Hoy celebramos a Santa Hildegarda de Bingen, monja benedictina, abadesa, mística y Doctora de la Iglesia.
Una de las mujeres más extraordinarias de la Edad Media: escribió sobre teología, música, naturaleza y medicina.
Pero todo en ella partía de una única fuente: Dios.
1️⃣ Hildegarda nació en Alemania en 1098.
Desde muy joven fue entregada a la vida religiosa y terminó abrazando la Regla de San Benito.
Su existencia estuvo marcada por la oración, la liturgia, el silencio y la escucha de la Palabra de Dios.
Ahí comenzó todo.
2️⃣ Desde niña tuvo experiencias místicas que durante muchos años guardó con gran discreción.
No las buscaba ni presumía de ellas.
Incluso sentía temor ante la misión de poner por escrito lo que contemplaba.
La verdadera mística suele ir acompañada de humildad, no de exhibicionismo.
3️⃣ Ya adulta comenzó a escribir sus visiones.
Su obra más conocida es el Scivias, «Conoce los caminos», una gran exposición de la historia de la salvación, la Iglesia, los sacramentos y la vida cristiana expresada mediante un impresionante lenguaje simbólico.
4️⃣ Algo esencial: Hildegarda no se consideraba dueña de una revelación privada independiente de la Iglesia.
Buscó discernimiento.
Consultó, entre otros, a San Bernardo de Claraval.
Y su experiencia espiritual fue examinada por la autoridad eclesial.
La auténtica mística nunca teme el discernimiento de la Iglesia.
5️⃣ Sus escritos contienen imágenes extraordinarias: luz, fuego, armonía, cosmos, creación…
Pero su finalidad no era alimentar la curiosidad.
Quería conducir al hombre a reconocer a Dios como Creador y llamar al cristiano a una vida coherente con el Evangelio.
6️⃣ Hildegarda contemplaba la creación como obra de Dios.
Estudió plantas, animales y distintos remedios utilizados en su época.
Esto ha hecho que hoy algunos se fijen solamente en su interés por la naturaleza.
Pero separar esa dimensión de su fe sería no comprenderla.
Para ella, la creación remitía continuamente al Creador.
7️⃣ También fue compositora.
Nos han llegado numerosas piezas litúrgicas y espirituales de una belleza singular.
Para Hildegarda, la música no era simplemente entretenimiento.
Era una forma de elevar el alma y devolverla hacia aquella armonía para la que había sido creada.
8️⃣ Y no fue una mujer encerrada en sus propios pensamientos.
Fundó comunidades, acompañó a sus monjas, mantuvo una amplísima correspondencia y habló con claridad a personas poderosas de su tiempo.
Su vida contemplativa no la alejó de la realidad.
La hizo contemplarla desde Dios.
9️⃣ Incluso cuando tenía que corregir, lo hacía desde una profunda conciencia de misión.
La mística cristiana no consiste en refugiarse en experiencias agradables.
Los profetas contemplan a Dios precisamente para poder mirar después el mundo con los ojos de Dios.
🔟 Benedicto XVI vio en ella una figura extraordinariamente actual.
Destacó su sabiduría espiritual, su santidad y esa armonía entre doctrina y vida cotidiana que caracteriza a los verdaderos maestros cristianos.
En 2012 la proclamó Doctora de la Iglesia universal.
1️⃣1️⃣ Y quizá ahí encontramos una enseñanza especialmente necesaria hoy.
No tenemos que elegir entre fe e inteligencia.
Ni entre oración y cultura.
Ni entre contemplar a Dios y estudiar su creación.
Cuando todo ocupa su lugar, la verdad conduce hacia su fuente.
Y su fuente es Dios.
1️⃣2️⃣ Santa Hildegarda nos recuerda además algo esencial:
los grandes dones no se reciben para construir una personalidad fascinante alrededor de uno mismo.
Se reciben para servir.
Inteligencia, sensibilidad artística, conocimiento, oración, creatividad…
Todo puede convertirse en alabanza a Dios.
Una mujer del siglo XII que todavía tiene mucho que decir al siglo XXI.
Santa Hildegarda de Bingen, ruega por nosotros.
Que sepamos buscar la verdad con inteligencia, contemplar la creación con asombro y descubrir en todas las cosas la huella de Aquel de quien procede toda belleza.
Fuente:https://x.com/SacerdosMariae