Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

sábado, 4 de marzo de 2017

Oración a la Virgen de los pobres




María, Virgen de los Pobres, tú nos conduces a Jesús, fuente de gracia, y vienes a aliviar nuestro sufrimiento.

Te imploramos con entera confianza: ayúdanos a seguir a tu amado Hijo con generosidad, y que pertenezcamos a Él sin reservas.

Ayúdanos a darle la bienvenida al Espíritu Santo que nos guía y nos santifica.

Consíguenos la gracia de mirar a través de los ojos de Jesús, para que nuestra vida glorifique al Padre y contribuya a la salvación de nuestros hermanos.

Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor.

Amén

- Realizar aquí su petición -

Nuestra Señora de Banneux, Santísima Virgen de los Pobres, míranos con benevolencia a todos nosotros, a tus pobres y sufrientes hijos.
Escucha nuestras oraciones y llévanos diariamente a la fuente del Agua Viva: Jesús.

Amén

viernes, 3 de marzo de 2017

Reflexión del Papa Francisco




El Profeta Isaías ya había descrito con claridad cuál era el ayuno según la visión de Dios: "Soltar las cadenas injustas", "dejar en libertad a los oprimidos", pero también "compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo", "cubrir al que veas desnudo".

¡Aquél es el ayuno que quiere el Señor! Ayuno que se preocupa por la vida del hermano, que no se avergüenza -lo dice el mismo Isaías- de la carne del hermano.

Nuestra perfección, nuestra santidad va delante con nuestro pueblo, en el cual hemos sido elegidos e insertados. Nuestro acto de santidad más grande está precisamente en la carne del hermano y en la carne de Jesucristo.

El acto de santidad de hoy, nuestro, aquí, en el altar, no es un ayuno hipócrita: ¡es no avergonzarse de la carne de Cristo que hoy viene aquí! Es el misterio del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. Es ir a compartir el pan con el hambriento, a curar a los enfermos, los ancianos, aquellos que no pueden darnos nada a cambio: ¡no avergonzarse de la carne, es eso!.

Esto significa que el ayuno más difícil es el ayuno de la bondad. Es el ayuno del que es capaz el Buen Samaritano, que se inclina sobre el hombre herido, y no es aquel del sacerdote, que mira al mismo desventurado pero sigue adelante, quizás por miedo de contaminarse.

Y entonces, ésta es hoy la propuesta de la Iglesia: ¿me avergüenzo de la carne de mi hermano, de mi hermana?. Cuando doy limosna, ¿dejo caer la moneda sin tocar la mano? Y si por casualidad la toco, ¿la retiro de inmediato? Cuando doy limosna, ¿miro a los ojos de mi hermano, de mi hermana? Cuando sé que una persona está enferma, ¿voy a encontrarla? ¿La saludo con ternura?

Hay una señal que tal vez nos ayudará, es una pregunta: ¿sé acariciar a los enfermos, los ancianos, los niños o he perdido el sentido de la caricia? ¡Aquellos hipócritas no sabían acariciar! Se habían olvidado…

No avergonzarse de la carne de nuestro hermano: ¡es nuestra carne! Seremos juzgados por el modo en el que nos comportamos con este hermano, con esta hermana.




(Homilía en Santa Marta, 7 de marzo de 2014)

jueves, 2 de marzo de 2017

La edad perfecta.



Lo importante en nuestra vida es que alcancemos la edad perfecta de Jesucristo, es decir, que nos hagamos sabios, que nos hagamos santos. 

La vida sobre la tierra debe servirnos para ello, y Dios nos da tiempo para que logremos esa adultez en la fe. 

No importa cómo alcancemos esa edad, porque a veces llegaremos a ella por medio de sufrimientos y contrariedades, y otras almas pueden llegar por caminos más floridos y llenos de consuelos. 

Otras personas, a pesar de que Dios les da tiempo de vida para que alcancen la sabiduría, la edad perfecta, nunca llegan a ella y quedan como párvulos en el conocimiento del bien y en el camino a la santidad. 

Efectivamente hay muchos santos que murieron a temprana edad, pues ya habían alcanzado esa edad perfecta. En cambio muchas personas viven largo tiempo, y no porque tengan una misión que cumplir en el mundo y en la Iglesia, sino porque Dios tiene misericordia de sus almas que están en estado embrional y que, a pesar de todos los momentos que el Señor les concede para crecer en sabiduría y santidad, no avanzan. 

Ojalá nosotros seamos conscientes de que lo importante es alcanzar la madurez del alma, la edad perfecta de Jesucristo, y aprendamos a dar gracias a Dios por el tiempo que nos concede para alcanzarla. 

Hay niños y jóvenes que ya son adultos y sabios en el bien. En cambio hay adultos, quizás ancianos, que no han adelantado mucho en la sabiduría, en la santidad, y que están muy poco desarrollados en la edad perfecta. 

Recordemos que Dios mide la edad de modo diverso a como la mide el mundo. No es por las apariencias exteriores y físicas, sino que Dios ve el corazón, ve el alma, y es allí donde debemos ser perfectos y bellos, adultos en la fe.


miércoles, 1 de marzo de 2017

Reflexión del Papa Francisco




La Cuaresma llega a nosotros como tiempo providencial para cambiar de rumbo, para recuperar la capacidad de reaccionar ante la realidad del mal que siempre nos desafía.


La Cuaresma es para vivirla como tiempo de conversión, de renovación personal y comunitaria mediante el acercamiento a Dios y la adhesión confiada al Evangelio. De este modo nos permite también mirar con ojos nuevos a los hermanos y sus necesidades.

Es por ello que la Cuaresma es un momento favorable para convertirse al amor a Dios y al prójimo; un amor que sepa hacer propia la actitud de gratuidad y de misericordia del Señor, que se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza.

Al meditar los misterios centrales de la fe, la pasión, la cruz y la resurrección de Cristo, nos daremos cuenta de que el don sin medida de la Redención se nos ha dado por iniciativa gratuita de Dios.

Acción de gracias a Dios por el misterio de su amor crucificado; fe auténtica, conversión y apertura del corazón a los hermanos: son elementos esenciales para vivir el tiempo de Cuaresma.

En este camino, queremos invocar con especial confianza la protección y la ayuda de la Virgen María: que sea Ella, la primera creyente en Cristo, quien nos acompañe en los días de oración intensa y de penitencia, para llegar a celebrar, purificados y renovados en el espíritu, el gran misterio de la Pascua de su Hijo.

 (Audiencia general, 05 de Marzo de 2014)




 Fuente: Pildoras de Fe
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