Hoy la Palabra de Dios nos presenta dos escenas muy distintas: un desierto y una casa enlutada. En ambos lugares sucede lo mismo: Dios se acerca al corazón herido del hombre y le devuelve la esperanza.
1️⃣ «La llevo al desierto y le hablo al corazón».
Dios permite a veces que desaparezcan los ruidos, las seguridades y los apoyos. El desierto no siempre es abandono. Puede ser el lugar donde volvemos a escuchar una voz que habíamos dejado de oír.
2️⃣ Oseas presenta la relación con Dios como una alianza de amor: «Me desposaré contigo para siempre».
La fe cristiana no consiste únicamente en cumplir unas obligaciones. Dios quiere una relación viva, fiel y personal con cada uno de nosotros.
3️⃣ «En misericordia y en ternura».
Dos palabras que necesitamos recordar. Dios conoce nuestra pobreza mejor que nosotros mismos y, sin embargo, no se cansa de buscarnos. Su fidelidad es mayor que nuestras infidelidades.
4️⃣ En el Evangelio aparece un padre al que se le ha muerto su hija. Humanamente, todo ha terminado. Pero aquel hombre se arrodilla ante Jesús y pronuncia una de las oraciones más impresionantes del Evangelio:
«Ven tú y vivirá».
5️⃣ Tal vez esta pueda ser también nuestra oración de hoy.
Señor, hay cosas en mi vida que parecen muertas. Ilusiones, relaciones, esperanzas, propósitos, incluso aspectos de mi vida espiritual. Ven tú. Pon tu mano sobre ellos. Y vivirán.
6️⃣ En medio del camino aparece una mujer enferma desde hacía doce años. No pronuncia grandes discursos. Se acerca y toca el manto de Jesús.
A veces la fe comienza así: con un pequeño gesto de confianza cuando ya estamos cansados de intentarlo todo.
7️⃣ Jesús se vuelve hacia ella y le dice: «¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado».
Antes de hablar de la curación, Jesús la llama «hija». Cristo no ve un problema que resolver. Ve a una persona que necesita ser amada, salvada y devuelta a la vida.
8️⃣ Cuando Jesús llega a la casa, todos se ríen de Él.
También nosotros podemos acostumbrarnos tanto a nuestras derrotas que terminamos considerando imposible cualquier cambio. Pero la última palabra sobre nuestra vida nunca pertenece a la desesperanza.
9️⃣ Jesús entra, toma a la niña de la mano y ella se levanta.
El Evangelio de hoy nos recuerda que Cristo puede tocar aquello que nosotros ya habíamos dado por perdido. Donde Él entra, la muerte no tiene la última palabra.
🔟 Hoy podemos pedir una fe sencilla pero verdadera: la del padre que dice «ven tú», y la de la mujer que piensa «con solo tocar su manto».
Señor Jesús, háblanos al corazón, entra en nuestros desiertos, toca nuestras heridas y toma de la mano todo aquello que en nosotros necesita volver a levantarse. Que así sea.
Fuente:Sacerdos in æternum
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por dejar tu comentario, me alegra el alma