Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

lunes, 31 de agosto de 2026

Ser influéncer católico puede ser un verdadero apostolado

Ser influéncer católico puede ser un verdadero apostolado. Pero también puede convertirse, casi sin darnos cuenta, en una tentación espiritual muy seria.

Porque el demonio es astuto: no presenta el mal como mal. Lo reviste de apariencia de bien, porque sabe que, si viéramos con claridad adónde conduce, muchas veces no lo elegiríamos.

1️⃣ Uno comienza queriendo hablar de Cristo.

Después descubre que sus palabras gustan, que le siguen, que le citan, que le felicitan. Y nada de eso es malo.
El problema comienza cuando deja de importar tanto que conozcan a Cristo y empieza a importar que sepan quién se lo contó.

2️⃣ La primera tentación es muy sutil:

«Tengo que estar presente para evangelizar».
Y probablemente sea verdad.

Pero puede acabar convirtiéndose en:
«Tengo que estar presente».

Y finalmente:
«Tengo que ser el centro».

Cristo desaparece mientras el apóstol permanece en primer plano.

3️⃣ Entonces llega una tentación peligrosa: convertir la propia vida en argumento de autoridad.

«Yo ya lo dije».
«Yo lo advertí».
«Yo estuve allí».
«Yo conozco a…».
«Yo entrevisté a…».
«Yo hice…».

El Evangelio termina conjugándose demasiado en primera persona.

4️⃣ Incluso el bien realizado puede alimentar la vanidad.

Una obra apostólica.
Una conferencia.
Una entrevista.
Una fotografía con alguien importante.
Una publicación que alcanza miles de personas.

Todo puede hacerse para gloria de Dios.
Y todo puede terminar utilizándose para construir la propia gloria.

5️⃣ Una de las trampas más finas de la vida espiritual es pensar que, porque defendemos cosas buenas, nuestras intenciones son necesariamente buenas.
Podemos defender la verdad y buscar, al mismo tiempo, nuestra propia exaltación.

6️⃣ El peligro aumenta cuando uno comienza a convertirse a sí mismo en modelo.

Ya no propone simplemente una doctrina o una forma de vivir la fe.
Propone, quizá sin decirlo:

«Miradme a mí. Así es como debe hacerse».
Y entonces el testimonio puede transformarse en exhibición.

7️⃣ También aparece la necesidad de reconocimiento.

Las redes acostumbran muy deprisa al aplauso:
seguidores, likes, retuits, comentarios, invitaciones, fotografías…

Y aquello que comenzó como instrumento de evangelización puede acabar alimentando el ego.

8️⃣ Por eso quien evangeliza en redes necesita una vida espiritual especialmente vigilante.

Oración que nadie vea.
Sacrificios que nadie conozca.
Caridad que nadie publique.
Confesión frecuente.
Dirección espiritual.
Silencio.
Personas capaces de corregirnos.

El mejor antídoto contra el personaje público es conservar una vida escondida con Cristo.

9️⃣ San Juan Bautista dejó una frase que debería estar escrita sobre cada perfil católico:

«Él tiene que crecer y yo tengo que menguar» (Jn 3,30).
Después de escucharnos, ¿la gente piensa más en Cristo o piensa más en nosotros?

🔟 No se trata de desaparecer de las redes ni de ocultar nuestra personalidad.

Se trata de recordar que somos instrumentos.
El instrumento que se enamora de su propio sonido termina olvidando la música que debía interpretar.

1️⃣1️⃣ Quizá todos los que hablamos públicamente de Dios deberíamos preguntarnos:

Si mañana desapareciera mi nombre, mi fotografía y mi protagonismo, pero el Evangelio siguiera llegando igual a las personas…
¿me alegraría de verdad?

1️⃣2️⃣ Uno puede comenzar diciendo:

«Quiero que conozcan a Cristo».
Y acabar, sin decidirlo conscientemente, diciendo:

«Quiero que me conozcan a mí hablando de Cristo».
Que el Señor nos conceda la gracia de señalar siempre hacia Él.

«No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria» (Sal 115,1).




