Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

martes, 19 de mayo de 2026

El milagro del Señor de Santa Teresa.

 



19 de mayo, el milagro del Señor de Santa Teresa.

El Crucifijo de Ixmiquilpan (también conocido como “El Señor de Santa Teresa”) es una imagen de tamaño natural hecha de pasta de caña de maíz que originalmente era venerada en la iglesia de Mapethé, cerca del pueblo de Ixmiquilpan, Hidalgo, México. 

En el siglo XVII la escultura se había desfigurado y se ordenó que fuera sepultada junto con el próximo habitante del pueblo que muriera. Pasaron seis años sin que ocurriera ninguna muerte. Después de una larga sequía, y tras la negativa y posterior aceptación de un sacerdote para sacar el crucifijo desfigurado en una procesión, llovió durante 17 días, lo que culminó con un fuerte viento y la destrucción del techo de la iglesia. 

En ese momento, el cuerpo del Cristo se desprendió de la cruz y se renovó milagrosamente por sí mismo. Esto sucedió el 19 de mayo de 1621, hoy hace 405 años. 

El milagro, que fue presenciado por muchos habitantes del pueblo, conmocionó a todo el centro de México y poco después el arzobispo de la Ciudad de México, Juan Pérez de la Serna, ordenó que la imagen fuera llevada a la Ciudad de México. Después de protestas y otras controversias, la imagen fue trasladada al convento carmelita de Santa Teresa en la Ciudad de México. 

En 1736, el crucifijo fue sacado en procesión para mitigar una gran inundación y las epidemias que afligían a la Ciudad de México. Se cree que dicha procesión no ayudó, hasta que se sacó la imagen original de Nuestra Señora de Guadalupe. La gente llegó a creer que Jesús quería que la Ciudad de México conociera y honrara a su madre a través de esta imagen de Nuestra Señora.

La devoción al Crucifijo de Ixmiquilpan es, de hecho, un precursor de la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe, la cual creció verdaderamente en el siglo dieciocho.

Cuando el convento carmelita de Santa Teresa fue destruido por un terremoto, el crucifijo fue trasladado a otros monasterios e iglesias carmelitas. Actualmente se encuentra albergado y es venerado en el Monasterio Carmelita de San José, ubicado en la colonia de Tlacopac, Ciudad de México.

Tomado de Luis Gachuz-Meza

RamonRabre

San Antonio de Padua...Granito de arena de Esperanza

 


El 19 de mayo de 1231, hace hoy 795 años, el Niño Jesús se aparecía a San Antonio de Padua, quien estaba a unas semanas de expirar.

Ocurrió este portento en el Castillo de Camposampiero donde el conde Tisso alojaba al santo, ya muy enfermo. El conde espiaba a Antonio, para comprobar lo santo que era, cuando para que no tuviera duda, fue testigo de la aparición.

RamonRabre

ORACIÓN DE LA MAÑANA (Cf. Sal 67)

 "Tú eres nuestro refugio, nuestra esperanza y la salvación que nunca defrauda. Y aun en medio de las pruebas, sabemos que Tu amor siempre es más grande que nuestros temores".


Señor mío y Dios mío, en esta mañana venimos ante Ti con un corazón agradecido, porque día tras día nos sostienes con Tu amor y nunca abandonas a quienes esperan en Ti. Tú das fuerzas al cansado, alivias al corazón extenuado y derramas Tus favores sobre quienes humildemente confían en Tu misericordia.

Bendito seas, Señor, porque eres un Dios de salvación y amparo. En medio de nuestras luchas, preocupaciones y fragilidades, Tú permaneces siempre cercano, levantándonos cuando caemos y conduciéndonos con paciencia por el camino de la vida. Haz que nunca olvidemos que incluso en los momentos más difíciles seguimos bajo Tus alas y sostenidos por Tu providencia.

Que este día caminemos bajo Tu mirada, con humildad, esperanza y confianza plena en Ti. Danos fortaleza para perseverar en el bien, sabiduría para tomar decisiones rectas y un corazón dispuesto a amar, servir y perdonar. No permitas que el cansancio del mundo nos robe la paz ni aparte nuestra mirada de Tu presencia.

