Sábado 10 de octubre del 2026.
Buscamos constantemente la felicidad en nuestros apellidos, en nuestros privilegios o en lo que recibimos de otros, pero el verdadero secreto de una vida plena se esconde en nuestras acciones.
Piensa en alguien que compra los mejores libros de cocina, memoriza todas las recetas y presume su gran biblioteca a las visitas, pero nunca enciende la estufa. De nada sirve poseer la teoría si jamás te atreves a preparar un plato para alimentar a alguien.
Esa es la misma trampa en la que caemos a diario. A veces creemos que nuestro mérito se encuentra en el simple hecho de estar cerca de gente buena, en escuchar pláticas profundas o en emocionarnos hasta las lágrimas con un consejo inspirador.
Pero la realidad es que la admiración pasiva no transforma a nadie. Entender el perdón en teoría es muy cómodo, pero tragar el orgullo y pedir disculpas después de una discusión en casa es el terreno donde realmente demostramos de qué estamos hechos.
Tener buenas intenciones jamás será suficiente para sacar adelante a tu familia o levantar a un amigo que tropieza. La grandeza de una persona no se hereda ni se contagia; se forja cuando decides que esa verdad que resuena en tu mente comience a dirigir tus manos y tus pasos.
Esto es lo que relata el evangelio en Lucas 11, 27-28. Una mujer entre la multitud, completamente fascinada, alaba el vientre que llevó a Jesús y los pechos que lo amamantaron. Él le responde cambiando la perspectiva de la verdadera felicidad: dichosos todavía más los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica.
Deja de conformarte con solo sentirte conmovido o inspirado por un buen mensaje. Toma esa intención que tienes guardada, ese abrazo pendiente o esa ayuda que sabes que alguien necesita, y hazla realidad hoy mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por dejar tu comentario, me alegra el alma