dios no es solo sentir paz… es salir con más ganas de amar, servir y hacer el bien.

Así que hoy prepara tu café despacio.

Añade un poco de fe.
Endulza con esperanza.
Compártelo con amor.

Porque quizá la felicidad no está en tener una vida sin dificultades, sino en descubrir que nunca caminamos solos.

Que nunca nos falte un café caliente, un corazón agradecido y un momento de silencio para recordar que somos profundamente amados.

"Nada te turbe, nada te espante; todo se pasa, Dios no se muda."
— Santa Teresa de Jesús

Ecos Teresianos

“Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta” (Mt 6,6)

Debemos observar con particular fidelidad el precepto evangélico que nos manda permanecer en el recinto de nuestra habitación, cerrada la puerta, para ofrecer la oración a nuestro Padre. Veamos la manera de dar cumplimiento a esa prescripción del Señor.

Oramos en nuestro aposento cuando ponemos a cubierto nuestro corazón de la realidad circundante, apartándole del tumulto y turbación de pensamientos y cuidados que le solicitan. Luego, en la soledad de nuestro interior, manifestamos al Señor en secreto y familiarmente nuestras necesidades. Orar con la puerta cerrada es dirigir nuestras súplicas sin mover los labios, en un perfecto silencio, a Aquel que penetra los corazones, no menos que las palabras.

Oramos en secreto cuando hablamos a sólo Dios con el corazón y la aplicación de la mente, no manifestando más que a Él nuestras cuitas, de tal suerte que ni siquiera las potestades enemigas pueden columbrar nuestra plegaria. Esta es la razón del profundo silencio que debemos observar en la oración. Porque no sólo no debemos distraer a los circunstantes con nuestro susurro y clamor, turbando su atención, sino también celar a nuestros enemigos – que multiplican entonces sus asaltos – el fin e intención de nuestras plegarias. Con esto ponemos en práctica el precepto que dice: “Guarda las confidencias de tus labios aun de la esposa que duerme en tu seno”. (Mi 7,5)

 San Juan Casiano (c. 360-435)

fundador de la Abadía de Marsella
De la oración, XXXV (Conferencia IX, trad. L. y P. Sansegundo en Juan Casiano. Colaciones, 1957, p. 224, rev. Monjes Benedictinos de Medellín - Colombia)

Granito de arena de Esperanza...Miércoles Josefino

 San José, tú conoces el sacrificio y la dignidad del trabajo. Acompaña a quienes se levantan cansados cada día, a quienes trabajan con esfuerzo, sacrificio y necesidad, aun cuando su corazón se siente agotado.

Dales fortaleza y sostenlos.

🌿🌿🌿
Quien ama a María, encuentra en San José un compañero seguro en el camino hacia Dios.



🌿🌿🌿
San José, te encomiendo a esa persona especial.
Tú sabes lo que está necesitando, lo que está viviendo en silencio y lo que su corazón no puede expresar.
Intercede por él (ella) ante Jesús y María



San José, cuídanos como cuidaste a Jesús.
Protégenos de todo peligro, guía nuestros pasos en la voluntad de Dios y ayúdanos a permanecer fieles a Él hasta el final.

martes, 16 de junio de 2026

Granito de arena de Esperanza...Frases de Santos

 

"En la Cruz está la vida y el consuelo, y ella sola es el camino para EI Cielo"
(Santa Teresa de Ávila)

🌱🌱🌱
"Pensar que el Señor se quedó con nosotros en el Santísimo Sacramento me infunde un deseo de no
separarme de EI en la vida"
(Santa María Micaela del Santísimo Sacramento)

🌱🌱🌱
«Jóvenes, si queréis perseverar en el camino del cielo, os recomiendo tres cosas: acercaos con frecuencia al Sacramento de la Confesión, recibid la Santa Comunión y escoged un confesor a quien podáis abrir vuestro corazón»
(DON BOSCO)

🌱🌱🌱
"EI Rosario me ha acompañado en los momentos de alegría y en los de tribulación. A él he confiado tantas preocupaciones y en él siempre he encontrado consuelo"
San Juan pablo Magno

«Amor al prójimo: apoyo mutuo y bondad; extraer del manantial de la Bondad divina»


«Por tanto, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe.» (Ga 6:10). El tiempo presente, el del curso de la vida, es el tiempo de siembra. Durante esta vida, podemos sembrar lo que queramos. Cuando esta vida se acabe, se nos quitará el tiempo de actuar. Es por eso que el Salvador dice: «Trabajen mientras sea de día. La noche vendrá, y nadie podrá trabajar más» (Jn 9:4).

