Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
gadgets para blogger

ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

miércoles, 9 de noviembre de 2022

El templo de Dios es santo, y ese templo sois vosotros

 (1Cor 3,17)
Muchas veces hemos oído decir que Moisés, después de haber sacado a Israel de Egipto, construyó en el desierto un tabernáculo, una tienda del santuario, gracias a los dones de los hijos de Jacob... Démonos cuenta de que el apóstol Pablo dice que todo esto fue un símbolo. (cf 1Cor 3,17)... Vosotros, hermanos, sois ahora el templo, el tabernáculo de Dios, como lo explica el apóstol: “El templo de Dios sois vosotros.” Templo donde Dios reinará eternamente, sois su tienda porque él os acompaña en el camino. Tiene sed de vosotros, tiene hambre de vosotros (Mt 25,35) Esta tienda, hermanos, sois vosotros mismos en el desierto de esta vida, hasta que lleguéis a la tierra prometida. Entonces tendrá lugar la verdadera dedicación, entonces será edificada la auténtica Jerusalén, no ya bajo la forma de una tienda sino de una ciudad.

 
Pero ahora, si somos verdaderos hijos de Israel según el Espíritu, si hemos salido de Egipto en espíritu, ofrezcamos nuestros bienes para la construcción del tabernáculo: “A cada cual se le concede la manifestación del Espíritu para el bien de todos...” (cf 1Cor 12,4ss). Que todo sea común para todos. Que nadie considere como bien propio el carisma que haya recibido de Dios. Que nadie tenga envidia de un carisma otorgado a otro hermano, sino que esté convencido de que el suyo sirve para bien de todos y no dude que el bien de su hermano es también su propio bien. Dios actúa de manera que cada uno necesite del otro. Lo que uno no tiene, lo puede encontrar en el hermano... “así nosotros siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada cual existe en relación con los otros miembros” (Rm 12,5). 

 

  San Elredo de Rieval (1110-1167)
monje cisterciense
Sermón 8, para la fiesta de San Benito.evangelizo.org

martes, 8 de noviembre de 2022

"El humilde servicio"

Antes de la venida del Señor, los hombres buscaban la gloria en sí mismos. Ha venido como hombre para reducir la gloria terrena y aumentar la gloria de Dios. Ha venido sin pecado y nos ha encontrado a todos hundidos en el pecado. Si el Señor ha venido para perdonar los pecados, quiere poner de manifiesto que Dios es magnánimo; toca pues al hombre reconocer esta magnanimidad. Porque la humildad del hombre consiste en su gratitud y la grandeza de Dios se manifiesta en su misericordia.

 
Si, pues, ha venido para perdonar al hombre sus pecados, toca al hombre reconocer su pequeñez y darse cuenta de la misericordia de Dios. “Él tiene que crecer y yo tengo que menguar” (Jn 3,30) Es decir: Que él me dé y yo reciba. Es justo que la gloria sea del Señor y yo la reconozca en él; que el hombre reconozca dónde está su lugar, reconozca a Dios y comprenda lo que dice el apóstol al hombre soberbio y orgulloso que pretende ensalzarse: “¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido ¿por qué presumes como si no lo hubieras recibido?” (1Cor 4,7) El hombre que considera suyo lo que no le pertenece, comprenda, pues, que lo ha recibido y que se humille, porque le conviene que Dios sea glorificado en él. Que el hombre se considere cada vez menos importante para que Dios sea glorificado en él...

 

  San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermón sobre el evangelio de Juan, 14,5; CCL 36, 143-144.evangelizo.org

lunes, 7 de noviembre de 2022

Pedir perdón y perdonar a los demás

“Las sendas del Señor son misericordia y lealtad para los que guardan su alianza y sus mandatos” (Sl 24,10). Eso que dice el salmo sobre el amor y la verdad es de suma importancia…Habla del amor porque Dios, para perdonar nuestros pecados y prometernos la vida eterna, no se fija en nuestros méritos sino en su bondad. Habla también de la verdad porque Dios mantiene siempre sus promesas. Reconozcamos a este modelo divino e imitemos a Dios que nos manifiesta su amor y su verdad… Hagamos como él, llevando a cabo en este mundo obras llenas de amor y de verdad. Seamos buenos para con los débiles, los pobres e incluso con nuestros enemigos.

