Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
gadgets para blogger

ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

martes, 1 de septiembre de 2026

Que la caridad y el temor de Dios nos guarden al abrigo!

Sólo Dios puede ser llamado padre de los espíritus, ya que los ha hecho, cuando lo ha querido. Los hombres únicamente tienen derecho al título de padres de nuestra carne. El diablo, en tanto que criatura espiritual, angélica, y buena en el origen, no tuvo otro padre que Dios, que le dio la existencia. Pero él se llenó de orgullo y dijo en su corazón “Me elevaré hasta la cima de las nubes y seré semejante al Altísimo” (cf. Is 14,13). Entonces se transformó en mentiroso y “no permaneció en la verdad” (cf. Jn 8,44). Más aún, sacando la mentira de su propio fondo, no se transformó sólo en el mentiroso sino también en padre de la mentira. Eso se ve bien cuando prometiendo al hombre la divinidad “Ustedes serán como dioses” (Gn3,5), no permanece en la verdad. Más aún, deviene homicida desde el comienzo cuando introduce a Adán en la condición mortal y, siendo además instigador del crimen, hace perecer a Abel por la mano de su hermano. (…)

Recemos al Señor para perseverar en el temor de Dios y la caridad, sin desfallecer. Ellos nos harán sabios en todo y guardarán siempre al abrigo de los golpes del demonio. Con tales guardianes, es imposible caer en las trampas de la muerte. Esa es precisamente la diferencia que separa los perfectos de los imperfectos. En los perfectos, la caridad -enraizada profundamente- lleva a un maduro desarrollo, a una inquebrantable constancia y al firme permanecer en la santidad. En tanto que, en los imperfectos, la santidad es menos sólida y se enfría fácilmente, permitiendo ser atrapado con frecuencia en las redes del pecado.

 San Juan Casiano (c. 360-435) fundador de la Abadía de Marsella
Sobre los principados (SC 54. Conférences VIII-XVII, Cerf, 1958), trad. sc©evangelizo.org

Ángeles Custodios



Sé que te doy una alegría copiándote
esta oración
a los Santos Ángeles Custodios
de nuestros Sagrarios:

Oh Espíritus Angélicos que custodiáis
nuestros Tabernáculos, donde reposa
la prenda adorable
de la Sagrada Eucaristía,
defendedla
de las profanaciones
y conservadla
a nuestro amor.
Devociones · Punto 569

lunes, 31 de agosto de 2026

Ser influéncer católico puede ser un verdadero apostolado

Ser influéncer católico puede ser un verdadero apostolado. Pero también puede convertirse, casi sin darnos cuenta, en una tentación espiritual muy seria.

Porque el demonio es astuto: no presenta el mal como mal. Lo reviste de apariencia de bien, porque sabe que, si viéramos con claridad adónde conduce, muchas veces no lo elegiríamos.

1️⃣ Uno comienza queriendo hablar de Cristo.

Después descubre que sus palabras gustan, que le siguen, que le citan, que le felicitan. Y nada de eso es malo.
El problema comienza cuando deja de importar tanto que conozcan a Cristo y empieza a importar que sepan quién se lo contó.

2️⃣ La primera tentación es muy sutil:

«Tengo que estar presente para evangelizar».
Y probablemente sea verdad.

Pero puede acabar convirtiéndose en:
«Tengo que estar presente».

Y finalmente:
«Tengo que ser el centro».

Cristo desaparece mientras el apóstol permanece en primer plano.

3️⃣ Entonces llega una tentación peligrosa: convertir la propia vida en argumento de autoridad.

«Yo ya lo dije».
«Yo lo advertí».
«Yo estuve allí».
«Yo conozco a…».
«Yo entrevisté a…».
«Yo hice…».

El Evangelio termina conjugándose demasiado en primera persona.

4️⃣ Incluso el bien realizado puede alimentar la vanidad.

Una obra apostólica.
Una conferencia.
Una entrevista.
Una fotografía con alguien importante.
Una publicación que alcanza miles de personas.

Todo puede hacerse para gloria de Dios.
Y todo puede terminar utilizándose para construir la propia gloria.

