Dueño de mi corazón y de mi vida, vengo ante Ti en este dia consagrado a tu tierna infancia para entregarte todas mis cargas.
En mis dudas, confórtame; en mis soledades, acompañame; y en mis enfermedades, fortaléceme.
Señor, te presento hoy mis necesidades más profundas. Te entrego el peso de mi cruz para que mis pasos sean más seguros y mi corazón se llene de tu paz.
Invade mi ser y hazme semejante a Ti, permitiendo que tu amor guie cada una de mis acciones y pensamientos.
Tú, que eres el consuelo de los cristianos y el refugio de los afligidos, nunca dejas sin respuesta a quienes te buscan con humildad y esperanza. Hoy deposito mi confianza en tus manos benditas, sabiendo que tu infinita misericordia obrará en mi vida.
Amado Niño, quédate siempre conmigo para apartarme del mal y guiarme por el camino de la gracia. Protégeme, ilumina mi oscuridad y bendice a mi familia. En Ti confio, de Ti espero y a Ti me entrego eternamente.
Amén
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