Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

lunes, 28 de septiembre de 2026

El más pequeño entre todos ustedes, ése es realmente grande


«Vengan, dice Cristo a sus discípulos, y aprendan de mí», ciertamente que no a expulsar demonios por el poder del cielo, ni a curar leprosos, ni a devolver la vista a los ciegos, ni a resucitar muertos...; sino, dice él: «Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11:28-29). En efecto, esto es lo que todos podemos aprender y practicar. Hacer signos y milagros no siempre es necesario, ni tan sólo ventajoso para todos, ni tampoco se concede a todos.
Es, pues, la humildad la maestra de todas las virtudes, fundamento inquebrantable de todo el edificio, don magnífico y propio del Señor. El que la posea podrá hacer, sin peligro de enaltecerse, todos los milagros que Cristo obró porque busca imitar al manso Señor, no en la sublimidad de sus prodigios sino en las virtudes de la paciencia y la humildad. Por el contrario, el que está deseoso de mandar a los espíritus impuros, de devolver la salud a los enfermos, de mostrar a las multitudes cualquier signo maravilloso, podrá invocar el nombre de Cristo en medio de toda su ostentación, pero es extraño a Cristo porque su alma orgullosa no sigue al maestro de humildad.
Este es el legado que el Señor hizo a sus discípulos poco antes de volver a su Padre: «Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros; como yo los he amado »; e inmediatamente añade: «En esto conocerán que son mis discípulos: si se aman los unos a los otros» (Jn 13:34-35). Y es cierto que el que no es manso ni humilde no podrá amar así.

 San Juan Casiano (c. 360-435)

fundador de la Abadía de Marsella
Conferencias, nº 15, 6-7.evangelizo.org

Evangelio,Reflexión,

 Lunes 28 de septiembre del 2026.


El ego nos convence de que el respeto se gana demostrando constantemente que somos mejores o más importantes que el resto.

​Piensa en una carrera donde los competidores, en lugar de mirar hacia la meta, se dedican a meterse el pie unos a otros para asegurar el primer puesto. Al final, el triunfo pierde todo su sentido frente al desgaste de la rivalidad.

​Esa dinámica de competencia diaria nos agota. En la oficina, en la familia o en nuestro entorno, muchas veces buscamos validación restando mérito a lo que hacen otros, sobre todo si no pertenecen a nuestro pequeño grupo de confianza.

​Llegamos a creer que el bien tiene dueño. Nos volvemos jueces de los esfuerzos ajenos y cerramos la puerta a personas que, desde su propia historia y con sus propias herramientas, están aportando valor a nuestro alrededor.

​Ahí es donde Lucas 9, 46-50 rompe nuestros esquemas. Ante unos discípulos obsesionados por los rangos y celosos de quienes actuaban fuera de su grupo, Jesús pone a un niño al centro: recordándonos que la autoridad real nace de la sencillez y que nadie tiene el monopolio de las buenas obras.

​Hoy suelta la necesidad de ser el protagonista de todas las historias. Atrévete a aplaudir el logro de alguien que piensa distinto a ti y elige hacer el bien sin exigir los créditos.





domingo, 27 de septiembre de 2026

Evangelio,Reflexión

 Domingo 27 de septiembre del 2026.


Las palabras bonitas compran tiempo, pero las acciones construyen confianza. Todos hemos sido víctimas de una promesa vacía, y a veces, nosotros mismos somos quienes la hacemos.

Piensa en ese compañero de proyecto que siempre dice "yo me encargo" en las reuniones para quedar bien frente a todos, pero a la hora de entregar resultados y enfrentar la verdadera carga de trabajo, simplemente desaparece.

Acostumbramos medir a las personas por sus buenas intenciones. Construimos expectativas basadas en lo que la gente afirma que hará, y terminamos frustrados cuando la realidad choca contra el discurso.

Pero la verdadera grandeza humana opera de manera distinta. ¿Cuántas veces has respondido a alguien con un "no" rotundo por estrés, cansancio o puro egoísmo, y al rato sientes esa punzada en la conciencia que te hace levantarte y ayudar?