5️⃣ Una de las trampas más finas de la vida espiritual es pensar que, porque defendemos cosas buenas, nuestras intenciones son necesariamente buenas.
Podemos defender la verdad y buscar, al mismo tiempo, nuestra propia exaltación.

6️⃣ El peligro aumenta cuando uno comienza a convertirse a sí mismo en modelo.

Ya no propone simplemente una doctrina o una forma de vivir la fe.
Propone, quizá sin decirlo:

«Miradme a mí. Así es como debe hacerse».
Y entonces el testimonio puede transformarse en exhibición.

7️⃣ También aparece la necesidad de reconocimiento.

Las redes acostumbran muy deprisa al aplauso:
seguidores, likes, retuits, comentarios, invitaciones, fotografías…

Y aquello que comenzó como instrumento de evangelización puede acabar alimentando el ego.

8️⃣ Por eso quien evangeliza en redes necesita una vida espiritual especialmente vigilante.

Oración que nadie vea.
Sacrificios que nadie conozca.
Caridad que nadie publique.
Confesión frecuente.
Dirección espiritual.
Silencio.
Personas capaces de corregirnos.

El mejor antídoto contra el personaje público es conservar una vida escondida con Cristo.

9️⃣ San Juan Bautista dejó una frase que debería estar escrita sobre cada perfil católico:

«Él tiene que crecer y yo tengo que menguar» (Jn 3,30).
Después de escucharnos, ¿la gente piensa más en Cristo o piensa más en nosotros?

🔟 No se trata de desaparecer de las redes ni de ocultar nuestra personalidad.

Se trata de recordar que somos instrumentos.
El instrumento que se enamora de su propio sonido termina olvidando la música que debía interpretar.

1️⃣1️⃣ Quizá todos los que hablamos públicamente de Dios deberíamos preguntarnos:

Si mañana desapareciera mi nombre, mi fotografía y mi protagonismo, pero el Evangelio siguiera llegando igual a las personas…
¿me alegraría de verdad?

1️⃣2️⃣ Uno puede comenzar diciendo:

«Quiero que conozcan a Cristo».
Y acabar, sin decidirlo conscientemente, diciendo:

«Quiero que me conozcan a mí hablando de Cristo».
Que el Señor nos conceda la gracia de señalar siempre hacia Él.

«No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria» (Sal 115,1).




“A Jesús de Nazaret, Dios lo ungió con la fuerza del Espíritu Santo!” (Hch 10,38)


Nuestro Salvador fue verdaderamente ungido, en su condición humana, ya que fue verdadero rey y verdadero sacerdote…. Los israelitas, aunque no eran las dos cosas a la vez, eran, sin embargo llamados “cristos” (ungidos), por la unción material del aceite que los constituía reyes o sacerdotes. Pero el Salvador, que es el verdadero Cristo, fue ungido por el Espíritu Santo…

Sabemos que esto es verdad por las palabras mismas del Salvador. En efecto, habiendo tomado el libro de Isaías, lo abrió y leyó: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido”; y dijo a continuación que entonces se cumplía aquella profecía que acababan de oír. Y además, Pedro, el príncipe de los apóstoles, enseñó que el crisma con que había sido ungido el Salvador es el Espíritu Santo y la fuerza de Dios, cuando en los Hechos de los apóstoles, hablando con el centurión, aquel hombre lleno de piedad y misericordia, dijo entre otras cosas: “La cosa comenzó en Galilea, cuando Juan predicaba el bautismo. Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo” (10,37).

Vemos, pues, cómo Pedro afirma de Jesús que fue ungido, según su condición humana, “con la fuerza del Espíritu Santo”. Por esto, Jesús, en su condición humana, fue con toda verdad Cristo o ungido, ya que por la unción del Espíritu Santo fue constituido rey y sacerdote eterno.

 Faustino de Roma (c. 350) presbítero Tratado sobre la Trinidad.evangelizo.org

domingo, 30 de agosto de 2026

¿FRACASADO?

¿Fracasado tú?

Jamás.

Quizás algunas cosas no salieron como esperabas.
Quizás hubo proyectos que no llegaron a realizarse, puertas que se cerraron, decisiones que hoy tomarías de otra manera o momentos en los que llegaste a pensar:

«He fracasado».

