Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

viernes, 25 de septiembre de 2026

Si Cristo no resucitó, el cristianismo entero se derrumba.

Si Cristo no resucitó, el cristianismo entero se derrumba.

No habría victoria sobre la muerte.
No habría esperanza.
No habría salvación.

San Pablo lo dijo sin rodeos:

«Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe» (1 Co 15,14).

Por eso la Resurrección no es un bello final añadido a la historia de la Pasión.

Es el acontecimiento sobre el que se sostiene todo lo demás.
La Cruz muestra el amor de Cristo hasta el extremo.
La Resurrección manifiesta que la muerte no tuvo la última palabra.

Los discípulos pasaron del miedo y la huida a anunciar públicamente que habían visto al Resucitado. Y esa proclamación cambió sus vidas y la historia.

Cristo no resucitó simplemente para demostrar que podía vencer la muerte.

Resucitó para abrirnos el camino hacia una vida que la muerte ya no puede destruir.
Por eso nuestra fe no está fundada en una bella idea.
Está fundada en una Persona que murió, fue sepultada y resucitó.

Cristo vive.
Y si Cristo vive, la muerte no tiene la última palabra.




No nos debe sobrar el tiempo, ni un segundo


Te has consolado con la idea de que la vida es un gastarse, un quemarla en el servicio de Dios. –Así, gastándonos íntegramente por El, vendrá la liberación de la muerte, que nos traerá la posesión de la Vida. (Surco, 883)

No nos debe sobrar el tiempo, ni un segundo: y no exagero. Trabajo hay; el mundo es grande y son millones las almas que no han oído aún con claridad la doctrina de Cristo. Me dirijo a cada uno de vosotros. Si te sobra tiempo, recapacita un poco: es muy posible que vivas metido en la tibieza; o que, sobrenaturalmente hablando, seas un tullido. No te mueves, estás parado, estéril, sin desarrollar todo el bien que deberías comunicar a los que se encuentran a tu lado, en tu ambiente, en tu trabajo, en tu familia.

Pensemos valientemente en nuestra vida. ¿Por qué no encontramos a veces esos minutos, para terminar amorosamente el trabajo que nos atañe y que es el medio de nuestra santificación? ¿Por qué descuidamos las obligaciones familiares? ¿Por qué se mete la precipitación en el momento de rezar, de asistir al Santo Sacrificio de la Misa? ¿Por qué nos faltan la serenidad y la calma, para cumplir los deberes del propio estado, y nos entretenemos sin ninguna prisa en ir detrás de los caprichos personales? Me podéis responder: son pequeñeces. Sí, verdaderamente: pero esas pequeñeces son el aceite, nuestro aceite, que mantiene viva la llama y encendida la luz. (Amigos de Dios, 41-42)
Fuente:opusdei

Vivimos rodeados de opiniones ajenas...

 Vivimos rodeados de opiniones ajenas. Todos parecen saber quién eres, qué debes hacer o hacia dónde te diriges, pero muy pocos se detienen a conocerte en la intimidad.

​Piensa en esa figura pública o en ese amigo del que todos hablan a sus espaldas. La multitud siempre construye una versión superficial basada en rumores o expectativas, pero solo su círculo más cercano conoce el peso real de sus batallas y la profundidad de sus propósitos.

​Nos resulta demasiado fácil comprar ideas prestadas. Repetimos lo que se dice en los pasillos de la oficina, en las reuniones familiares o en las tendencias de internet, porque seguir la corriente exige menos esfuerzo que forjar una convicción propia.

​Pero la vida nos demuestra que no puedes sostenerte de rumores cuando llegan los momentos difíciles. Conocer verdaderamente a alguien requiere intimidad. Exige sentarse a conversar a solas, entender sus silencios y aceptar que madurar a veces implica atravesar el dolor.

​Ese es el punto de quiebre en Lucas 9, 18-22. Jesús se aleja del ruido para orar y reta a sus amigos a dar una respuesta auténtica. Pedro ignora lo que "dice la gente" y lo reconoce como el Mesías, aquel que debe enfrentar el sufrimiento y la muerte para alcanzar la resurrección.

​Hoy, apaga las voces externas. Date un momento de silencio, asume tus propios procesos con valentía y responde desde tu experiencia interior quién es Él en tu vida. Sal y camina con esa seguridad.







ORACIÓN DE LA MAÑANA


Señor, Tú eres nuestra roca y nuestra fortaleza; en nuestra pequeñez, enséñanos a vivir sostenidos por Ti.

(Cf. Salmo 143)
Viernes, 25 de septiembre de 2026

Señor mío y Dios mío:

Hoy queremos comenzar reconociendo de dónde viene nuestra verdadera fortaleza. No nace de nuestras propias fuerzas, ni de nuestras capacidades, ni de nuestras seguridades, todo lo hemos recibido de Ti, Señor, y es Tu gracia la que nos sostiene. Nuestra fortaleza está en Ti.

