Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

miércoles, 22 de julio de 2026

¡Con tu resurrección, nos has resucitado!


Señor, aunque has comparecido ante el tribunal cuando eras juzgado por Pilato, no has abandonado el trono sobre el que reinas con el Padre. Resucitado de entre los muertos, has liberado al mundo de la esclavitud del Enemigo para salvarnos.

Señor, cuando fuiste clavado sobre la cruz y has extendido tus dos brazos, con tu fuerza has abolido la potencia de la muerte y, descendido en el Hades has liberado las almas. Con tu resurrección, has resucitado también nuestras almas y las has iluminado.

Señor, aunque fuiste depositado en la tumba como un cadáver, los soldados te guardaban como a un rey adormecido, como a un tesoro de vida que ellos habrían sellado. Pero tu has resucitado y has acordado la incorruptibilidad a nuestras almas.

Señor, proclamando tu Resurrección, tu ángel ha atemorizado a los guardias, y ha interpelado a las mujeres con estas palabras: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? ¡Ha resucitado, ya que es Dios y ha dado la vida al universo!”

 Monasterio Santa Catalina del Monte Sinaí

Liturgia de las Horas, s. IX
Stiqueras de la Resurrección (SC 486. Sinaiticus graecus 864, Cerf, 2004), trad. sc©evangelizo.org

Santa María Magdalena

 


Santa María Magdalena amó profundamente a Cristo. Permaneció junto a él en la cruz, volvió a buscarlo cuando todo parecía terminado y lloró ante el sepulcro vacío. El Corazón de Jesús quiso corresponder a aquel amor apareciéndose primero a ella una vez resucitado.


1️⃣ María Magdalena había recibido mucho de Cristo. Él la había liberado, restaurado y devuelto a una vida nueva. Su amor nació de la gratitud de quien sabe que ha sido rescatado.

2️⃣ Desde entonces, Jesús ocupó el centro de su existencia. Lo siguió por los caminos de Galilea y permaneció fiel cuando muchos desaparecieron.

3️⃣ En el Calvario, María no podía cambiar nada. Cristo estaba crucificado y la esperanza parecía apagarse. Pero ella siguió allí. El amor verdadero sabe permanecer incluso cuando no encuentra respuestas.

4️⃣ Después de la sepultura, regresó cuando todavía estaba oscuro. No fue movida por la curiosidad, sino por la necesidad de estar cerca de aquel a quien amaba.

5️⃣ Encontró la piedra retirada y el sepulcro vacío. Su dolor se hizo todavía más profundo. Había perdido al Maestro y ahora pensaba que también le habían arrebatado su cuerpo.

6️⃣ Pedro y Juan acudieron, contemplaron el sepulcro y regresaron. María permaneció llorando. Su amor no le permitía marcharse.

7️⃣ San Gregorio Magno explica que precisamente por esa perseverancia mereció encontrar a quien buscaba. Se quedó porque amaba, y el amor la mantuvo allí cuando todo parecía inútil.

8️⃣ Entonces apareció Jesús. María no lo reconoció al principio. Pensó que era el jardinero. El Resucitado estaba ante ella, pero sus lágrimas todavía le impedían verlo.

9️⃣ Cristo pronunció una sola palabra: «María». No necesitó explicar nada más. Al escuchar su nombre, ella reconoció la voz del Corazón que la había sanado y amado.

🔟 Jesús conocía sus lágrimas, su fidelidad y su búsqueda. Por eso su aparición no fue un encuentro frío ni distante. Fue la respuesta personal de Cristo al amor de una mujer que no había dejado de buscarlo.

1️⃣1️⃣ Según el testimonio evangélico, el Resucitado quiso manifestarse primero a María Magdalena. El Corazón de Jesús correspondió así a quien había permanecido junto a él hasta el final.

1️⃣2️⃣ Aquella aparición fue un privilegio inmenso, pero también una misión. Cristo no se dejó encontrar para que María guardara aquella alegría para sí.

1️⃣3️⃣ Jesús le dijo: «Ve a mis hermanos». El amor recibido debía convertirse en anuncio. La primera testigo del Resucitado fue enviada a llevar esperanza a los discípulos escondidos por el miedo.

1️⃣4️⃣ María llegó ante ellos con una frase que contiene toda la fe pascual: «He visto al Señor». Ya no buscaba a un muerto. Había encontrado al Viviente.

1️⃣5️⃣ El Corazón de Jesús sigue correspondiendo al amor de quienes lo buscan. Quizá no siempre como esperamos, pero nunca permanece indiferente ante la fidelidad, la oración y las lágrimas ofrecidas con amor.

1️⃣6️⃣ María Magdalena nos enseña que amar a Cristo significa permanecer junto a él en la cruz, buscarlo en la oscuridad y dejarnos enviar cuando pronuncia nuestro nombre.