“A Jesús de Nazaret, Dios lo ungió con la fuerza del Espíritu Santo!” (Hch 10,38)


Nuestro Salvador fue verdaderamente ungido, en su condición humana, ya que fue verdadero rey y verdadero sacerdote…. Los israelitas, aunque no eran las dos cosas a la vez, eran, sin embargo llamados “cristos” (ungidos), por la unción material del aceite que los constituía reyes o sacerdotes. Pero el Salvador, que es el verdadero Cristo, fue ungido por el Espíritu Santo…

Sabemos que esto es verdad por las palabras mismas del Salvador. En efecto, habiendo tomado el libro de Isaías, lo abrió y leyó: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido”; y dijo a continuación que entonces se cumplía aquella profecía que acababan de oír. Y además, Pedro, el príncipe de los apóstoles, enseñó que el crisma con que había sido ungido el Salvador es el Espíritu Santo y la fuerza de Dios, cuando en los Hechos de los apóstoles, hablando con el centurión, aquel hombre lleno de piedad y misericordia, dijo entre otras cosas: “La cosa comenzó en Galilea, cuando Juan predicaba el bautismo. Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo” (10,37).

Vemos, pues, cómo Pedro afirma de Jesús que fue ungido, según su condición humana, “con la fuerza del Espíritu Santo”. Por esto, Jesús, en su condición humana, fue con toda verdad Cristo o ungido, ya que por la unción del Espíritu Santo fue constituido rey y sacerdote eterno.

 Faustino de Roma (c. 350) presbítero Tratado sobre la Trinidad.evangelizo.org

domingo, 30 de agosto de 2026

¿FRACASADO?

¿Fracasado tú?

Jamás.

Quizás algunas cosas no salieron como esperabas.
Quizás hubo proyectos que no llegaron a realizarse, puertas que se cerraron, decisiones que hoy tomarías de otra manera o momentos en los que llegaste a pensar:

«He fracasado».

Pero... ¿realmente fue así?
Lo que hoy parece un fracaso puede ser el comienzo de un camino que todavía no alcanzamos a comprender.
Porque nosotros vemos el momento.
Dios ve la historia completa.
Y una vida creada, conocida y amada por Dios jamás puede reducirse a aquello que salió bien o salió mal.
Tu valor no depende de los aparentes logros.
Tu esperanza no termina cuando tus planes cambian.
Tu historia no queda sentenciada por una caída.
Y ninguna oscuridad es tan grande que la gracia de Dios no pueda iluminarla.

Dios siempre está obrando.

Por eso, antes de llamar fracaso a una página de tu vida, deja que Dios siga conduciendo tu historia según su voluntad, incluso cuando todavía no alcances a comprender sus caminos.

Que el Espíritu Santo nos dé discernimiento para reconocer la voluntad de Dios, fortaleza para apartarnos de aquello que nos aleja de Él y sabiduría para no dejarnos envolver por las apariencias, las comparaciones y las falsas promesas del mundo.
Y que nunca abandonemos la oración.
Que sea en ella donde aprendamos a hacer silencio, a escuchar, a esperar y a reconocer la voz de Dios, aun cuando parezca que todo a nuestro alrededor guarda silencio.

Y cuando no entendamos lo que está sucediendo, oremos.

Oremos y miremos a Cristo.
Porque también hubo un momento en que, a los ojos del mundo, el Calvario parecía el final de todo.
Pero después de la Cruz llegó la Resurrección.
María Santísima permaneció allí.
De pie.
Confiando cuando humanamente parecía no quedar nada que esperar.
Que Ella nos enseñe a permanecer junto a Jesús, a confiar en Dios cuando no comprendamos y a no abandonar jamás la esperanza.
Y tú, si alguna vez vuelve esa palabra a tu pensamiento, recuerda:
¿Fracasado? No.

Quizás todavía no has visto lo que Dios puede hacer con esa página de tu vida.

Ora.
Confía.
Permanece.
Vuelve siempre a Cristo.

Porque si no sabes por dónde seguir, Él es el Camino.
Si no alcanzas a comprender lo que estás viviendo, Él es la Verdad.
Y si alguna vez llegas a pensar que todo está perdido, recuerda que tu vida está en las manos de Aquel que es la Vida.
Aunque hoy no veas el camino completo, aunque todavía haya páginas que no comprendas y respuestas que no hayan llegado, no tengas miedo.

Cristo es tu esperanza.

El Camino cuando no sabes por dónde seguir.
La Verdad cuando las apariencias te confunden.
La Vida cuando creías que todo había terminado.

Por eso, ninguna caída, ninguna puerta cerrada, ninguna página que hoy no comprendas puede pronunciar la última palabra sobre tu vida.