Esa capacidad de rectificar es lo que le da sentido y solidez a nuestra vida diaria. No importa si tu primera reacción fue ponerte a la defensiva. Lo valioso es saber frenar el orgullo, dar un paso atrás y esforzarte por el bienestar de tu familia o tus amigos.

Esta es exactamente la radiografía del corazón que nos expone Mateo 21, 28-32. El relato nos presenta a un padre que envía a sus dos hijos a trabajar a la viña.

El primero responde con obediencia inmediata y educada, pero jamás llega al campo. El segundo le lanza una negativa rebelde, pero el arrepentimiento lo alcanza, cambia de actitud y termina cumpliendo con el trabajo pesado.

Jesús es claro al señalar que el camino de Dios le pertenece a los que saben dar marcha atrás a sus equivocaciones. Quienes cargan con tropiezos, pero rectifican con acciones, superan por mucho a los que presumen una moralidad impecable que no se sostiene con hechos.

Hoy es el momento para revisar esas promesas que dejaste en el aire o ese favor que negaste por simple pesadez. Rompe la inercia, deja a un lado las excusas y sal a hacer eso que en el fondo sabes que debes hacer.

sábado, 26 de septiembre de 2026

Nos gusta vivir en la cima...

 Sábado 26 de septiembre del 2026.

Nos gusta vivir en la cima de la montaña y que aplaudan nuestros triunfos, pero cuando la vida nos exige hablar de posibles caídas, preferimos mirar hacia otro lado.

​Piensa en alguien que recibe sus análisis médicos alterados. En lugar de pedirle al doctor el diagnóstico, decide guardar el papel en el fondo de un cajón, convencido de que si no se habla del problema, este desaparecerá por arte de magia.

​Vivimos esquivando las conversaciones que nos incomodan. Cuando todo marcha bien en el trabajo o la relación parece perfecta, cerramos los oídos ante cualquier señal de alerta.

​Ese miedo a preguntar es lo que nos estanca. Creemos que la ignorancia voluntaria nos protege, cuando en realidad nos quita la capacidad de prepararnos para los golpes inevitables.

​Madurar implica entender que la vida no es una racha infinita de aplausos. Aceptar que habrá momentos duros te quita la venda de los ojos y te da el control para afrontar lo que venga sin que te destruya.

​Esta es la ceguera que encontramos en Lucas 9, 43-45. La multitud estaba deslumbrada por los milagros de Jesús, pero cuando Él les advierte sobre su inminente sufrimiento, los discípulos, embriagados de éxito, no entendieron y el miedo los enmudeció.

​Deja de esconder tus conflictos debajo de la alfombra por temor a la respuesta. Atrévete a hacer esa pregunta difícil hoy y afronta tu realidad de frente.

Granito de arena de Esperanza, Sábado de LA VIRGEN

Hoy 26 de septiembre se recuerda a:

Nuestra Señora del Pozo (Madonna del Pozzo), una advocación mariana venerada principalmente en Italia y en algunas comunidades católicas de Latinoamérica.

Se relaciona con un milagro ocurrido en el año 1256, cuando una imagen de la Virgen cayó a un pozo y las aguas comenzaron a brotar con fuerza hasta elevarla. Es invocada frecuentemente como protectora y consuelo para quienes atraviesan momentos de tristeza o sufrimiento.




Nuestra Señora Madre del Divino Pastor (o Divina Pastora de las Almas)

El fraile capuchino Fray Isidoro de Sevilla (1662-1750), tuvo una visión de la Virgen María vestida con atuendo de pastora, durante la oración, lo que le inspiró a propagar esta devoción.



La Santísima Madre de Lesna (1683).
Leśna Podlaska (Polonia).
Dos pastores que cuidaban sus ovejas, vieron una luz intensa entre la vegetación.
Se acercaron y descubrieron una imagen de la Virgen María grabada en una piedra circular sobre un árbol.