El amor de María Magdalena buscó a Cristo junto al sepulcro. El Amor de Cristo salió a su encuentro, la llamó por su nombre y la convirtió en mensajera de la Resurrección.

Santa María Magdalena, Apóstol de los apóstoles



Hoy, fiesta de santa María Magdalena, la liturgia nos ofrece uno de los prefacios más hermosos del Misal Romano: «Apóstol de los apóstoles».


Un texto que resume su amor a Cristo, su fidelidad junto a la cruz y la misión que recibió del Resucitado.

1️⃣ Este prefacio propio fue promulgado en 2016, cuando la celebración de santa María Magdalena fue elevada de memoria obligatoria a fiesta.

No apareció, por tanto, en la tercera edición típica del Misal bajo Benedicto XVI, sino que fue incorporado posteriormente.

2️⃣ El título del prefacio es profundamente tradicional: «Apóstol de los apóstoles».

No significa que María Magdalena perteneciera al colegio de los Doce, sino que recibió de Cristo una misión dirigida precisamente a ellos.

3️⃣ El prefacio comienza con una afirmación bellísima sobre Dios Padre:

«Tu misericordia no es menor que el poder».
La omnipotencia de Dios no se manifiesta únicamente creando y gobernando, sino también perdonando, restaurando y levantando al pecador.

4️⃣ María Magdalena es testigo de esa misericordia.

Su grandeza no nace de una perfección construida por ella misma, sino de haber sido alcanzada, transformada y enviada por Cristo.

5️⃣ El prefacio resume su camino con cuatro expresiones:

«Lo había amado en vida».
«Lo había visto morir en la cruz».
«Lo buscaba yacente en el sepulcro».
«Fue la primera en adorarlo resucitado».

6️⃣ María Magdalena amó a Cristo cuando era seguido por las multitudes, pero también permaneció cuando llegó la cruz.

El verdadero amor no desaparece cuando desaparecen los consuelos.

7️⃣ Después de la muerte del Señor, María continúa buscándolo.

No se resigna ante el sepulcro. Su amor persevera incluso cuando todo parece terminado.
Y precisamente porque busca, encuentra.

8️⃣ María Magdalena es la primera en adorar al Señor resucitado.

La Pascua no es para ella una teoría, una idea o un recuerdo consolador. Es el encuentro real con Cristo vivo.

9️⃣ Pero el encuentro con el Resucitado no termina en una experiencia privada.

Jesús le dice: «Ve a mis hermanos y diles».
Quien ha encontrado verdaderamente a Cristo es enviado a anunciarlo.

🔟 El prefacio afirma que Cristo «la honró ante los apóstoles con el oficio del apostolado».
María recibe la misión de anunciar a los apóstoles la noticia que ellos llevarán después hasta los confines del mundo.

1️⃣1️⃣ Su misión no consiste en ocupar el lugar de los apóstoles, sino en obedecer fielmente el encargo recibido.

Su anuncio es sencillo y decisivo:
«He visto al Señor».

1️⃣2️⃣ La antífona de comunión completa su retrato espiritual:

«Nos apremia el amor de Cristo».
Eso fue santa María Magdalena: una mujer alcanzada por la misericordia, sostenida por el amor y enviada por el Resucitado.

La fiesta de santa María Magdalena nos recuerda que la vida cristiana nace del encuentro con Cristo vivo.

Quien lo ama permanece junto a la cruz. Quien lo busca lo encuentra. Y quien lo encuentra no puede guardárselo para sí.

También nosotros estamos llamados a anunciar, con nuestra vida y nuestra palabra:

«¡He visto al Señor!».





Miércoles de San José


GLORIOSO SAN JOSÉ, benditas tus manos que arrullaron la salvación.
Bendito tu corazón que custodió el corazón de nuestro salvador.
Bendita obediencia que en el silencio guio los pasos de nuestro amado Señor.

San José, ruega por nosotros.
Fuente:NazarethFamilia ن

🌿🌿🌿

*San José, recuérdame que todo en este mundo es pasajero.
Ayúdame a vivir cada día con la mirada puesta en el Cielo, donde la verdadera felicidad es eterna.

*San José, tú conoces mi debilidad y todo aquello que desagrada a Dios y me aparta de Él.
Ayúdame a vencerlo, a crecer en la virtud y a permanecer fiel a Cristo cada día.

*San José, ayúdame a no avergonzarme nunca de Cristo.
Dame la valentía para vivir y anunciar el Evangelio sin miedo, para que mi vida dé abundantes frutos para Dios

martes, 21 de julio de 2026

Nadie querría.


Nadie querría caer en las manos del demonio. Pero con el pecado, nos ponemos en sus manos, y aunque digamos que no queremos pertenecer al diablo, si pecamos, ya somos suyos.

