Cuando los primeros discípulos se encontraron con Jesús, le
preguntaron: “Señor, ¿dónde vives?”, y Él les respondió: “Vengan y lo verán”.
Y así es la vida cristiana, porque para llegar al Cielo hay que vivir según
Cristo nos enseña, y al principio hay que entrar por el camino arduo del
cumplimiento de los Diez Mandamientos, pero luego, a medida que vamos
transitando por el camino, comenzamos a descubrir cosas maravillosas, como el
amor de Dios por nosotros y se nos hace feliz la vida. Pero primero hay que
pasar por el camino del esfuerzo, de la renuncia y lanzarnos adelante con la
ayuda de Dios.
Muchos, al comenzar a caminar por el camino del cumplimiento de los
Mandamientos, lo abandonan porque lo consideran difícil, y así nunca llegan a
saber los grandes tesoros que el Señor les tenía reservados en este camino
regio.
Quienes se mantienen fieles a Dios, cuando van descubriendo todas las
hermosuras que Dios les preparó en dicho camino, quisieran comentarlas con los
demás, con todos los hombres. Pero es necesario que cada uno ingrese por el
camino escarpado de los Diez Mandamientos, y que en los primeros tiempos sufra
para tratar de ser bueno y vivir en gracia de Dios. Entonces, llegado el
momento, la persona comienza a gustar las delicias que Dios le ha preparado
desde toda la eternidad, y que en el Cielo serán poco menos que infinitas.
Así que hagamos el intento, como el alpinista, que se esfuerza durante todo el
camino de subida al monte, pero al final descubre una vista panorámica que
premia todo el trabajo realizado.
Las tentaciones son muchas, pero con la gracia de Dios y sus ayudas, que las
debemos pedir en la oración, podemos ¡y debemos! entrar por el camino de la
conversión, del cumplimiento de la Ley de Dios, para saborear dentro de un
tiempo, las delicias del amor de Dios.
Hay que ir tras el Señor, dejar todo el pasado y entrar por la puerta estrecha
y el camino angosto, que el Señor recorrió primero. Tendremos tentaciones de
salirnos del camino, de entregarnos al pecado y “disfrutar de la vida”, pero si
para ello incumplimos los Mandamientos, entonces estaremos siendo engañados
miserablemente y ese camino, a pesar de ser dulce al principio, se va haciendo
cada vez más amargo, y termina, al final, en el fondo del Infierno eterno.
En cambio, el camino bueno, comienza siendo difícil y amargo al principio, pero
luego se va endulzando sobremanera, y al final termina en el Corazón de Dios,
en el Cielo bendito y eterno para el que fuimos creados por Dios, y donde
seremos para siempre felices con una felicidad imposible de imaginar