Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

sábado, 12 de septiembre de 2026

María Desatadora de Nudos

 


𝑴𝒂𝒅𝒓𝒆, 𝒉𝒐𝒚 𝒏𝒐 𝒗𝒆𝒏𝒈𝒐 𝒂 𝒑𝒆𝒅𝒊𝒓𝒕𝒆 𝒒𝒖𝒆 𝒕𝒐𝒅𝒐 𝒄𝒂𝒎𝒃𝒊𝒆; 𝒗𝒆𝒏𝒈𝒐 𝒂 𝒑𝒆𝒅𝒊𝒓𝒕𝒆 𝒒𝒖𝒆 𝒏𝒐 𝒎𝒆 𝒅𝒆𝒋𝒆𝒔 𝒔𝒐𝒍𝒐 𝒎𝒊𝒆𝒏𝒕𝒓𝒂𝒔 𝒆𝒔𝒑𝒆𝒓𝒐.

María Desatadora de Nudos, hay momentos en los que el alma también se cansa. Momentos en los que sigo creyendo, pero con lágrimas; sigo orando, pero ya no encuentro palabras para explicarle a Dios cuánto me duele aquello que todavía no cambia. Hoy vengo ante ti así: con preguntas sin respuesta, con heridas que creí superadas y con ese nudo que llevo tanto tiempo intentando desatar que mis manos ya están cansadas.

Madre, tómalo tú. Toma aquello que no puedo controlar, la situación que me roba la paz, la persona por la que tanto he llorado, la puerta que no se abre, la preocupación que regresa cada noche y ese miedo silencioso de pensar que quizá nada cambiará. Pero, antes de desatar lo que sucede a mi alrededor, desata lo que se ha enredado dentro de mí: mi ansiedad por saber qué pasará, mi miedo a perder, mi tristeza por esperar y mi necesidad de comprender los tiempos de Dios.

Quizá el milagro que hoy necesito no sea solamente que cambien mis circunstancias, sino que mi corazón aprenda a descansar mientras Dios obra. Cuando Él guarde silencio, recuérdame que sigue presente; cuando no pueda ver el camino, enséñame a caminar por fe; y cuando sienta que ya no puedo más, ayúdame a recordar que mi historia todavía está en las manos de Dios.

María, lleva hasta Jesús aquello que hoy deposito en tus manos. Dile que sigo confiando, aunque a veces me cueste; que sigo esperando, aunque haya llorado mucho… y, si hoy no llega la respuesta, quédate conmigo. Desata mis nudos uno a uno, pero, sobre todo, no permitas que ninguno de ellos ate mi corazón y me impida reconocer cuánto me ama Dios.

Hoy suelto lo que no puedo resolver y descanso en esta certeza: lo que mis manos ya no pueden sostener, Dios todavía lo puede transformar. María Desatadora de Nudos, toma mi vida, recibe mi petición y llévame siempre a Jesús.

Israel Mercado

Reza el Rosario...Sábado Mariano



Hay cosas por las que llevo mucho tiempo rezando y que todavía no han cambiado, pero un día descubrí algo: quizá el Rosario no estaba cambiando inmediatamente lo que sucedía a mi alrededor, pero sí estaba cambiando a la persona que tenía que enfrentarlo.

Durante mucho tiempo pensé que rezar era pedir hasta conseguir una respuesta; que si tenía suficiente fe, Dios quitaría aquello que me dolía, arreglaría lo que se había roto o abriría esa puerta que llevaba tanto tiempo cerrada. Con los años, María me enseñó algo diferente: hay oraciones que primero no cambian las circunstancias, te cambian a ti.

He rezado el Rosario con mucha fe, pero también cansado, distraído, con lágrimas y hasta preguntándole a Dios “por qué guarda silencio”. Y aún así, María se ha quedado. Nunca me pidió llegar fuerte ni tener el corazón en orden; simplemente me enseñó a seguir caminando… un Ave María a la vez.

