Señor mío y Dios mío, al comenzar este nuevo día me acerco a Ti para alabarte y darte gracias.
Tú conoces mi corazón y sabes cuánto necesito de Tu ayuda. Creo, Señor, que Tu bondad dura toda la vida y que Tu misericordia nunca abandona a quienes confían en Ti.
Escúchame, Señor, y compadécete de mí; ven en mi ayuda.
Cuando mi corazón esté débil, fortaléceme con Tu gracia;
cuando esté inquieto, dame Tu paz.
Si la tristeza llega, recuérdame que Tú puedes convertir el llanto en alegría.
Permíteme caminar este día bajo Tu mirada, confiando en Tu amor y esperando siempre en Tu misericordia, y que toda mi vida sea testimonio de fidelidad y alabanza a Ti, para gloria Tuya,
Señor mío y Dios mío.
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