Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

viernes, 14 de agosto de 2026

LA MANO QUE LA MUERTE TUVO QUE SOLTAR

 

Hay voces que nunca desaparecen. Pueden pasar veinte, treinta, o cincuenta años.

Por: Antoine Abraham | Fuente: Catholic.Net

Hay voces que nunca desaparecen. Pueden pasar veinte… treinta… o cincuenta años. Y, sin embargo, todavía eres capaz de escuchar la voz de tu mamá llamándote a comer. La de tu papá diciéndote tu apodo. O la de alguien que ya no está… pero cuyo modo de pronunciar tu nombre sigue viviendo dentro de ti. Porque hay voces que el corazón nunca olvida. Quizá por eso hay un detalle en el Evangelio de san Marcos (5, 21-43) que siempre me ha conmovido. Jesús llega a la casa de Jairo. Su hija, de apenas doce años, acaba de morir. Todos lloran. Todos creen que la historia terminó. Jesús entra en la habitación, toma a la niña de la mano y pronuncia dos palabras: "Talita cumi." Nuestras Biblias las traducen: "Niña, a ti te digo, levántate."

En arameo, la lengua cotidiana de Jesús, talita era una forma profundamente cariñosa de dirigirse a una niña pequeña. Muchos estudiosos señalan que el término evocaba la delicadeza, la fragilidad y la ternura. Incluso existe una antigua tradición que compara esa expresión con la forma en que un pastor llamaba con cariño a su ovejita más pequeña… "corderita". Y, sin embargo, hay un detalle que suele pasar desapercibido: Marcos pudo haber escrito solamente la traducción. No era necesario conservar aquellas palabras en arameo. Sin embargo, decidió dejarlas exactamente como salieron de los labios de Jesús: Talita cumi. ¿Por qué? Porque quizá hubo palabras tan llenas de ternura que nadie quiso olvidarlas. Como si, muchos años después, quienes estuvieron allí todavía pudieran escuchar la voz de Jesús inclinándose sobre aquella pequeña.

No un grito. No una orden. No una demostración de poder. Sino la voz serena de alguien que ama profundamente. Una voz capaz de despertar incluso a quien parecía no poder volver a escucharla. Muchas veces imaginamos que Dios nos pudiera hablar con dureza. Pensamos que cuando caemos, nos señalará nuestros errores. Que cuando nos alejamos, nos recibirá con reproches. Pero el Evangelio muestra exactamente lo contrario. Jesús primero toma la mano. Después habla. Y cuando habla… lo hace con una ternura que ni siquiera la muerte puede resistir. Porque cuando Jesús toma una mano... la muerte tiene que soltarla.

Tal vez hoy tú no necesites escuchar un sermón. Tal vez solo necesitas recordar que Dios sigue pronunciando tu nombre con el mismo amor con que llamó a aquella niña. Porque para Él nunca has dejado de ser valioso. Nunca has dejado de ser suyo. Y quizá esa sea la razón por la que san Marcos conservó aquellas dos palabras. No solo quería que conociéramos el milagro. Quería que nunca olvidáramos la voz. Porque quizá un día olvidemos muchos sermones. Muchas explicaciones. Incluso muchos milagros. Pero nunca olvidaremos la forma en que Dios pronuncia nuestro nombre.

Porque lo que ocurrió hace siglos… tiene eco en la eternidad. — Antoine Abraham.

UN DETALLE QUE POCOS CONOCEN:

San Marcos escribió su Evangelio varias décadas después de la muerte de Jesús. Sin embargo, en algunos momentos decidió no traducir ciertas palabras del arameo al griego. Es como si quisiera que el lector no solo entendiera lo que Jesús dijo, sino que pudiera escuchar cómo sonó. Talita cumi es una de esas pocas expresiones que han llegado hasta nosotros exactamente como salieron de sus labios.





Las Letanías de la Humildad

 Las Letanías de la Humildad, tradicionalmente asociadas al cardenal Rafael Merry del Val, son una de esas oraciones que no se pueden rezar deprisa. Cada invocación toca el orgullo, el deseo de reconocimiento y el miedo a desaparecer.


Vale la pena rezarlas despacio.