Tú eres nuestra roca firme, nuestro amigo fiel, nuestro refugio y el escudo bajo el cual podemos ampararnos. Cuando nos sintamos fuertes, no permitas que olvidemos que todo bien procede de Ti; y cuando sintamos que ya no podemos más, recuérdanos que podemos apoyarnos en Ti.

Prepáranos, Señor, para las luchas de cada día. No para combatir contra nuestros hermanos, sino para enfrentar aquello que verdaderamente amenaza nuestro corazón: el desaliento, el egoísmo, el orgullo, la desesperanza, la tentación de abandonar y todo aquello que pueda alejarnos de Ti.

Danos fortaleza para perseverar,
serenidad para afrontar las dificultades,
sabiduría para tomar decisiones,
paciencia para saber esperar,
humildad para reconocer nuestros errores
y fe para seguir caminando.

Pero hoy Tu Palabra también nos hace mirar nuestra pequeñez. ¿Qué somos nosotros, Señor, para que te fijes en nosotros? Nuestra vida pasa rápidamente; nuestros días son como una sombra que se desvanece y tantas cosas que hoy parecen importantes mañana habrán quedado atrás.

Y, sin embargo, Tú te fijas en nosotros. Conoces nuestro nombre, escuchas nuestra oración, te importan nuestras lágrimas, conoces nuestras luchas, acompañas nuestros pasos y permaneces cerca de nosotros.

Que esta certeza nos haga humildes y agradecidos. Que comprender la fragilidad de nuestra vida no nos lleve a la tristeza, sino que nos enseñe a vivir cada día con mayor profundidad: a amar mientras podamos amar, a perdonar mientras tengamos tiempo, a hacer el bien cuando tengamos la oportunidad y a no desperdiciar la vida lejos de Ti.

Ponemos bajo Tu amparo a nuestras familias, a quienes amamos y a todos aquellos que hoy necesitan fortaleza.

Sé roca para quien siente que todo se tambalea,
refugio para quien atraviesa una tormenta,
escudo para quien se siente indefenso
y esperanza para quien comienza a perderla.

Cuando nuestras fuerzas no alcancen, que sepamos refugiarnos en Ti; cuando nos sintamos pequeños, recuérdanos que nos miras con amor; cuando pensemos que estamos solos, haznos reconocer Tu presencia; y cuando olvidemos lo breve que es nuestra vida, enséñanos a vivirla contigo y para Ti.

Bendito seas, Señor, nuestra roca firme.
Bendito seas, nuestra fortaleza.
Bendito seas, nuestro refugio y nuestro amparo.

Que nuestra fragilidad nunca nos haga olvidar la grandeza de Aquel que nos sostiene.




Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?


¡Cristo! Siento la necesidad de anunciarlo, no puedo callarlo: «¡Desdichado de mí si no anuncio el Evangelio! (1C 9,16). Para esto he sido enviado; soy apóstol, soy testigo. Cuanto más lejos esta el objetivo más difícil es la misión, más me siento apremiado por el amor (2C 5,14). Debo proclamar su nombre: Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo (Mt 16,16). Él es quien nos ha revelado al Dios invisible, el primer nacido de toda criatura, es el fundamento de toda cosa (Col 1,15s). Es el Señor de la humanidad y el Redentor: nació, murió y resucitó por nosotros; es el centro de la historia y del mundo. Él es el que nos conoce y nos ama; es el compañero y el amigo de nuestra vida. Es el hombre del dolor y de la esperanza; es el que ha de venir y un día será también nuestro juez, nosotros le esperamos, es la plenitud eterna de nuestra existencia, nuestra bienaventuranza.

Nunca acabaría de hablar de él: él es la luz, es la verdad; mucho más, es «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6). Es el Pan, la Fuente de agua viva que sacian nuestra hambre y nuestra sed (Jn 6, 35; 7, 38); Es el Pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Igual que nosotros, y más que nosotros, ha sido pequeño, pobre, humillado, trabajador, desdichado y paciente. Para nosotros habló, hizo milagros, y fundó un Reino nuevo en el que los pobres serán dichosos, en el que la paz es el principio de la vida de todos juntos, en el que los que son puros de corazón y los que lloran serán exaltados y consolados, en el que los que suspiran por la justicia serán escuchados, en el que los pecadores pueden ser perdonados, en el que todos son hermanos.

Jesucristo: vosotros habéis oído hablar de él, e incluso la mayoría sois ya de los suyos, sois cristianos. ¡Pues bien! A vosotros cristianos os repito su nombre, a todos os lo anuncio: Jesucristo es «el principio y el fin, el alfa y la omega» (Ap 21,6). ¡Él es el rey del mundo nuevo; es el secreto de la historia, la llave de nuestro destino; es el Mediador, el puente entre la tierra y el cielo...; el Hijo del hombre, el Hijo de Dios..., el Hijo de María... Jesucristo! Acordaos: es el anuncio que hacemos para la eternidad, es la voz que hacemos resonar por toda la tierra (Rm 10,18) y por los siglos de los siglos.