Que estemos enfermos o en buena salud, que seamos humildes o poderosos, pobres o ricos, que estemos hambrientos o saciados, hagamos todo en el nombre del Señor, con paciencia y ecuanimidad. Entonces se cumplirá en nosotros lo que dice la Escritura: «en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman» (Rm 8:28). La ira misma, la pasión, la ofensa recibida que exige ser vengada, se convierten, para mí, si me domino, si conservo el silencio por Dios, si a través cada dolorosa inyección y bajo la presión de los vicios, pienso en Dios que me mira desde arriba, en múltiples ocasiones de triunfo.

No digamos, cuando hacemos donaciones: esto es para un amigo, a este lo ignoro; este otro tiene derecho a recibir, este debe ser menospreciado. Imitemos nuestro Padre, «que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos» (Mt 5:45). La fuente de su Bondad está abierta a todos. Esclavo u hombre libre, plebeyo o rey, rico y pobre, todos beben igualmente. La lámpara encendida en la casa ilumina a todos sin distinción.
San Juan el Evangelista al final de su vida, cuando no podía más expresar su pensamiento por medio de un discurso continuo, no decía otras palabras que estas: «Mis niñitos, ámense los unos a los otros» (Jn 13:34). Al final, sus discípulos le dijeron: « ¿Maestro, porque nos dices siempre esto?» Juan respondió por esta sentencia digna de él: «Porque es el precepto del Señor; que solamente lo cumplamos, y eso basta»

San Jerónimo (347-420)
sacerdote, traductor de la Biblia, doctor de la Iglesia
«Comentario de la Epístola a los Gálatas» (Trad. ©Evangelizo.org)

lunes, 15 de junio de 2026

Sagrado Corazón de Jesús

 El Corazón de Jesús no es una devoción más: es una escuela diaria para aprender a vivir desde dentro, dejándonos amar, sanar y enviar por Cristo.


1️⃣ Cuando miramos el Corazón de Jesús, miramos el centro de su Persona: su amor humano y divino, su entrega, su misericordia, su obediencia al Padre y su deseo de salvarnos.

2️⃣ La fe cristiana no consiste solo en admirar a Jesús desde lejos. Consiste en entrar en comunión con Él. Y esa comunión nace de su Corazón abierto, del costado traspasado, de donde brotan la sangre y el agua.

3️⃣ El Corazón traspasado nos recuerda que Dios no nos salva desde la distancia. Nos salva entrando en nuestra historia, cargando con nuestro pecado y entregándose hasta el extremo.

4️⃣ Por eso esta devoción tiene una gran fuerza reparadora. Reparar no es “pagar” a Dios como si pudiéramos compensarle. Es responder con amor al Amor herido por la indiferencia, el pecado y la ingratitud.

5️⃣ El P. Mendizábal insistía mucho en que el Corazón de Cristo es fuente de gracia. No se trata de apretar los dientes, sino de dejarnos transformar por Él. La santidad empieza cuando dejamos que Cristo ame en nosotros.

6️⃣ La reparación cristiana no nace del miedo, sino del amor. Quien se sabe amado por Cristo desea consolar su Corazón, vivir en gracia, frecuentar los sacramentos y ofrecer su vida por la conversión de los pecadores.

7️⃣ El Corazón de Jesús nos lleva siempre a la Eucaristía. Allí está Cristo vivo, entregado, presente. Allí su Corazón sigue latiendo sacramentalmente por la Iglesia y por el mundo.

8️⃣ Por eso los primeros viernes de mes no son una práctica piadosa sin más. Son una pedagogía de perseverancia: confesión, comunión reparadora, amor eucarístico y deseo sincero de vivir unidos al Señor.

9️⃣ Hoy podemos hacer algo concreto: visitar al Santísimo, rezar una comunión espiritual, ofrecer una contrariedad, pedir perdón por nuestros pecados o vivir el día con más mansedumbre.

🔟 El Corazón de Jesús no nos encierra en una devoción intimista. Nos envía. Quien descansa en su Corazón aprende a mirar a los demás con paciencia, misericordia y verdad.