La última palabra siempre le pertenece a Cristo.

Y en Cristo, siempre hay camino.
Siempre hay esperanza.
Siempre hay vida.





Un "aguijón en la carne"...


¿Sabías que el hombre que escribió casi la mitad del Nuevo Testamento, que levantaba muertos y que cambió la historia del mundo occidental, tenía un defecto personal tan frustrante que le suplicó a Dios que se lo quitara... y Dios le dijo que no?
Mira la escena, porque si eres de los que vive agotado tratando de tenerlo todo bajo control y te aterra equivocarte, esto te va a quitar una tonelada de peso de encima.
Vamos a 2 Corintios capítulo 12. El apóstol Pablo está abriendo su corazón. A pesar de todo su éxito, confiesa que tiene un "aguijón en la carne". Los teólogos han debatido por siglos qué era: algunos dicen que era una enfermedad dolorosa en los ojos, otros que era un defecto del habla o ataques severos de depresión. No importa qué era exactamente, lo que importa es que era una debilidad evidente, algo que lo limitaba, le daba vergüenza y lo hacía sentir incompleto frente a los demás.
Él hizo lo que cualquiera de nosotros haría. 2 Corintios 12:8 dice: "Respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí". Pablo suplicó: "Señor, arráncame este defecto. Si me lo quitas, podré servirte mejor, seré un líder intachable, seré la mejor versión de mí mismo".
Pero la respuesta de Dios rompe por completo las reglas del éxito humano. El versículo 9 registra lo que le contestó: "Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad".
Dios no lo arregló. No lo hizo "perfecto" según los estándares de la sociedad. Básicamente le dijo: "Voy a dejar ese defecto ahí, porque si fueras impecable, creerías que el éxito es tuyo y no me necesitarías. Tu debilidad no es un obstáculo, es el escenario exacto donde mi poder brilla más".
Y aquí está lo que necesitas entender hoy si vives con la enfermedad del perfeccionismo. Si te castigas mentalmente durante días por un pequeño error, si sientes la presión asfixiante de tener que ser la madre perfecta, el profesional que nunca se equivoca, o la persona fuerte que siempre tiene que sostener a los demás.
Tienes pánico de que la gente vea tus grietas. Crees que tus debilidades, tus miedos o tus limitaciones te descalifican. Piensas que Dios y los demás solo aprueban tu versión editada, filtrada y sin errores.
Pero la Biblia nos muestra que Dios nunca ha contratado a gente perfecta. El perfeccionismo es una trampa del ego; te hace creer que tu valor depende de tu rendimiento. Tu "aguijón" —esa inseguridad, esa limitación, esa área de tu vida que por más que intentas no logras arreglar del todo— no es un defecto de fábrica. Es el ancla que te mantiene humilde y dependiente de Él.
Así que respira. Quítate de una vez esa armadura pesadísima de la perfección. Está bien no tener todas las respuestas. Está bien pedir ayuda. Está bien que la gente vea que eres humano y que a veces te cansas. Tu valor no depende de tu capacidad para no fallar jamás, depende de la gracia que te sostiene cuando lo haces. Abraza tu humanidad, porque es exactamente por el medio de tus grietas por donde entra la luz.





Quien me sigue


Pecando, el hombre había cubierto su ruta de obstáculos, pero ésta ha sido superada cuando Cristo la pisó con su resurrección e hizo, de un sendero estrecho, una avenida digna de un Rey. La humildad y la caridad son los dos pies que permiten desplazarse con rapidez. Todos somos atraídos por las alturas de la caridad, pero la humildad es el primer escalón que es preciso subir. ¿Por qué levantas el pie más alto que tú mismo? ¿Quieres caer y no subir? Comienza por el primer escalón, es decir por la humildad, y después ella te hará subir.

Por ello nuestro Señor y Salvador no se limitó a decir: "que renuncie a sí mismo», sino que añadió: "que coja su cruz y que me siga «. ¿Qué significa, que coja su cruz? Que soporte todo lo que le es penoso, y así es como llegará a mi casa. Desde que haya comenzado a seguirme, conformándose a mi vida y a mis mandamientos, encontrará en su camino bastante gente que le contradecirá, que tratarán de desviarlo, que no sólo se burlaran de él, sino que le perseguirán. Estas personas no se encuentran únicamente entre los paganos que están fuera de la Iglesia; sino incluso entre los que parecen estar en la Iglesia, si se juzgan externamente...

