María Desatadora de Nudos, hoy no vengo a esconder lo que siento. Me presento ante ti con el corazón tal como está: cansado de algunas batallas, herido por algunas decepciones, pero todavía dispuesto a confiar.
Gracias por este nuevo amanecer. Cada día que comienza es una prueba de que Dios no se ha olvidado de mí, de que su misericordia vuelve a abrazarme y de que siempre existe la posibilidad de empezar de nuevo.
Madre, hoy deposito en tus manos todo aquello que pesa dentro de mí. Lo que me preocupa y no puedo cambiar, lo que me duele y aún no sana, lo que espero desde hace tanto tiempo y aquello que sólo tú conoces porque nunca he podido expresarlo con palabras.
No permitas que las dificultades endurezcant mi corazón ni que las respuestas que tardan apaguen mi esperanza. Enséñame a esperar con paz, a caminar con fe y a creer que Dios sigue preparando algo bueno, incluso cuando todo parece permanecer igual.
Así como una madre toma la mano de su hijo para que no caiga, toma la mía. Cuando mis fuerzas se debiliten, sosténme. Cuando mis pensamientos me llenen de incertidumbre, recuérdame que el amor de Dios siempre es más grande que cualquiera de mis miedos.
Y así como en Caná descubriste una necesidad antes que nadie y la llevaste a Jesús, mira también la mía. Preséntale mis lágrimas, mis anhelos y mis silencios. Pídele por mí, porque sé que nunca dejas de interceder por los hijos que acuden a ti con confianza. Hoy no quiero vivir aferrado a la angustia. Quiero vivir sostenido por la certeza de que el cielo camina conmigo y de que, aunque no vea el milagro todavía, Dios ya está preparando el momento perfecto.
María Desatadora de Nudos, recibe mi vida, mis luchas y mis sueños. Todo lo pongo en tus manos, porque sé que el corazón que se abandona en ti siempre encuentra el camino hacia Jesús.
Amén
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por dejar tu comentario, me alegra el alma