 
Vivamos en la verdad evitando de hacer el mal. No multipliquemos los pecados, porque el que peca y presume de la bondad de Dios, corre el riesgo de hacer creer que Dios es injusto. Se imagina que, a pesar de obstinarse en el pecado y no querer arrepentirse, Dios vendrá igualmente y le dará un lugar entre sus fieles servidores. Pero ¿sería justo que Dios te coloque en el mismo lugar que los que han renunciado a sus pecados siendo así que tú has querido perseverar en los tuyos?... ¿Por qué, pues, quieres forzarlo a que haga tu voluntad?... Mejor que tú te sometas a la suya.

 
El salmista dice, precisamente, a propósito de esto: “¿Quién buscará la misericordia y la verdad del Señor junto a él?” (Sl 60,8 Vlg)… ¿Por qué decir “junto a él”? Son muchos los que buscan en los Libros santos conocer el amor del Señor y su verdad. Pero una vez lo han conseguido viven para ellos, no para él. Buscan sus propios intereses, no los de Jesucristo. Predican el amor y la verdad pero no los practican. Siendo así que aquel que ama Dios y a Cristo, cuando predica la verdad y el amor divinos, los busca por Dios, no por su propio interés. No predica para sacar de ello ventajas materiales, sino por el bien de los miembros de Cristo, es decir, de sus fieles. Les da lo que ha aprendido en espíritu de verdad, “de manera que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos (2 C 5,15) “¿Quién buscará la misericordia y la verdad el Señor?”

 

  San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Disertación sobre los salmos, Sl 60,9; PL 39,771.evangelizo.org

 

domingo, 6 de noviembre de 2022

La paloma.

Tengo en el patio de mi casa una planta de rosa china y a las palomas les encanta hacer sus nidos en ella. Pero la última vez sucedió que un gato se percató del asunto y, descendiendo por la planta, se devoró los pichoncitos. Desde entonces trato de que las palomas ya no hagan nidos allí. Ellas se empecinan en querer hacer sus nidos, y yo porfío a espantarlas para que no los hagan. Es por su bien, porque yo sé que el gato anda merodeando por ahí. Pero seguramente las palomas se sentirán molestas que las espanto.

 
Y yo pensaba que algo similar nos suele ocurrir a veces a nosotros, cuando le pedimos a Dios alguna cosa, o queremos emprender un camino y no se nos da, Dios no nos lo concede. Y nosotros insistimos, pensando que eso es lo mejor. Pero Dios insiste en negárnoslo. Y pensamos que Dios es cruel, o el destino no nos ayuda. Pero en realidad es un bien, porque el Señor ve también el futuro, y sabe que concediéndonos aquello que le pedimos, o dejándonos hacer aquello que deseamos, nos traería consecuencias funestas en el futuro, a nosotros o a otros.
Demos gracias a Dios que no nos deja librados a nuestro capricho, porque es señal de que nos ama. Si a Él no les importáramos, nos dejaría que salgamos con la nuestra y después andaríamos llorando y lamentándonos por nuestras desgracias.
Dios nos ama y por eso a veces no nos concede lo que le pedimos.
Demos gracias a Dios que sabe, y nos protege de males tremendos que nos podrían sobrevenir si hiciéramos nuestra voluntad.

 
Ya llegará el tiempo en que reconoceremos cuánto nos cuidó Dios. Tiempo que, si no es en la tierra, será en el más allá, donde veremos con admiración y gratitud los cuidados y providencia con que el Señor nos condujo por la vida.

 https://www.santisimavirgen.com.ar/


 

Son hijos de Dios, y herederos de la resurrección

En el último día la muerte será vencida. La resurrección de Cristo, después del suplicio de la cruz, contiene misteriosamente la resurrección de todo el Cuerpo de Cristo. Así como el cuerpo visible de Cristo fue crucificado, sepultado y seguidamente resucitó, así también el Cuerpo entero de los santos de Cristo está crucificado con él y no vive ya en sí mismo...


Pero cuando vendrá la resurrección del verdadero cuerpo de Cristo, su Cuerpo total, entonces, los miembros de Cristo que hoy son semejantes a huesos secos, se juntarán unos con otros (Ez 37,1s), encontrando cada uno su lugar y “todos juntos lleguemos al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud (Ef 4,13). Entonces la multitud de los miembros formarán un cuerpo, porque todos pertenecen al mismo cuerpo (Rm 12,4).