1️⃣ La humildad cristiana no consiste en despreciarse ni en pensar que uno no vale nada.

Consiste en vivir en la verdad: reconocer que todo lo bueno procede de Dios, agradecer los dones recibidos y dejar de colocarnos continuamente en el centro.

2️⃣ Por eso estas letanías son tan exigentes.

No piden simplemente soportar que no nos reconozcan. Piden algo todavía mayor: llegar a ser libres de esa necesidad de aprobación que tantas veces condiciona nuestras palabras, decisiones y relaciones.

3️⃣ Jesús, manso y humilde de Corazón, óyeme.

Del deseo de ser estimado,
líbrame, Jesús.

Del deseo de ser amado,
líbrame, Jesús.

Del deseo de ser ensalzado,
líbrame, Jesús.

Del deseo de ser honrado,
líbrame, Jesús.

4️⃣ Del deseo de ser alabado,
líbrame, Jesús.

Del deseo de ser preferido a los demás,
líbrame, Jesús.

Del deseo de ser consultado,
líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aprobado,
líbrame, Jesús.

5️⃣ Del temor de ser humillado,
líbrame, Jesús.

Del temor de ser despreciado,
líbrame, Jesús.

Del temor de sufrir rechazos,
líbrame, Jesús.

Del temor de ser calumniado,
líbrame, Jesús.

6️⃣ Del temor de ser olvidado,
líbrame, Jesús.

Del temor de ser ridiculizado,
líbrame, Jesús.

Del temor de ser injuriado,
líbrame, Jesús.

Del temor de ser juzgado con malicia,
líbrame, Jesús.

7️⃣ Y entonces comienza quizá la parte más difícil:

Que otros sean más amados que yo,
Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean más estimados que yo,
Jesús, dame la gracia de desearlo.

8️⃣ Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo disminuya,
Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean elegidos y yo dejado de lado,
Jesús, dame la gracia de desearlo.

9️⃣ Que otros sean alabados y yo pase inadvertido,
Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean preferidos a mí en todo,
Jesús, dame la gracia de desearlo.

🔟 Que otros sean más santos que yo, con tal de que yo llegue a ser todo lo santo que debo,
Jesús, dame la gracia de desearlo.

Esta última petición contiene un verdadero programa de vida espiritual.

1️⃣1️⃣ No se trata de querer ser menos santo. Al contrario.

Se trata de querer profundamente la propia santidad sin convertirla en competición. Poder alegrarse de que otro sea mejor, más reconocido, más fecundo o más santo sin sentir que nosotros perdemos algo.

1️⃣2️⃣ La verdadera humildad termina produciendo una inmensa libertad.

Ya no necesitamos ganar todas las discusiones, recibir todos los agradecimientos, aparecer en todas partes ni conseguir que todos reconozcan lo que hacemos.

Basta con que Dios lo sepa.

Quizá ahí comienza la verdadera paz: cuando dejamos de luchar para que el mundo recuerde nuestro nombre y empezamos a desear únicamente que sea conocido, amado y glorificado el Nombre de Jesucristo.

«Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar» (Jn 3,30).

Jesús, manso y humilde de Corazón, haz nuestro corazón semejante al tuyo.

La fe nos salvará.

La fe tiene premio. Y si tenemos fe, entonces vemos todas las cosas a la luz de la fe, con los ojos de Dios.

Estamos en esta vida para que con la fe merezcamos el premio del Cielo. Por eso el demonio trata por todos los medios de apagar la fe en los corazones.

Y es lógico que sea así, porque el diablo sabe muy bien que un hombre que tiene fe, absolutamente tiene todo arreglado y obtiene infaliblemente su salvación eterna y la de incontables almas.

Tenemos que cuidar nuestra fe, y aumentarla con actos de fe, rezando frecuentemente el Credo, y teniendo bien presente que los misterios de nuestra santa religión católica son precisamente eso: misterios, y que no podemos entenderlo todo, sino que como los misterios superan la razón, debemos prestarle nuestra fe para creer firmemente en ellos y obtener así el premio al que cree.