Por consiguiente, si tú deseas seguir a Cristo, lleva su Cruz sin más demora y sobrelleva a los malvados sin dejarte vencer... «Si alguno quiere caminar en pos de mí, que coja su cruz y que me siga». En consecuencia, si queremos poner esto en práctica, tratemos, con la ayuda de Dios, de hacer nuestra la palabra del apóstol san Pablo: "Si tenemos qué comer y qué vestir, démonos por satisfechos». Es de temer, que si deseamos más bienes terrestres de los que necesitamos, «queriéndonos enriquecer", no «caigamos en la trampa de la tentación, en una multitud de deseos absurdos y peligrosos, que conducen a las personas a la ruina y la perdición» (1Tm 6,8-9). Se digne, el Señor, tomarnos bajo su protección y nos libre de esta tentación.

 San Cesáreo de Arlés (470-543)monje y obispo Sermon 159 ; CCL 104, 650.evangelizo.org

sábado, 29 de agosto de 2026

MIRÁNDOTE


Señor Jesús,
hoy quiero quedarme un momento mirándote.
Sin prisas, sin muchas palabras, sin pedirte nada.
Solo mirarte en la Cruz y dejar que mi corazón comprenda cuánto me amas.

Mirándote, Señor, veo tus brazos abiertos,
como si aun desde la Cruz quisieras abrazarme.
Veo tus manos heridas, que tantas veces bendijeron, sanaron y levantaron.
Veo tus pies clavados, después de haber recorrido tantos caminos buscando al que estaba perdido.
Veo tu costado abierto y descubro un Corazón que no se reservó nada para sí.

Mirándote, comprendo que no hay amor más grande que dar la vida por los amigos.
Y Tú la diste también por mí.
Cargaste con el pecado, soportaste el desprecio, el abandono y el dolor,
y aun así respondiste amando, perdonando y entregándote hasta el final.

Señor, cuando me cueste comprender lo que sucede en mi vida,
haz que vuelva mis ojos hacia Ti.
Cuando tenga miedo, que te mire.
Cuando me sienta cansado, que te mire.
Cuando haya dolor, incertidumbre o soledad, que te mire.
Y cuando todo vaya bien, que tampoco me olvide de mirarte y darte gracias.

Porque mirándote aprendo a amar sin medida,
a perdonar aunque duela,
a confiar cuando no entiendo
y a descubrir que ninguna cruz vivida contigo tiene la última palabra.

Jesús crucificado,
que nunca deje de conmoverme al contemplarte en la Cruz.
Que cada vez que levante mis ojos hacia Ti recuerde hasta dónde llegó tu amor por mí
y pueda decirte desde lo más profundo de mi alma:

Señor, aquí estoy.
Te miro y sé que me amas.
Mírame Tú también,
y no permitas que jamás aparte mis ojos ni mi corazón de Ti.

Amén.









El poder de la humildad


Afirma santo Tomás que Cristo nos recomendó por encima de todo la humildad, porque con ella se anula el principal impedimento para nuestra santificación. Todas las demás virtudes derivan de ella su valor. Sólo a ella le concede Dios sus dones, y los retira cuando ella desaparece. La dignidad y grandeza del hombre es don de Dios; su miseria, fruto de su corazón extraviado.

El abad san Macario, marchaba un día, desde la represa hacia su celda llevando hojas de palmera, cuando se encontró de pronto con el diablo. El espíritu tenebroso quiso impresionarlo con una hoz que llevaba en su mano, pero le fue imposible. Entonces le dijo:

—¿Qué fuerza emana de ti, Macario, que soy impotente contra ti? Todo lo que tú haces, yo lo hago también: tú ayunas y yo no como nada; tú velas y yo no duermo. Pero, me aventajas en un punto. Macario le preguntó cuál era. Él le dijo:

—Tu humildad. Por su causa yo no puedo nada contra ti.

Escribió santa Faustina Kowalska: “A un alma humilde Dios no niega nada; ella influye en el destino del mundo entero; Dios la eleva hasta su trono y cuanto más ella se humilla tanto más Dios se inclina hacia ella, la persigue con sus gracias y la acompaña en cada momento con su poder. Tal alma está unida a Dios de modo más profundo”. Aprecia los actos de humildad.

