Muchos lo conocen como el santo del pan y del trabajo. Pero su historia va mucho más allá.
Nacido en una familia noble, San Cayetano dejó atrás una vida cómoda para entregarse a Dios, servir a los pobres y trabajar por una profunda renovación de la Iglesia.
Su confianza en la Providencia no fue pasiva: rezaba, pero también actuaba. Ayudó a enfermos, combatió la usura y buscó devolver dignidad a quienes más sufrían.
Y hay un detalle precioso de su vida: en la Navidad de 1517, en Santa María la Mayor de Roma, tuvo una experiencia mística en la que la Virgen María puso al Niño Jesús en sus brazos.
Quizás por eso su espiritualidad se entiende tan bien así: recibir a Cristo de manos de María para después reconocerlo y servirlo en los demás.
Hoy, cuando tantos le piden pan y trabajo, San Cayetano sigue recordándonos que confiar en Dios también significa convertirse en instrumento de su Providencia.
Oración
¡Oh glorioso San Cayetano Padre de la Providencia!, no permitas que en mi casa me falte la subsistencia y de tu liberal mano una limosna te pido en lo temporal y humano.
¡Oh glorioso San Cayetano!, Providencia, Providencia, Providencia.
(Aquí se pide la gracia que se desea conseguir)
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Jaculatoria. Glorioso San Cayetano, interceded por nosotros ante la Divina Providencia.
¡Oh glorioso San Cayetano!, Providencia, Providencia, Providencia.
(Aquí se pide la gracia que se desea conseguir)
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Jaculatoria. Glorioso San Cayetano, interceded por nosotros ante la Divina Providencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por dejar tu comentario, me alegra el alma