Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

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viernes, 25 de septiembre de 2026

Si Cristo no resucitó, el cristianismo entero se derrumba.

Si Cristo no resucitó, el cristianismo entero se derrumba.

No habría victoria sobre la muerte.
No habría esperanza.
No habría salvación.

San Pablo lo dijo sin rodeos:

«Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe» (1 Co 15,14).

Por eso la Resurrección no es un bello final añadido a la historia de la Pasión.

Es el acontecimiento sobre el que se sostiene todo lo demás.
La Cruz muestra el amor de Cristo hasta el extremo.
La Resurrección manifiesta que la muerte no tuvo la última palabra.

Los discípulos pasaron del miedo y la huida a anunciar públicamente que habían visto al Resucitado. Y esa proclamación cambió sus vidas y la historia.

Cristo no resucitó simplemente para demostrar que podía vencer la muerte.

Resucitó para abrirnos el camino hacia una vida que la muerte ya no puede destruir.
Por eso nuestra fe no está fundada en una bella idea.
Está fundada en una Persona que murió, fue sepultada y resucitó.

Cristo vive.
Y si Cristo vive, la muerte no tiene la última palabra.




No nos debe sobrar el tiempo, ni un segundo


Te has consolado con la idea de que la vida es un gastarse, un quemarla en el servicio de Dios. –Así, gastándonos íntegramente por El, vendrá la liberación de la muerte, que nos traerá la posesión de la Vida. (Surco, 883)

No nos debe sobrar el tiempo, ni un segundo: y no exagero. Trabajo hay; el mundo es grande y son millones las almas que no han oído aún con claridad la doctrina de Cristo. Me dirijo a cada uno de vosotros. Si te sobra tiempo, recapacita un poco: es muy posible que vivas metido en la tibieza; o que, sobrenaturalmente hablando, seas un tullido. No te mueves, estás parado, estéril, sin desarrollar todo el bien que deberías comunicar a los que se encuentran a tu lado, en tu ambiente, en tu trabajo, en tu familia.

Pensemos valientemente en nuestra vida. ¿Por qué no encontramos a veces esos minutos, para terminar amorosamente el trabajo que nos atañe y que es el medio de nuestra santificación? ¿Por qué descuidamos las obligaciones familiares? ¿Por qué se mete la precipitación en el momento de rezar, de asistir al Santo Sacrificio de la Misa? ¿Por qué nos faltan la serenidad y la calma, para cumplir los deberes del propio estado, y nos entretenemos sin ninguna prisa en ir detrás de los caprichos personales? Me podéis responder: son pequeñeces. Sí, verdaderamente: pero esas pequeñeces son el aceite, nuestro aceite, que mantiene viva la llama y encendida la luz. (Amigos de Dios, 41-42)
Fuente:opusdei

Vivimos rodeados de opiniones ajenas...

 Vivimos rodeados de opiniones ajenas. Todos parecen saber quién eres, qué debes hacer o hacia dónde te diriges, pero muy pocos se detienen a conocerte en la intimidad.

​Piensa en esa figura pública o en ese amigo del que todos hablan a sus espaldas. La multitud siempre construye una versión superficial basada en rumores o expectativas, pero solo su círculo más cercano conoce el peso real de sus batallas y la profundidad de sus propósitos.

​Nos resulta demasiado fácil comprar ideas prestadas. Repetimos lo que se dice en los pasillos de la oficina, en las reuniones familiares o en las tendencias de internet, porque seguir la corriente exige menos esfuerzo que forjar una convicción propia.

​Pero la vida nos demuestra que no puedes sostenerte de rumores cuando llegan los momentos difíciles. Conocer verdaderamente a alguien requiere intimidad. Exige sentarse a conversar a solas, entender sus silencios y aceptar que madurar a veces implica atravesar el dolor.

​Ese es el punto de quiebre en Lucas 9, 18-22. Jesús se aleja del ruido para orar y reta a sus amigos a dar una respuesta auténtica. Pedro ignora lo que "dice la gente" y lo reconoce como el Mesías, aquel que debe enfrentar el sufrimiento y la muerte para alcanzar la resurrección.

​Hoy, apaga las voces externas. Date un momento de silencio, asume tus propios procesos con valentía y responde desde tu experiencia interior quién es Él en tu vida. Sal y camina con esa seguridad.







martes, 22 de septiembre de 2026

«Misa de sanación».


 Cada vez escucho con más frecuencia una expresión que me resulta problemática: «Misa de sanación».
¿Existe realmente en la liturgia católica una cosa llamada así?

