Virgen Dolorosa, tu corazón fue traspasado
cuando Simeón anunció que una espada
atravesaría tu alma.
Desde ese instante ofreciste tu vida entera
al misterio de la Redención.
Virgen Santa, al encontrarte con Jesús cargando la cruz,
tu alma sufrió un martirio silencioso.
Tus ojos se encontraron con los suyos,
y en ese instante supiste que el amor verdadero
lo entrega todo sin reservas.
Madre Santísima, permaneciste fiel
cuando todos huyeron.
Viste morir a tu Hijo y, aun así,
confiaste sin perder la esperanza.
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