La desolación puede ayudarte a dejar de echar balones fuera. ¿Qué parte de responsabilidad tengo aquí?, ¿qué autoengaños estoy sosteniendo?. Porque seguir a Jesús no es vivir de idealizaciones, sino aprender a unir deseo y realismo.
Cuando estamos mal, lo normal es querer escapar rápido: distraernos, negar lo que pasa, anestesiarnos o fingir que todo está bien. San Ignacio propone paciencia. Aguantar el tirón no significa resignarse, sino atravesar el momento sin dejar que te destruya ni que decida por ti.
Fuente: Espiritualidad ignaciana
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por dejar tu comentario, me alegra el alma