🌹🌹🌹

María, bajo tu manto nadie es invisible.
Hoy te consagro nuestra vida y nuestras familias. Abraza a los niños, especialmente a quienes crecen sin amor ni protección. Enséñanos a cuidarlos y llévanos a Jesús.
Que ninguno se sienta solo. Amén.




Evangelio,Reflexión, Sábado 26 de septiembre del 2026.



Nos gusta vivir en la cima de la montaña y que aplaudan nuestros triunfos, pero cuando la vida nos exige hablar de posibles caídas, preferimos mirar hacia otro lado.

​Piensa en alguien que recibe sus análisis médicos alterados. En lugar de pedirle al doctor el diagnóstico, decide guardar el papel en el fondo de un cajón, convencido de que si no se habla del problema, este desaparecerá por arte de magia.

​Vivimos esquivando las conversaciones que nos incomodan. Cuando todo marcha bien en el trabajo o la relación parece perfecta, cerramos los oídos ante cualquier señal de alerta.

​Ese miedo a preguntar es lo que nos estanca. Creemos que la ignorancia voluntaria nos protege, cuando en realidad nos quita la capacidad de prepararnos para los golpes inevitables.

​Madurar implica entender que la vida no es una racha infinita de aplausos. Aceptar que habrá momentos duros te quita la venda de los ojos y te da el control para afrontar lo que venga sin que te destruya.

​Esta es la ceguera que encontramos en Lucas 9, 43-45. La multitud estaba deslumbrada por los milagros de Jesús, pero cuando Él les advierte sobre su inminente sufrimiento, los discípulos, embriagados de éxito, no entendieron y el miedo los enmudeció.

​Deja de esconder tus conflictos debajo de la alfombra por temor a la respuesta. Atrévete a hacer esa pregunta difícil hoy y afronta tu realidad de frente.

Recibir y anunciar la pasión de nuestro Redentor


Sin la mínima iniquidad en sí mismo, ya que “no cometió pecado y nadie pudo encontrar una mentira en su boca” (1 Pe 2,22), el Señor ha sufrido y soportó el sufrimiento de la cruz para nuestra redención. Sólo él, es el único en el mundo que hace subir oraciones puras hacia el Padre. Aún en medio del sufrimiento de su pasión, ha rezado por sus persecutores, diciendo “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen” (Lc 23,24). ¿Qué podemos decir, qué podemos imaginar más alto que acordar la misericordia de la intercesión a los mismos responsables del sufrimiento que soporta? (…)

“Tierra, no cubras mi sangre, que no haya un lugar de descanso para mi clamor” (Jb 16,18) Esta tierra, lo sabemos, no esconde la sangre de nuestro Redentor. Porque recibiendo el valor de su redención, cada pecador lo confiesa, lo alaba y se preocupa de hacerlo conocer a su prójimo. La tierra no se ha cubierto de su sangre porque la Iglesia ya ha predicado el misterio de la Redención en todo el mundo. (…)
Si queremos que el sacramento de la pasión del Señor no permanezca en nosotros en vano, debemos imitar y anunciar a otros el Dios que veneramos. Su grito permanecerá escondido en nosotros si nuestra boca se calla acerca de lo que nuestra alma cree. Para que su grito no permanezca escondido en nosotros, debemos dar a conocer a los que nos rodean, por todos los medios, el misterio de nuestra regeneración.

 San Gregorio Magno (c. 540-604)

papa y doctor de la Iglesia
Morales sobre Job, Libro XIII (SC 212 (Morales sur Job, Cerf, 1974), trad. sc©evangelizo.org

viernes, 25 de septiembre de 2026

Si Cristo no resucitó, el cristianismo entero se derrumba.

Si Cristo no resucitó, el cristianismo entero se derrumba.

No habría victoria sobre la muerte.
No habría esperanza.
No habría salvación.

San Pablo lo dijo sin rodeos:

«Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe» (1 Co 15,14).