1️⃣1️⃣ En un mundo lleno de ruido, heridas y dureza, volver al Corazón de Cristo es una llamada urgente: dejar que Él ordene nuestros afectos, purifique nuestros deseos y haga nuestro corazón semejante al suyo.

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.





Reflexión de hoy...

 La Palabra de Dios de hoy nos pone delante una escena durísima: Nabot pierde la vida porque un rey desea su viña y porque una reina convierte el poder en abuso.

Y, junto a eso, Jesús nos enseña a romper la lógica de la venganza.

1️⃣ Ajab quiere la viña de Nabot.

No parece pedir algo terrible: ofrece otra viña o dinero.
Pero Nabot responde desde algo más profundo: «Dios me libre de cederte la herencia de mis padres».
No todo se compra.
No todo se vende.
No todo tiene precio.

2️⃣ La viña no era solo una propiedad.

Era herencia recibida.
Era memoria.
Era vínculo con los padres.
Era fidelidad a una historia.
Nabot no defiende un capricho: defiende algo sagrado.
También hoy hay herencias espirituales que no deberíamos vender tan fácilmente.

3️⃣ Ajab se enfada porque no consigue lo que quiere.

Se acuesta, se vuelve de cara a la pared y se niega a comer.
Es una imagen muy actual: el poder inmaduro, cuando no obtiene lo que desea, se victimiza.
El problema no es solo querer algo.
El problema es quererlo sin justicia.

4️⃣ Jezabel da un paso más.

Convierte el deseo de Ajab en violencia organizada.
Usa cartas, sellos, autoridades, falsas acusaciones y una apariencia religiosa.
Incluso proclama un ayuno.
A veces la injusticia se disfraza de procedimiento correcto.
Y eso la hace todavía más peligrosa.

5️⃣ Nabot es acusado falsamente.

Lo sacan fuera de la ciudad y lo matan.
El inocente termina aplastado por una mentira bien organizada.
Por eso el salmo de hoy grita con tanta verdad:
«Atiende a mis gemidos, Señor».
Hay gemidos que solo Dios escucha del todo.

6️⃣ El salmo recuerda algo esencial:

Dios no ama la maldad.
El mentiroso, el sanguinario y el traicionero no tienen la última palabra.
Podrán ocupar la viña.
Podrán firmar documentos.
Podrán parecer vencedores.
Pero Dios ve.
Y Dios juzga.

7️⃣ El Evangelio podría parecer desconcertante:

«No hagáis frente al que os agravia».
Jesús no está bendiciendo la injusticia.
No está diciendo que el mal dé igual.
No está pidiendo al inocente que llame bien al abuso.
Está enseñando otra libertad: no dejar que el mal nos convierta en malos.

8️⃣ «Ojo por ojo, diente por diente» ponía límite a la venganza.

Jesús va más lejos: corta la cadena desde dentro del corazón.
El discípulo no responde al agravio con otro agravio.
No porque sea débil.
Sino porque pertenece a Cristo.
Y Cristo vence de otra manera.

9️⃣ Presentar la otra mejilla no significa amar la humillación.

Significa no entregar el alma al odio.
Dar el manto no significa legitimar al injusto.
Significa que la caridad cristiana no nace del cálculo, sino de un corazón libre.
Solo el Corazón de Cristo puede enseñar esto.

🔟 La primera lectura muestra lo que ocurre cuando el deseo se separa de la justicia.

El Evangelio muestra lo que ocurre cuando el corazón se deja purificar por la gracia.
Ajab toma posesión de una viña.
Cristo quiere tomar posesión de nuestro corazón.

1️⃣1️⃣ Hoy podemos preguntarnos:

¿Qué viña no debo vender?
¿Qué herencia de fe debo custodiar?
¿Qué deseo mío necesita conversión?
¿Qué agravio estoy respondiendo desde la carne y no desde Cristo?
La Palabra de Dios no adorna el día: lo juzga, lo ilumina y lo salva.

1️⃣2️⃣ Nabot muere por fidelidad a una herencia.

Jesús entregará su vida para darnos una herencia eterna.
Por eso el cristiano no vive desde la venganza, sino desde la Cruz.
No porque el mal sea pequeño.
Sino porque la gracia de Dios es mayor.

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