Pero... ¿realmente fue así?
Lo que hoy parece un fracaso puede ser el comienzo de un camino que todavía no alcanzamos a comprender.
Porque nosotros vemos el momento.
Dios ve la historia completa.
Y una vida creada, conocida y amada por Dios jamás puede reducirse a aquello que salió bien o salió mal.
Tu valor no depende de los aparentes logros.
Tu esperanza no termina cuando tus planes cambian.
Tu historia no queda sentenciada por una caída.
Y ninguna oscuridad es tan grande que la gracia de Dios no pueda iluminarla.

Dios siempre está obrando.

Por eso, antes de llamar fracaso a una página de tu vida, deja que Dios siga conduciendo tu historia según su voluntad, incluso cuando todavía no alcances a comprender sus caminos.

Que el Espíritu Santo nos dé discernimiento para reconocer la voluntad de Dios, fortaleza para apartarnos de aquello que nos aleja de Él y sabiduría para no dejarnos envolver por las apariencias, las comparaciones y las falsas promesas del mundo.
Y que nunca abandonemos la oración.
Que sea en ella donde aprendamos a hacer silencio, a escuchar, a esperar y a reconocer la voz de Dios, aun cuando parezca que todo a nuestro alrededor guarda silencio.

Y cuando no entendamos lo que está sucediendo, oremos.

Oremos y miremos a Cristo.
Porque también hubo un momento en que, a los ojos del mundo, el Calvario parecía el final de todo.
Pero después de la Cruz llegó la Resurrección.
María Santísima permaneció allí.
De pie.
Confiando cuando humanamente parecía no quedar nada que esperar.
Que Ella nos enseñe a permanecer junto a Jesús, a confiar en Dios cuando no comprendamos y a no abandonar jamás la esperanza.
Y tú, si alguna vez vuelve esa palabra a tu pensamiento, recuerda:
¿Fracasado? No.

Quizás todavía no has visto lo que Dios puede hacer con esa página de tu vida.

Ora.
Confía.
Permanece.
Vuelve siempre a Cristo.

Porque si no sabes por dónde seguir, Él es el Camino.
Si no alcanzas a comprender lo que estás viviendo, Él es la Verdad.
Y si alguna vez llegas a pensar que todo está perdido, recuerda que tu vida está en las manos de Aquel que es la Vida.
Aunque hoy no veas el camino completo, aunque todavía haya páginas que no comprendas y respuestas que no hayan llegado, no tengas miedo.

Cristo es tu esperanza.

El Camino cuando no sabes por dónde seguir.
La Verdad cuando las apariencias te confunden.
La Vida cuando creías que todo había terminado.

Por eso, ninguna caída, ninguna puerta cerrada, ninguna página que hoy no comprendas puede pronunciar la última palabra sobre tu vida.

La última palabra siempre le pertenece a Cristo.

Y en Cristo, siempre hay camino.
Siempre hay esperanza.
Siempre hay vida.





Un "aguijón en la carne"...