Por eso la Resurrección no es un bello final añadido a la historia de la Pasión.

Es el acontecimiento sobre el que se sostiene todo lo demás.
La Cruz muestra el amor de Cristo hasta el extremo.
La Resurrección manifiesta que la muerte no tuvo la última palabra.

Los discípulos pasaron del miedo y la huida a anunciar públicamente que habían visto al Resucitado. Y esa proclamación cambió sus vidas y la historia.

Cristo no resucitó simplemente para demostrar que podía vencer la muerte.

Resucitó para abrirnos el camino hacia una vida que la muerte ya no puede destruir.
Por eso nuestra fe no está fundada en una bella idea.
Está fundada en una Persona que murió, fue sepultada y resucitó.

Cristo vive.
Y si Cristo vive, la muerte no tiene la última palabra.




No nos debe sobrar el tiempo, ni un segundo


Te has consolado con la idea de que la vida es un gastarse, un quemarla en el servicio de Dios. –Así, gastándonos íntegramente por El, vendrá la liberación de la muerte, que nos traerá la posesión de la Vida. (Surco, 883)

No nos debe sobrar el tiempo, ni un segundo: y no exagero. Trabajo hay; el mundo es grande y son millones las almas que no han oído aún con claridad la doctrina de Cristo. Me dirijo a cada uno de vosotros. Si te sobra tiempo, recapacita un poco: es muy posible que vivas metido en la tibieza; o que, sobrenaturalmente hablando, seas un tullido. No te mueves, estás parado, estéril, sin desarrollar todo el bien que deberías comunicar a los que se encuentran a tu lado, en tu ambiente, en tu trabajo, en tu familia.

Pensemos valientemente en nuestra vida. ¿Por qué no encontramos a veces esos minutos, para terminar amorosamente el trabajo que nos atañe y que es el medio de nuestra santificación? ¿Por qué descuidamos las obligaciones familiares? ¿Por qué se mete la precipitación en el momento de rezar, de asistir al Santo Sacrificio de la Misa? ¿Por qué nos faltan la serenidad y la calma, para cumplir los deberes del propio estado, y nos entretenemos sin ninguna prisa en ir detrás de los caprichos personales? Me podéis responder: son pequeñeces. Sí, verdaderamente: pero esas pequeñeces son el aceite, nuestro aceite, que mantiene viva la llama y encendida la luz. (Amigos de Dios, 41-42)
Fuente:opusdei

Vivimos rodeados de opiniones ajenas...

 Vivimos rodeados de opiniones ajenas. Todos parecen saber quién eres, qué debes hacer o hacia dónde te diriges, pero muy pocos se detienen a conocerte en la intimidad.

​Piensa en esa figura pública o en ese amigo del que todos hablan a sus espaldas. La multitud siempre construye una versión superficial basada en rumores o expectativas, pero solo su círculo más cercano conoce el peso real de sus batallas y la profundidad de sus propósitos.

​Nos resulta demasiado fácil comprar ideas prestadas. Repetimos lo que se dice en los pasillos de la oficina, en las reuniones familiares o en las tendencias de internet, porque seguir la corriente exige menos esfuerzo que forjar una convicción propia.

​Pero la vida nos demuestra que no puedes sostenerte de rumores cuando llegan los momentos difíciles. Conocer verdaderamente a alguien requiere intimidad. Exige sentarse a conversar a solas, entender sus silencios y aceptar que madurar a veces implica atravesar el dolor.

​Ese es el punto de quiebre en Lucas 9, 18-22. Jesús se aleja del ruido para orar y reta a sus amigos a dar una respuesta auténtica. Pedro ignora lo que "dice la gente" y lo reconoce como el Mesías, aquel que debe enfrentar el sufrimiento y la muerte para alcanzar la resurrección.

​Hoy, apaga las voces externas. Date un momento de silencio, asume tus propios procesos con valentía y responde desde tu experiencia interior quién es Él en tu vida. Sal y camina con esa seguridad.







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