 Orígenes (c. 185-253)
presbítero y teólogo
Comentario al evangelio de Juan, 10,20; PG 14, 371-374.evangelizo.org

 

sábado, 5 de noviembre de 2022

Sábados consagrados a María

"¡Morena por el sol de la alegría,
mirada por la luz de la promesa,
jardín donde la sangre vuela y pesa;
inmaculada Tú, Virgen María!.
 
¿Qué arroyo te ha enseñado la armonía
de tu paso sencillo, qué sorpresa
de vuelo arrepentido y nieve ilesa,
junta tus manos en el alba fría?.
 
¿Qué viento turba el momento y lo conmueve?
Canta su gozo el alba desposada,
calma su angustia el mar, antiguo y bueno.
 
La Virgen, a mirarle no se atreve,
y el vuelo de su voz arrodillada
canta al Señor, que llora sobre el heno."
 
Autor del poema:
Francisco Luis Bernárdez.

 


jueves, 3 de noviembre de 2022

Ven a buscar la oveja perdida

Señor Jesucristo, para enseñarnos lo más elevado de las virtudes has subido al monte con tus discípulos, les has enseñado las Bienaventuranzas y las virtudes sublimes, prometiéndoles las recompensas propias a cada uno. Concede a mi fragilidad escuchar tu voz, aplicarme, por su práctica, a adquirir el mérito de las virtudes, a fin de que por tu gran misericordia obtenga la recompensa prometida. Haz que, considerando el salario, no rechace el esfuerzo del trabajo. Haz que la esperanza de la salvación eterna me dulcifique la amargura del remedio inflamando mi alma con el esplendor de tu obra. Señor, de miserable como soy haz de mí un bienaventurado; por tu gracia condúceme de la felicidad de aquí abajo, a la felicidad de la patria.

 
Ven, Señor Jesús, a buscar a tu servidor, a buscar a tu oveja errante y extenuada. Ven, Esposo de la Iglesia, a buscar la dracma perdida. Ven, Padre de misericordia, a recibir al hijo pródigo que vuelve a ti. Ven pues, Señor, porque sólo tú puedes llamar de nuevo a la oveja que se extravia, encontrar la dracma perdida, reconciliar al hijo fugitivo. ¡Ven, a fin de que haya salvación en la tierra y gozo en el cielo! Conviérteme a ti y dame poder llevar una verdadera penitencia para que yo sea ocasión de gozo para los ángeles. ¡Dulcísimo Jesús, te lo ruego, por la inmensidad de tu amor hacia mí, pecador, que te ame sólo a ti, por encima de todo, que sólo sea consolado por ti, mi dulcísimo Dios! 

  Ludolfo de Sajonia (c. 1300-1378)
dominico, después cartujo en Estrasburgo
Oraciones a Jesucristo, CLD.evangelizo.org

miércoles, 2 de noviembre de 2022

“¿Por qué lloras?”

 (Jn 20,13)
Lloran aquellos que no pueden tener la esperanza de la resurrección, no por que Dios lo quiera, sino que lloran a causa de la dureza de su corazón que no les permite creer. Hay una diferencia entre los servidores de Cristo y los paganos. Es ésta: éstos lloran porque piensan que los suyos están muertos para siempre, no tienen consuelo en sus lágrimas, no tienen descanso en su tristeza... Mientras que para nosotros la muerte no es el final de nuestro ser, sino el final de nuestra vida. Ya que nuestro ser se transforma a una condición mejor, entonces, la llegada de la muerte elimina todos nuestros llantos...

 
Tanto mayor será nuestro consuelo, cuanto la conciencia de nuestras buenas obras nos promete, después de la muerte, una recompensa mayor. Los paganos ya tienen su consuelo, pensando que la muerte será un descanso para todos nuestros males. Y como se ven privados de gozar de la vida, piensan que quedarán liberados de toda posibilidad de sentir el dolor de las interminables y duras penas de esta vida. Pero nosotros, que tenemos que tener el espíritu más elevado, a causa de la esperanza de una recompensa, debemos soportar mejor nuestro dolor, gracias al consuelo que nos espera. Parece que los que han muerto no están lejos de nosotros sino que nos preceden, la muerte no nos los quita, sino que los recibe la eternidad.