¿Sabías que el hombre que escribió casi la mitad del Nuevo Testamento, que levantaba muertos y que cambió la historia del mundo occidental, tenía un defecto personal tan frustrante que le suplicó a Dios que se lo quitara... y Dios le dijo que no?
Mira la escena, porque si eres de los que vive agotado tratando de tenerlo todo bajo control y te aterra equivocarte, esto te va a quitar una tonelada de peso de encima.
Vamos a 2 Corintios capítulo 12. El apóstol Pablo está abriendo su corazón. A pesar de todo su éxito, confiesa que tiene un "aguijón en la carne". Los teólogos han debatido por siglos qué era: algunos dicen que era una enfermedad dolorosa en los ojos, otros que era un defecto del habla o ataques severos de depresión. No importa qué era exactamente, lo que importa es que era una debilidad evidente, algo que lo limitaba, le daba vergüenza y lo hacía sentir incompleto frente a los demás.
Él hizo lo que cualquiera de nosotros haría. 2 Corintios 12:8 dice: "Respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí". Pablo suplicó: "Señor, arráncame este defecto. Si me lo quitas, podré servirte mejor, seré un líder intachable, seré la mejor versión de mí mismo".
Pero la respuesta de Dios rompe por completo las reglas del éxito humano. El versículo 9 registra lo que le contestó: "Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad".
Dios no lo arregló. No lo hizo "perfecto" según los estándares de la sociedad. Básicamente le dijo: "Voy a dejar ese defecto ahí, porque si fueras impecable, creerías que el éxito es tuyo y no me necesitarías. Tu debilidad no es un obstáculo, es el escenario exacto donde mi poder brilla más".
Y aquí está lo que necesitas entender hoy si vives con la enfermedad del perfeccionismo. Si te castigas mentalmente durante días por un pequeño error, si sientes la presión asfixiante de tener que ser la madre perfecta, el profesional que nunca se equivoca, o la persona fuerte que siempre tiene que sostener a los demás.
Tienes pánico de que la gente vea tus grietas. Crees que tus debilidades, tus miedos o tus limitaciones te descalifican. Piensas que Dios y los demás solo aprueban tu versión editada, filtrada y sin errores.
Pero la Biblia nos muestra que Dios nunca ha contratado a gente perfecta. El perfeccionismo es una trampa del ego; te hace creer que tu valor depende de tu rendimiento. Tu "aguijón" —esa inseguridad, esa limitación, esa área de tu vida que por más que intentas no logras arreglar del todo— no es un defecto de fábrica. Es el ancla que te mantiene humilde y dependiente de Él.
Así que respira. Quítate de una vez esa armadura pesadísima de la perfección. Está bien no tener todas las respuestas. Está bien pedir ayuda. Está bien que la gente vea que eres humano y que a veces te cansas. Tu valor no depende de tu capacidad para no fallar jamás, depende de la gracia que te sostiene cuando lo haces. Abraza tu humanidad, porque es exactamente por el medio de tus grietas por donde entra la luz.





Quien me sigue


Pecando, el hombre había cubierto su ruta de obstáculos, pero ésta ha sido superada cuando Cristo la pisó con su resurrección e hizo, de un sendero estrecho, una avenida digna de un Rey. La humildad y la caridad son los dos pies que permiten desplazarse con rapidez. Todos somos atraídos por las alturas de la caridad, pero la humildad es el primer escalón que es preciso subir. ¿Por qué levantas el pie más alto que tú mismo? ¿Quieres caer y no subir? Comienza por el primer escalón, es decir por la humildad, y después ella te hará subir.

Por ello nuestro Señor y Salvador no se limitó a decir: "que renuncie a sí mismo», sino que añadió: "que coja su cruz y que me siga «. ¿Qué significa, que coja su cruz? Que soporte todo lo que le es penoso, y así es como llegará a mi casa. Desde que haya comenzado a seguirme, conformándose a mi vida y a mis mandamientos, encontrará en su camino bastante gente que le contradecirá, que tratarán de desviarlo, que no sólo se burlaran de él, sino que le perseguirán. Estas personas no se encuentran únicamente entre los paganos que están fuera de la Iglesia; sino incluso entre los que parecen estar en la Iglesia, si se juzgan externamente...

Por consiguiente, si tú deseas seguir a Cristo, lleva su Cruz sin más demora y sobrelleva a los malvados sin dejarte vencer... «Si alguno quiere caminar en pos de mí, que coja su cruz y que me siga». En consecuencia, si queremos poner esto en práctica, tratemos, con la ayuda de Dios, de hacer nuestra la palabra del apóstol san Pablo: "Si tenemos qué comer y qué vestir, démonos por satisfechos». Es de temer, que si deseamos más bienes terrestres de los que necesitamos, «queriéndonos enriquecer", no «caigamos en la trampa de la tentación, en una multitud de deseos absurdos y peligrosos, que conducen a las personas a la ruina y la perdición» (1Tm 6,8-9). Se digne, el Señor, tomarnos bajo su protección y nos libre de esta tentación.

 San Cesáreo de Arlés (470-543)monje y obispo Sermon 159 ; CCL 104, 650.evangelizo.org

sábado, 29 de agosto de 2026

MIRÁNDOTE


Señor Jesús,
hoy quiero quedarme un momento mirándote.
Sin prisas, sin muchas palabras, sin pedirte nada.
Solo mirarte en la Cruz y dejar que mi corazón comprenda cuánto me amas.