Señor mío y Dios mío, prepara también nuestro corazón para reconocer Tu amor en las pequeñas cosas: en una palabra oportuna, en una mano tendida, en una conversación providencial, en la oración silenciosa y en cada signo de Tu infinita bondad hacia nosotros.

Porque Tú eres nuestro refugio, nuestra esperanza y la salvación que nunca defrauda. Y aun en medio de las pruebas, sabemos que Tu amor siempre es más grande que nuestros temores.

Amén.

domingo, 17 de mayo de 2026

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

 El Señor asciende glorioso a los Cielos, pero no abandona a Su pueblo; permanece con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

«Y sepan que Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.»
(Mt 28, 20)

Señor mío y Dios mío, en la paz de este amanecer elevamos nuestra mirada hacia Ti, contemplando a Tu Hijo amado, que asciende glorioso a los Cielos para sentarse a Tu derecha, llevando consigo nuestra esperanza y abriéndonos el camino hacia la Vida eterna.

Hoy queremos alabarte y darte gracias, porque Cristo no abandona a Su Iglesia ni deja solos a los suyos. Él permanece vivo en medio de nosotros, sostiene nuestra Fe, fortalece nuestra Esperanza y enciende nuestra Caridad, guiando nuestros pasos con la fuerza de Su presencia y de Su Espíritu.

Concédenos vivir este día con el corazón elevado hacia las realidades eternas, sin apartarnos de la misión que nos has confiado en medio del mundo. Que nuestras palabras, nuestras decisiones y nuestras obras reflejen la luz de Cristo y sean signo de esperanza, caridad y fidelidad para quienes nos rodean.

Enséñanos a comprender lo breve de nuestra vida y la grandeza de Tu amor, para que no desperdiciemos el tiempo que nos regalas, sino que lo vivamos buscando siempre Tu voluntad. Derrama sobre nosotros Tu gracia desde esta mañana, para que, aun en medio de las dificultades, permanezcamos firmes, perseverantes y llenos de paz.

Haz que nunca nos dejemos vencer por el cansancio, por el desánimo ni por las preocupaciones de este mundo. Y así como los Apóstoles permanecieron con los ojos levantados hacia el Cielo después de contemplar la Ascensión de Tu Hijo, concédenos vivir también a nosotros con la mirada puesta en Cristo, Señor de la gloria y Rey de toda la creación.

Permítenos reconocer Tu mano en lo cotidiano, descubrir Tu presencia en cada acontecimiento y alegrarnos siempre al contemplar Tu obra en nuestras vidas.

Y que resuene constantemente en nuestro corazón la promesa consoladora de Tu Hijo: "Y sepan que Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo".

Y que toda nuestra vida sea testimonio de fidelidad y alabanza a Ti, para gloria Tuya,
Señor mío y Dios mío.

¡Llévame contigo al Cielo!



Al final de los cuarenta días
Después de la Santa Pascua de Resurrección,
Has hecho subir al Monte de los Olivos
Al grupo que habías elegido: los Once.
La promesa del Padre, el Espíritu,
Prometiste acordárselo,
Y bendiciéndolos, Señor,
Te has elevado junto al Padre en el cielo.
Nuestra naturaleza humana,
Que el Malvado había rendido infernal,
La has elevado más arriba
De la naturaleza de los seres de fuego.
Te sentaste a la derecha del que te ha engendrado,
Conforme a la predicción del Profeta,
Has sido adorado por la armada de Ángeles
Con el Padre y el Espíritu.
Yo que soy inerte para el bien,
Llévame contigo al Cielo.
Mis miembros descompuestos, terrestres,
Únelos de nuevo con la Cabeza.
Aunque sea el último en todo
Como la planta de los pies,
¡Qué entre los santos miembros
Sea yo contado en esa multitud!