1️⃣ Naturalmente que un cristiano puede pedir a Dios la curación. Y la Iglesia reza por los enfermos desde sus orígenes.

Tenemos la Unción de los enfermos, bendiciones propias, oraciones por ellos y hasta un formulario de Misa por los enfermos —Missa pro infirmis—.

2️⃣ También pueden ser perfectamente legítimos unos ejercicios o retiros orientados a la sanación espiritual.

Una persona puede necesitar trabajar heridas, adicciones, dificultades matrimoniales, duelos, perdón…
Eso pertenece al acompañamiento espiritual y pastoral.

3️⃣ Pero una cosa es un retiro de sanación y otra convertir la celebración eucarística en una supuesta modalidad llamada «Misa de sanación».

El Misal Romano conoce Misas votivas, rituales y Misas por diversas necesidades. No establece un género litúrgico denominado «Misa de sanación».

4️⃣ Y aquí la Iglesia ha hablado con bastante claridad.

La Congregación para la Doctrina de la Fe publicó en el año 2000 la Instrucción sobre las oraciones para obtener de Dios la curación.
No estamos, por tanto, ante una cuestión que haya quedado al gusto de cada sacerdote.

5️⃣ Su artículo 7 §1 establece que no deben introducirse oraciones de curación, litúrgicas o no litúrgicas, dentro de la celebración de la Santísima Eucaristía.

Sí pueden incluirse intenciones por la curación de los enfermos en la oración de los fieles.
La diferencia es importante.

6️⃣ Más aún: cuando se celebran encuentros específicos de oración por la curación, la misma Instrucción pide evitar cuidadosamente «el histerismo, la artificiosidad, la teatralidad o el sensacionalismo».

Difícil decirlo con mayor claridad.

7️⃣ Y existe una razón profundamente eucarística para todo esto.

La Santa Misa no necesita convertirse en «algo más».
No necesita añadidos para resultar más poderosa, más emocionante o aparentemente más eficaz.
La Eucaristía es Cristo mismo entregándose a su Iglesia.

8️⃣ En la Santa Misa celebramos sacramentalmente el único sacrificio de Cristo.

No otro sacrificio. No una repetición del Calvario.
El único sacrificio de Cristo se hace presente de modo incruento sobre el altar.
Eso ya es inmenso.

9️⃣ Por eso me preocupa cuando la expresión «Misa de sanación» termina transmitiendo la impresión de que existen Misas normales y otras Misas especialmente poderosas para curar.

No.

Toda Eucaristía contiene y comunica los frutos del único sacrificio redentor de Cristo.

🔟 Además existe un riesgo pastoral.

Cuando se promete, insinúa o escenifica constantemente la curación física, puede terminar midiéndose la acción de Dios por resultados extraordinarios.
Pero el cristianismo conoce también el misterio de la Cruz: «Te basta mi gracia» (2 Co 12,9).

1️⃣1️⃣ Recemos por los enfermos. Pidamos incluso su curación corporal. Celebremos, cuando corresponda, la Misa por los enfermos. Administremos la Unción según dispone la Iglesia. Organicemos encuentros de oración conforme a sus normas.

Pero no inventemos la liturgia.
Quizá el problema de las llamadas «Misas de sanación» no sea la palabra sanación, sino olvidar qué es la Misa.
La Eucaristía no necesita que nosotros la hagamos más extraordinaria.
Extraordinario es que Cristo haga presente su sacrificio en nuestros altares.

Y cuando la Iglesia ya nos ha dado sus ritos, sus sacramentos y sus oraciones, la verdadera pastoral no consiste en añadir ocurrencias, sino en celebrar con fe lo que hemos recibido.




domingo, 20 de septiembre de 2026

Dios sale

Hay una imagen hermosa en el Evangelio de este domingo: Dios sale.

Sale al amanecer. Sale a media mañana. Sale al mediodía. Sale por la tarde. Y cuando parece que ya no vale la pena salir, lo hace de nuevo.
Dios sigue buscando al hombre.

1️⃣ Algunos comenzaron a trabajar desde la primera hora. Otros llegaron cuando el día ya terminaba.

Pero todos fueron encontrados por el mismo Señor.
Nuestra vida cristiana siempre comienza ahí: Dios ha salido a buscarnos antes de que nosotros empezáramos a buscarlo a Él.

