No te traigo una familia perfecta,
te traigo la mía: con sus luchas, sus cansancios, sus heridas y también con todo el amor que intenta mantenerse en pie.
La pongo en tus manos, como Dios puso en las tuyas a Jesús y a María.
Tú sabes lo que es sostener un hogar
cuando no todo es claro, cuando el futuro inquieta y cuando el corazón se preocupa en silencio.
Por eso hoy te la entrego…
con todo lo que somos.
Cuida nuestro trabajo, nuestros esfuerzos diarios, y todo aquello que hacemos para salir adelante.
No permitas que nos falte lo necesario,
ni el pan en la mesa,
ni la paz en el alma.
Enséñanos a confiar en la Divina Providencia cuando el miedo aparece,
cuando las cuentas no salen
y cuando no sabemos qué va a pasar.
Sostennos en nuestras crisis,
en los momentos en que el amor se cansa,
en las palabras que duelen
y en el silencio que pesa.
No dejes que nos soltemos.
No dejes que nos perdamos.
Enséñanos a volver a mirarnos con amor,
a elegirnos de nuevo, a permanecer… incluso cuando cuesta.
Toma nuestra familia bajo tu cuidado,
cúbrenos con tu protección
y haz de nuestro hogar un pequeño Nazaret, donde Dios viva, donde el amor crezca y donde siempre haya esperanza.
Hoy la dejo en tus manos… con lágrimas,
con fe y con todo mi amor.
te traigo la mía: con sus luchas, sus cansancios, sus heridas y también con todo el amor que intenta mantenerse en pie.
La pongo en tus manos, como Dios puso en las tuyas a Jesús y a María.
Tú sabes lo que es sostener un hogar
cuando no todo es claro, cuando el futuro inquieta y cuando el corazón se preocupa en silencio.
Por eso hoy te la entrego…
con todo lo que somos.
Cuida nuestro trabajo, nuestros esfuerzos diarios, y todo aquello que hacemos para salir adelante.
No permitas que nos falte lo necesario,
ni el pan en la mesa,
ni la paz en el alma.
Enséñanos a confiar en la Divina Providencia cuando el miedo aparece,
cuando las cuentas no salen
y cuando no sabemos qué va a pasar.
Sostennos en nuestras crisis,
en los momentos en que el amor se cansa,
en las palabras que duelen
y en el silencio que pesa.
No dejes que nos soltemos.
No dejes que nos perdamos.
Enséñanos a volver a mirarnos con amor,
a elegirnos de nuevo, a permanecer… incluso cuando cuesta.
Toma nuestra familia bajo tu cuidado,
cúbrenos con tu protección
y haz de nuestro hogar un pequeño Nazaret, donde Dios viva, donde el amor crezca y donde siempre haya esperanza.
Hoy la dejo en tus manos… con lágrimas,
con fe y con todo mi amor.
San José, ruega por mi familia.
Fuente:Mujer Católica

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