Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

martes, 8 de septiembre de 2026

Oración en el Día de la Natividad de la Santísima Virgen María



¡Oh dulce María! que con tu feliz nacimiento has consolado al mundo, alegrado al cielo y aterrado al infierno; has dado ayuda a los caídos, consuelo a los tristes, salud a los enfermos y alegría a todos, haz florecer en nosotros aquellas virtudes con las que podamos hacernos siempre más agradables a tus ojos.

Amén.

Celebramos el nacimiento de María, aurora de nuestra salvación. Ella no es sólo Madre de Jesús, es Madre nuestra.

Fuente:El Sembrador Nueva Evangelización


Virgen María, ¡eres la más preciosa de las alegrías!


¡Oh Virgen, Diadema y Manto púrpura del Rey!
Fuente sellada, Flor que crece y se abre,
Tan diversa de Adán, padre de los hombres.
Salvadora del género humano,
Tú que trajiste al mundo a la nueva Luz,
Reúne también a los miembros de tu Hijo, en una celestial harmonía.
¡Oh gloriosa Madre de la santa Medicina!
Por tu Hijo inmaculado, tú has suavizado las heridas amargas de la muerte,
Que engendra Eva con el tormento de las almas.
Has aniquilado a la muerte y construido la casa de la vida.
¡Intercede por nosotros ante tu Hijo, Estrella del Mar!
¡Oh Mediadora, Dispensadora de vida, Joya de nuestras fiestas!
Eres la más preciosa de las alegrías que no tendrán fin.
Reza por nosotros, dulce Virgen María.

 Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179) abadesa benedictina y doctora de la Iglesia

Oraciones de santa Hildegarda (“Hildegarde de Bingen, Prophète et docteur pour le troisième millénaire”, Béatitudes, 2012), trad. sc©evangelizo.org

Hoy, 8 de septiembre, la Iglesia celebra la Natividad de la Virgen María

 



Y por eso también es fiesta de muchísimas advocaciones marianas conocidas tradicionalmente como «Vírgenes encontradas».

¿Por qué tantas se celebran precisamente hoy?

1️⃣ Se llama «Virgen encontrada» a una imagen de la Virgen cuyo origen está unido, según la tradición, a un hallazgo extraordinario.

Aparecen en cuevas, fuentes, árboles, montañas, campos o lugares apartados, muchas veces descubiertas por pastores, campesinos o niños.

2️⃣ Buena parte de estas tradiciones se desarrollaron durante la Edad Media.

En algunos relatos las imágenes habían sido escondidas durante invasiones o persecuciones para evitar su profanación y, generaciones después, fueron halladas de nuevo.
Historia y tradición popular se entremezclan muchas veces.

3️⃣ El hallazgo solía señalar un lugar.

Allí se levantaba una ermita o un santuario, comenzaban las peregrinaciones y aquella imagen terminaba convirtiéndose con frecuencia en patrona de una localidad, una comarca o incluso de territorios enteros.

4️⃣ ¿Y por qué el 8 de septiembre?

Porque en muchísimos casos se desconocía el día exacto en que aquella imagen había sido encontrada.
La fiesta se hizo coincidir entonces con una de las grandes celebraciones marianas del calendario: la Natividad de la Virgen María.

5️⃣ La coincidencia tiene además una hermosa fuerza simbólica.

El 8 de septiembre celebramos que María nace y entra en nuestra historia.
Y las Vírgenes encontradas recuerdan también el momento en que una comunidad cristiana sintió que María había entrado de un modo especial en su propia historia.

6️⃣ Naturalmente, no existen muchas Vírgenes.

Es siempre la misma Virgen María, Madre de Dios.
Cambian las advocaciones, las imágenes, los santuarios, los vestidos y las historias.
La Madre es una.

7️⃣ De ahí que el 8 de septiembre sea uno de los días más intensamente marianos del calendario popular español.

Desde hace siglos se celebran romerías, procesiones, novenas, danzas, ofrendas y peregrinaciones en torno a multitud de advocaciones.

8️⃣ Los relatos de los hallazgos no siempre pueden demostrarse históricamente en todos sus detalles.

Pero eso no los hace irrelevantes.
Hablan de siglos de fe transmitida, de pueblos que levantaron santuarios, rezaron ante una imagen y enseñaron a sus hijos a llamar Madre a la Virgen María.

9️⃣ Quizá por eso resulta tan hermoso que tantas advocaciones celebren hoy su fiesta.

Mientras la Iglesia recuerda el nacimiento de María, innumerables comunidades recuerdan también que, en algún momento de su historia, sus antepasados sintieron que la Virgen había querido «dejarse encontrar».

Hoy la Iglesia celebra la Natividad de la Bienaventurada Virgen María

 .