 San Nersés Shnorhalí (1102-1173)

patriarca armenio
Jesús, Hijo Único del Padre, II (SC 203 (Jésus Fils Unique du Père, Cerf, 1973), trad. sc©evangelizo.org

sábado, 16 de mayo de 2026

ORACIÓN DE LA MAÑANA Sábado 16 de mayo. (Cf. Sal 46)

 “Señor, Tú nunca abandonas a quienes esperan en Ti.

Dios mío, reina en nuestros hogares, en nuestras decisiones y en todo aquello que llevamos dentro del corazón.”

Señor mío y Dios mío, en esta mañana levantamos nuestro corazón hacia Ti con gratitud y confianza, porque Tú eres el Rey del mundo, el Altísimo que gobierna con justicia, sabiduría y amor. A Ti aclamamos con alegría, porque toda la tierra Te pertenece y nada escapa a Tu voluntad santa.

Tú reinas sobre las naciones y permaneces para siempre en Tu trono sagrado, guiando nuestra vida aun en medio de las incertidumbres y dificultades.

Haz que este día caminemos bajo Tu mirada y que nuestras palabras, pensamientos y acciones sean reflejo de Tu presencia en nosotros. Danos humildad para reconocerte como Señor de nuestra vida, fortaleza para permanecer fieles en la prueba y un corazón dócil para escuchar Tu voz.

Que no nos apartemos de Ti ni pongamos nuestra confianza en lo pasajero, sino únicamente en Tu poder, Tu misericordia y Tu amor infinito.

Reina en nuestros hogares, en nuestras decisiones y en todo aquello que llevamos dentro del corazón. Que aprendamos a vivir en paz, sabiendo que Tú conduces todas las cosas para nuestro bien y que nunca abandonas a quienes esperan en Ti.

Permite, Señor mío y Dios mío, que toda nuestra vida sea testimonio de fidelidad y alabanza a Ti, para gloria Tuya.

FE y más FE.

Virgen de los Remedios…

 


LA ORACIÓN QUE LA ABUELA HACÍA CUANDO YA NO ENCONTRABA REMEDIO PARA LO QUE ESTABA VIVIENDO…”

La abuela decía que hay momentos donde uno ya no sabe qué hacer.

-Cuando ya intentaste hablar…

arreglar…
esperar…
tener paciencia…
y aun así el problema sigue ahí.

-Problemas en la casa…

en el dinero…
en la salud…
o en el corazón.

-Y decía que para esos momentos existía la Virgen de los Remedios.
-Porque ella no llega cuando todo está bien…
llega cuando ya no encuentras remedio humano para lo que estás viviendo.
-Por eso la abuela la tenía siempre cerca…
con una vela blanca y flores pequeñas a su lado.
-Y cuando sentía que la situación ya la estaba venciendo…
se sentaba frente a ella y rezaba así:

“Virgen de los Remedios…
Madre que llegas
cuando ya no sabemos qué hacer…
ven hoy a remediar
lo que en mi vida se ha roto.
Pon paz donde hay angustia…
salud donde hay dolor…
y esperanza donde ya solo queda cansancio.
Remedia mis caminos…
mi hogar…
y aquello que no puedo solucionar solo con mis fuerzas.
Y aunque hoy no vea salida…
hazme sentir
que todavía no estoy sola.
Amén.”

Después de rezar…
la abuela se quedaba en silencio unos minutos.

Porque decía:

“La Virgen de los Remedios
no siempre cambia las cosas de inmediato…
pero sí cambia la fuerza con la que las enfrentas.”

Hay dolores que empiezan a sanar cuando uno deja de cargar todo solo.  

Escribe: 

“VIRGEN DE LOS REMEDIOS, AYÚDAME” 
si hoy necesitas un remedio para algo que te duele en silencio.