2️⃣ Hay una frase particularmente triste en la parábola:

"Nadie nos ha contratado".
Hay personas que pueden pasar gran parte de su vida sintiendo que nadie las espera, que no importan, que han llegado demasiado tarde.
Y es precisamente hacia ellas hacia donde el Señor sale de nuevo.

3️⃣ Quizás algunos también piensen que han llegado demasiado tarde a Dios.

Demasiados años lejos.
Demasiados pecados.
Demasiados errores.
Demasiadas oportunidades perdidas.
El Evangelio de hoy responde con una invitación:
"Id también vosotros a mi viña".

4️⃣ Mientras hay vida, hay tiempo para volver a Dios.

El Señor puede llamar al amanecer de una vida o cuando empieza a caer la tarde.
Por eso nunca debemos desesperar de nadie.
Ni siquiera de nosotros mismos.
Dios sigue saliendo.

5️⃣ El problema surge cuando empezamos a mirar cuánto han recibido los demás.

Los primeros trabajadores estaban contentos hasta que se compararon con los últimos.
La comparación puede convertir un don en motivo de tristeza.
Y eso también sucede en nuestra vida espiritual.

6️⃣ Entonces llega la pregunta del Señor:

"¿Tienes envidia porque yo soy bueno?"
La misericordia de Dios hacia otro no disminuye su amor por ti.
La gracia que recibe tu hermano no te quita nada a ti.
El corazón cristiano aprende a alegrarse también del bien de los demás.

7️⃣ Isaías nos recuerda que los caminos de Dios son más altos que nuestros caminos.

Nosotros contamos méritos, horarios, esfuerzos y recompensas.
Dios mira al hombre con misericordia. Y muchas veces Él tendrá que ensanchar nuestros corazones para que aprendamos a mirar como Él lo hace.

8️⃣ San Pablo nos da finalmente la clave:

«Para mí, la vida es Cristo».
Ahí está la verdadera paga.
Haber conocido a Cristo.
Poder vivir con Él.
Trabajar en su viña.
Saber que pertenecemos al Señor.
Eso ya es gracia.

9️⃣ Preguntémonos hoy:

¿Dónde me pide el Señor que trabaje en su viña?
¿A quién puedo ayudar a descubrir que Dios sigue buscándolo?
¿Sé alegrarme cuando la misericordia de Dios llega a los demás?
Todavía queda gran parte del día.

Y el Señor sigue saliendo a buscarnos.



Nuestro lugar en el Cielo.

Cada uno de nosotros tiene reservado un lugar en el Cielo, junto al Padre eterno. Ese lugar lo conquistamos cumpliendo la misión que tenemos aquí en la tierra. Todos los padecimientos que sufrimos aquí abajo, en este mundo oscuro, nos dan méritos para alcanzar ese puesto de felicidad eterna.


Debemos pensar todos los días en ese lugar que nos espera, para poder sobrellevar las pruebas de esta vida presente, sabiendo que al final del camino encontraremos unos brazos amorosos de Padre y el beso de una Madre Inmaculada.

Pensemos en la felicidad inimaginable de que gozaremos para siempre y que ya nadie nos la podrá quitar y caminemos con esperanza por este mundo que con sus trampas nos quiere hacer desesperar y desanimar.

Por eso recemos frecuentemente los misterios gloriosos del Santo Rosario y pongámonos en ellos como protagonistas del siguiente modo:

1) La resurrección de Jesús: Pensar cuando resucitemos el día del Juicio Final y con nuestro cuerpo abracemos a nuestra Madre la Virgen que tanto ha hecho por nosotros.

2) La Ascensión del Señor: recordemos que Jesús ha subido al Cielo para ir a prepararnos un lugar y que luego vendrá a buscarnos y llevarnos con Él.

3) La venida del Espíritu Santo: sepamos que si tenemos a María, Esposa del Espíritu, Él vendrá a nosotros en plenitud y nos dará las fuerzas necesarias para vivir esta vida valientemente.

4) La Asunción de María Santísima al Cielo: la Virgen también ha subido al Cielo para ir a prepararnos nuestro lugar. Es el mismo lugar que nos preparó Jesús, pero Ella le dará sus toques femeninos y de Madre y ¡qué maravilloso será cuando estemos allí!

5) La Coronación de María Santísima como Reina y Señora de todo lo creado: María es la Reina de todo, ¿qué debemos temer si Ella es nuestra Madre? Refugiémonos bajo su manto para que nos ayude a llegar al lugar predestinado desde toda la eternidad que nos aguarda en el Paraíso.