Padre Natalio

Fuente:Mi amor a Jesús y a su Madre María

LOS CINCO MINUTOS DE MARÍA


La vida del Niño Jesús y de su Madre puede representarse de la siguiente manera: Jesús es pequeño, está sobre las rodillas de María, ella quiere entretener al Niño y sonríe alegremente, de pronto una nube pasa delante de sus ojos, la angustia invade su corazón.

Otros día, treinta y tres años más tarde, ella lo tendrá como ahora sobre sus rodillas, pero.....muerto.

¡Pobre Madre!  ¡Será al pie de la cruz! Ella será la piedad.

VIRGEN MARIA, QUE HAS PARTICIPADO EN CUERPO Y ALMA DE LA GLORIA DE JESUCRISTO, HAZ QUE TODOS LLEGUEMOS A ESA MISMA GLORIA

Padre Nuestro...

Ave María...

Gloria...

(Padre Alfonso Milagro)

Tomo un momento para meditar todas estas cosas en mi corazón

(cf: Luc 2:19)

Fuente:Unidos al Corazón de Maria.



Madre de Dios

 


Madre de Dios no es un título para engrandecer a María: es una afirmación sobre quién es Jesús.

La Iglesia no quiere decir que María exista antes que Dios ni que sea origen de su divinidad. Afirma algo mucho más preciso: el hijo que ella llevó en su vientre y dio a luz es una sola persona, Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.
Por eso llamarla Madre de Dios protege una verdad central de la fe. María no fue madre solamente de la humanidad de Jesús, como si en Cristo pudieran separarse dos personas. Fue madre de aquel que, desde el primer instante de su existencia humana, es el Hijo eterno de Dios hecho carne.
Eso explica por qué este título fue tan importante para la Iglesia antigua. Hablar correctamente de María era también una manera de evitar hablar incorrectamente de Cristo.
La devoción mariana, entendida así, deja de ser un añadido sentimental: conduce directamente al misterio de la Encarnación. Cuando la Iglesia llama a María Madre de Dios, el centro sigue siendo Cristo

viernes, 28 de agosto de 2026

Bendecir a los hijos

 Hay una antigua costumbre católica que merece ser recuperada: que los padres bendigan a sus hijos.


No es una devoción inventada ni una especie de imitación del sacerdote. La Iglesia reconoce expresamente esta bendición y hasta ofrece un rito para realizarla.

1️⃣ El Bendicional de la Iglesia contiene expresamente una «Bendición de los hijos».

Y recuerda algo muy significativo: siempre ha sido muy estimada entre los cristianos «la bendición impartida a los hijos por los mismos padres».

2️⃣ Por tanto, sí: un padre y una madre pueden bendecir verdaderamente a sus hijos.

El propio Bendicional señala que este rito puede ser utilizado por «los padres, el sacerdote o el diácono».

3️⃣ Esto no significa que los padres bendigan desde el mismo ministerio que un sacerdote.

El sacerdote y el diácono lo hacen desde el sacramento del Orden. Los padres lo hacen como bautizados y desde la misión que Dios les ha confiado respecto de sus propios hijos.

4️⃣ Y es una práctica profundamente bíblica.

Jacob bendice a Efraín y Manasés imponiendo las manos sobre ellos:

«Que el Ángel que me ha librado de todo mal bendiga a estos muchachos» (Gn 48,16).

5️⃣ También el libro del Eclesiástico afirma:

«La bendición del padre asegura la casa de sus hijos» (Si 3,9).

La bendición paterna aparece así como una expresión concreta de la autoridad recibida de Dios para amar, educar y conducir a los hijos hacia Él.

6️⃣ El gesto que propone el Bendicional es especialmente hermoso.

Los padres hacen la señal de la cruz sobre la frente de sus hijos y pronuncian sobre ellos la oración de bendición.

Una cruz trazada por quien les dio la vida y pide ahora a Dios que los acompañe durante toda ella.

7️⃣ El mismo Bendicional ofrece esta fórmula:

«El Señor te guarde
y te haga crecer en su amor,
para que andes como pide la vocación
a la que has sido convocado».

El hijo responde: «Amén».

8️⃣ Puede hacerse al acostarse, al salir de casa, antes de un viaje, en una enfermedad, en un momento importante o sencillamente como costumbre cotidiana.

No hacen falta grandes ceremonias. Una señal de la cruz en la frente y unas palabras dichas con fe bastan.