Hoy la Iglesia celebra la Natividad de la Bienaventurada Virgen María.

Las lecturas no nos cuentan cómo fue el nacimiento de María. Nos muestran algo más profundo: qué significa su nacimiento dentro de la historia de la salvación.
María nace porque se acerca Cristo.

1️⃣ Para la primera lectura, la liturgia ofrece dos opciones.

Una de ellas es la profecía de Miqueas: «Y tú, Belén Efratá… de ti voy a sacar al que ha de gobernar Israel».
La mirada está puesta directamente en el Mesías.

2️⃣ En esa profecía aparece una expresión muy significativa:

«Hasta que dé a luz la que debe dar a luz».
La liturgia escucha hoy estas palabras celebrando el nacimiento de María porque aquella niña que nace está llamada a ser la Madre del Mesías esperado.

3️⃣ Miqueas anuncia además cómo será aquel que ha de venir:

«Se mantendrá firme, pastoreará con la fuerza del Señor».
Y termina con unas palabras extraordinarias:

«Él mismo será la paz».

María entra en la historia porque por medio de ella vendrá Cristo, nuestra paz.

4️⃣ La otra opción para la primera lectura es de la carta a los Romanos:

«A los que aman a Dios todo les sirve para el bien».
San Pablo nos introduce así en el misterio del designio providente de Dios.
Nada en la historia de la salvación sucede al azar.

5️⃣ Dios «conoció», «predestinó», «llamó», «justificó» y «glorificó».

La liturgia nos invita a contemplar también la vida de María dentro de ese designio divino.
Desde el principio, su existencia está orientada a una misión única: ser la Madre del Hijo de Dios hecho hombre.

6️⃣ Sea cual sea la primera lectura elegida, el Evangelio nos conduce al centro de la fiesta.

San Mateo comienza con una larga genealogía:
«Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán».
Dios ha querido entrar en una historia humana real.

7️⃣ Esa genealogía contiene santos y pecadores, grandezas y miserias, fidelidades y traiciones.

Dios no salva al hombre desde fuera de la historia.
Entra en ella.
Y al final de aquella larga sucesión aparece María.

8️⃣ Después de tantos «engendró», san Mateo introduce una fórmula diferente:

«Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo».
La cadena cambia precisamente al llegar a María.
Y cambia porque comienza algo nuevo.

9️⃣ Jesús pertenece verdaderamente a la historia de Israel y a la descendencia de David.

Pero su concepción no procede simplemente de la generación humana:
«La criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo».
En María, Dios mismo irrumpe de una manera nueva en nuestra historia.

🔟 Por eso la Iglesia se alegra hoy por el nacimiento de una niña.

Todavía no ha nacido Jesús. Todavía no está Belén iluminado por los ángeles. Todavía no han llegado los pastores.
Pero ha nacido la Madre del Salvador.
La aurora anuncia que se acerca el día.

1️⃣1️⃣ Y por eso el Aleluya de hoy resume admirablemente toda la fiesta:

«Dichosa eres, santa Virgen María, y digna de toda alabanza: de ti salió el sol de justicia, Cristo, nuestro Dios».
Celebramos a María porque toda su existencia conduce a Cristo.
Hoy nace la aurora.
El Sol está cerca.

Fuente:https://x.com/SacerdosMariae

Reina del Cielo

 


María es Reina, pero su trono nunca la alejó de nosotros. Al contrario: cuanto más cerca está del corazón de Dios, más cerca permanece de nuestras heridas.

Su realeza no se impone con poder ni busca ser servida. María reina como aprendió de Jesús: amando, sirviendo, intercediendo y permaneciendo.

Es Reina del Cielo, pero también es la Madre que conoce nuestras lágrimas; la que escucha esas oraciones que pronunciamos cuando ya no sabemos qué decir; la que toma nuestras súplicas y las lleva hasta el corazón de su Hijo.

Santa Teresita decía algo bellísimo: «La Santísima Virgen es Reina del Cielo y de la Tierra, pero es más Madre que Reina».

Y quizá ahí está el misterio más hermoso: tenemos una Reina que podemos llamar Mamá.

Por eso, cuando la vida pese, cuando tengas miedo o cuando el camino se vuelva incierto, no temas acudir a María. Ella jamás se queda con nuestra mirada: siempre la conduce hacia Jesús.

Hoy dile desde el corazón:

Salve, Reina y Madre de misericordia. Tómame de la mano y llévame siempre hacia tu Hijo. Amén. 

