Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

lunes, 18 de marzo de 2024

El que esté sin pecado, que tire la primera piedra



“A Dios nadie lo ha visto”, escribe San Juan para dar mayor relieve a la verdad, según la cual “precisamente el Hijo unigénito que está en el seno del Padre, ése le ha dado a conocer” (Jn 1,18)... Revelada en Cristo, la verdad acerca de Dios como “Padre de la misericordia”, (2Co 1,3) nos permite “verlo” especialmente cercano al hombre, sobre todo cuando sufre, cuando está amenazado en el núcleo mismo de su existencia y de su dignidad. Debido a esto, en la situación actual de la Iglesia y del mundo, muchos hombres y muchos ambientes guiados por un vivo sentido de fe se dirigen, yo diría casi espontáneamente, a la misericordia de Dios. Ellos son ciertamente impulsados a hacerlo por Cristo mismo, el cual, mediante su Espíritu, actúa en lo íntimo de los corazones humanos. En efecto, revelado por El, el misterio de Dios “Padre de la misericordia” constituye, en el contexto de las actuales amenazas contra el hombre, como una llamada singular dirigida a la Iglesia.

 
En la presente Encíclica deseo acoger esta llamada; deseo recurrir al lenguaje eterno —y al mismo tiempo incomparable por su sencillez y profundidad— de la revelación y de la fe, para expresar precisamente con él una vez más, ante Dios y ante los hombres, las grandes preocupaciones de nuestro tiempo.
En efecto, la revelación y la fe nos enseñan no tanto a meditar en abstracto el misterio de Dios, como “Padre de la misericordia”, cuanto a recurrir a esta misma misericordia en el nombre de Cristo y en unión con El ¿No ha dicho quizá Cristo que nuestro Padre, que “ve en secreto”(Mt 6,4), espera, se diría que continuamente, que nosotros, recurriendo a El en toda necesidad, escrutemos cada vez más su misterio: el misterio del Padre y de su amor?

 
Deseo pues que estas consideraciones hagan más cercano a todos tal misterio y que sean al mismo tiempo una vibrante llamada de la Iglesia a la misericordia, de la que el hombre y el mundo contemporáneo tienen tanta necesidad. Y tienen necesidad, aunque con frecuencia no lo saben.

 

  San Juan Pablo II (1920-2005)
papa
Encíclica “Dives in misericordia”, §2 (trad. © copyright Librería Editrice Vaticana rev.)evangelizo.org

sábado, 16 de marzo de 2024

Madre!

 

Madre, madre, oye mi plegaria,
madre de Dios,
escucha mi auxilio,
Virgen del Dolor.

La Cuaresma de mi vida
llena tu corazón,
de mis ingratitudes y vanidades
es el puñal de tu dolor.

Yo lleno de amargura
tu puro corazón,
eres siempre buena
y me das tu perdón.

Sábados de María

 


Hoy, sábado mariano, encomendemos nuestro día a su amor maternal. Ella es la Estrella de la Mañana, la que nos guía al Encuentro con el amado y nos ayuda en la dificultad. Santa María, ruega por nosotros.


PildorasdeFe

miércoles, 13 de marzo de 2024

Miércoles de San José

 


José, el carpintero de Nazareth, el esposo de María, el padre de Jesús, padre en la ternura:
Enséñanos a tener la fe y la confianza que tú tuviste.
Enséñanos tu justicia, tu capacidad para el bien y la bondad. 
 

domingo, 10 de marzo de 2024

PARA QUÉ TANTO, SEÑOR? (IV Cuaresma)

 
¿Por qué tanto empeño en salvarme, cuando a veces pienso que no estoy perdido?
¿Para qué tanta sangre, si –tal vez– no le doy valor?
¿Por qué una cruz, si seguimos sin mirar al cielo?
¿Por qué un corazón tan blando, cuando el nuestro es tan severo?
¿Para qué un estandarte de amor en Jesús, si nos vamos por lo placentero?
¿Por qué tanta generosidad, si encuentras cerrazón?
¿Para qué tu pan, si no lo saboreamos con fe?
¿Por qué tu vino, si frecuentemente no le damos valía?
¿Para que una pasión, si vivimos sin compasión?
¿Por qué un calvario, cuando preferimos la vida fácil?
¿Para qué subir a Jerusalén, si preferimos los felices valles?
¿Por qué Cristo en la cruz, si es mejor vida de luces y no de cruces?
¿Para qué alzar la mirada, cuando nos seduce la simple bondad de la tierra?
¿Por qué, Tu, oh Dios, te desprendes de lo que más quieres, si somos insensibles?
Muchas preguntas, Señor, para una única respuesta: por el gigantesco y descomunal amor con el que tú nos amas, Señor. ¿Hay mayor felicidad que esa?
 


“Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él” (Jn 3,17)


[Santa Catalina escuchó a Dios decirle:] Abre, hija mía, los ojos de tu inteligencia. Descubrirás a los ciegos y a los ignorantes, verás también a los imperfectos y a los perfectos, los que realmente me siguen. Experimentarás así el dolor por la perdición de los ignorantes y la alegría por la perfección de mis hijos amados. Descubrirás también cómo se comportan los que caminan en mi luz y cómo los que van en las tinieblas.
 
Pero antes quiero que mires el Puente que les he construido en mi Hijo único, que contemples su grandeza, que va del cielo a la tierra. La grandeza de la Divinidad está unida a la tierra de la humanidad de ustedes. Por eso te digo que va del cielo a la tierra, por la unión que hizo con el hombre. Eso fue necesario para reconstruir la vía que había sido rota y permitir atravesar la amargura del mundo, para llegar a la vida. Partiendo de la tierra no se podía realizar un puente de una talla suficiente como para pasar el río e incorporarse a la vida eterna. La tierra de la naturaleza humana era incapaz por sí misma, habiendo satisfecho al pecado, de destruir la mancha del pecado de Adán, que corrompió e infectó toda la raza humana. Era entonces necesario unirla a la grandeza de mi naturaleza - Deidad eterna- para que pudiera satisfacer a toda la raza humana. Era necesario que la naturaleza humana experimentara la pena y que la naturaleza divina, unida con la naturaleza humana, aceptase el sacrificio que mi Hijo me ofrecía, para destruir la muerte y rendirles la vida.
 
Así, la Grandeza se abajó hasta la tierra de la humanidad. Uniéndose a ella, edificó un puente y restableció la ruta. ¿Por qué de este modo? Para que realmente el hombre viniera a alegrarse con la naturaleza angélica. Pero para obtener la vida, no alcanza que mi Hijo haya devenido el puente: es necesario que ustedes pasen por ese puente.

  Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa
El Diálogo. El don del Verbo encarnado VI, 22 (Le dialogue, Téqui, 1976), trad. sc©evangelizo.org

 

sábado, 9 de marzo de 2024

Sábado de María

 
 

Antes del operativo uno tiene que prepararse bien y una forma extraordinaria es pidiéndoselo a una buena Madre.

JovenesCatólicos

El sábado saludamos a María


 
Por piedad, oh abogada de los pecadores, no dejes de amparar mi alma en aflicción y en el combate espiritual que estoy atravesando en todo momento.
 
Nuestra Señora de los Dolores, cuando los dolores y los sufrimientos lleguen, no dejes que me desanime.


viernes, 8 de marzo de 2024

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón” (Mc 12,30)


Yo, Señor, sé con certeza que te amo, no tengo dudas de ello.
Heriste mi corazón con tu verbo y te amé…
Pero ¿qué es lo que amo cuando te amo?
No es la hermosura corpórea, ni el encanto transitorio,
ni el resplandor de luz agradable a mis ojos de acá abajo,
no las suaves melodías de cantos de variados modos,
no la delicada fragancia de las flores, perfumes o aromas,
no la dulzura del maná o de la miel,
ni el deleite del cuerpo con abrazos de la carne.
Nada de eso es lo que amo, cuando amo a mi Dios.
Sin embargo, amo cierta luz, cierta armonía,
cierta fragancia, cierto manjar y cierto deleite,
cuando amo a mi Dios.
Él es luz, melodía, fragancia, alimento y deleite
del hombre interior en mi.
En él resplandece como una luz que el espacio no atrapa,
y percibe un sonido que el tiempo no arrebata,
siente una fragancia que el viento no dispersa,
y saborea un manjar que al comer no se consume,
En él se cierra un abrazo que la plenitud no abre.
Esto es lo que amo, cuando amo a mi Dios.

 

  San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Las Confesiones, X,6 (Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d'Orval, 1973), trad. sc©evangelizo.org

miércoles, 6 de marzo de 2024

Oración a San José para pedirle un favor

 


Amadísimo Padre mío San José: confiando en el valioso poder que tenéis ante el trono de la Santísima Trinidad y de María vuestra Esposa y nuestra Madre, os suplico intercedáis por mí y me alcancéis la gracia… (hágase aquí la petición).

 

José, con Jesús y María, viva siempre en el alma mía.

José, con Jesús y María, asistidme en mi última agonía.

José, con Jesús y María, llevad al cielo el alma mía.

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