Señor mío y Dios mío, al comenzar este día me pongo ante Ti con el deseo sincero de aprender a amar como Tú amas. Tú eres misericordioso sin medida; enséñame a ser misericordioso como Tú, a no juzgar con dureza, a no condenar con ligereza, a perdonar con generosidad. Arranca de mi corazón toda soberbia que me haga sentir superior a mis hermanos y dame un espíritu humilde que comprenda, acoja y sostenga.
Que hoy mis palabras no hieran, que mis pensamientos no acusen, que mis obras no excluyan. Dame un corazón ancho, capaz de dar sin calcular, de ofrecer sin esperar recompensa, de servir sin buscar reconocimiento. Que la medida con la que yo trate a los demás esté llena de paciencia, compasión y bondad, para que también yo experimente la abundancia de Tu gracia.
Hazme instrumento de Tu misericordia en cada encuentro, en cada decisión, en cada dificultad. Que no me cierre al perdón ni al amor. Y que toda mi vida sea testimonio de fidelidad y alabanza a Ti, para gloria Tuya,
Señor mío y Dios mío.
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