Entonces comprendí que el Rosario no siempre evita que atravieses la tormenta; a veces hace algo igual de milagroso: evita que la tormenta destruya lo que llevas dentro. Hoy todavía tengo peticiones esperando respuesta, heridas que continúan sanando y nudos que no sé cómo se van a desatar: ¡Pero ya no los cargo igual!. Cuando algo supera mis fuerzas, tomo mi Rosario y le digo: “Madre, esto pesa demasiado, no sé qué va a pasar, pero no quiero cargarlo solo. Tómame de la mano y llévame a Jesús”.

Quizá tú también llevas mucho tiempo esperando. No sueltes el Rosario porque todavía no ves la respuesta. A veces el milagro comienza antes de que cambien las circunstancias: cuando recuperas la paz, vuelves a dormir tranquilo y aquello que antes te derrumbaba comienza a perder poder sobre ti.

Esta noche toma tu Rosario y entrégale a María ese nudo que nadie conoce… y si estás demasiado cansado para pedir por ti, déjame hacerlo: María, abraza a quien está leyendo esto; si aún no llega su respuesta, dale fuerzas para esperar; y si su fe está cansada, sostenla Tú hasta que pueda volver a creer.

Quizá mañana la batalla siga ahí, pero recuerda: ya no tienes que pelearla solo.

Fuente:Israel Mercado






El Dulce Nombre de María


Dulce Nombre de María,
panal de miel en la boca:
toda la ternura es poca
para sentir tu armonía;
la más bella melodía
que se pudiera soñar,
oye quien sabe gustar
de tu Nombre la dulzura,
la grandeza y la hermosura
que jamás podrá olvidar

Virgen y Madre María




Virgen y Madre María,
tú que, movida por el Espíritu,
acogiste al Verbo de la vida
en la profundidad de tu humilde fe,
totalmente entregada al Eterno,
ayúdanos a decir nuestro 'sí'
ante la urgencia,
más imperiosa que nunca,
de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús [...l
Consíguenos ahora
un nuevo ardor de resucitados
para llevar a todos
el Evangelio de la vida
que vence a la muerte.
Danos la santa audacia
de buscar nuevos caminos
para que llegue a todos
el don de la belleza que no se apaga [...]
Estrella de la nueva evangelización,
ayúdanos a resplandecer
en el testimonio de la comunión,
del servicio, de la fe ardiente y generosa,
de la justicia y el amor a los pobres,
para que la alegría del Evangelio
llegue hasta los confines de la tierra
y ninguna periferia se prive de su luz.
Madre del Evangelio viviente,
manantial de alegría para los pequeños,
ruega por nosotros.
Amén.
(Evangelii Gaudium)

viernes, 11 de septiembre de 2026

Granito de arena de Esperanza...Jueves Eucarístico

 Jesús, hoy vengo a buscarte porque hay una pregunta que llevo tiempo guardando en el corazón: ¿hasta cuándo tendré que esperar?. Tú sabes cuánto he orado por esto; sabes las veces que me he levantado creyendo que hoy podría cambiar todo y también conoces esas noches en las que me he acostado intentando entender por qué la respuesta todavía no llega.