Los milagros de Jesús en el Evangelio, estaban supeditados a la fe de los que los pedían. A veces eran los propios enfermos quienes tenían la fe suficiente para que Jesús los sane. Otras veces la fe la tenían los acompañantes del enfermo, los parientes y amigos que por él pedían una gracia al Señor, y la obtenían.

Así que nosotros debemos cuidar nuestra fe, y aumentarla, confiando ciegamente en el Señor y en lo que Él nos enseña, porque así nos salvaremos y obtendremos TODO de Dios.

Creer tiene mérito. Y el mérito merece un premio. Por eso si creemos, seremos premiados por el Señor.

La fe nos salvará. Tengamos fe, y lo tendremos todo. Porque no hay imposibles para Dios. Y todo es posible para el que cree.

Granito de arena de Esperanza...Viernes de Pasión



¡Verdaderamente es amable la Santa Humanidad de nuestro Dios!

—Te «metiste»
en la Llaga santísima
de la mano derecha
de tu Señor,
y me preguntaste:

«Si una Herida
de Cristo
limpia,
sana,
aquieta,
fortalece
y enciende
y enamora,
¡qué no harán las cinco, abiertas en el madero?»

 Punto 555

jueves, 13 de agosto de 2026

Perdona a tu pueblo, Señor, y haz que nuestro corazón vuelva siempre a Ti. (Cf. Salmo 77)


ORACIÓN DE LA MAÑANA
Jueves, 13 de agosto de 2026

Señor mío y Dios mío:
Hoy nos presentamos ante Ti sin esconder nuestra fragilidad. Sabemos cuántas veces conocemos el camino y, sin embargo, nos apartamos de él; cuántas veces recibimos Tu amor y respondemos con indiferencia; cuántas veces ponemos nuestra confianza en cosas que pasan y olvidamos que solo Tú eres nuestro Dios.

Perdónanos, Señor. No permitas que nuestro corazón se acostumbre a vivir lejos de Ti. Cuando caigamos, danos la humildad de volver; cuando nos equivoquemos, la valentía de reconocerlo; y cuando el pecado nos hiera, concédenos buscar sinceramente Tu misericordia y dejarnos reconciliar contigo.

Aparta de nuestra vida todo aquello que pueda convertirse en un ídolo y ocupar el lugar que solamente a Ti pertenece. Que nada sea más importante que amarte, escucharte y permanecer fieles a Tu voluntad.
Mira también con misericordia a nuestras familias, a Tu Iglesia y a todos los pueblos. Donde haya división, siembra reconciliación; donde el pecado haya dejado heridas, derrama Tu gracia; donde alguien se encuentre lejos de Ti, abre un camino de regreso hacia Tu corazón.

Al comenzar esta jornada, no queremos confiar únicamente en nuestras propias fuerzas. Queremos caminar sostenidos por Tu gracia, aprendiendo de nuestras caídas y procurando que cada decisión nos acerque más a Ti.

Perdona a Tu pueblo, Señor, renueva nuestro corazón y ayúdanos a permanecer fieles a Tu amor.





Si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros


Todo hombre está en deuda con Dios y todo hombre está en deuda con su hermano. En efecto, ¿quién no estaría en deuda con Dios sino aquel en quien no se encontrara pecado? ¿Y quién no estaría en deuda con su hermano sino aquel que nunca ha ofendido a nadie? Así pues, todo hombre es a la vez deudor y acreedor… Un mendigo te pide limosna y tú eres el mendigo de Dios, porque, cuando oramos, todos nosotros somos mendigos de Dios. Permanecemos en pié, o mejor, nos prosternamos ante la puerta de nuestro Padre de familia (cf Lc 11,5s); le suplicamos lamentándonos, deseosos de recibir de él una gracia, y esta gracia, es Dios mismo. ¿Qué es lo que te pide el mendigo? Pan. Y tú, que es lo que le pides a Dios si no es a Cristo, el cual ha dicho: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo” (Jn 6,51). ¿Queréis ser perdonados? Perdonad. “Devolved y se os devolverá”. ¿Queréis recibir? “Dad y se os dará” (Lc 6,37)…

Debemos, pues, estar dispuestos a perdonar todas las faltas que se cometen contra nosotros si queremos que Dios nos perdone. Sí, verdaderamente, si nos ponemos a considerar nuestros pecados y pasamos revista a las faltas que hemos cometido, no creo que podamos dormirnos sin que nos sintamos el peso de nuestra deuda. Por eso cada día presentamos a Dios nuestras peticiones, cada día nuestras peticiones llegan a sus oídos, cada día nos prosternamos diciendo: “Perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido”. ¿Qué deudas quieres que se te perdonen? ¿Todas, o una parte? Seguro que respondes: Todas. Pues haz tú lo mismo con tu deudor.