Es que el pecado es atractivo y el demonio nunca se presenta con su horrible aspecto. Si lo hiciera, todos huiríamos de él. Sino que Satanás se esconde bajo la apariencia seductora de la carne, detrás del oro y el dinero, y bajo el aspecto de la supremacía. Y así, por querer gozar, tener y mandar, no nos damos casi cuenta y vamos a desembocar en las fauces diabólicas.

Es interesante ver el ejemplo de Eva en el Paraíso terrenal. En apariencia el fruto prohibido no era malo. Incluso parecía bueno a la vista, apetitoso, y en apariencia no tenía nada de malo. Pero mordió y comió de él, y vino la Desgracia para ella y para su descendencia.

También el pecado y, especialmente la tentación, no tienen en apariencia nada de malo. No parece algo tan prohibido. Es decir, nos parece que Dios nos prohíbe el pecado por capricho y arbitrariedad. Como le sugirió la serpiente a Eva, que Dios no quería que comieran del fruto prohibido porque se les abrirían los ojos y serían semejantes a Dios. Y la pobrecita comió, y vino la oscuridad a su alma.

Nosotros también caemos en lo mismo que Eva, porque como dice la Escritura: “No hay nada nuevo bajo el sol”, y la tentación siempre es igual, porque igual es el demonio, que actúa siempre de la misma manera. Y la naturaleza humana es siempre la misma, siempre está herida por el pecado original, y es una presa fácil para el Maligno.

Entonces ¿qué hacer? Decir como los Santos: ¡Morir, antes que pecar!” Porque el pecado es el verdadero mal, y con apariencia de bien, nos clava el puñal del mal en el alma y la mata, poniéndola en manos del demonio, y condenándonos al Infierno eterno.

Y si nos parece una exageración, que el pecado no es tan grave; miremos a la cruz de Jesús, para ver lo que le ha costado a un Dios, redimir del pecado a los hombres.

El pecado se presenta como algo lindo, pero esconde el horripilante hocico de Satanás, que nos odia y quiere nuestra ruina temporal y eterna. Aunque a veces pospone darnos la ruina temporal, esperando malignamente darnos para siempre la ruina eterna. Pensemos en ello.

Señor, renueva nuestro corazón con Tu misericordia.

 Tú transformas el corazón endurecido, levantas al que ha caído, consuelas al afligido y devuelves la paz a quien pone su confianza en Ti.

ORACIÓN DE LA MAÑANA

(Cf. Salmo 84)
Martes, 21 de julio de 2026

Señor mío y Dios mío:

Hoy el salmista nos invita a contemplar la grandeza de Tu misericordia. Tú eres un Dios que perdona, que restaura, que devuelve la esperanza y hace renacer la alegría en el corazón de quienes vuelven a Ti con humildad. Nunca te cansas de tendernos la mano ni de ofrecernos un nuevo comienzo.

Al despertar en este nuevo día, queremos abrirte de par en par las puertas de nuestra alma. Sana nuestras heridas, fortalece nuestra fe y aparta de nosotros todo aquello que nos aleja de Tu voluntad. Que no vivamos prisioneros del desánimo, del orgullo o del pecado, sino que experimentemos la libertad que nace de Tu amor y de Tu perdón.

Haz que nunca olvidemos que Tu misericordia no es un signo de debilidad, sino la manifestación más hermosa de Tu poder. Tú transformas el corazón endurecido, levantas al que ha caído, consuelas al afligido y devuelves la paz a quien pone su confianza en Ti.

Danos la gracia de ser también misericordiosos con nuestros hermanos. Que sepamos perdonar como Tú nos perdonas, comprender como Tú nos comprendes y amar como Tú nos amas. Que nuestras palabras lleven consuelo, nuestras acciones siembren esperanza y nuestra vida refleje la alegría de quienes han sido alcanzados por Tu gracia.

Hoy queremos caminar contigo, Señor. Muéstranos el sendero de la santidad y haz que cada paso nos acerque más a Ti. Que, sostenidos por Tu misericordia, vivamos este día con un corazón agradecido, confiando plenamente en que Tu amor siempre es más grande que nuestras fragilidades.




Ángel del Señor


 

Ángel del Señor, que por orden de Su piadosa providencia eres mi guardián, custódiame, ilumina mi entendimiento, dirige mis afectos, gobierna mis sentimientos, para que jamás ofenda a Dios nuestro Señor.

Santo Ángel sé mi segador para apartar la cizaña de mi vida.
Ámen

lunes, 20 de julio de 2026

El arrepentimiento ... Sobre el cuidado del alma.

