Hoy la Palabra nos pone delante una escena muy actual: cuando uno vive en verdad, no siempre recibe aplausos… a veces recibe piedras.
1️⃣ Jeremías lo expresa con crudeza: “Mis amigos acechaban mi traspié”. No son enemigos lejanos. Son cercanos. Cuando uno es fiel a Dios, descubre que la prueba no viene solo de fuera… sino también de dentro del entorno.
2️⃣ Y, sin embargo, no hay victimismo. Hay fe: “El Señor es mi fuerte defensor”. No dice: “yo me defiendo”. Dice: Dios. Aquí está la clave de toda vida espiritual.
3️⃣ El salmo lo repite como un latido: “En el peligro invoqué al Señor, y él me escuchó”. No es teoría. Es experiencia. El que reza de verdad sabe que Dios responde.
4️⃣ En el Evangelio, la escena se radicaliza: quieren apedrear a Jesucristo. ¿Por qué? No por hacer el mal… sino por decir la verdad sobre sí mismo: que es Hijo de Dios.
5️⃣ Aquí aparece una ley espiritual muy clara: cuando la luz molesta, no se discute… se intenta apagar. No refutan a Cristo. Lo quieren eliminar.
6️⃣ Jesús no rebaja la verdad. No negocia su identidad. Y esto es importante: la caridad nunca puede separarse de la verdad. Amar no es callar lo que Dios ha revelado.
7️⃣ Pero fíjate en esto: “Se les escabulló de las manos”. No es huida cobarde. Es dominio de la situación. Cristo no es víctima pasiva. Nadie le quita la vida: Él la entrega cuando quiere.
8️⃣ Y al final, lo decisivo: “Muchos creyeron en él allí”. A pesar del rechazo, la gracia actúa. Siempre hay corazones abiertos. Dios nunca trabaja en vano.
9️⃣ El P. Mendizábal insistía: no basta analizar lo que nos pasa; hay que ir a la fuente. Y la fuente es el Corazón de Cristo. Ahí encontramos fuerza, verdad y descanso.
🔟 Hoy la llamada es clara: quizá no nos tiren piedras… pero sí críticas, incomprensiones o silencios incómodos. No pasa nada. Si estamos con Cristo, no estamos perdiendo: estamos participando en su vida.
En el peligro, invoca al Señor. Y verás cómo responde.
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