Fuente:IsraelMercado 

Natividad de María

 

Poesía a la Natividad de María
(Lope de Vega)

Canten hoy, pues nacéis vos,
los ángeles, gran Señora,
y ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.
Canten hoy, pues a ver vienen
nacida su Reina bella,
que el fruto que esperan de ella
es por quien la gracia tienen.
Digan, Señora, de vos,
que habéis de ser su Señora,
y ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.
Pues de aquí a catorce años,
que en buena hora cumpláis,
verán el bien que nos dais,
remedio de tantos daños.
Canten y digan, por vos,
que desde hoy tienen Señora,
y ensáyense, desde ahora,
para cuando nazca Dios.
Y nosotros, que esperamos
que llegue pronto Belén,
preparemos también,
el corazón y las manos.
Vete sembrando, Señora,
de paz nuestro corazón,
y ensayemos, desde ahora,
para cuando nazca Dios.

A los Ángeles Custodios.


Una costumbre muy piadosa y buena es invocar a nuestro Ángel Custodio antes de emprender alguna actividad de importancia. Y no sólo invocar a nuestro propio ángel, sino también invocar a los ángeles que custodian a todas las personas con las que nos encontraremos o nos contactaremos en el día, para que ellos las guíen y las predispongan a la paz, y que todo transcurra en tranquilidad y armonía.

Es una pena que no aprovechemos la ayuda que nos ha puesto Dios a nuestro lado, que es nuestro ángel custodio. Porque la mayor parte de las veces nuestro ángel debe quedarse sólo de espectador, ya que, al no invocarlo en nuestra ayuda, él poco o nada puede hacer por nosotros.

A partir de ahora comencemos a tener un trato más familiar con nuestro propio ángel, y también con los ángeles que custodian a las personas más importantes para nosotros, para que haya paz en la familia, con los amigos y, también por qué no, paz con nuestros enemigos.

Si hacemos esto, veremos cómo las relaciones humanas irán cambiando paulatinamente y todo se realizará según la adorable voluntad de Dios, que manda a sus ángeles en nuestro auxilio.

Entonces acostumbrémonos a rezar a los ángeles custodios antes de salir de casa, en el viaje, cuando regresamos, en la noche al acostarnos, y en todo momento, porque ellos han sido puestos por Dios a nuestro lado para que la lucha no sea tan desigual. Pues efectivamente si peleamos solos contra el Maligno, seguramente seremos vencidos por él. Pero si echamos mano a la ayuda de nuestro poderoso ángel de la guarda, entonces la cosa cambia y podemos salir airosos del combate que se nos presenta.

Y como broche de haber invocado a nuestros ángeles, también sería bueno que llamemos en nuestra ayuda a San Miguel Arcángel, que es el Príncipe de la Milicia celestial, y que tiene bajo su mando a todos los ángeles buenos que custodian a los hombres, a las familias, a los pueblos y al mundo entero.

Aquí coloco las dos oraciones que podemos hacer para invocarlos:

Al Ángel de la Guarda:

Ángel de Dios, que eres mi custodio, ya que la soberana piedad me ha encomendado a ti, ilumíname, guárdame, rígeme y gobiérname. Amén.

A San Miguel Arcángel

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.


lunes, 7 de septiembre de 2026

DEVOTÍSIMO OFRECIMIENTO DE LA SAGRADA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

(Por las Benditas Almas del Purgatorio, distribuido en los siete días de la semana)

Ofrece lo que padeció Nuestro Señor con el grave peso de la Cruz, hasta ser en ella crucificado, y dirás:

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella grande fatiga de llevar la Cruz, tan pesada, que te hizo una grande llaga en el hombro, sobre las muchas que tenías en tu Santísimo Cuerpo.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellas mortales congojas que tuviste y te ocasionaron los soldados en el camino al Calvario, tirando cruelmente de la soga, y los desprecios que te hicieron con las injurias, baldones y blasfemias del ingrato pueblo, y con tan malos tratamientos como si fueras el hombre más malvado del mundo que llevaban al suplicio.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellas tres caídas que tuviste con el grave peso de la Cruz, como debilitado y sin fuerzas, y asimismo te ofrezco aquella grande impiedad con que te levantaron del suelo, tirando de las sogas con que te llevaban atado

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquel sumo desprecio con que fuiste sacado de la ciudad, cargando con la Cruz, atado, escarnecido y vituperado de todo el pueblo, y acompañado de unos ladrones, como el más facineroso del mundo.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella pena y dolor con que tu Santísima Madre te iba buscando por las calles de Jerusalén, y habiéndote hallado, la apartaron luego de tu presencia, haciéndote caminar aprisa al monte Calvario.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella gran flaqueza y desmayo que sentiste, y no pudiendo por ellos cargar el grave peso de la Cruz, te dieron al Cirineo, para que te ayudase a llevarla hasta el Calvario.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquel intenso dolor que sentiste cuando con tanta impiedad te arrancaron y quitaron la túnica, que estaba pegada a las llagas de tu Santísimo Cuerpo, y se renovaron todas las heridas, arrojando por todas ellas mucha copia de sangre, y en especial de la cabeza, por haberse movido la corona de espinas.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquellos mortales dolores que sentiste en las manos en los pies, cuando te clavaron en la Cruz, y asimismo los dolores de tu Santísima Madre, cuando veía poner los clavos y sentía los golpes.