San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermón 83,evangelizo.org

Granito de arena de Esperanza...JUEVES EUCARÍSTICO




Vivimos un mundo donde las cosas rotas, se desechan... pero DIOS nunca ha trabajado así, recuerda: ÉL no se acerca solo a los fuertes, se acerca, precisamente, a los quebrantados
 
Quiero escuchar tu voz
Y poner en ti Señor mi corazón, alma, espíritu. Quiero escucharte y guardar tu palabra en mi ser para así obedecer y confiar siempre en tu amor.

Fuente:https://x.com/NazarethFamili1



No dejes
la Visita al Santísimo.

—Luego de la oración vocal que acostumbres, di a Jesús,
realmente presente
en el Sagrario,
las preocupaciones
de la jornada.

—Y tendrás luces
y ánimo para tu vida
de cristiano.

Devociones · Punto 554

CAMINO

miércoles, 12 de agosto de 2026

«Todo lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo»: el sacramento del perdón



El otro día un periodista me hizo una curiosa pregunta: "¿Incluso usted tiene que confesarse?" Sí, le dije. Me confieso cada semana. "Entonces Dios tiene que ser muy exigente, si hasta usted tiene que confesarse."

Seguro que su hijo a veces se equivoca, le dije. Y ¿qué ocurre cuando viene y le dice «papá, lo siento»?, ¿qué hace usted? Lo rodea con sus brazos y lo besa. ¿Por qué? Pues porque esa es su manera de decirle que lo ama. Dios hace lo mismo. Nos ama tiernamente. Por lo tanto cuando pecamos o cometemos un error, lo que debemos hacer es servirnos de eso para acercarnos más a Dios. Digámosle humildemente: «Sé que no debería haber hecho esto, pero incluso esta falta te la ofrezco».

Si hemos pecado o cometido un error, digámosle: «¡Lo siento! Me arrepiento». Dios es un Padre que perdona. Su clemencia es mayor que nuestros pecados. Él nos perdonará.

Santa Teresa de Calcuta (1910-1997)
fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad
El amor más grande.evangelizo.org



Miércoles de San José


Dios sigue buscando hombres como San José, dispuestos a decir sí, sin entenderlo todo.

Hay padres que cargan todo en silencio. Dios los ve.
San José, fortalece a cada padre; especialmente a los que están solos.


San José no solo fue llamado padre de Jesús, sino que lo fue en verdad.” San Bernardo de Claraval

“Entendí que gran parte de la crisis que vive el mundo es por la ausencia de más hombres como San José.”
P. Leonardo Bonin

Granito de arena de Esperanza...SAN JOSÉ


SAN JOSÉ, fue el hombre de la ternura fuerte. con sus manos tocaba a Dios y llevaba a Dios de la mano.
Jugaba con Dios y Dios era feliz con él.
En el taller le enseñaba a trabajar con amor.
Y en las noches de Nazareth lo cubría con su manto.

🌿🌿🌿

SAN JOSÉ, en el silencio a Dios cuidaba, en la fatiga lo sostenía, y en cada mirada le entregaba todo su corazón.
Y ni en la Gloria había más gloria que en la casa de José, donde el Cielo cabía entero entre los brazos de un padre.

🌿🌿🌿

SAN JOSÉ, el carpintero que enseñaba a rezar a Dios. y hablaba con Dios cara a cara. miraba con sus ojos, los ojos de Dios.
Y con Dios reía. Dios se dormía en sus brazos. Y despertaba con su beso.
Dios comía de su mano. Y oraba a Dios y le cantaba teniéndole en sus rodillas.



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