“Todo lo que pidan al Padre, él se los concederá en mi Nombre” (Jn 16,23). El Padre es Dios, somos sus hijos y le decimos cada día “Padre Nuestro, que estás en el cielo…”. Nosotros, los hijos, tenemos que pedir al Padre el amor. Todo lo que existe, no es nada fuera del amor de Dios.
Amar a Dios es, entonces, algo que tenemos que pedir. Amemos a Dios como el pequeño de la cigüeña ama a su padre. Se dice que el pequeño de la cigüeña ama mucho a su padre y cuando envejece lo reconforta y lo alimenta. De la misma forma, en este mundo que envejece, debemos reconfortar a nuestro Padre. Reconfortarlo en sus hijos débiles y enfermos, alimentarlo en los pobres e indigentes. Jesús dijo que lo que habremos hecho por el más pequeño entre los suyos, es a él que lo habremos hecho (cf. Mt 25,40). Si pedimos el amor, el Padre que es Amor nos dará lo que es él mismo: Amor.
San Antonio de Padua (1195-1231)
franciscano, doctor de la Iglesia
Sermón del 5º Domingo después de Pascua (Une Parole évangélique, Franciscaines, 1995), trad. sc©evangelizo.org