A veces me cuesta admitirlo, Jesús, pero me estoy cansando de esperar. Me duele tocar puertas que no se abren, esperar noticias que no llegan y seguir creyendo cuando todo parece permanecer exactamente igual. Pero aquí estoy, porque aunque hay días en los que mi fe se hace pequeña, todavía sé dónde buscarte.
Jesús Sacramentado, hoy pongo delante de ti eso que tanto deseo. Tú sabes su nombre, conoces esa enfermedad, esa preocupación, esa persona, esa necesidad, esa puerta cerrada y esa situación que tantas veces te he entregado entre lágrimas. No quiero pedirte que hagas las cosas a mi manera; sólo te pido que no me dejes solo mientras espero.
Cuando piense que me olvidaste, recuérdame que sigues aquí. Cuando quiera rendirme, sostenme; cuando el miedo me diga que nada va a cambiar, ayúdame a recordar cuántas veces ya me has levantado. Y si detrás de este silencio estás preparando algo que todavía no alcanzo a comprender, dame serenidad para confiar en lo que estás haciendo aunque mis ojos todavía no puedan verlo.
Hoy también pongo en tus manos a mi familia y a las personas que amo. Tú conoces sus batallas silenciosas, sus preocupaciones y aquello que quizá nunca me han contado. Visítalos, Jesús; sana lo que les duele, protégelos cuando yo no pueda hacerlo y llega hasta aquellos lugares donde mi amor no puede llegar.
Quizá hoy no salga de aquí con la respuesta que vine buscando, pero quiero irme con una certeza: no estoy esperando solo. Mi historia todavía no termina, mi oración sigue delante de ti y, mientras Tú permanezcas conmigo, todavía hay esperanza. Quédate conmigo, Jesús… y si mi milagro aún tarda un poco más, que no se me acabe la fe antes de verlo llegar.
Amén.
15 minutos con JESÚS SACRAMENTADO:
IsraelMercado

El discípulo aventajado será como su maestro


«El discípulo no es más que su maestro, si bien cuando termine su aprendizaje, será como su maestro» Los bienaventurados discípulos estaban destinados a ser guías y maestros espirituales de toda la tierra. Debían, pues, dar prueba, más que los demás, de un fervor sobresaliente, estar familiarizados con la manera de vivir según el Evangelio y acostumbrados a practicar toda obra buena. Debían transmitir a los que instruirían la doctrina exacta, saludable y estrictamente según la verdad, después de haberla contemplado ellos mismos y haber dejado que la luz divina iluminara su inteligencia. Sin lo cual serían ciegos conduciendo a otros ciegos. Porque los que están sumergidos en las tinieblas de la ignorancia no pueden conducir al conocimiento de la verdad a los hombres que son víctimas de la misma ignorancia. Por otra parte, no querrían que cayeran todos juntos en el abismo de sus malas tendencias.

Por eso el Señor ha querido frenar la pendiente que conduce a la jactancia que se encuentra en tanta gente, y disuadirlos de querer rivalizar con sus maestros para llegar a tener más reputación que éstos. Les dijo: «El discípulo no es más que su maestro». Aunque algunos llegaran a un grado de virtud igual a sus predecesores, deberían, sobre todo, imitar su modestia. Pablo nos da prueba de ello cuando dice: «Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo» (1C 11,1).

Siendo así ¿por qué juzgas cuando el Maestro todavía no ha juzgado? Porque él no vino al mundo para juzgarlo (Jn 12,47) sino para salvarlo... «Si yo no juzgo, dice, tampoco juzgues tú que eres mi discípulo. Es posible que tú seas culpable de aquel a quien juzgas... ¿Por qué tienes que mirar la paja en el ojo de tu hermano?»

 San Cirilo de Alejandría (380-444) obispo y doctor de la Iglesia

Comentario al Evangelio de Lucas, 6; PG 72, 601,evangelizo.org

jueves, 10 de septiembre de 2026

Salmo 90. A la sombra del Omnipotente.


Tú que habitas al Amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: "Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en Ti".
El te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás:
Su brazo es escudo y armadura.
No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que devasta a mediodía.
Caerán a tu izquierda mil,
diez mil a tu derecha;
a ti no te alcanzará.
Nada mirar con tus ojos,
verás la paga de los malvados,
porque hiciste del Señor tu refugio,
tomaste al Altísimo por defensa.
No se acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos;
te llevará en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones.
"Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré,
lo saciaré de largos días
y le haré ver mi salvación".





