No basta con querer vivir bien o querer seguir a Jesús. También hay que mirar con honestidad las cosas que preferimos ocultar. Pensamos: “no es para tanto”. Pero callarlo hace que el enredo crezca. Hablar con alguien que te ayude puede darte luz.
A veces el desánimo empieza poco a poco: menos ganas, menos energía, menos ilusión. San Ignacio propone “hacer lo contrario” de lo que te pide esa caída interior. Si te pide tirar la toalla, da un paso pequeño. No se trata de heroicidades, sino de no abandonarte.
San Ignacio nos invita a estar atentos a tres situaciones que pueden complicarnos por dentro: cuando el desánimo nos va ganando terreno, cuando preferimos callar nuestros enredos y cuando tocamos nuestros puntos más frágiles. No se trata de vivir obsesionados, sino despiertos.
Fuente:Espiritualidad ignaciana
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