¡Señor, ayúdame a esparcir Tú fragancia!
Que derramas tus gracias y misericordias sobre el mundo, acógeme bajo tu manto maternal.
Tú, que enseñaste a los santos a encontrar a Dios a través de la contemplación de los misterios de tu Hijo, enciende en mi corazón el deseo ardiente de la santidad. Concédeme la gracia de amar a Jesús con la misma pureza, humildad y entrega con la que tú lo
amaste.
Madre mía, haz que mi vida sea un reflejo de las virtudes de tu Evangelio. Ayúdame a vencer el pecado, a perdonar como tú perdonas y a mantener la fe firme en medio de las dificultades. Que el rezo diario del Rosario sea mi refugio, mi cadena de amor que me una a Dios y el camino seguro hacia la perfección cristiana.
Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen Maria, guiame por el sendero de la virtud.
Protégeme de todo mal y acompáñame cada dia para que, unido a ti en la tierra, logre gozar de tu presencia en la vida eterna.
Amén.
Fuente:Gabriela
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