 El arrepentimiento debe ser sincero y debe ir acompañado de un corazón quebrantado, una disposición del alma para el cumplimiento de la justicia divina y la confesión de los pecados.

El verdadero arrepentimiento es un cambio en las obras cometidas, un cambio en la vida moral, un cambio para mejor y un completo abandono de la vida anterior y del pecado.

El verdadero arrepentimiento, dice San Clemente de Alejandría, "no es tanto reconocerse culpable de estos pecados, sino sobre todo extirparlos del alma, por los cuales uno se condena a muerte'. Y también: "Recurrir al arrepentimiento significa dejar de pecar y no mirar atrás".

- San Nectario de Egina: Sobre el cuidado del alma.
Fuente:SERVIAM

Señor, que nuestra vida sea una ofrenda agradable a Tus ojos.

ORACIÓN DE LA MAÑANA

(Cf. Salmo 49)
Lunes, 20 de julio de 2026

Señor mío y Dios mío:

Hoy el salmista nos recuerda que Tú no buscas únicamente palabras hermosas ni gestos externos de religiosidad. Lo que verdaderamente deseas es un corazón que te ame, te obedezca y procure vivir conforme a Tu santa voluntad. Tú miras lo más profundo de nuestra alma y conoces la sinceridad con la que caminamos a Tu lado.

Concédenos la gracia de vivir una fe auténtica, que no se limite a lo que decimos, sino que se refleje en nuestras decisiones, en nuestra manera de tratar a los demás y en la fidelidad con la que cumplimos Tu Evangelio. Que nuestras obras den testimonio de que pertenecemos a Cristo y deseamos seguirlo cada día.

Líbranos de la incoherencia, de creer que basta con hablar de Ti sin dejarnos transformar por Tu gracia. Haz que cada oración nos acerque más a Ti, que cada Eucaristía fortalezca nuestro corazón y que cada acto de caridad sea una respuesta agradecida al inmenso amor que nos has manifestado.

Enséñanos a ofrecerte el sacrificio que más te agrada: un corazón humilde, agradecido y dispuesto a hacer el bien. Que sepamos reconocerte en quienes más nos necesitan y que nunca nos falte la valentía para vivir la verdad con amor, aun cuando el camino resulte exigente.

Al comenzar este nuevo día, ponemos nuestra vida en Tus manos. Guíanos por el camino de Tu voluntad, para que, sostenidos por Tu gracia, podamos caminar con alegría hacia la santidad y experimentar la promesa que hoy nos haces: Tú salvas a quien procura vivir según Tu voluntad.

El signo de Jonás


Habéis sido conducidos por la mano a la piscina bautismal, tal como Cristo que tenéis delante de vosotros [en esta iglesia del Santo Sepulcro] fue conducido de la cruz al sepulcro. Después de haber confesado vuestra fe en el Padre, en el Hijo y en el Santo Espíritu, tres veces habéis sido sumergidos en el agua y habéis salido de ella: ha sido el símbolo de los tres días de Cristo en el sepulcro. De la misma manera que nuestro Salvador pasó tres días y tres noches en el corazón de la tierra, igualmente vosotros, al salir del agua después de la inmersión, habéis imitado a Cristo... Cuando habéis sido sumergidos estabais en la noche, no veíais nada; pero al salir del agua os habéis encontrado como en pleno día. En un mismo movimiento habéis muerto y habéis nacido; esta agua que salva ha sido al mismo tiempo vuestro sepulcro y vuestra madre...
¡Extraña paradoja! No estamos verdaderamente muertos, no hemos sido sepultados verdaderamente, no hemos sido realmente crucificados y resucitados; pero si bien nuestra imitación no es más que una imagen, la salvación, es una verdadera realidad. Cristo ha sido realmente crucificado, realmente sepultado y ha resucitado verdaderamente, y toda esta gracia se nos da a fin de que, participando e imitando sus sufrimientos, ganemos realmente la salvación. ¡Qué inmenso amor a los hombres! Cristo ha recibido los clavos sobre sus manos puras y le han sido causa de sufrimiento; y yo, sin sufrimiento ni esfuerzo, por esta participación me concede la gracia de la salvación...

Lo sabemos bien: si el bautismo nos purifica de nuestros pecados y nos da el Espíritu Santo, él es también la réplica de la Pasión de Cristo. Por eso Pablo proclama: «No lo sabéis: todos nosotros que hemos sido bautizados en Cristo, es en su muerte que hemos sido bautizados. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte»... Todo lo que Cristo ha sufrido, es por nosotros y nuestra salvación, en realidad y no en apariencia... Y nosotros debemos participar en sus sufrimientos. Por esto Pablo continua proclamando: «Si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya» (Rm 6, 3-5).

 San Cirilo de Jerusalén (313-350) obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia Catequesis nº 20 / 2ª mistagógica

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