 San Pablo VI

papa 1963-1978
Homilía en Manila, 29•11•1979.evangelizo.org

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Les envió por primera vez


Ser apóstol ¿por medio de qué? Con aquellos que Dios pone a su disposición: los sacerdotes tienen sus superiores que les dicen lo que deben hacer. Los laicos deben ser apóstoles con aquellos a quienes pueden atender: sus prójimos y sus amigos, pero no sólo con ellos; la caridad no es estrecha, sino que abraza todo lo que abraza el corazón de Jesús.

¿Por medio de qué? Por los medios mejores, dándose a aquellos a los que se dirigen: con todos aquellos, sin excepción, con quienes están en relación a través de la bondad, la ternura, el afecto fraterno, el ejemplo de la virtud, por la humildad y la dulzura que siempre son atractivas y muy cristianas. Con algunos sin decirles jamás una palabra de Dios ni de religión, teniendo paciencia como Dios es paciente, siendo buenos como Dios es bueno, siendo un hermano tierno y orante. Con otros hablando de Dios en la medida en que ellos puedan soportar; desde que está en su pensamiento la búsqueda de la verdad por el estudio de la religión, procurando se relacionen con un sacerdote muy bien escogido y capaz de hacerles bien. Sobre todo ver en toda persona humana a un hermano.

 San Carlos de Foucauld (1858-1916) ermitaño y misionero en el Sahara

Carta a Joseph Hours, 3 de mayo de 1912.evangelizo.org

ORACIÓN A SAN JOSÉ, TERROR DE LOS DEMONIOS


«San José, terror de los demonios, lanza tu solemne mirada sobre el demonio y todos sus secuaces, y protégenos con tu poderosa vara. Huiste de noche para evitar los malvados planes del maligno; ahora, con el poder de Dios, ¡aniquila a los demonios que huyen de ti! Te suplicamos que protejas especialmente a los niños, a los padres, a las familias y a los moribundos. Por la gracia de Dios, ningún demonio se atreve a acercarse cuando tú estás cerca, y por eso te pedimos que ¡siempre estés junto a nosotros!»

Amén.





martes, 22 de septiembre de 2026

«Misa de sanación».


 Cada vez escucho con más frecuencia una expresión que me resulta problemática: «Misa de sanación».
¿Existe realmente en la liturgia católica una cosa llamada así?

1️⃣ Naturalmente que un cristiano puede pedir a Dios la curación. Y la Iglesia reza por los enfermos desde sus orígenes.

Tenemos la Unción de los enfermos, bendiciones propias, oraciones por ellos y hasta un formulario de Misa por los enfermos —Missa pro infirmis—.

2️⃣ También pueden ser perfectamente legítimos unos ejercicios o retiros orientados a la sanación espiritual.

Una persona puede necesitar trabajar heridas, adicciones, dificultades matrimoniales, duelos, perdón…
Eso pertenece al acompañamiento espiritual y pastoral.

3️⃣ Pero una cosa es un retiro de sanación y otra convertir la celebración eucarística en una supuesta modalidad llamada «Misa de sanación».

El Misal Romano conoce Misas votivas, rituales y Misas por diversas necesidades. No establece un género litúrgico denominado «Misa de sanación».

4️⃣ Y aquí la Iglesia ha hablado con bastante claridad.

La Congregación para la Doctrina de la Fe publicó en el año 2000 la Instrucción sobre las oraciones para obtener de Dios la curación.
No estamos, por tanto, ante una cuestión que haya quedado al gusto de cada sacerdote.

5️⃣ Su artículo 7 §1 establece que no deben introducirse oraciones de curación, litúrgicas o no litúrgicas, dentro de la celebración de la Santísima Eucaristía.

Sí pueden incluirse intenciones por la curación de los enfermos en la oración de los fieles.
La diferencia es importante.

6️⃣ Más aún: cuando se celebran encuentros específicos de oración por la curación, la misma Instrucción pide evitar cuidadosamente «el histerismo, la artificiosidad, la teatralidad o el sensacionalismo».

Difícil decirlo con mayor claridad.

7️⃣ Y existe una razón profundamente eucarística para todo esto.

La Santa Misa no necesita convertirse en «algo más».
No necesita añadidos para resultar más poderosa, más emocionante o aparentemente más eficaz.
La Eucaristía es Cristo mismo entregándose a su Iglesia.

8️⃣ En la Santa Misa celebramos sacramentalmente el único sacrificio de Cristo.

