Señor mío y Dios mío, al comenzar este nuevo día quiero alabarte eternamente, porque Tu bondad es más grande que mis debilidades y Tu misericordia es más fuerte que toda oscuridad.
Tú, que levantas al que cae y sostienes al que confía en Ti, escucha hoy mi voz y compadécete de mí.
Que en esta mañana mi corazón se llene de gratitud, porque si el llanto puede visitarnos por la tarde, el júbilo viene contigo al amanecer.
Haz, Señor, que aun en medio de las pruebas recuerde siempre que Tu amor dura toda la vida y que Tu mano nunca abandona a quien espera en Ti.
Ven en mi ayuda en todo momento de este día. Convierte mis preocupaciones en confianza,
mis temores en esperanza y todo lo que soy en una alabanza viva a Tu nombre.
Que mis palabras, mis pensamientos y mis obras te glorifiquen siempre, y que toda mi vida sea testimonio de fidelidad y alabanza a Ti, para gloria Tuya,
Señor mío y Dios mío.
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