Vivamos esta vida con la mirada puesta en el Cielo que nos espera, para no perder la fe ni la esperanza.

sábado, 19 de septiembre de 2026

Hoy celebramos a San Genaro, obispo de Benevento y mártir, uno de los santos más queridos de Italia.



Su sangre, conservada desde hace siglos en Nápoles, sigue recordando una verdad mucho mayor: hay una fe por la que merece la pena entregar la vida.

1️⃣ San Genaro nació probablemente en la segunda mitad del siglo III, en Nápoles o en Benevento.

Llegó a ser obispo de Benevento y destacó por su caridad con los pobres. Era querido por los cristianos y respetado incluso por quienes no compartían su fe.

2️⃣ Todo cambió con la persecución de Diocleciano.

A partir del año 303, profesar públicamente la fe cristiana podía conducir a la cárcel, la tortura y la muerte.
Genaro sabía perfectamente el peligro. Y permaneció junto a los suyos.

3️⃣ Cuando el diácono Sosio fue encarcelado por su fe, Genaro acudió a visitarlo acompañado del diácono Festo y del lector Desiderio.

Podía haberse protegido.
Prefirió ejercer hasta el final aquello para lo que había sido consagrado: ser pastor.

4️⃣ Su fidelidad le costó la libertad.

Genaro y sus compañeros fueron detenidos y condenados. Finalmente fueron llevados cerca de Pozzuoli, donde sufrieron el martirio por decapitación a comienzos del siglo IV.
La Iglesia comenzó muy pronto a venerar su memoria.

5️⃣ La tradición cuenta que una mujer llamada Eusebia recogió parte de la sangre del mártir y la conservó en dos ampollas.

Aquellas reliquias terminarían vinculadas para siempre a la ciudad de Nápoles y a uno de los fenómenos religiosos más conocidos del cristianismo.

6️⃣ En determinados días del año, la sangre conservada en las ampollas pasa tradicionalmente de un estado sólido a líquido.

Entre esas fechas está precisamente el 19 de septiembre, fiesta litúrgica de San Genaro.
Es la célebre licuefacción de la sangre de San Genaro.

7️⃣ Pero sería una lástima quedarnos solamente con el prodigio.

La verdadera grandeza de San Genaro ocurrió antes de que nadie recogiera su sangre:
la derramó por Cristo.

La reliquia resulta impresionante porque detrás de ella hubo un hombre que prefirió perder la vida antes que perder la fe.

8️⃣ Y hay algo especialmente hermoso en su martirio.

Genaro era obispo.
Cuando llegó la persecución, permaneció cerca de sus sacerdotes, diáconos y fieles. El pastor compartió la suerte del rebaño.
El episcopado se convirtió así en entrega hasta la sangre.

9️⃣ San Genaro nos recuerda que la fe cristiana no es una decoración para los días tranquilos.

La fe se demuestra cuando permanecer junto a Cristo cuesta algo.
Quizá nosotros nunca tengamos que derramar nuestra sangre.
Pero todos tendremos que aprender a entregar nuestra vida.

🔟 San Pablo VI, hablando precisamente de la sangre de San Genaro, pidió que, así como aquella sangre vuelve a cobrar vida en la fiesta, también la fe del pueblo volviera a encenderse.

Esa sigue siendo una magnífica oración para hoy:
que nuestra fe vuelva a arder.
San Genaro, obispo y mártir, ruega por nosotros.

Que sepamos permanecer fieles a Cristo en las pequeñas pruebas de cada día y, si llegara la hora de una entrega mayor, que Él nos encuentre firmes en la fe.

Espíritu Santo, libéranos de Ansiedad

 Hay un tipo de cansancio que no se quita durmiendo.

Es el de la mente que no para, el de acostarte agotado y seguir repasando todo en tu cabeza.

Miedo por lo que viene, tristeza por lo que fue, ansiedad por lo que no puedes controlar.

Muchos lo viven en silencio, sonríen de día, pero de noche el corazón se oprime como nunca.

Por eso esta oración al Espíritu Santo no es solo una "oración bonita" más. Es necesaria para ponerse en su Presencia.

Nos recuerda algo: nuestras fuerzas no bastan y debemos buscar la Fuerza de Aquel que lo sostiene todo.

Él quiere traer esa paz que sobrepasa todo entendimiento y que el mundo no es capaz de dar.

Si hoy es uno de esos días pesados para ti, deja que esta imagen se quede un momento contigo.

Y si lo sientes, con un corazón disponible, puedes decirle:

Ven, Espíritu Santo, ven...