No otro sacrificio. No una repetición del Calvario.
El único sacrificio de Cristo se hace presente de modo incruento sobre el altar.
Eso ya es inmenso.

9️⃣ Por eso me preocupa cuando la expresión «Misa de sanación» termina transmitiendo la impresión de que existen Misas normales y otras Misas especialmente poderosas para curar.

No.

Toda Eucaristía contiene y comunica los frutos del único sacrificio redentor de Cristo.

🔟 Además existe un riesgo pastoral.

Cuando se promete, insinúa o escenifica constantemente la curación física, puede terminar midiéndose la acción de Dios por resultados extraordinarios.
Pero el cristianismo conoce también el misterio de la Cruz: «Te basta mi gracia» (2 Co 12,9).

1️⃣1️⃣ Recemos por los enfermos. Pidamos incluso su curación corporal. Celebremos, cuando corresponda, la Misa por los enfermos. Administremos la Unción según dispone la Iglesia. Organicemos encuentros de oración conforme a sus normas.

Pero no inventemos la liturgia.
Quizá el problema de las llamadas «Misas de sanación» no sea la palabra sanación, sino olvidar qué es la Misa.
La Eucaristía no necesita que nosotros la hagamos más extraordinaria.
Extraordinario es que Cristo haga presente su sacrificio en nuestros altares.

Y cuando la Iglesia ya nos ha dado sus ritos, sus sacramentos y sus oraciones, la verdadera pastoral no consiste en añadir ocurrencias, sino en celebrar con fe lo que hemos recibido.




Reflexión sobre el Evangelio de hoy

 Martes 22 de septiembre del 2026.


La sangre te da parientes, pero solo el propósito compartido te da una familia.

Piensa en un equipo de rescate frente a una emergencia. No importa quién es pariente de quién; el vínculo que los hace hermanos en ese instante es escuchar la misma instrucción y actuar juntos.

A diario vemos personas que presumen lazos de toda la vida o amistades eternas, pero a la hora de la verdad, simplemente desaparecen.

La vida nos demuestra que la afinidad profunda no es un estado estático. Es un verbo en movimiento. Tu verdadera tribu es la que se remanga la camisa y trabaja a tu lado.

En el crecimiento espiritual sucede exactamente lo mismo. No basta con memorizar buenos consejos, tener intenciones nobles o decirse parte de una comunidad.

Para que las convicciones echen raíz, necesitan manifestarse en lo cotidiano: en tu paciencia al manejar, en cómo tratas a quien no puede darte nada a cambio, en tu honestidad en el trabajo.

Jesús revolucionó esta idea de pertenencia en Lucas 8, 19-21. Frente a la multitud que le avisa que su familia biológica lo busca, Él cambia por completo la regla del parentesco: "Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica".

Deja de acumular solo buenas ideas en tu cabeza. Elige una sola enseñanza que te inspire y conviértela en una obra concreta para alguien más que le demuestre que el verdadero amor es siempre una acción.

Busca su rostro. Sí, tu rostro, Señor, es lo que busco(Sal 26,7-8)


Soy desvergonzado y temerario, oh tú, mi socorro y mi apoyo de siempre, tú que no me abandonas jamás. Mira, es el amor de tu amor el que me hace buscar tu rostro (Sal 26,8). Tú me ves y yo no puedo verte. Pero tú me has dado el deseo de verte y ver todo lo que te complace en mí. Tú perdonas al instante a este ciego que corre hacia ti. Tú le das la mano en cuanto tropieza.

En el fondo de mi alma resuena la voz de tu presencia y responde a mi deseo. El alma protesta y echa fuera todo lo que hay en mí y mis ojos interiores son deslumbrados por el fulgor de tu verdad. Me recuerda que el hombre no te puede ver y quedar con vida (Ex 33,20). Hundido en el pecado hasta el día de hoy, no he logrado morir a mí mismo para vivir únicamente para ti (2Cor 5, 15). No obstante, por tu palabra y por tu gracia, me quedo atento, aguardando sobre la roca de la fe, en el lugar que está junto a ti (Ex 33, 21). Apoyado en esta fe, espero paciente, según mis posibilidades y abrazo tu derecha que me sostiene y me guarda(Sab 5,16).

Alguna vez, cuando contemplo y miro por la espalda (Ex 33,23)a aquel que me ve, a Cristo tu Hijo, en su humildad como hombre, me paro a contemplar... Lo poco que he podido sentir y percibir de él atiza la llama de mi deseo interior. Con paciencia espero que tú retires tu mano (cf Ex 33,22) y que derrames en mí tu gracia iluminadora para que según la respuesta de tu verdad, muerto a mí mismo y vivo para ti, comience a contemplar tu rostro descubierto.

 Guillermo de San Teodorico (c. 1085-1148) monje benedictino y después cisterciense

La contemplación de Dios.evangelizo.org

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