Cuando una persona vive en gracia y amistad de Dios, el Señor tiene para con ella tantas delicadezas de amor, que esa persona ya es feliz desde este mundo, porque a pesar de que tenga que pasar numerosas pruebas, Dios la ayuda tan evidentemente y con tanta dulzura, que prácticamente es un camino de rosas en comparación con el camino de otros que viven lejos de Dios.
Pero para llegar a esta unión con Dios es necesario entrar por el camino estrecho del cumplimiento de los Diez Mandamientos, que al principio se hace dificultoso, pero luego, a medida que se avanza en el camino, se hace más llevadero y el corazón siente un gozo que no es de este mundo.
Ya se lo dijo el Señor cuando los primeros discípulos le preguntaron dónde vivía. Él les respondió: “Vengan y lo verán”. Es decir, que Jesús no nos quiere dar una teoría fría, sino que nos invita a caminar por su camino, el camino del cumplimiento de los Mandamientos, para luego mostrarnos, paulatinamente, las maravillas, gozos y sorpresas del camino. Pero para ello hay que aventurarse, dar el primer paso y perseverar, perseverar en gracia de Dios, y si caemos en pecado, levantarnos enseguida con una sincera confesión con un sacerdote, y continuar avanzando. Porque llegado el momento, se nos aparece de pronto la cima donde si miramos hacia atrás vemos el camino recorrido, y daremos gracias a Dios por todo el amor que nos ha dado para que sigamos avanzando a pesar de los cansancios.
En mi juventud tuve un profesor que solía decir: “Si los malos supieran las ventajas que trae el ser buenos, serían buenos por interés”. Y parafraseando podríamos agregar que si los hombres supieran las extraordinarias ventajas que trae el ser amigos de Dios, el vivir siempre en su gracia, realmente harían cualquier cosa para lograrlo. Porque Dios cuida de sus fieles, y si ama con locura a los pecadores, y por ellos vino al mundo a padecer y morir; ¡cuánto más el Señor ama a los justos, a los que permanecen siendo sus amigos a pesar del mundo, del demonio y de la carne!
Dios es bueno y nos ama, y todo el mal que padecemos jamás nos viene de Dios, sino del pecado, del Maligno y de los hombres perversos, pero nunca de Dios, porque de Él sólo nos puede venir el bien y lo bueno.
Sabiendo estas cosas, no tengamos miedo de lanzarnos al seguimiento de Jesús, cumpliendo los Mandamientos, y preparándonos a ver cosas grandes en nuestras vidas y en las vidas de quienes amamos, porque Dios nos cuidará como a las niñas de sus ojos y no sólo llegaremos a ser inmensamente felices en el Cielo, sino que ya lo seremos desde esta tierra.
Fuente:Santísima Virgen
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