Oh, Divino Espíritu, extiende tu unción
poderosa sobre los corazones que están
llenos de miedo, tristeza, ansiedad y
preocupación. Abraza a los que no logran
conciliar el sueño y a quienes las cargas
les oprime el corazón. Derrama tu fuerza y
tu unción sanadora, y haz que tu Paz, que
sobrepasa todo entendimiento, renueve a
los que están debilitados, y aprendan a
descansar en tu Divina Providencia.
Calma la ansiedad de los corazones
atribulados. Nada tememos, porque
Tú
eres nuestro refugio y fortaleza
Amén

viernes, 18 de septiembre de 2026

ORACIÓN DE LA MAÑANA (Cf. Salmo 16)

 


Escúchanos, Señor. Bajo la sombra de Tus alas queremos estar.

Señor mío y Dios mío:

Aquí estamos, una mañana más, delante de Ti.

No venimos porque tengamos todas las respuestas ni porque sepamos siempre cómo expresar lo que llevamos dentro. Venimos porque sabemos que nos escuchas.

Tú conoces las palabras que pronunciamos y también aquellas que nunca llegan a salir de nuestros labios. Conoces nuestras preocupaciones y nuestros silencios, nuestras esperanzas y nuestras súplicas, incluso aquellas que repetimos tantas veces sin saber cuándo llegará la respuesta.

Por eso hoy elevamos nuevamente nuestra voz hacia Ti.

Atiéndenos, Señor, y escucha nuestra oración.

Cuando necesitemos hablarte, escúchanos.
Cuando no encontremos palabras, compréndenos.
Cuando sintamos miedo, danos confianza.
Cuando tengamos que esperar, danos paciencia.
Cuando nos falten fuerzas, sostennos.
Cuando nuestra fe se debilite, fortalécenos.
Cuando nos sintamos perdidos, guíanos.
Y cuando nos alejemos de Ti, llámanos de nuevo.

No queremos acudir a Ti solamente cuando algo nos preocupa. Queremos aprender también a permanecer contigo, a buscarte por Ti mismo, a agradecer Tu presencia y a descubrir la alegría sencilla de sabernos cerca de Ti.

Guárdanos, Señor, como a las niñas de Tus ojos.

Bajo la sombra de Tus alas, protege nuestras familias, guarda nuestros hogares, bendice nuestros trabajos y acompaña nuestros caminos.

Guarda a quienes amamos.
Acompaña a quienes atraviesan momentos difíciles.
Consuela a quienes sufren.
Fortalece a quienes sienten que ya no pueden más.
Y recibe aquellas intenciones que hoy ponemos silenciosamente ante Ti.

Y si durante este día algo perturba nuestra paz, enséñanos a volver a Ti. Que sepamos detenernos un instante, levantar el corazón y recordar:

Dios está aquí.
Dios me escucha.
Dios no me abandona.

Pero danos todavía algo más, Señor mío y Dios mío.

Que después de buscar Tus dones, aprendamos a buscar Tu rostro.
Que después de pedir Tu ayuda, aprendamos a desear Tu presencia.
Que después de recibir Tus bendiciones, aprendamos a darte gracias.
Que después de escuchar Tu Palabra, aprendamos a vivirla.
Y que después de encontrarte, aprendamos a permanecer contigo.

Que nuestra oración no termine cuando recibamos aquello que esperamos, porque Tú eres lo que verdaderamente busca nuestro corazón.

Y así, al despertar cada mañana y al llegar un día al término de nuestro camino, que permanezca en nosotros la esperanza del salmista: contemplar Tu rostro y saciarnos para siempre de Tu presencia.

Escúchanos, Señor.
Guárdanos cerca de Ti.
Escóndenos bajo la sombra de Tus alas.

Callar sobre uno mismo es humildad...


Callar sobre los defectos de otros es caridad.
Callar cuando se está sufriendo es heroísmo.
Callar cuando otro habla es delicadeza.
Callar cuando no hay necesidad de hablar es prudencia.
Callar cuando Dios nos habla al corazón es silencio.
Callar ante el sufrimiento ajeno es cobardía.
Callar ante la injusticia es flaqueza.
Hablar de uno mismo es vanidad.
Hablar debiendo callar es necedad.
Pero hablar oportunamente es acierto.
Hablar ante una injusticia es valentía.
Hablar para defender es compasión.
Hablar con sinceridad es rectitud.
Hablar para rectificar es un deber.
Aprendamos antes a callar, para poder hablar con acierto y tino, porque si la palabra es plata, el silencio es oro."

