Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

viernes, 4 de marzo de 2016

Que vuelva, Señor



De mi vida, vacía e inquieta,
soñadora y excesivamente idealista.

Que vuelva, Señor.
De mi soberbia que me impide acoger tu bondad.
De mi mundo, que me distancia de tu reino.
De mis miserias, que estorban mi perfección.

Que vuelva, Señor.
De aquello que me hace sentir
seguro y dueño de mi destino.
De toda apariencia que me engaña
y me hace darte la espalda.

Que vuelva, Señor.
De toda pretensión de malgastar,
arruinar o desaprovechar mis días.

Que vuelva, Señor.
A tu casa, que es donde mejor se vive.
A mi casa, que es tu casa, Señor.
A tus brazos, que sé me echan en falta.
A tus caminos, para que no me pierda.
A tu presencia, para que goce
de la fiesta que me tienes preparada.

P. Javier Leoz

 

jueves, 3 de marzo de 2016

No olvides los días hermosos



No olvides los días hermosos.
Cuando estés cansado,
cuando estés en desacuerdo
con todo lo que te rodea.

Cuando estés desesperado
y te sientas profundamente desgraciado,
acuérdate tan solo un momento,
de los días hermosos.

Cuando te reías y bailabas,
cuando estabas alegre con todo,
como un niño sin ningún problema.
No olvides los días hermosos.

Cuando el horizonte, por lejano que lo veas,
aparece oscuro y sin luz.
Cuando tu corazón esté lleno de tristeza
y quizás también lleno de amargura.
No olvides los días hermosos.

Cuando aparentemente toda esperanza
de una nueva alegría ha desaparecido,
te lo suplico, busca cuidadosamente
entre los recuerdos, los días hermosos.
Los días en que todo marchaba bien,
sin nubes ni tormentas en el cielo.
No olvides los días hermosos.

Cuando cerca de ti había alguien
que te hacía sentir amparado.
Cuando podías todavía entusiasmarte.
No olvides los días hermosos.

Si los olvidas, no volverán más.
Vuelve a ser dueño de ti mismo.
Llena tu espíritu de pensamientos alegres,
tu corazón de misericordia, dulzura y amor,
tu boca de una sonrisa, y todo volverá a ir bien...
No olvides los días hermosos.

 



miércoles, 2 de marzo de 2016

¿Porque Dios lo permitió?



Es curioso ver cómo después de cada accidente, terremoto, atentado, masacre, los hombres se pregunten por qué Dios no lo impidió, o por qué Dios lo permitió.

Es curioso ver cómo muchos hombres se declaran agnósticos, al constatar que Dios es "impotente" ante el mal que causan ellos mismos.

Es curioso ver cuán simple es para la gente apartar a Dios de sus vidas y luego preguntarse porqué el mundo se está yendo al infierno.
Es curioso cómo todos creemos en lo que dicen los diarios pero cuestionamos lo que dice la Palabra de Dios.

Es curioso ver cómo alguien dice "yo creo en Dios", pero continua haciendo cosas del Diablo, quien por cierto, también "cree" en Dios.

Curioso ver cómo nos apresuramos a juzgar,
pero no a ser juzgados.
Curioso cómo enviamos miles de chistes e información a través del correo electrónico que se propaga como fuego, pero cuando queremos enviar mensajes relativos a Dios lo pensamos dos veces antes de compartirlo.

Curioso cómo lo obsceno, sucio, vulgar e inútil, se propaga libremente a través del ciberespacio, pero hablar públicamente de Dios en las escuelas y lugares de empleo, es considerado un atentado contra la libertad de los hombres y hay que suprimirlo.

Curioso cómo nos decimos cristianos porque vamos hacia Dios los domingos,
pero somos cristianos invisibles el resto de la semana.

Curioso que cuando vayas a enviar este mensaje,
no lo vas a enviar a todos los de tu lista de direcciones, porque no estás seguro en lo que ellos creen o lo que puedan pensar de ti por enviárselo.

Curioso cómo podemos estar más preocupados de lo que las demás personas piensen de nosotros y no de lo que Dios piense de nosotros.

¿Ya estás pensando?

P. Carlos E. García Llerena CJM

 
 

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