Punto 562
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Punto 562
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Oración En ego
26 de junio de 2026
San Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975)
presbítero, fundador𝐒𝐚𝐧 𝐉𝐨𝐬é, 𝐯𝐚𝐫ó𝐧 𝐩𝐫𝐮𝐝𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐲 𝐣𝐮𝐬𝐭𝐨, 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐫𝐜𝐞𝐝𝐞 𝐩𝐨𝐫 𝐧𝐨𝐬𝐨𝐭𝐫𝐨𝐬.
San José,sé tú mi refugio en la duda, mi fuerza en la batalla interior, y mi compañía cuando sienta que nadie me ve.
Así como cuidaste de 𝐉esús 𝐲 𝐌aría,
cuida también de mí y de los míos.
Amén.
𝐄𝐧𝐬éñ𝐚𝐧𝐨𝐬 buen 𝐉𝐨𝐬é:
Cómo se es “No protagonista”;
Cómo avanzar, sin pisotear al otro;
Cómo servir, sin imponerse:
Cómo amar, sin reclamar.
El cielo: "ni ojo alguno vio, ni oreja oyó, ni pasaron a hombre por pensamiento las cosas que tiene Dios preparadas para aquellos que le aman". -¿No te empujan a luchar esas revelaciones del apóstol? (Camino, 751)
¡Jesús: verte, hablarte! ¡Permanecer así, contemplándote, abismado en la inmensidad de tu hermosura y no cesar nunca, nunca, en esa contemplación! ¡Oh, Cristo, quién te viera! ¡Quién te viera para quedar herido de amor a Ti!
Trato de llegar a la Trinidad del Cielo por esa otra trinidad de la tierra: Jesús, María y José. Están como más asequibles. Jesús, que es perfectus Deus y perfectus Homo. María, que es una mujer, la más pura criatura, la más grande; más que Ella, sólo Dios. Y José, que está inmediato a María: limpio, varonil, prudente, entero.
¡Oh, Dios mío! ¡Qué modelos! Sólo con mirar, entran ganas de morirse de pena: porque, Señor, me he portado tan mal… No he sabido acomodarme a las circunstancias, divinizarme. Y Tú me dabas los medios: y me los das, y me los seguirás dando… Que a lo divino hemos de vivir humanamente en la tierra.
• Texto perteneciente al punto 122 del libro 'En diálogo con el Señor' de san Josemaría Escrivá de Balaguer, en el capítulo '25. Consumados en la unidad (27 de marzo de 1975)'.
Link: https://escriva.org/es/en-dialogo-con-el-se%C3%B1or/122/
Fuente: MISLopez
La plenitud de Dios se nos revela y se nos da en Cristo, en el amor de Cristo, en el Corazón de Cristo. Porque es el Corazón de Aquel en quien habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente. Por eso, si se pierde de vista este gran designio de Dios —la corriente de amor instaurada en el mundo por la Encarnación, por la Redención y por la Pentecostés—, no se comprenderán las delicadezas del Corazón del Señor (Es Cristo que pasa, 163).
Tengamos presente toda la riqueza que se encierra en estas palabras: Sagrado Corazón de Jesús. Cuando hablamos de corazón humano no nos referimos sólo a los sentimientos, aludimos a toda la persona que quiere, que ama y trata a los demás. Y, en el modo de expresarse los hombres, que han recogido las Sagradas Escrituras para que podamos entender así las cosas divinas, el corazón es considerado como el resumen y la fuente, la expresión y el fondo último de los pensamientos, de las palabras, de las acciones. Un hombre vale lo que vale su corazón, podemos decir con lenguaje nuestro.
Al corazón pertenecen la alegría: que se alegre mi corazón en tu socorro; el arrepentimiento: mi corazón es como cera que se derrite dentro de mi pecho; la alabanza a Dios: de mi corazón brota un canto hermoso; la decisión para oír al Señor: está dispuesto mi corazón; la vela amorosa: yo duermo, pero mi corazón vigila. Y también la duda y el temor: no se turbe vuestro corazón, creed en mí. (Es Cristo que pasa, 164)
En la fiesta de hoy hemos de pedir al Señor que nos conceda un corazón bueno, capaz de compadecerse de las penas de las criaturas, capaz de comprender que, para remediar los tormentos que acompañan y no pocas veces angustian las almas en este mundo, el verdadero bálsamo es el amor, la caridad: todos los demás consuelos apenas sirven para distraer un momento, y dejar más tarde amargura y desesperación.
Si queremos ayudar a los demás, hemos de amarles, insisto, con un amor que sea comprensión y entrega, afecto y voluntaria humildad. Así entenderemos por qué el Señor decidió resumir toda la Ley en ese doble mandamiento, que es en realidad un mandamiento solo: el amor a Dios y el amor al prójimo, con todo nuestro corazón (Es Cristo que pasa, 167). San Josemaría
Me preguntas: ¿por qué esa Cruz de palo? —Y copio de una carta: «Al levantar la vista del microscopio la mirada va a tropezar con la Cruz negra y vacía. Esta Cruz sin Crucificado es un símbolo. Tiene una significación que los demás no verán.
Y el que, cansado, estaba a punto de abandonar la tarea, vuelve a acercar los ojos al ocular y sigue trabajando: porque la Cruz solitaria está pidiendo unas espaldas que carguen con ella».
Presencia de Dios · Punto 277 CAMINO
Fuente: P.Staurofilo
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Es preciso convencerse de que Dios está junto a nosotros de continuo. —Vivimos como
si el Señor
estuviera allá lejos, donde brillan las estrellas,
y no consideramos
que también está siempre a nuestro lado.
Y está como un Padre amoroso —a cada uno de nosotros nos quiere más que todas las madres del mundo pueden querer a sus hijos—, ayudándonos, inspirándonos, bendiciendo...
y perdonando.
¡Cuántas veces hemos hecho desarrugar
el ceño
de nuestros padres diciéndoles,
después de una travesura:
¡ya no lo haré más! —Quizá aquel mismo día volvimos a caer de nuevo... Y nuestro padre, con fingida dureza en la voz,
la cara seria,
nos reprende...,
a la par que se enternece su corazón, conocedor de nuestra flaqueza, pensando: pobre chico,
¡qué esfuerzos hace para portarse bien!
Preciso es que nos empapemos,
que nos saturemos
de que Padre
y muy Padre nuestro
es el Señor
que está junto a nosotros
y en los Cielos.
Presencia de Dios · Punto 267 CAMINO