San Agustín de Hipona

jueves, 17 de septiembre de 2026

Santa Hildegarda de Bingen

 Hoy celebramos a Santa Hildegarda de Bingen, monja benedictina, abadesa, mística y Doctora de la Iglesia.


Una de las mujeres más extraordinarias de la Edad Media: escribió sobre teología, música, naturaleza y medicina.
Pero todo en ella partía de una única fuente: Dios.

1️⃣ Hildegarda nació en Alemania en 1098.

Desde muy joven fue entregada a la vida religiosa y terminó abrazando la Regla de San Benito.
Su existencia estuvo marcada por la oración, la liturgia, el silencio y la escucha de la Palabra de Dios.
Ahí comenzó todo.

2️⃣ Desde niña tuvo experiencias místicas que durante muchos años guardó con gran discreción.

No las buscaba ni presumía de ellas.
Incluso sentía temor ante la misión de poner por escrito lo que contemplaba.
La verdadera mística suele ir acompañada de humildad, no de exhibicionismo.

3️⃣ Ya adulta comenzó a escribir sus visiones.

Su obra más conocida es el Scivias, «Conoce los caminos», una gran exposición de la historia de la salvación, la Iglesia, los sacramentos y la vida cristiana expresada mediante un impresionante lenguaje simbólico.

4️⃣ Algo esencial: Hildegarda no se consideraba dueña de una revelación privada independiente de la Iglesia.

Buscó discernimiento.
Consultó, entre otros, a San Bernardo de Claraval.
Y su experiencia espiritual fue examinada por la autoridad eclesial.
La auténtica mística nunca teme el discernimiento de la Iglesia.

5️⃣ Sus escritos contienen imágenes extraordinarias: luz, fuego, armonía, cosmos, creación…

Pero su finalidad no era alimentar la curiosidad.
Quería conducir al hombre a reconocer a Dios como Creador y llamar al cristiano a una vida coherente con el Evangelio.

6️⃣ Hildegarda contemplaba la creación como obra de Dios.

Estudió plantas, animales y distintos remedios utilizados en su época.
Esto ha hecho que hoy algunos se fijen solamente en su interés por la naturaleza.
Pero separar esa dimensión de su fe sería no comprenderla.
Para ella, la creación remitía continuamente al Creador.

7️⃣ También fue compositora.

Nos han llegado numerosas piezas litúrgicas y espirituales de una belleza singular.
Para Hildegarda, la música no era simplemente entretenimiento.
Era una forma de elevar el alma y devolverla hacia aquella armonía para la que había sido creada.

8️⃣ Y no fue una mujer encerrada en sus propios pensamientos.

Fundó comunidades, acompañó a sus monjas, mantuvo una amplísima correspondencia y habló con claridad a personas poderosas de su tiempo.
Su vida contemplativa no la alejó de la realidad.
La hizo contemplarla desde Dios.

9️⃣ Incluso cuando tenía que corregir, lo hacía desde una profunda conciencia de misión.

La mística cristiana no consiste en refugiarse en experiencias agradables.
Los profetas contemplan a Dios precisamente para poder mirar después el mundo con los ojos de Dios.

🔟 Benedicto XVI vio en ella una figura extraordinariamente actual.

Destacó su sabiduría espiritual, su santidad y esa armonía entre doctrina y vida cotidiana que caracteriza a los verdaderos maestros cristianos.
En 2012 la proclamó Doctora de la Iglesia universal.

1️⃣1️⃣ Y quizá ahí encontramos una enseñanza especialmente necesaria hoy.

No tenemos que elegir entre fe e inteligencia.
Ni entre oración y cultura.
Ni entre contemplar a Dios y estudiar su creación.
Cuando todo ocupa su lugar, la verdad conduce hacia su fuente.
Y su fuente es Dios.

1️⃣2️⃣ Santa Hildegarda nos recuerda además algo esencial:

los grandes dones no se reciben para construir una personalidad fascinante alrededor de uno mismo.
Se reciben para servir.
Inteligencia, sensibilidad artística, conocimiento, oración, creatividad…
Todo puede convertirse en alabanza a Dios.
Una mujer del siglo XII que todavía tiene mucho que decir al siglo XXI.

Santa Hildegarda de Bingen, ruega por nosotros.
Que sepamos buscar la verdad con inteligencia, contemplar la creación con asombro y descubrir en todas las cosas la huella de Aquel de quien procede toda belleza.




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