 San Ambrosio (c. 340-397)
obispo de Milán y doctor de la Iglesia
Sobre la muerte de su hermano.evangelizo.org

 

martes, 1 de noviembre de 2022

«Creo en la comunión de los santos»

Queridos hermanos, veamos detalladamente, todo aquello que concierne a nuestra vida en común, "conservando la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz" por "la gracia de nuestro Señor Jesucristo y el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo" (Ef 4,3; 2 Cor 13,13). La unidad del Espíritu procede del amor de Dios; de la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el vínculo de la paz; de la comunión del Espíritu Santo, la comunión que es necesaria para aquellos que viven en común...

 
«Creo, Señor, en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos" (Credo). Esta es mi esperanza, mi confianza y mi seguridad en la confesión de mi fe... Si me das, Señor, "el amor y el amar a mi prójimo" (Mateo 22,37-39), aunque pocos son mis méritos, mi esperanza se eleva muy por encima. Estoy seguro de que a través de la comunión de la caridad, los méritos de los santos me serán de utilidad y por lo tanto la comunión de los santos supliran mi insuficiencia y mi imperfección... La caridad dilata nuestra esperanza en la comunión de los santos, en la comunión de recompensas. Pero esta vez se refiere al futuro: es la comunión de la gloria que se revelará en nosotros.

 
Hay, por tanto, tres tipos de comunión: comunión con la naturaleza, a la que se añadió la comunión de la culpa..., la comunión de la gracia, y, finalmente, la de la gloria. Por la comunión de gracia, la comunión de la naturaleza empieza a ser restaurada y la de la culpa queda excluida, pero por la comunión de la gloria, la de la naturaleza será reparada perfectamente y la cólera de Dios, será totalmente excluida, cuando "Dios enjugará toda lágrima de los ojos" de los santos (Is 25,8; Ap 21,4). Entonces todos los santos serán "un solo corazón y una sola alma" y "todas las cosas serán comunes," porque Dios será «todo en todos" (Hechos 4:32, 1 Corintios 15:28). Para que logremos esta comunión y seamos uno, que "la gracia de nuestro Señor Jesucristo, y el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con todos nosotros. Amén".

 

 Balduino de Ford (¿-c. 1190)
abad cisterciense, después obispo
Tratado sobre la vida cenobítica; PL 204, 544s.evangelizo.org

Meditaciones de San Josemaría

 Vosotros y yo formamos parte de la familia de Cristo, porque Él mismo nos escogió antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha en su presencia por la caridad, habiéndonos predestinado como hijos adoptivos por Jesucristo, a gloria suya, por puro efecto de su buena voluntad (Eph I, 4–5.). Esta elección gratuita, que hemos recibido del Señor, nos marca un fin bien determinado: la santidad personal, como nos lo repite insistentemente San Pablo: haec est voluntas Dei: sanctificatio vestra (1 Thes IV, 3), ésta es la Voluntad de Dios: vuestra santificación. No lo olvidemos, por tanto: estamos en el redil del Maestro, para conquistar esa cima (...).

La meta que os propongo –mejor, la que nos señala Dios a todos– no es un espejismo o un ideal inalcanzable: podría relataros tantos ejemplos concretos de mujeres y hombres de la calle, como vosotros y como yo, que han encontrado a Jesús que pasa quasi in occulto (Ioh VII, 10) por las encrucijadas aparentemente más vulgares, y se han decidido a seguirle, abrazados con amor a la cruz de cada día (Cfr. Mt XVI, 24). En esta época de desmoronamiento general, de cesiones y desánimos, o de libertinaje y anarquía, me parece todavía más actual aquella sencilla y profunda convicción que, en los comienzos de mi labor sacerdotal, y siempre, me ha consumido en deseos de comunicar a la humanidad entera: estas crisis mundiales son crisis de santos. (Amigos de Dios, 2-4)

 Llegarás a ser santo si tienes caridad, si sabes hacer las cosas que agraden a los demás y que no sean ofensa a Dios, aunque a ti te cuesten. (Forja, 556)

San Josemaría


 

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...