Los signos de la verdadera y perfecta caridad


Querido padre en Cristo, el manso Jesús. Yo, Catalina, esclava de los servidores de Jesucristo, le escribo en su preciosa Sangre, con el deseo de verlo fundado en la verdadera y perfecta caridad. (…)

He aquí los signos particulares que muestran si el alma tiene caridad o no. Ella no desprecia a nadie, sino que soporta con paciencia los defectos de otros. No se irrita, sino que está plena de mansedumbre, no convierte al hombre en injusto sino en justo, rendiendo a cada uno lo que le corresponde, ya sea que él obedezca o que mande. Da gloria a Dios y alabanza a su Nombre. Rechaza al odio y le da horror el pecado, ejerce el amor y la benevolencia con el prójimo. Si él es poderoso y tiene que ejercer la justicia, escucha al grande como al pequeño, al pobre como al rico. No mancha su conciencia cediendo a los elogios, a las amenazas, al placer o al displacer. Tiene la balanza derecha, dando a cada uno lo que quiere la justicia. Sirve con celo al prójimo, mostrando hacia él el amor que tiene por Dios: no puede rendir un servicio a Dios, pero se aplica a rendir servicio a los que Dios ama tanto, a la criatura razonable, que le es dada como intermediaria.

¡Qué dulce es la caridad, tierna madre! No existe tristeza en ella, ella es la alegría del que la posee.

 Santa Catalina de Siena (1347-1380) terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa

Carta 42 al rey Luis de Hungría (Lettres, I, Téqui, 1976), trad. sc©evangelizo.org

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Felices los que estarán vacíos de todo y plenos de mí!


“Bienaventurados los pobres en espíritu”, que no sólo rechazan los bienes materiales, que es el primer grado, sino que suben más alto y vacían su alma de los apegos, gustos, deseos, y búsquedas de un fin que no sea Yo… Esta pobreza de espíritu realiza el vacío completo en el alma, lo vacía del amor de las cosas materiales, del amor del prójimo y del amor de si-mismo, sacando todo de ella, todo, dejando sólo un lugar vacío que Yo ocupo enteramente… Yo, entonces, les rendo divinizado ese amor de las creaturas materiales, que ustedes han echado de sus almas para que yo ocupe todo el espacio… Pero en Mí, en vista de Mí, ellos recomenzarán a amar, no por ellos, ni por ellas, sino por Mí: será la caridad ordenadamente. Amarán a todas las creaturas por Mí (…). ¡Felices los que serán pobres de espíritu, vacíos de todo, plenos de Mí!...

“¡Felices los que tienen hambre! Hambre de justicia, del reino de la justicia sobre la tierra, de Mi reino sobre la tierra, de Mi gloria. Hambre de verme glorificado por todas las almas, hambre de ver Mi voluntad perfectamente cumplida por todos los seres… Tengan siempre esta gran hambre de justicia, de ver la justicia perfectamente cumplida por ustedes y por todos los hombres, hambre de su perfecta santificación y de la perfecta santidad de todos los hombres… ¡Es esta hambre que abraza Mi propio Corazón!... Tegan esa hambre cada vez más, no por ustedes sino en vista de los hombres, en vista de Dios, por amor de Dios… ¡Felices serán entonces! ¡Estarán unidos perfectamente a Mi propio Corazón!...

 San Carlos de Foucauld (1858-1916) ermitaño y misionero en el Sahara

Ocho días en Efrén (Écrits spirituels de Charles de Foucauld, ermite au Sahara, apôtre des touaregs, Gigord, 1964), trad. sc©evangelizo.org

SAN JOSE

«La prueba del amor está en las obras. Donde existe el amor, realiza grandes cosas.»

San Gregorio Magno

San José, enséñame a amar a Dios no solo con palabras, sino con la manera en que vivo cada día


San José, que mis palabras, mis acciones y mi manera de tratar a los demás reflejen a Jesús, para que quienes me encuentren puedan ver algo de Él en mí.

GLORIOSO SAN JOSÉ, Ayúdame a proteger, como tú lo hiciste con María y Jesús, los dones que Dios ha puesto en mis manos.
San José, ruega por nosotros!





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