E.Guzman

jueves, 14 de mayo de 2026

ACTO DE AMOR...Granito de arena de Esperanza



Te amo Jesús mío, que por mi amor estas presenta ahí, en el pan sagrado.
Te amo Jesús mío, por lo que Tú eres: el hijo de Dios hecho hombre.
Te amo Jesús mío, que me colmas de todos los dones y gracias espirituales, como tu amor te inspiran concederme.
Te amo Jesús mío, por divina palabra que me revela el Dios del amor.
Te amo Jesús mío, por el sudor de sangre y la angustia y amargura que sufriste por mí en el huerto de Getsemaní.
Te amo Jesús mío, por los dolores que sufriste por mi con la cruz acuesta, camino al calvario.
Te amo Jesús mío, por el martirio que sufriste por mí al ser crucificado y morir en la cruz.
Te amo Jesús mío, que en el cielo intercedas por mí, ante Dios padre, para que me perdone los pecados y me dé su gracia y amor.
Te amo Jesús mío, que me has mostrado tu corazón encendido de amor y pides que te amen.
Te amo Jesús mío, que me has privilegiado con tu santa amistad y me has elegido para que viva plenamente tu amor.
Te amo Jesús mío, que me has dado la gracia de amarte en esta vida, y me has infundido la gran esperanza que gozaré de tu amor para toda la eternidad.

ORACIÓN DE LA MAÑANA (Cf. Salmo 112)

 


Señor mío y Dios mío, al comenzar este nuevo día levantamos nuestro corazón hacia Ti para alabarte, bendecirte y darte gracias por Tu infinita bondad, porque Tu Nombre es santo y digno de toda alabanza desde que sale el sol hasta su ocaso.

Gracias por sostenernos, por no abandonarnos nunca y por mirar con amor nuestra pequeñez y nuestras necesidades.

Te pedimos que hoy nos concedas humildad, prudencia, serenidad y un corazón dispuesto a hacer siempre Tu Voluntad.

Levanta también nuestras almas cuando nos sintamos débiles o cansados, danos fortaleza en las dificultades y ayúdanos a confiar plenamente en Ti aun en medio de las incertidumbres y pruebas de la vida.

Señor, así como levantas del polvo al desvalido y haces sentar entre los grandes al necesitado, levanta también nuestros corazones para vivir en fidelidad, esperanza y amor.

Que nunca nos falte la FE, que nunca nos apartemos de Ti y que podamos reconocer Tu Presencia en cada momento de este día.

María Santísima, Madre nuestra, acompáñanos, intercede por nosotros, cúbrenos con tu Santo Manto y llévanos siempre hacia Tu Hijo amado, Nuestro Señor Jesucristo.

Y que toda mi vida sea testimonio de fidelidad y alabanza a Ti, para gloria Tuya, Señor mío y Dios mío.

FE y más FE.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Oración para obtener los siete dones del Espíritu Santo



Rogamos, pues, al clementísimo Padre por medio de ti, su Unigénito, hecho hombre por nuestro amor, crucificado y glorificado, que de sus tesoros envíe sobre nosotros el Espíritu de la gracia septiforme, el cual descansó en ti en toda su plenitud. El espíritu de Sabiduría para que gustemos el fruto del árbol de la vida que eres Tú y los sabores que recrean la vida. El don del Entendimiento con que sean esclarecidos los ojos de nuestra mente. El don del Consejo para caminar, siguiendo tus pisadas, por las sendas de la rectitud. El don de la Fortaleza para triunfar de la violencia de los enemigos que nos combaten. El don de la Ciencia para que, alumbrados con los fulgores de la sacra doctrina, hagamos juicio recto del bien y del mal. El don de la Piedad para vestimos de las entrañas de misericordia. El don de Temor con que, apartándonos de todo lo malo, dulcemente reposemos en la sujeción reverencial a tu eterna Majestad.
Estas cosas nos enseñaste a pedir en esa santa oración, y éstas te suplicamos ahora, por tu cruz, nos alcances para gloria de tu santísimo nombre, al cual con el Padre y el Espíritu Santo sea todo honor y gloria, el hacimiento de gracias, el loor y el imperio por infinitos siglos de siglos.
Amén.

San Buenaventura (1221-1274)
franciscano, doctor de la Iglesia
El árbol de la vida, 49 (rev.)

evangeliodeldía



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