Quizá sea una de esas tradiciones sencillas que nunca deberíamos haber dejado perder.

Un niño que recibe habitualmente la bendición de sus padres aprende algo esencial: que sus padres lo aman, pero también que saben que su vida pertenece finalmente a Dios.

Y pocas herencias pueden ser mejores que esa.




SAN AGUSTÍN

 Hoy la Iglesia celebra a san Agustín de Hipona, uno de los grandes Padres y Doctores de la Iglesia.


Su vida demuestra algo sencillo: se puede huir mucho de Dios, pero mientras el corazón siga buscando sinceramente la verdad, Dios sabe encontrarnos.

1️⃣ Agustín nació en Tagaste, en el norte de África, en el año 354.

Su madre, santa Mónica, era cristiana. Desde joven destacó por su inteligencia, pero también por un corazón profundamente inquieto.

2️⃣ Buscaba la verdad.

La buscó en la filosofía.
En distintas doctrinas.
En el éxito.
En los placeres.

Durante años estuvo alejado de la fe cristiana que su madre había intentado transmitirle.
Pero nunca dejó de buscar.

3️⃣ Durante un tiempo siguió el maniqueísmo.

Creyó haber encontrado una explicación racional del bien y del mal.
Pero acabó insatisfecho.
No basta una explicación brillante si no responde verdaderamente a las preguntas del corazón.

4️⃣ Mientras tanto, santa Mónica rezaba.

Durante años.
Con lágrimas.
Con paciencia.

La conversión de Agustín es también uno de los testimonios más hermosos de la perseverancia de una madre que confía a su hijo a Dios.

5️⃣ En Milán conoció a san Ambrosio.

Al principio iba a escucharlo atraído por su manera de hablar.
Poco a poco empezó a escuchar también lo que decía.
Las Escrituras comenzaron a abrirse ante él de otra manera.

6️⃣ Pero comprender la fe no significaba todavía decidirse a vivirla.

Agustín sabía que debía cambiar.
Quería a Dios, pero todavía quería conservar algunas cosas que lo alejaban de Él.
Un drama profundamente humano.

7️⃣ Hasta que llegó el momento decisivo.

En un jardín de Milán escuchó una voz infantil:
«Toma y lee».
Abrió las cartas de san Pablo y encontró unas palabras que le pedían abandonar las obras de las tinieblas y revestirse de Cristo.
Su resistencia cayó.

8️⃣ En la Vigilia Pascual del año 387 fue bautizado por san Ambrosio.

Tenía 32 años.
Después de tantos caminos y errores había encontrado dónde podía descansar su corazón.
O quizá habría que decirlo al revés:
había permitido que Dios lo encontrara.

9️⃣ Regresó a África.

Fue ordenado sacerdote y después obispo de Hipona.
Durante décadas predicó, escribió y defendió la fe cristiana.
Su influencia en la teología occidental ha sido inmensa.

🔟 Entre sus obras destacan las Confesiones y La ciudad de Dios.

Las Confesiones no son simplemente una autobiografía.
Son una oración.
Agustín mira su vida y descubre que incluso cuando él estaba lejos, Dios no había dejado de acompañarlo.

1️⃣1️⃣ De ahí una de sus frases más conocidas:

«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».
Podemos llenar la vida de muchas cosas.
Pero ninguna criatura puede ocupar el lugar del Creador.

1️⃣2️⃣ San Agustín murió en Hipona en el año 430.

Había pasado de buscar la verdad a entregar toda su vida a anunciarla.
Porque finalmente comprendió que la verdad no era solamente una idea.
La Verdad tenía un rostro:

Jesucristo.

Su historia sigue siendo actual.
Vivimos rodeados de ruido, ideologías y promesas de felicidad.
También nosotros podemos pasar años buscando fuera lo que solamente Dios puede ofrecer.
Por eso san Agustín sigue diciéndonos:
busca la verdad sin miedo.
Si la buscas de verdad, quizá descubras que Cristo llevaba mucho tiempo buscándote a ti.



jueves, 27 de agosto de 2026

Santa Mónica

Madre de San Agustín modelo de esposa y madre cristiana

Mujer de profunda fe que encontró en la oración, la paciencia y la esperanza en Dios la fuerza para afrontar las dificultades de su vida familiar. Acompañó con perseverancia el camino de conversión de su hijo, San Agustín, por quien derramó muchas lágrimas y elevó incontables oraciones.
Santa Mónica murió en Ostía, en el año 387, después de haber visto cumplido su gran deseo: la
conversión de su hijo Agustín.