Yo te ofrezco, dulcísimo Jesús, por las almas del Purgatorio, aquella oferta sacrosanta que Tú mismo hiciste al Eterno Padre en el altar de la Santísima Cruz, para redimir al hombre y abrirnos las puertas del cielo.

ORACIÓN
(Para cada día después de los ofrecimientos para ganar las santas indulgencias concedidas por cada una de ellos.)

Dios Eterno, por tu inmensa clemencia, y en nombre de tu Hijo Jesucristo, y por los
méritos de su Pasión Santísima, te suplico concedas eterno descanso a las afligidas almas que están detenidas en las acerbísimas penas del Purgatorio, para que cuanto antes gocen de la bienaventuranza eterna, como lo desean. También te pido humildemente, Dios mío, en nombre del mismo Jesucristo, Hijo tuyo y Redentor del mundo, que perdones los pecados que yo y todos los vivientes hemos cometido; que a todos nos des verdadero arrepentimiento, para enmendarnos y observar tu divina ley, con los auxilios de tu gracia que necesitamos, para mejor servirte en esta vida y alabarte por tu infinita misericordia.
Amén.
Padre nuestro, Avemaría y Gloria Patri.

ORACIÓN
Oh Dios, Criador y Redentor de las almas! Concede a las de tus siervos y de tus siervas la remisión de todos sus pecados,
para que consigan, por las piadosas oraciones de tu Iglesia,
la indulgencia y el perdón que siempre necesitarán.
Por Nuestro Señor Jesucristo.
Amén.





domingo, 6 de septiembre de 2026

MISERICORDIA



Señor, que yo comprenda que solo Tú me comprendes del todo, en todo.
Sé mi todo, Señor. Sé mi refugio cuando nadie alcance a comprenderme, mi consuelo cuando las palabras no basten, mi compañía cuando me sienta solo, mi luz cuando ni siquiera yo logre comprender lo que sucede dentro de mí.

Tú conoces lo que digo y lo que callo, lo que muestro y lo que guardo, mis alegrías y mis heridas, mis certezas y mis dudas, mis fortalezas y mis fragilidades. Nada de mí te es desconocido. Y conociéndome del todo, me amas del todo.

Hazme comprender, Señor, que ningún amor humano puede ocupar tu lugar, ni ningún corazón puede darme lo que solamente Tú puedes darme.

Enséñame a amar sin exigir, a querer sin poseer, a recibir con gratitud el amor de los demás, sin pedirles que llenen aquello que solo Tú puedes colmar.

Que cuando me comprendan, te dé gracias; cuando no me comprendan, los comprenda yo; cuando me quieran, reconozca en ese amor un regalo tuyo; y cuando me falte el consuelo humano, recuerde que Tú permaneces.

Sé mi todo, Señor. No para apartarme de los demás, sino para amarlos más y mejor desde Ti. Que cuanto más te pertenezca, más capaz sea de entregarme, de perdonar, de servir y de amar.

Sé Tú el centro de mi corazón, la paz de mi alma, la fuerza de mis pasos, mi refugio en la prueba y mi esperanza en cada amanecer.

Que te busque en todo, que te encuentre en todo, que te ame sobre todas las cosas y que todo cuanto ame lo ame en Ti y contigo.

Sé mi todo, Señor. Tú que me conoces del todo, me comprendes en todo y me amas del todo.

Amén.

"JESÚS, EN TI CONFÍO".


Yo estoy allí, en medio de ellos


El que celebra solo en el corazón del desierto,
él mismo es una asamblea numerosa.
Si dos se unen para celebrar entre las rocas,
millares y miríadas están allí presentes.
Si son tres los que se juntan, hay un cuarto entre ellos.
Si hay seis o siete, doce mil millares se han juntado.
Si se ponen en fila, llenan el firmamento de oración.
Si son crucificados sobre la roca, y señalados con una cruz de luz,
se ha fundado la Iglesia.
Si están reunidos,
el Espíritu planea sobre sus cabezas.
Y cuando terminan su oración,
el Señor se levanta y sirve a sus siervos (Lc 12,37; Jn 13,4).

 San Efrén (c. 306-373)Diácono en Siria, doctor de la Iglesia Himno inédito,evangelizo.org

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