Hoy la Iglesia celebra el IV Domingo de Cuaresma, conocido como . Un domingo especial en medio del camino cuaresmal que nos recuerda algo esencial: incluso en la penitencia, la esperanza cristiana siempre tiene la última palabra.
1️⃣ La palabra “Laetare” significa “alégrate”. Proviene de la antífona de entrada de la misa:
«Alégrate, Jerusalén… gozad con ella todos los que la amáis».
En medio de la Cuaresma, la Iglesia nos concede un respiro espiritual: la alegría pascual ya se empieza a vislumbrar.
2️⃣ Por eso hoy la liturgia cambia ligeramente el tono.
El sacerdote puede usar ornamentos rosados, el altar puede adornarse con flores y el órgano puede sonar con más libertad.
No es un paréntesis de la penitencia, sino un anticipo de la Pascua.
3️⃣ La primera lectura (1 Sam 16) nos presenta la elección de David.
Dios no mira como mira el hombre:
«El hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón».
En Cuaresma Dios también mira nuestro corazón, no nuestras máscaras.
4️⃣ Samuel pensaba que el elegido sería el más fuerte o el más impresionante. Pero Dios escoge al más pequeño: David, el pastor.
Así actúa Dios siempre.
Lo pequeño, lo oculto, lo despreciado… puede convertirse en instrumento de salvación.
5️⃣ El salmo responde con una de las oraciones más bellas de toda la Biblia:
«El Señor es mi pastor, nada me falta».
No es una frase piadosa sin más. Es la experiencia de quien ha descubierto que Dios guía incluso en los valles oscuros.
6️⃣ San Pablo, en la segunda lectura (Ef 5), dice algo muy fuerte:
«Antes erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor».
No dice que tengamos un poco de luz. Dice algo mayor: Cristo nos ha hecho luz.
7️⃣ El Evangelio (Jn 9) narra la curación del ciego de nacimiento.
No es solo un milagro físico. Es un signo espiritual:
Cristo viene a abrir los ojos del corazón.
8️⃣ El ciego va recorriendo un camino de fe.
Primero dice: “ese hombre que se llama Jesús”.
Luego: “es un profeta”.
Finalmente confiesa: «Creo, Señor».
La fe casi siempre crece paso a paso.
9️⃣ Los fariseos, en cambio, hacen el camino contrario. Creen ver… pero terminan cada vez más ciegos.
El orgullo espiritual es la peor ceguera: cuando uno cree que ya lo sabe todo de Dios.
🔟 Por eso Jesús concluye con una frase muy seria:
«Para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos».
La Cuaresma nos pone esta pregunta delante:
¿Somos como el ciego que se deja iluminar… o como quienes creen ver pero se cierran a la verdad?
1️⃣1️⃣ El Domingo Laetare nos recuerda que el final del camino cuaresmal no es la tristeza, sino la luz de la Pascua.
Cristo ha venido precisamente para eso:
para que el hombre que camina en la oscuridad pueda volver a ver.
La Cuaresma no es oscuridad.
Es el camino hacia la luz.
Fuente:Sacerdos in æternum
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