Dulce Madre del Cielo, consuelo de mi alma,
hoy me acerco a ti con el corazón en las manos...
Envuelve mi vida con tu ternura
y guárdame en tus entrañas que son sagrario.
MARÍA, refugio del AMOR SANTO,
ruega por nosotros
que jamás se ha oído decir que ninguno
de los que han acudido a vuestra protección,
implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado.
Animado por esta confianza,
Vos acudo, oh Madre,
Virgen de las vírgenes,
y gimiendo bajo el peso de mis pecados
me atrevo a comparecer ante Vos.
Oh madre de Dios, no desechéis mis súplicas,
antes bien,
escuchadlas y acogedlas benignamente.
Amén.

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