Mirándote, Señor, veo tus brazos abiertos,
como si aun desde la Cruz quisieras abrazarme.
Veo tus manos heridas, que tantas veces bendijeron, sanaron y levantaron.
Veo tus pies clavados, después de haber recorrido tantos caminos buscando al que estaba perdido.
Veo tu costado abierto y descubro un Corazón que no se reservó nada para sí.

Mirándote, comprendo que no hay amor más grande que dar la vida por los amigos.
Y Tú la diste también por mí.
Cargaste con el pecado, soportaste el desprecio, el abandono y el dolor,
y aun así respondiste amando, perdonando y entregándote hasta el final.

Señor, cuando me cueste comprender lo que sucede en mi vida,
haz que vuelva mis ojos hacia Ti.
Cuando tenga miedo, que te mire.
Cuando me sienta cansado, que te mire.
Cuando haya dolor, incertidumbre o soledad, que te mire.
Y cuando todo vaya bien, que tampoco me olvide de mirarte y darte gracias.

Porque mirándote aprendo a amar sin medida,
a perdonar aunque duela,
a confiar cuando no entiendo
y a descubrir que ninguna cruz vivida contigo tiene la última palabra.

Jesús crucificado,
que nunca deje de conmoverme al contemplarte en la Cruz.
Que cada vez que levante mis ojos hacia Ti recuerde hasta dónde llegó tu amor por mí
y pueda decirte desde lo más profundo de mi alma:

Señor, aquí estoy.
Te miro y sé que me amas.
Mírame Tú también,
y no permitas que jamás aparte mis ojos ni mi corazón de Ti.

Amén.









El poder de la humildad


Afirma santo Tomás que Cristo nos recomendó por encima de todo la humildad, porque con ella se anula el principal impedimento para nuestra santificación. Todas las demás virtudes derivan de ella su valor. Sólo a ella le concede Dios sus dones, y los retira cuando ella desaparece. La dignidad y grandeza del hombre es don de Dios; su miseria, fruto de su corazón extraviado.

El abad san Macario, marchaba un día, desde la represa hacia su celda llevando hojas de palmera, cuando se encontró de pronto con el diablo. El espíritu tenebroso quiso impresionarlo con una hoz que llevaba en su mano, pero le fue imposible. Entonces le dijo:

—¿Qué fuerza emana de ti, Macario, que soy impotente contra ti? Todo lo que tú haces, yo lo hago también: tú ayunas y yo no como nada; tú velas y yo no duermo. Pero, me aventajas en un punto. Macario le preguntó cuál era. Él le dijo:

—Tu humildad. Por su causa yo no puedo nada contra ti.

Escribió santa Faustina Kowalska: “A un alma humilde Dios no niega nada; ella influye en el destino del mundo entero; Dios la eleva hasta su trono y cuanto más ella se humilla tanto más Dios se inclina hacia ella, la persigue con sus gracias y la acompaña en cada momento con su poder. Tal alma está unida a Dios de modo más profundo”. Aprecia los actos de humildad.

Padre Natalio

Fuente:Mi amor a Jesús y a su Madre María

LOS CINCO MINUTOS DE MARÍA


La vida del Niño Jesús y de su Madre puede representarse de la siguiente manera: Jesús es pequeño, está sobre las rodillas de María, ella quiere entretener al Niño y sonríe alegremente, de pronto una nube pasa delante de sus ojos, la angustia invade su corazón.

Otros día, treinta y tres años más tarde, ella lo tendrá como ahora sobre sus rodillas, pero.....muerto.

¡Pobre Madre!  ¡Será al pie de la cruz! Ella será la piedad.

VIRGEN MARIA, QUE HAS PARTICIPADO EN CUERPO Y ALMA DE LA GLORIA DE JESUCRISTO, HAZ QUE TODOS LLEGUEMOS A ESA MISMA GLORIA

Padre Nuestro...

Ave María...

Gloria...

(Padre Alfonso Milagro)

Tomo un momento para meditar todas estas cosas en mi corazón

(cf: Luc 2:19)

Fuente:Unidos al Corazón de Maria.



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...