Su enseñanza para hoy:

Nunca dejes de orar por aquello que has puesto en las manos de Dios.
Pidamos a Santa Mónica que nos enseñe a esperar sin desesperarnos, amar sin rendirnos y confiar en que Dios puede transformar aquello que nosotros no podemos cambiar.

Santa Mónica, ruega por nuestras familias y por todos los hijos que están alejados de Dios.





Jueves EUCARÍSTICO

La Eucaristía no es un símbolo de Cristo.
Es Cristo.

Y esto cambia absolutamente todo.
En cada Misa, cuando el sacerdote pronuncia las palabras de la consagración, no estamos ante una simple representación de la Última Cena. No estamos simplemente recordando a Jesús como quien recuerda a alguien que ya no está.
Cristo se hace verdaderamente presente.
Su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad están realmente presentes bajo las especies del pan y del vino.

Por eso Jesús no dijo: «Esto representa mi cuerpo». Dijo: «Esto es mi cuerpo». Y tampoco dijo que su sangre simbolizaba la vida. Dijo: «Esta es mi sangre» (Mt 26,26-28).
La Eucaristía es el sacrificio de Cristo hecho sacramentalmente presente ante nosotros: el mismo Cristo que se entregó en la Cruz, ahora presente de manera real, aunque velado a nuestros sentidos.
El altar no es un escenario. La Hostia no es un simple recuerdo. El cáliz no es una metáfora.

Es Cristo.
El mismo Jesucristo que nació en Belén, murió en el Calvario y resucitó gloriosamente.
Por eso, cuando se alza la Hostia consagrada, el cristiano no debería pensar simplemente: «Estoy viendo un símbolo de Jesús».
Debería poder decir:
«Estoy ante mi Señor».
Y quizá ahí entendamos por qué la Eucaristía es el centro de la vida cristiana.
Porque Dios no quiso limitarse a hablarnos desde lejos.
Quiso quedarse con nosotros.




Granito de arena de Esperanza...Jueves Eucarístico

 

8

 ¿Sabías que...? Al Santo Cura de Ars Dios le hizo conocer que uno de sus amigos difuntos estaba en el Purgatorio.


Cuando estaba en el momento de la CONSAGRACIÓN, tomó la hostia entre sus dedos y dijo: PADRE SANTO y ETERNO, HAGAMOS UN CAMBIO.
Tú tienes el ALMA de mi amigo en el PURGATORIO, y yo tengo el CUERPO DE TU HIJO ENTRE MIS MANOS.
Libera a mi amigo y yo te OFREZCO vuestro HIJO con todos los MÉRITOS DE SU PASIÓN.
Y, al momento de la elevación, vio el alma de su amigo rebosante de alegría subir al cielo.
Por eso, solía decir: Cuando queramos obtener algo del buen Dios, ofrezcamos a su Hijo con todos sus méritos y no nos podrá rehusar nada.

Amén

Capilla de Adoración Perpetua, Rio verde, SLP, México


miércoles, 26 de agosto de 2026

Granito de arena de Esperanza... SAN JOSÉ

Porque fue varón justo lo amó el Señor
y dio el ciento por uno su labor.

El alba mensajera
del sol de alegre brillo
conoce ese martillo
que suena en la madera.
La mano carpintera
madruga a su quehacer
y hay gracia antes que sol en el taller.

Cabeza de tu casa,
del que el Señor se fía,
por la carpintería
la gloria entera pasa.
Tu mano se acompasa
con Dios en la labor
y alargas tú la mano del Señor.

Humilde magisterio
bajo el que Dios aprende:
¡que diga, si lo entiende,
quien sepa de misterio!.
Si Dios en cautiverio
se queda en aprendiz,
¡aprende aquí la casa de David!

Sencillo, sin historia,
de espalda a los laureles,
escalas los niveles
más altos de la gloria.
¡Qué asombro, hacer memoria
y hallarte en tu ascensión,
tu hogar, tu oficio y Dios como razón!

Y pues que el mundo entero
te mira y se pregunta,
di tú como se junta
ser santo y carpintero,
la gloria y el madero,
la gracia y el afán,
tener propicio a Dios y escaso el pan.

Porque fue varón justo lo amó el Señor
y dio el ciento por uno su labor.





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